En un caso que ha sacudido los cimientos de la opinión pública por su naturaleza perturbadora y la frialdad del presunto responsable, las autoridades de la Ciudad de México han procedido a la detención de Fernando Yael Pérez Molina. El joven, estudiante de la prestigiosa Escuela Bancaria y Comercial (EBC), se encuentra actualmente bajo custodia, acusado de estar directamente vinculado con la desaparición —y el posible feminicidio— de su propia madre, la señora Teresa Guadalupe Molina.
La narrativa inicial que Fernando presentó ante la Fiscalía de Justicia parecía la de un hijo desesperado. Según su testimonio original, una mañana despertó y simplemente no encontró a su madre en el domicilio que compartían. El reporte fue levantado con prontitud, activando los protocolos de búsqueda para personas desaparecidas. Sin embargo, lo q
ue comenzó como un expediente de búsqueda rutinario pronto se transformó en una investigación criminal debido a las inconsistencias alarmantes en el comportamiento del denunciante.
Una vida de excesos ante la tragedia
Mientras los agentes de la Policía de Investigación (PDI) y familiares buscaban pistas sobre el paradero de Teresa Guadalupe, su hijo parecía estar viviendo su mejor momento. Lejos de mostrar la angustia y el duelo que caracterizan a quien ha perdido a un ser querido, Fernando Yael continuó con su rutina académica y social sin alteraciones. Los registros financieros y testimoniales revelaron que el joven comenzó a utilizar las tarjetas de crédito de su madre de manera indiscriminada.
Además, se le observó circulando tranquilamente en el vehículo de la víctima, un Seat Ibiza, y alternando su estancia entre la vivienda principal y otra propiedad que la señora poseía en el municipio de Nezahualcóyotl. Esta falta de empatía y la evidente explotación de los bienes de su madre desaparecida encendieron las alarmas de los investigadores. ¿Quién, en medio de una tragedia familiar, se dedica a gastar dinero y salir de fiesta con tal naturalidad?

El revelador hallazgo en el domicilio
Ante las fundadas sospechas, la Fiscalía obtuvo una orden de cateo para registrar la vivienda donde ambos residían. La escena que encontraron los peritos, tras aplicar técnicas avanzadas de criminalística, desmoronó la coartada del estudiante. Aunque la casa parecía limpia a simple vista, la aplicación de reactivos de luminol en el baño y en una de las recámaras reveló manchas de sangre que habían sido meticulosamente lavadas en un intento por eliminar cualquier evidencia física.
Estas pruebas sugieren que en el interior de ese hogar ocurrió un evento violento. Los restos hemáticos encontrados, ocultos bajo la apariencia de normalidad, apuntan a que Teresa Guadalupe fue agredida en el lugar donde debía sentirse más segura. Este hallazgo cambió drásticamente el curso de la investigación, pasando de una desaparición misteriosa a una posible ejecución cometida dentro del círculo familiar más íntimo.
“Ahorita veo cómo le saco el dinero”
La pieza final del rompecabezas provino de los testimonios de amigos cercanos. Un relato en particular ha causado indignación: la noche en que supuestamente la señora Molina desapareció, Fernando se encontraba bebiendo cervezas con un amigo. Al llegar a casa, el joven entró con la intención de pedirle 2,000 pesos a su madre para continuar la celebración nocturna.
Mientras su amigo esperaba afuera, los mensajes de texto entre ambos revelaban la creciente tensión. “Ya voy, mi mamá no me da dinero”, escribía Fernando, seguido de una frase que hoy suena a sentencia: “Ahorita yo veo cómo le saco el dinero”. Poco después de este intercambio, se escucharon gritos provenientes de la vivienda. Fernando volvió a enviar un mensaje diciendo que ya no saldría porque su madre “no lo dejó”, pero para ese momento, el destino de Teresa Guadalupe probablemente ya estaba sellado. La negativa de entregarle una suma de dinero para ocio parece haber sido el detonante de una furia irracional y letal.
El camino hacia la justicia

Fernando Yael Pérez Molina fue interceptado y detenido mientras conducía el auto de su madre. La frialdad captada en las imágenes de su arresto refleja a un individuo que, hasta el último momento, creyó que su plan de simulación tendría éxito. Actualmente, el joven se encuentra recluido en el Reclusorio Norte, enfrentando cargos por desaparición cometida por particulares, a la espera de que el proceso legal avance y se logre determinar el paradero final del cuerpo de su madre.
Este caso deja una profunda reflexión sobre la descomposición del tejido social y los límites de la ambición y el desapego. Una madre que, en su afán de poner límites a los excesos de su hijo, encontró presuntamente la muerte a manos de quien ella misma crió. Mientras la Fiscalía continúa con los trabajos para hallar a Teresa Guadalupe, la sociedad exige una sentencia ejemplar que haga justicia a una mujer cuya vida fue arrebatada, aparentemente, por el precio de una noche de fiesta.