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A los 62 años, Julio César Chávez Finalmente Confiesa que ella fue el amor de su vida

¿Usted cree que yo iba a poder pelear en Estados Unidos?  ¿O iba a poder yo pasar a Estados Unidos?  ¿O Estados Unidos me iba a dar visa de trabajo?  Si yo fuera ganador de dinero.  La playa del tambor es mar abierto.  Aquí fue la primera vez que conocí a Julio.  Aquí fue donde él se enamoró de mí y yo de él no.

 Atención.  Lo que estás a punto de escuchar es más jugoso que una telenovela, más explosivo que una película de acción y con más romance que cualquier comedia de Hollywood.  Así es la vida de Julio César Chávez, el campeón que no solo derribó a sus rivales en el ring, sino que también dejó su huella en el corazón de muchas mujeres.

 Y lo mejor de todo, es el mismo Chávez quien  revela los secretos más ocultos de su vida amorosa.  Así que prepárate, porque lo que estás a punto de descubrir podría ser el guión de la película más impactante que jamás se haya filmado.  Imagina esto, Ciudad Obregón, Sonora, 12 de julio de 1962.  Nace un niño en una familia humilde, pero con una chispa que no se podía ignorar.

 ¿Su nombre? Julio César Chávez.  Su destino ya estaba escrito,  aunque él aún no lo sabía. Mi papá era ferrocarrilero, pero una huelga nos llevó a mudarnos a Culiacán cuando yo tenía cuatro años. Ahí empezó todo, ahí encontré mi identidad.  Afirmó Julio César desde pequeño, Julio mostró que era diferente.

 Tenía fuego en la mirada y una voluntad que nada  podía detener. Fue en Culiacán donde se enamoró del boxeo. Y cuando decimos enamoró, hablamos de  una obsesión absoluta, de esas que hacen que te olvides hasta de comer bueno, casi.  Años más tarde, ese niño humilde se convertiría en el hombre que nadie podía derrotar.  90 peleas invicto.  Sí, 90.  Julio no solo ganaba, aplastaba.

 Su gancho al hígado era como un martillo que hacía temblar a sus rivales y su resistencia, uff, era como si estuviera hecho de acero.  Pero detrás del campeón había un hombre con una vida tan intensa como sus peleas.  Cuando yo perdí la pelea número 91, fue con Frankie Randall.  Mi adicción ya estaba muy avanzada, Jordi.

 Lo que pasa es que ganaba Jordi, seguía ganando porque era un peleador muy bueno,  porque era un peleador natural.  A pesar de sus éxitos, Julio tuvo que enfrentar demonios  internos. Su derrota en la pelea número 91 marcó un antes y un después, ya que para ese entonces  sus problemas con las adicciones estaban afectando su carrera.

 Mi adicción estaba muy avanzada,  pero seguía ganando porque tenía talento natural, confesó alguna vez. Sin embargo,  la vida de Julio no solo estuvo llena de ganchos al hígado  y cinturones de campeón, también hubo espacio para el romance. Aunque muchas mujeres pasaron  por su vida, pocas lograron robarle el corazón de verdad.

 Una de esas afortunadas fue Amalia Carrasco,  una joven tímida y cariñosa que conoció al boxeador en los años 80 durante unas vacaciones de semana santa el destino los  unió él era amigo de mi hermano y en esos días empezó a acompañarnos a platicar ahí nació  nuestra amistad que luego se convirtió en algo más contó amalia en una entrevista el flechazo  fue rápido amalia recuerda con cariño como julio comenzó a cortejarla. Yo estaba barriendo afuera de mi casa cuando pasó y como toda joven me emocioné.

 Y se ponen ahí, viene, pues se llena aquí de toda la orilla de la playa de carpas, donde se queda la gente.  Y pues de ahí yo creo que le guste a él.  Él nos acompañó, se iba a platicar con nosotros a la carreta, se ponía a platicar porque era muy amigo de mi hermano,  y pues ahí más o menos empezó la relación de amigos.

 Poco después, ya me estaba invitando a una graduación.  Desde ese día, supe que algo especial iba a pasar.  No pasó mucho tiempo antes de que Amalia dejara de lado sus sueños de ser azafata  para dedicarse a construir una vida junto a Julio.  Con Amalia a Julio.  Con Amalia, Julio formó una familia, pero la vida de un campeón no es fácil.

 La fama,  las tentaciones y las batallas internas pusieron todo a prueba. A pesar de los problemas,  tuvieron tres hijos, Julio César Jr., Omar y Cristian. Cada uno con su propia historia y su propia conexión con el apellido Chávez.  Mientras su vida personal florecía, su carrera seguía rompiendo récords.  La prensa no tardó en criticar su estilo de vida, asegurando que pasaba más tiempo en fiestas que entrenando, pero Chávez siempre demostró que, incluso en sus peores momentos,  Podía dar lo mejor de sí en el ring. Sus combates en los años 80 y 90 lo catapultaron al estrellato,

 convirtiéndose en un símbolo de resistencia, valentía y orgullo mexicano. Pero Amalia no  aguantó todas sus infidelidades, vicios y dolores de cabeza, y se divorció. Aquí entra Miriam  Escobar en esta historia. Era una joven de apenas 17 años cuando la vida la llevó a cruzarse con una figura que,  en ese entonces, no era más que un amigo cercano de su esposo, Jesús Bebé Gallardo.

 Gallardo, conocido por su conexión con el mundo del boxeo, entrenaba en el mismo gimnasio donde  Julio perfeccionaba el golpe que lo haría leyenda. Allí nació una relación de camaradería y respeto.  Pero la vida, como siempre, tenía otros planes.  En los años 90, la tragedia golpeó cuando Jesús falleció, dejando a Miriam con dos pequeños hijos y un enorme vacío en el corazón.

 Fue entonces cuando Julio, en un gesto de apoyo, comenzó a acercarse más a Miriam.  Porque él iba a un gimnasio donde iba en ese entonces el que era mi novio.  Miriam. Lo que inició como Consuelo pronto se transformó en algo más profundo. Julio siempre tuvo mucho respeto por mi esposo,  pero después de su muerte poco a poco nos fuimos conociendo de otra manera. Fue algo inesperado.

 Lo que siguió fue una relación que desafiaba las expectativas. Julio no solo conquistó el corazón de Miriam,  sino que también se convirtió en una figura paternal para los hijos que ella tenía con Gallardo.  Juntos formaron una nueva familia que crecería con la llegada de Nicole Chávez, la única hija  biológica que tuvieron.

 Sin embargo, como en toda historia de amor épica, no faltaron los momentos  difíciles. Miriam y Julio vivieron entre altibajos,  muchas veces protagonizados por los excesos y las aventuras extramaritales del campeón. Pero Miriam,  con una fortaleza impresionante, decidió apostar por el amor y la familia. Después de una pelea en  Las Vegas, Nevada, el gran campeón mexicano, Julio César Chávez, protagonizó un momento tan inesperado como  complicado.

 Tras la victoria, decidió asistir a una reunión con una mujer que se decía era su amante,  pero lo que no imaginaba era que su esposa llegaría de sorpresa y lo descubriría con  las manos en la masa.  Lo que sucedió después marcó un episodio que el propio Chávez recuerda con una mezcla  de humor y tristeza.

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