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El Asqueroso Secreto de Maribel Guardia que Mató a Julián Figueroa

El 9 de abril de 2023 encontraron a Julián Figueroa boca abajo en el suelo de su casa. Tenía 27 años. Estaba rígido. Cuando llegaron las primeras ambulancias, su propia madre ya había decidido tres cosas. No habría autopsia, lo incinerarían antes de 48 horas y nadie miraría debajo de la manga derecha de su camisa.

Lo que Julián llevaba en ese brazo es lo más asqueroso de toda esta historia. Y los 300,000 pesos en efectivo  que cambiaron de manos esa misma tarde compraron exactamente eso, el silencio de los hombres que debían haberlo mirado. Quédate hasta  el final porque vas a saber exactamente qué secreto Maribel Guardia incineró junto a su único hijo.

Y por qué la decisión que ella tomó 60 días antes fue la que terminó matándolo. Llevó 7 meses investigando esta muerte. Y hay  un detalle que ningún noticiero ha contado todavía. La última persona ajena a la familia que tocó el cuerpo de Julián Figueroa antes de la cremación murió año y medio después. También de un infarto, también sin autopsia.

Guarda esta palabra en tu cabeza, Naltrexona, vas a escucharla otra vez y la segunda vez va a doler mucho más. Hasta el 13 de febrero de 2026. Todo México creía exactamente la misma historia, un infarto, un corazón que se detuvo solo sin previo aviso, en la madrugada de un domingo de Pascua. Tragedia. Esa noche cambió cuando alguien filtró una grabación de audio de 23 minutos  que la prensa mexicana llevaba 3 años pasándose en privado sin atreverse a publicarla  entera.

una voz de mujer reconocible, un nombre repetido tres veces y una cifra que empieza en 600,000 pesos y termina en 300,000. Esa grabación cambió la pregunta porque la pregunta dejó de ser, ¿por qué murió Julián Figueroa? La pregunta pasó a ser, ¿qué llevaba Julián debajo de la piel  en el brazo derecho exactamente esa noche? Para entender lo que pasó, hay que retroceder a un rancho de Morelos, a una telenovela de los 90, a una clínica privada de Torreón en la segunda semana de febrero de 2023 y a una decisión que

Maribel tomó 60 días antes de que su único hijo dejara de respirar. Una decisión que ella ha contado entre lágrimas en tres entrevistas distintas. Siempre del mismo modo, siempre con la misma palabra al final, amor. Lo que no ha contado en ninguna entrevista es la dirección exacta de aquella clínica, ni el nombre del médico que firmó el procedimiento,  ni la factura, ni la firma de Marco Chacón, su actual esposo, el padrastro de Julián, abajo del todo con bolígrafo azul.

¿Recuerdas la palabra naltrexona? Ahora añade otra. implante y una tercera. Torreón. Julián Eduardo Figueroa Guardia. Nació el 24 de octubre de 1995 en la ciudad de México. Hijo único de Maribel Guardia, costarricense, exmiss Costa Rica, 1978, vedete de la televisión mexicana durante cuatro décadas y de José Manuel Figueroa Figueroa, conocido en todo el continente como Joan Sebastian.

El rey grupero,  el poeta del pueblo, el hombre que escribió tatuajes para una actriz con la que estaba engañando a Maribel  mientras ella amamantaba al niño que acabaría boca abajo en el suelo de aquella casa. 27 años después, Maribel se separó de Joan Sebastian con Julián recién nacido.

Lo crió prácticamente  sola, lo crió bien, lo crió con amor. Eso lo repiten todos los entrevistados, todos los amigos, todos los compañeros de profesión. Lo que ningún programa de televisión ha querido decir en voz alta es que Julián creció bajo la sombra exacta de un padre que estaba siempre en otra parte.

Un padre hecho de canciones y de rumores. Un padre que cuando aparecía lo hacía siempre sobre un escenario, siempre lejos, siempre rodeado de mujeres que no eran la madre del niño. Un padre que murió en 2015 sin reconocer la infidelidad con Arlet  Terán, ni siquiera en el hecho de muerte. Julián heredó la voz, heredó la mirada, heredó el escenario y heredó una cosa más.

Algo que en aquella casa nunca se nombró hasta el día que el cuerpo cayó al suelo. Heredó la misma sombra que ya se había llevado  antes a Trigo Figueroa y a Juan Sebastián Figueroa. Otros dos hijos de Joan Sebastian que se quedaron en el camino antes de cumplir los 30 años, la llamada Maldición Figueroa.

Tres hijos perdidos jóvenes y la madre de uno de ellos sobreviviendo a todos. Esa sombra tiene un nombre clínico que vas a escuchar dentro de pocos minutos. En la casa de Maribel se le llamaba de otra forma y la forma en la que ella intentó frenarla 60 días antes de la madrugada del 9 de abril es exactamente lo que terminó matando a Julián Figueroa.

Hay una diferencia abismal entre llorar la muerte de un hijo y llorar la decisión que terminó con él. Mantén esa frase en la cabeza. Vuelve a ella cuando termine este video, lo que bien está documentado pieza por pieza en el expediente del juzgado noveno de lo familiar de Cuernavaca, en los peritajes caligráficos presentados en la audiencia de 11 horas del 20 de octubre de 2025.

En la grabación de 23 minutos lo vas a escuchar todo en orden, con fechas, con horas, con nombres, con cifras y con la versión que Maribel Guardia ha conseguido tapar durante casi 100 noches seguidas. Pero antes de la madrugada del 9 de abril, hay algo que tienes que entender, algo sin lo cual nada de esto tiene sentido.

El miedo que llevó a Maribel Guardia a tomar la decisión más peligrosa de su vida. Llevaba casi 20 años creciendo dentro de ella. Y para ver cómo nació ese miedo, hay que volver al principio, a la casa donde Julián creció, a la sombra que ya vivía dentro de esa familia, mucho antes de que él tuviera uso de razón.

Esa casa estaba en la Ciudad de México y estaba llena de fotos de un padre al que Julián casi nunca veía. La más importante de todas estaba en la mesita de noche del niño. Una imagen pequeña en blanco y negro donde Joan Sebastian lo tenía en brazos antes de que cumpliera un año.

Maribel la enmarcó y la puso ahí para que Julián se durmiera mirándola. Esa foto fue prácticamente toda la relación que Julián tuvo con su padre durante sus primeros 5 años de vida. un padre que estaba vivo, que tenía dinero de sobra y aviones para cruzar el país en una sola noche y que aún así prefería estar en cualquier otro lado. Joan Sebastian tenía otros hijos.

Tenía muchos,  los reconocidos, los no reconocidos, los que vivían con él en el rancho de Juliantla, Guerrero, y los que veían a su padre cuando podían. La constante era una. Ninguno de ellos tenía un padre presente. La diferencia entre los que vivían en el rancho y los que vivían en otra parte era de horas a la semana, no de calidad de presencia.

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