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Canelo Álvarez y El Secreto de Ángela Aguilar que él mismo Destapó

Cuatro cinturones mundiales al mismo tiempo, 62 peleas profesionales, el boxeador mejor pagado del planeta y una niña de 8 años mirándolo desde el ring con unos ojos que no entienden todavía lo que están viendo, pero que no van a olvidar esa imagen en mucho tiempo. Eso es lo que nadie te contó.

Eso es lo que los titulares nunca explicaron, porque es más fácil vender el escándalo que entender la historia. Y la historia, la historia real, empieza mucho antes de lo que crees. Su nombre es Saúl Álvarez, Canelo para el mundo entero. Su nombre es Ángela Aguilar, la princesa de la música mexicana y lo que pasó entre ellos no es lo que te dijeron.

Estamos en 2012, Las Vegas, Nevada, el MGM Grand Garden Arena. 18,000 personas de pie, el aire caliente, el ruido que te entra por el pecho antes de que tus oídos lo procesen. Es noche de pelea de campeonato mundial. Canelo Álvarez contra Sane Mosley. Canelo tiene 22 años, pelo rojo encendido, cara que todavía guarda algo de niño [música] y puños que ya no tienen nada de niño.

Gana por decisión unánime. Sube al ring su familia, sus esquineros, el caos feliz de los que ganaron. La cámara lo sigue, pero entonces, solo 3 segundos, la cámara enfoca a alguien más. Una niña vestido blanco, pelo largo y oscuro, ojos enormes que miran al boxeador levantar el cinturón como si estuvieran viendo algo sagrado. 3 segundos.

Nadie lo notó. Entonces nadie supo lo que significaba. La niña está con su padre Pepe Aguilar, el hombre que en ese momento carga sobre los hombros el apellido más pesado de la música regional mexicana. Pepe y Canelo no son desconocidos, ambos de Guadalajara, ambos iconos de lo mexicano en un mundo que muchas veces nos mira de reojo, ambos con familias que los definen y los protegen y a veces también los encierran.

En el camino de regreso al hotel, la niña le dice algo a su padre. Quiero conocer gente así, gente que gana. Pepe Aguilar sonríe. No sabe todavía que esa frase lo va a perseguir. Ángela Aguilar tiene 8 años en ese momento y ya vive en dos mundos que no terminan de encajar. Por un lado, la dinastía. Su abuelo Antonio Aguilar, leyenda viva.

Su abuela Flor Silvestre, leyenda viva. Su padre Pepe, leyenda en construcción permanente. Giras, autobuses nocturnos, hoteles que se parecen todos, escenarios que huelen igual en cualquier ciudad. Y ella la siguiente, la herederá, la princesa que todavía no sabe que ya la coronaron sin preguntarle. Por el otro lado, una niña de 8 años que quiere jugar, que quiere amigos que no estén en la lista aprobada por su padre, que quiere, aunque sea por un rato, no ser la hija de Pepe Aguilar.

Desde que nací todos esperaban algo de mí”, confesó Ángela años después en una entrevista que casi nadie vio. No podía ser solo Ángela, siempre era la águilá y eso pesa. Y aquí viene lo importante. Pepe la protege de forma obsesiva. Nada de novios, nada de fiestas sin supervisión, nada que no haya pasado primero por su criterio.

En cada entrevista, Ángela repite la misma frase con la misma sonrisa entrenada. Mi papá es muy estricto, pero lo entiendo. Quiere protegerme. Pero nadie hace la pregunta que hay que hacer. Protegerla de qué exactamente 2014. Ángela tiene 10 años y ya lanzó su primer álbum junto a su hermano Leonardo. Nueva tradición. Rancheras.

Maríachi. La música que sus abuelos convirtieron en identidad nacional. El álbum funciona no porque sea un fenómeno de marketing, sino porque esa voz tiene algo que no debería estar en una niña de 10 años, algo viejo, algo que duele un poco cuando la escuchas. Los periodistas la llaman la reencarnación de Flor Silvestre.

Pepe Aguilar la llama el futuro de la música mexicana. Ángela solo quiere ser una niña. Cuando le preguntan qué quieres ser de grande, responde cantante porque es la respuesta que esperan. Pero en privado le dice a su madre algo que nadie publicó, algo que quedó guardado en esa intimidad que las familias famosas raramente se permiten.

A veces no sé si esto es lo que yo quiero o lo que todos quieren que yo quiera. Tiene 10 años y ya está confundida. Mientras tanto, en otro mundo que todavía no se ha cruzado con el suyo, Canelo Álvarez tiene 25 años. Es campeón mundial millonario. El rostro del boxeo mexicano en el planeta entero. Viaja constantemente, entrena, pelea, cumple compromisos, sonríe para las cámaras, vuelve a entrenar.

Tiene una novia, Fernanda Gómez, joven, bella, discreta. La relación carga desde el principio con el peso de lo que significa estar con un hombre que nunca está. Pero hay algo que pocos saben, algo que Canelo no dice en las entrevistas, pero que le confesó a alguien cercano con una honestidad que no esperaban de él.

Puedo estar rodeado de miles de personas y sentirme completamente solo. Dos personas, dos soledades distintas, dos mundos que esa noche de 2012 en Las Vegas estuvieron a 3 segundos de cámara el uno del otro. Lo que viene ahora lo explica todo. Lo que Canelo le dijo a ese hombre cercano no era una queja de rico, era una confesión.

Puedo estar rodeado de miles de personas y sentirme completamente solo. Esa frase no salió en ninguna entrevista, no apareció en ninguna portada. quedó guardada en el único lugar donde los hombres poderosos guardan sus verdades en una conversación que nadie iba a repetir, pero alguien la repitió y llegó hasta aquí. Ese mismo año, Canelo vuelve a cruzarse con la familia Aguilar en un evento de caridad en Guadalajara.

Pepe llega con sus hijos como siempre, Leonardo y Ángela 11 años. Ya no es exactamente la niña del rin de Las Vegas, pero tampoco es todavía la otra cosa que está a punto de ser. Es ese momento extraño de la infancia donde el cuerpo no sabe bien qué está haciendo. Tímida, callada, esos mismos ojos grandes que ya entonces incomodaban un poco porque miraban demasiado fijo, demasiado adentro.

Canelo se agacha para quedar a su altura. le pregunta si le gusta el boxeo. Ella dice que no, que le gusta más la música. Y entonces Canelo dice algo que nadie esperaba, que él tampoco es fan del boxeo, que solo lo hace bien. Ángela se ríe y ahí está el problema, aunque todavía nadie lo ve como problema, porque para una niña de 11 años que lleva años siendo tratada como la hija de Pepe Aguilar, como el futuro de la música mexicana, como una promesa que debe cumplirse, [música] ese momento fue diferente.

Alguien famoso, poderoso, campeón del mundo, se agachó, la miró a los ojos, le habló como persona. 2 minutos nada más, pero algo quedó. 2016, Ángela tiene 12 años. La familia está de gira por Estados Unidos. Canelo pelea contra Amir Kh en Las Vegas. Pepe está invitado. Lleva a sus hijos. Otra vez Ángela, en un evento de boxeo.

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