El nivel de sofisticación de la obra revelaba una preocupante profesionalización en las filas del cártel. Ingenieros de minas, civiles y de telecomunicaciones, reclutados por el CJNG, habían aplicado sus conocimientos para diseñar y construir una fortaleza inexpugnable. Utilizando maquinaria pesada y trabajo manual, lograron excavar la roca sólida, impermeabilizar cavernas naturales para almacenar agua y montar un sistema eléctrico alimentado por generadores.
La ciudad subterránea albergaba a 104 personas, entre combatientes, personal de logística y constructores, quienes vivían, dormían y operaban sin que la superficie mostrara rastro alguno de su presencia. La puerta principal, una roca de tres toneladas montada sobre rieles de acero, sellaba la entrada, ocultando el hormiguero de actividad criminal.
La Trampa de Roca: Combate y Consecuencias
El operativo militar, ejecutado tres días después del reporte del pastor, fue fulminante. Equipos de asalto ingresaron simultáneamente por los túneles principales, enfrentándose a los combatientes del CJNG en un combate cerrado y ensordecedor que duró apenas ocho minutos. El eco de los disparos, rebotando en las paredes de roca, convirtió la instalación en una trampa mortal. Tres soldados resultaron heridos y dos miembros del cártel perdieron la vida antes de que el resto se rindiera, acorralados por el bloqueo de las salidas de emergencia.
La fortaleza, diseñada para resistir asedios, se convirtió en la perdición de sus ocupantes. El asombroso arsenal incautado, que incluía rifles de asalto, pistolas, granadas y cientos de miles de cartuchos, evidenciaba la magnitud de las operaciones coordinadas desde las profundidades del Cerro Hueco.
Vida Bajo Tierra: Monotonía Sensorial y Enfermedad
Las declaraciones de los detenidos arrojaron luz sobre las extremas condiciones de vida dentro del cerro. La rutina opresiva, marcada por la ausencia de luz solar y la invariabilidad del entorno rocoso, provocó lo que los psicólogos militares denominan “monotonía sensorial”. Los ocupantes sufrían alucinaciones auditivas, desorientación y una profunda sensación de encierro, anhelando ver el cielo tras meses de vivir bajo tierra.
Además del desgaste psicológico, la salud física de los habitantes se vio gravemente afectada. La constante exposición al polvo mineral suspendido en el aire subterráneo causó estragos en sus pulmones. El caso del ingeniero de minas a cargo de la perforación es un triste testimonio de las consecuencias de este ambiente tóxico; tras 18 meses de trabajo continuo, desarrolló silicosis, una enfermedad incurable que lo acompañará el resto de sus días.
El Nuevo Rostro del Crimen Organizado
El desmantelamiento de la “narco-fortaleza” en el Cerro Hueco marca un antes y un después en la lucha contra el narcotráfico en México. La escala, la complejidad y el nivel de ingeniería invertidos en la construcción de esta instalación subterránea demuestran una preocupante evolución en las tácticas del crimen organizado.
El CJNG ha demostrado su capacidad para reclutar profesionales altamente calificados, operar con presupuestos millonarios y ejecutar obras de infraestructura a gran escala en total secreto. La existencia de esta ciudad subterránea plantea interrogantes inquietantes: si el cártel logró construir esto en Jalisco, ¿qué otras sorpresas podrían estar ocultas bajo los miles de cerros y montañas que conforman la geografía mexicana?