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Plutarco Elías Calles: El Único que Cerró Todas Las Iglesias de México — Y Creó 90 Mil Mártires

    23 de noviembre de 1927, 9:15 de la mañana. Inspección General de Policía, Ciudad de México. El padre Miguel Pro está parado contra una pared de ladrillos. Tiene 36 años. Jesuita. Lleva sotana negra, manos atadas a la espalda. No hubo juicio, no hubo abogado, no hubo sentencia formal, solo una orden firmada por el presidente Plutarco, Elías Calles, 3 horas antes.
    Fusílenlo hoy, inviten a periodistas, tomen fotos, que todo México vea qué pasa con los sacerdotes que desafían al estado. El pelotón de fusilamiento está formado, siete soldados con rifles mauser, bayonetas relucientes bajo el sol de noviembre. El oficial se acerca al padre pro, le ofrece una venda negra para los ojos.
    El padre pro la rechaza con calma. No necesito. Ah, quiero ver. El oficial le pregunta si tiene un último deseo. El padre pro pide dos cosas, un rosario para la mano izquierda, un crucifijo para la derecha. Se los dan. Extiende los brazos en forma de cruz. Mira directamente al pelotón sin miedo, sin temblor. Los fotógrafos están listos, cinco cámaras apuntando.
    Calles ordenó que documentarán todo. Quería que las fotos circularan por el país, que asustaran al pueblo católico, que nadie más se atreviera a defender a la Iglesia contra el Estado. El padre pro respira hondo. Grita con voz firme que resuena en todo el patio. Viva Cristo Rey. El oficial levanta la mano, la baja, fuego.


Cinco disparos al mismo tiempo, humo, olor a pólvora. El padre pro cae hacia atrás, los brazos todavía extendidos, el rosario en una mano, el crucifijo en la otra, sangre en la sotana negra. O las cámaras capturan todo. El cuerpo, la postura de cruz, la expresión serena en el rostro muerto. Los periodistas escriben sus notas. Los soldados bajan los rifles.
El oficial firma el acta de ejecución. Hora de muerte. 9:23 de la mañana. Plutarco Elías Calles recibe las fotos esa misma tarde en Palacio Nacional. Las observa con satisfacción. Sonríe. Publíquenlas en todos los periódicos que vean lo que les pasa a los fanáticos religiosos. Ordena distribución masiva. Primera plana en los diarios oficiales, carteles en las calles, que todo México vea.
Pero pasa algo que calles no esperaba. Las fotos se reproducen en millones de panfletos clandestinos. Se distribuyen en secreto por todo el país, de mano en mano, en iglesias cerradas, en casas católicas, en pueblos del vajío. El padre pro con los brazos en cruz, muriendo por su fe, mirando a sus verdugos sin miedo.
No es una advertencia, es un mártir. 26 de noviembre, tr días después, el funeral. Calles ordenó que fuera privado, solo familia inmediata. Prohibió manifestaciones públicas. amenazó con arrestos masivos si alguien desobedecía. A las 10 de la mañana, el cortejo fúnebre sale de la casa de los pro rumbo al panteón francés de la Piedad.
Debía ser discreto, un grupo pequeño, silencioso. Pero a las 10:30 algo extraordinario empieza a pasar. La gente sale a las calles, miles de personas, decenas de miles de todas las colonias de Ciudad de México, hombres en traje, mujeres con velos negros. niños, ancianos, obreros, comerciantes, estudiantes.
El cortejo que debía ser discreto se convierte en la manifestación más grande en la historia de la capital. A las 11 de la mañana son 50,000 personas siguiendo el ataúd. A las 12 del mediodía son 100,000. Cuando llegan al panteón a las 2 de la tarde son 200,000. 200,000 personas desafiando al gobierno. 200,000 católicos gritando en las calles lo que calles prohibió.
Viva Cristo Rey, viva el Padre pro. La ciudad entera se paraliza. El tráfico colapsa, los trambías no pueden circular. Las tiendas cierran. México se detiene por un sacerdote muerto. Calles ordena a la policía dispersar con violencia. envía batallones, caballos, gases lacrimógenos. No pueden, son demasiados. Un mar humano que no tiene miedo, que ya perdió el miedo.
Ese día 26 de noviembre de 1927, Plutarco Elías Calles entiende algo brutal. Ha cometido el error más grande de su vida. Quiso crear miedo. Creó un mártir, quiso asustar al pueblo católico. Lo unió contra él. quiso demostrar que el estado era más poderoso que la iglesia. Demostró lo contrario. Por cada sacerdote que fusilaba, 1000 católicos tomaban las armas.
Por cada iglesia que cerraba 10 pueblos se revelaban. Por cada mártir que creaba, el fuego de la guerra cristera crecía más. Porque esta no es la historia de un presidente que modernizó México, es la historia del único presidente que cerró todas las iglesias del país y creó 90,000 mártires. Como Plutarco Elías Calles desató la guerra religiosa más sangrienta del México moderno, pensando que podía destruir la fe católica con balas y leyes, y como el sistema político que él construyó, el sistema que controló México durante 71 años, ley
finalmente se volvió contra él y lo expulsó del país en pijama. Pero para entender cómo un presidente llegó a crear 90,000 mártires, hay que volver 32 años atrás. a 1895, a Guaimas, Sonora, a una casa de adobe donde nace un niño que verá México arder. Plutarco. Elías Calles nació el 25 de septiembre de 1895, hijo ilegítimo.
Su madre, María de Jesús Campusano murió cuando él tenía 4 años. Su padre Plutarco, Elías nunca lo reconoció oficialmente. Lo crió su tío Juan Bautista Calles, un hombre duro, maestro de escuela, le dio apellido, le dio educación, pero no le dio afecto. Plutarco creció siendo el niño sin padre, el bastardo, el que no tenía apellido propio.
Los otros niños se burlaban, los adultos lo trataban diferente. Ese rechazo lo marcó para siempre. le enseñó que el poder no se pide, se toma y que la gente solo respeta lo que teme. A los 18 años, Plutarco trabaja como maestro rural en Sonora. Gana poco, vive en pueblos olvidados. Ve la miseria que consume al México por firiano, pero también ve algo más.
Ve como la Iglesia Católica controla los pueblos, como los curas tienen más poder que los alcaldes, com

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