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ANDY RUIZ JR: La ASQUEROSA Verdad De Lo Que Le Hizo A Sus Hijos

Primer mexicano campeón mundial de peso pesado de la historia. Noqueó tres veces a Anthony Joshua. Ganó 40 millones de dólares en 6 meses y ese mismo hombre le rompió los brazos a la madre de sus dos hijos y la dejó tirada en el suelo. Meno. Pero eso no fue lo peor. Lo más asqueroso fue lo que hacía con sus dos hijos pequeños cuando su esposa no estaba en casa.

 Algo tan asqueroso que cuando ella lo vio, tomó a los niños de la mano, los metió en el coche y manejó 9 horas seguidas sin parar. Quédate hasta el final porque vas a saber por qué la destrozaba a golpes. ¿Qué encontró Julie Lemus en ese closet? ¿Y por qué el campeón mundial mexicano más grande de la historia del peso pesado tiene hoy prohibido por orden judicial acercarse a las dos personas que lo llamaron papá durante 6 años? Pero antes de llegar a la madrugada del 28 de marzo de 2023, cuando Julie Lemus salió de su casa con sus dos hijos en el asiento

trasero del coche, hay algo que tienes que entender, porque lo que pasó esa madrugada no empezó esa madrugada, empezó 33 años antes en un barrio del Valle Imperial de California, donde un niño de 5 años aprendió a golpear antes que a leer. Aquí es donde todo cambia. Imperial, California. 11 de septiembre de 1989.

En una casa de techo bajo y dos cuartos compartidos nace Andrés Ponce Ruiz Junior, hijo de Andrés Ruiz Senior, ex boxeador amateor mexicano que cruzó la frontera buscando una vida que no tuvo. Y de felícitas Ruiz, ama de casa, hija de jornaleros mexicanos de Mexicali. La familia vivía a 15 minutos de la línea fronteriza con Baja California.

 Hablaban español en casa, comían frijoles con tortilla y rezaban todos los domingos en una iglesia católica del centro de imperial, donde el cura, un hombre llamado Padre Ramírez, todavía recuerda al niño Andrés llegando con el ojo morado a los 6 años, sin decirle a nadie quién se lo había hecho. ¿Sabes qué pasa con un niño mexicano de Imperial California, en 1994, cuando llega a la primaria pesando 30 kg más que el resto de sus compañeros y con un apellido que en inglés nadie sabe pronunciar? Le pegan en el patio, en el

baño, en los pasillos de la escuela. Y un día le pegan tan fuerte cuatro niños mayores que llega a casa con la nariz sangrando, los lentes rotos y la espalda llena de pisadas de tenis. sucios. Esa noche, Andrés Ruiz Senior agarró a su hijo del cuello de la camisa, lo llevó al patio de la casa, lo paró frente a un saco de boxeo viejo que tenía colgado de un mezquite seco y le dijo una frase que el niño Andrés iba a recordar el resto de su vida.

 Mi hijo, en esta vida o golpeas o te golpean. Decide ahorita qué quieres ser. Andrés padre le entregó un par de guantes amarillos manchados, demasiado grandes para las manos del niño, y le ordenó pegarle al saco hasta que sangraran los nudillos. Andrés, hijo, llorando, golpeó ese saco durante 42 minutos sin parar. Cuando terminó, los guantes tenían sangre por dentro y por fuera.

 Andrés padre lo abrazó por primera vez en 6 meses y le dijo cinco palabras que iban a definir todo lo que vino después. Así, ese es mi hijo. Guarda esto en tu mente porque va a regresar. Aquí aparece el primer caramelo de esta historia. Porque esos guantes amarillos manchados de sangre infantil que Andrés padre nunca quiso lavar todavía existen.

 Hoy en 2026 están guardados en una caja de cartón en el closet de la casa de Andrés Ruiz Senior en Imperial, California. La caja la descubrió su nieto mayor, el hijo de Andy con Julie, un día de 2022 cuando tenía 6 años jugando a las escondidas con su hermana. El niño la abrió, la cerró rápido y no le contó a nadie, pero esa caja y lo que el niño vio dentro va a regresar en los últimos minutos de esta historia.

