El domingo 3 de mayo de 2026 quedará grabado para siempre, con tinta negra y dolorosa, en la memoria colectiva de los habitantes de Popayán, en el departamento del Cauca. Lo que había sido promocionado durante semanas como el evento automovilístico más espectacular, innovador y lleno de adrenalina del año, terminó convirtiéndose de manera súbita en una de las peores tragedias recientes en el país. El rugir ensordecedor de los motores y los aplausos entusiastas de cientos de familias se transformaron, en cuestión de fracciones de segundo, en gritos de puro terror, llanto desconsolado y una desesperada carrera por sobrevivir. Un vehículo tipo Monster Truck, una auténtica bestia de metal diseñada para aplastar chatarra y desafiar las leyes de la gravedad, perdió el control y embistió de forma violenta y letal a la multitud que presenciaba el show.
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La promesa de un domingo inolvidable
Desde tempranas horas de la tarde, el reconocido sector de Boulevard Rose comenzó a llenarse de cientos de espectadores ansiosos. Padres de familia, jóvenes apasionados por el automovilismo y, sobre todo, decenas de niños con los ojos iluminados por la ilusión, se congregaron alrededor de la pista improvisada. El ambiente era netamente festivo y de celebración. Las gigantescas llantas de más de un metro y medio de altura, la pintura llamativa de los vehículos y la promesa de presenciar acrobacias extremas, saltos imposibles y vehículos colosales volando por los aires habían convocado a una multitud vibrante. La adrenalina era completamente palpable en el aire, mezclada con el olor a combustible, a llanta quemada y el eco de los animadores que encendían los ánimos del público a través de los potentes altavoces. Nadie, absolutamente nadie en las gradas, podría haber anticipado el dantesco horror que estaba a punto de desatarse cuando el número principal de la exhibición tomara su curso.
El instante del caos y el horror inenarrable
El reloj marcaba el momento cumbre del esperado espectáculo. En el centro de la pista, uno de los vehículos más impresionantes e imponentes del evento se preparaba para realizar su maniobra estrella. Con una potencia descomunal que hacía retumbar el suelo, la máquina aceleró a fondo para superar uno de los obstáculos principales de la ruta trazada. El gigantesco Monster Truck logró elevarse y sobrepasar la rampa con aparente perfección. Sin embargo, al tocar tierra, la física y el destino jugaron una pasada mortal: algo salió terriblemente mal. El vehículo no pudo frenar.
En lugar de detener su frenética marcha o corregir su trayectoria dentro de la zona segura establecida en la pista, la enorme camioneta salió proyectada con una fuerza brutal directamente hacia donde se encontraban los espectadores. Las barreras de contención y los perímetros de seguridad improvisados por la logística cedieron de inmediato, colapsando como si fueran de papel ante el peso de varias toneladas y la velocidad del monstruo de metal. En un abrir y cerrar de ojos, la máquina se abalanzó sobre el público desprotegido.
“Un Monster Truck les pasó por encima”
Las escenas que siguieron son dignas de una auténtica pesadilla que nadie desearía presenciar. Los testimonios y las grabaciones de los instantes posteriores al violento impacto revelan un nivel absoluto y desgarrador de desesperación en el Boulevard Rose. Voces ahogadas por el pánico gritaban clamando por ayuda, mientras madres y padres buscaban desesperadamente a sus hijos menores entre el espeso polvo, los escombros de las vallas y el desconcierto.
“¡Dios mío, mamá, mamá!”, se escucha sollozar a un niño en medio del caos total. A través de las radios de emergencia y las llamadas a los servicios de auxilio, los reportes de los paramédicos y testigos erizaban la piel de quienes escuchaban: “Necesitamos todas las ambulancias… un Monster Truck les pasó por encima. Tenemos niños, tenemos bastantes heridos, por favor, que lleguen las patrullas de ambulancia lo más pronto posible”. La impotencia se apoderó rápidamente de los asistentes ilesos que, arriesgando su propia integridad y con sus manos desnudas, intentaban socorrer a quienes habían quedado trágicamente atrapados bajo la estructura del colosal vehículo.

El devastador saldo que enluta a una nación
A medida que el polvo de la pista se asentaba y la adrenalina daba paso a la cruenta realidad, la magnitud del desastre se hizo dolorosamente evidente. El balance oficial entregado por las autoridades confirmó los peores temores de la comunidad caucana: al menos tres personas perdieron la vida en el lugar de los hechos, de manera fulminante. Entre las víctimas fatales se reportó la presencia de menores de edad, pequeñas vidas que habían acudido al evento llenos de sueños e inocencia.
Además de la irreparable pérdida de vidas, el caos dejó un saldo abrumador que oscila entre los 38 y 40 heridos de diversa gravedad. La ciudad de Popayán se vio forzada a activar de inmediato una alerta roja hospitalaria. Las sirenas de las instituciones de rescate no dejaron de aullar durante horas, mientras una caravana incesante de ambulancias de la Cruz Roja, la Defensa Civil y el Cuerpo de Bomberos trasladaba a los afectados luchando contra el tiempo.
Colapso y la heroica respuesta médica en Popayán
La capacidad de respuesta de los centros de salud de la región fue puesta a prueba hasta su límite máximo. La Secretaría de Salud de Popayán emitió directrices inmediatas, confirmando que los pacientes heridos fueron distribuidos estratégicamente para evitar el colapso de las salas de urgencias. Los afectados fueron recibidos en la Unidad de Salud Sanitas, el Hospital Universitario San José, la Clínica San Rafael, la Clínica La Estancia y el Hospital Susana López de Valencia.
Equipos médicos completos, cirujanos que fueron llamados de sus descansos y un batallón de personal de enfermería trabajaron a marchas forzadas para estabilizar a las víctimas. Muchos de los pacientes ingresaron presentando cuadros clínicos críticos: traumas craneoencefálicos severos, múltiples fracturas expuestas y graves lesiones internas por aplastamiento. En medio de la oscuridad de la tragedia, la solidaridad de la ciudadanía brilló con fuerza; vecinos del sector y voluntarios civiles apoyaron incansablemente a los organismos de socorro, ayudando a iluminar la zona de impacto, despejando vías y colaborando en la remoción de estructuras y árboles para facilitar el tránsito expedito de las unidades de emergencia.
Sonia Segura, “La Dragona”: La figura tras el volante
Un elemento profundamente complejo y trágico de esta historia recae en la identidad de la persona que se encontraba a los mandos del destructivo vehículo. Se trata de Sonia Segura, una mujer bogotana de 53 años, ampliamente respetada y conocida en el exigente circuito del automovilismo extremo bajo el apodo de “La Dragona”. Sonia no era, en absoluto, una novata al volante; de hecho, ostentaba con orgullo el título de ser la única mujer piloto de Monster Truck en toda América Latina.
Con una sólida trayectoria de más de una década de experiencia y una profunda pasión por los deportes de motor —que la llevó incluso a dejar atrás su carrera formal como productora audiovisual—, Sonia había participado en múltiples exhibiciones de alto calibre en Colombia y a nivel internacional. En las entrevistas concedidas en los días previos al fatídico evento, ella misma había invitado al público de Popayán a disfrutar del espectáculo, destacando el arduo entrenamiento y los años de preparación requeridos para dominar estas bestias mecánicas. Tras el violento impacto contra las gradas, “La Dragona” también resultó con serias lesiones y tuvo que ser trasladada de urgencia a un centro médico, donde permanece bajo estricta observación médica y custodia de las autoridades, enfrentándose ahora al capítulo más sombrío y doloroso de su carrera.
