En el epicentro del poder político colombiano, donde los pasillos de la Casa de Nariño suelen guardar secretos bajo siete llaves, ha estallado una bomba informativa que amenaza con cambiar el rumbo del gobierno de Gustavo Petro. Angi Rodríguez, una administradora pública de carrera, egresada de la ESAP y quien fuera considerada una de las piezas más eficientes y leales del engranaje presidencial, ha decidido romper el silencio. Su testimonio no es solo una denuncia de corrupción administrativa; es un relato desgarrador de persecución, espionaje y una campaña de “exterminio” que ha traspasado todas las fronteras de la ética y la legalidad.
La historia de Angi Rodríguez es la de una profesional que llegó al Palacio con la convicción de transformar al país, trabajando jornadas de más de 24 horas con una lealtad que ella misma describe como “superior a su propia vida”. Sin embargo, esa misma entrega la convirtió en una “persona incómoda”. Al negarse a participar en lo que ella denomina “intereses oscuros” y al intentar blindar los recursos del Estado frente a redes que buscaban lucrarse, Rodríguez pasó de ser la mano derecha del orden a convertirse en
el objetivo de una maquinaria de difamación fríamente organizada.
Una Red Criminal en el Corazón del Gobierno

Según las denuncias de Rodríguez, dentro de la Casa de Nariño opera una red presuntamente criminal interesada exclusivamente en el saqueo de fondos públicos. El botín en disputa no es menor: se trata de un fondo que maneja recursos millonarios, con cerca de un billón de pesos por ejecutar. “A ellos no les importa la gente, no les importa el proyecto, ni nuestros ideales políticos”, afirma con amargura. La exfuncionaria señala que la guerra interna se desató cuando ella empezó a oponerse a nombramientos cuestionables y a procedimientos de contratación directa que violaban la ley de garantías.
Entre los nombres mencionados destaca el de Raúl Moreno, jefe de despacho presidencial, a quien Rodríguez describe como una figura central en la presión que recibió. Asimismo, menciona a Juliana Guerrero, de quien se dice que realiza negocios directamente desde la sede de gobierno, actuando, según el testimonio, “sin Dios y sin ley”. La gravedad de las acusaciones apunta a que estos personajes habrían creado un cerco para asfixiar la gestión de Rodríguez, bloqueando la contratación de personal necesario para atender emergencias nacionales, como las inundaciones en Córdoba, con el fin de forzar su salida o su sumisión.
El Mensaje de Terror: La Biblia Rota y la Persecución Familiar
Quizás el punto más dramático y perturbador del relato de Angi Rodríguez es el ataque a su círculo familiar. En lo que ella asegura no fue un simple robo, sino un acto de amedrentamiento militarmente planeado, personas desconocidas ingresaron a la vivienda de sus padres en el sur de Bogotá. Lo que encontraron no fue el desorden típico de un hurto, sino un escenario de terror simbólico diseñado para quebrantar su espíritu.
“Me rompieron la Biblia”, confiesa Rodríguez por primera vez, visiblemente afectada. Para una mujer de profunda fe cristiana protestante, este acto representó un ataque directo a su esencia. Pero la crueldad no terminó allí: los intrusos destruyeron fotos de su hijo, robaron registros civiles y documentos de salida del país, y dejaron claro que conocían sus movimientos más íntimos. Los investigadores del caso han señalado que la operación tuvo una sofisticación propia de personal con entrenamiento en inteligencia militar, ya que no dejaron rastro alguno de su entrada o salida. La denuncia es letal: el único alto funcionario que conocía la ubicación exacta de esa vivienda era Raúl Moreno.
La Traición del Presidente y el “Exterminio” de Reputación

Para Angi Rodríguez, el golpe más duro no fue solo el acoso de sus colegas, sino la actitud del presidente Gustavo Petro. Ella relata cómo, en un Consejo de Ministros, el mandatario la señaló públicamente de supuestas alianzas con paramilitares, una acusación que ella califica de infundada y sembrada por sus enemigos internos para “envenenar” el oído del presidente. “Petro me dio la espalda”, asegura, lamentando que el líder por el que trabajó incansablemente nunca salió a defender su honra.
Rodríguez compara la táctica utilizada en su contra con métodos históricos de exterminio, mencionando incluso el genocidio de Ruanda o las tácticas nazis, no en el sentido de la eliminación física —aunque afirma que el legado que le dejaron era “o presa o muerta”— sino en la aniquilación de su buen nombre y su carrera profesional. “Es un exterminio a través del odio, la mentira y la calumnia”, explica, detallando cómo ha tenido que implementar hasta 20 filtros de revisión para cada documento que firma, por temor a que sus propios subalternos le pongan “trampas” para llevarla a la cárcel.
Un Estado en Alerta
El testimonio de Angi Rodríguez pone de manifiesto una crisis institucional profunda. La denuncia sobre el uso de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI) para perseguir a funcionarios internos que se oponen a la corrupción es una alerta roja para la democracia colombiana. Rodríguez hace un llamado urgente a la Fiscalía General de la Nación y a la Procuraduría para que actúen con celeridad. “El país merece conocer la verdad”, sentencia.
Mientras tanto, el ambiente en la Casa de Nariño se torna cada vez más denso. La caída de una funcionaria que alguna vez fue el símbolo de la eficiencia administrativa del “gobierno del cambio” deja preguntas inquietantes sobre quiénes tienen realmente el poder en las sombras. ¿Se ha perdido el horizonte del proyecto político de Petro en manos de clanes interesados solo en el dinero? La valentía de Angi al denunciar estos hechos podría ser el inicio de una cascada de revelaciones que obliguen a una reestructuración total del círculo más cercano al presidente.
Colombia observa con asombro cómo la esperanza de un gobierno transparente se ve empañada por relatos de Biblias rotas, espionaje estatal y una puja feroz por un billón de pesos que debería estar destinado a los más necesitados. La justicia tiene ahora la última palabra en este laberinto de traiciones y ambición que parece no tener fin.