 A los 9 años, Andy ya peleaba en torneos amateor de California y Baja California. A los 12 viajaba los fines de semana a Tijuana a entrenar con un cubano llamado Fernando Ferrer, que veía en el niño gordito algo que nadie más veía. Velocidad de manos, reflejos rapidísimos. A los 14 era campeón nacional juvenil de México.

 A los 16 llevaba dos medallas de oro de la olimpiada nacional. Y a los 17 su entrenador lo consideraba el mejor peso pesado a Mateur en la historia del boxeo mexicano. Y a los 19 años, en marzo de 2009, debutó como profesional en la plaza de Toros de Tijuana ante 1000 personas, noqueando a Miguel Ramírez en el primer asalto.

 que un muchacho de 19 años, recién casado en realidad libre con su novia de la secundaria, ya tenía la cara cortada de 100 peleas a Mateur, sin que su madre, Felicitas, hubiera estado nunca en una sola. Porque Felícitas no soportaba ver pelear a su hijo. Se mantenía lejos del gimnasio, lejos de los videos. Cada vez que llegaba el día de una pelea, se encerraba en su recámara, ponía el rosario sobre la cama y rezaba durante todas las horas que durara el evento sin contestar el teléfono.

 Cuando Andy llegaba a casa, fuera ganador o perdedor, felicitas lo abrazaba, lo bañaba con agua tibia, le ponía vendas en las manos y nunca, ni una sola vez en 22 años, le preguntó cómo le había ido. Andrés Padre, en cambio, estaba en cada esquina, en cada pelea, en cada decisión. cobraba parte de los premios, firmaba los contratos, decidía con qué entrenador trabajaba su hijo y durante los primeros 11 años de carrera profesional de Andy lo trató más como inversión que como hijo.

 Aquí entra el segundo caramelo de esta historia, porque entre 2010 y 2018, Andy Ruiz Junior peleó 32 veces como profesional, ganó 31, perdió una. Y de los premios totales ganados en esos 8 años, una cantidad que la prensa de boxeo estima entre los cuatro y los 6 millones de dólares, Andy Hijo, solo vio aproximadamente 600,000.

El resto, según una declaración que el propio Andy le hizo a un periodista de ESPN en 2022 y que después intentó retirar, fue manejado, administrado, invertido y finalmente perdido por su padre. A finales de 2018, cuando Andy tenía 29 años, dos hijos pequeños, una pareja de 3 años llamada Julie Lemus y una hipoteca atrasada de un departamento en el sur de California, Andy Ruiz Junior estaba a un día de que lo echaran a la calle.

 La cifra no era exageración ni manera de hablar. El primero de febrero de 2019, el casero del edificio donde vivía Andy con Julie y los dos niños envió un aviso oficial de desalojo. Tenían 7 días para entregar el departamento. Andy tenía $400 en la cuenta del banco. Su pareja Yulie, de 22 años, embarazada del tercer hijo que se iba a perder dos meses después por estrés, sacó esa misma noche dos maletas del closet y empezó a empacar la ropa de los niños.

 Fue Julie quien hizo la llamada esa noche. Julie llamó a Manny Robles, entrenador de Andy desde 2016. Le contó que los iban a echar. Le rogó que hiciera algo. Le explicó llorando que Andy ya no quería entrenar, que había empezado a beber, que se pasaba las noches mirando peleas en la computadora sin hablar con nadie, que los niños estaban asustados, que ella no podía sola con los dos chiquitos y un embarazo que perdía sangre cada mañana.

Manny Robles llamó esa misma noche a un agente llamado Alheimon. Alheimon llamó al campo de Anthony Joshua y en una de las llamadas que cambiaron la historia del boxeo mundial, Joshua se quedó sin rival para el primero de junio porque Jarel Miller, su contrincante original, había dado positivo en una prueba antidopaje.

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