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MÉXICO Y CLAUDIA SHEINBAUM: ¡CONTROL RADICAL AL DIÉSEL PARA FRENAR LA INFLACIÓN!

Atención, esto es una noticia de última hora. México acaba de ejecutar una de las maniobras económicas y geopolíticas más audaces de su historia reciente. No estamos hablando de un simple ajuste, estamos hablando de un control radical, un cerco de hierro impuesto sobre el precio del diésel.

 Y esta decisión está provocando ondas de choque que ya se sienten desde la frontera norte hasta los corredores de poder en Washington y Wall Street. Lo que está en juego es inmenso. Tres eventos claves se están desarrollando ahora mismo en tiempo real y definen esta jugada maestra. Primero, la batalla frontal contra la inflación.

El gobierno ha declarado que el diésel representa el 40% de los costos de transporte de absolutamente todo lo que consumes. Al congelar su precio, la nueva administración ha levantado un muro de contención contra la subida de precios, manteniendo el objetivo de inflación en un 4.5%. Esto no es una teoría económica, es una acción directa para proteger tu bolsillo.

 Segundo, el rescate de la columna vertebral del país, el transporte. Esta medida de control de precios es un salvavidas lanzado a más de 1.2 millones de empresas de transporte, desde el hombre camión que mueve mercancías entre pueblos hasta las grandes flotas logísticas. Se estima que esta acción por sí sola podría impulsar el producto interno bruto en un 0.8.

 8%, un acto de desafío económico frente a las presiones de un mercado global en crisis. Y tercero, el objetivo final, el más grande y ambicioso de todos, la independencia energética. Para que este control de precios no sea un sueño pasajero, se ha ordenado a Petróleos Mexicanos, a Pemex, aumentar su capacidad de refinación a 8500 barriles diarios.

 Esta no es una simple meta de producción, es una declaración de guerra, una batalla crucial por la independencia energética de México contra las potencias extranjeras que durante décadas se beneficiaron de la dependencia mexicana. Desde la perspectiva de quienes apoyan esta estrategia, no hay duda, estamos ante la jugada de una genio política.

 La estabilización de los precios del diésel es la prueba irrefutable, la evidencia contundente de que se están priorizando los intereses del pueblo, de los más pobres, por encima de las ganancias estratosféricas de las corporaciones y los especuladores internacionales. Esto no fue una decisión fácil, fue una apuesta arriesgada, un movimiento de alto calibre.

 Mantener [carraspeo] la estabilidad de los precios del combustible es, en este momento, la última línea de defensa de México contra una crisis social de proporciones desconocidas y la única forma de preservar la posición del país en un panorama económico global cada vez más hostil. En este video vas a descubrir no solo lo que está pasando en este preciso instante, sino el por qué comprenderás la estrategia oculta detrás de este control de precios, cómo se conecta con la soberanía nacional y por qué las potencias extranjeras están tan

nerviosas. Vas a entender el plan maestro que busca transformar a México para siempre. Analicemos y exploremos la noticia de última hora que está redefiniendo el futuro de México y del continente. Comencemos. Para entender la magnitud de lo que está ocurriendo, tenemos que ir directamente al corazón del problema.

 ¿Por qué el diésel? ¿Por qué este combustible en particular se ha convertido en el campo de batalla decisivo para el futuro de México? La respuesta es simple y brutal. El diésel es la sangre que corre por las venas de la economía mexicana. No es una exageración, es la realidad operativa del país. Cada fruta y verdura que llega a tu mesa, cada material de construcción que levanta las ciudades, cada producto que encuentras en los estantes de las tiendas, todo, absolutamente todo, se mueve en camiones que consumen diésel.

Cuando el precio del diésel sube, no sube únicamente el costo de llenar el tanque de un tráiler. Lo que sube es el precio del flete. Y cuando sube el flete, sube el precio final de la tortilla, del frijol, del cemento, de la ropa, de la vida misma. La inflación es un monstruo silencioso que devora el salario de las familias trabajadoras y en los últimos tiempos ese monstruo ha sido alimentado por la volatilidad de los mercados energéticos internacionales, controlados por intereses que no tienen ninguna lealtad

con el pueblo mexicano. Dejar el precio del diésel a libre albedrío de la especulación global era como dejar la puerta de la casa abierta en medio de una tormenta de saqueadores. Era una sentencia de empobrecimiento para millones. El gobierno anterior ya había implementado subsidios millonarios, un esfuerzo titánico para contener la hemorragia.

 Pero la nueva administración ha decidido que los parches ya no son suficientes. Era necesario un torniquete, un control radical, una decisión de soberanía que le dice al mundo, “En México el precio de la comida de nuestra gente no será dictado por un especulador en Chicago o en Riyad. Lo decidiremos nosotros. Esta es la importancia del tema, no es una política económica más, es un acto de defensa nacional.

 Analicemos ahora la primera pieza de este ajedrez estratégico, el muro de contención contra la inflación. Pensemos en esto con claridad. Los economistas neoliberales, los mismos que durante décadas aplaudieron el desmantelamiento del Estado y la venta de los activos nacionales, claman al cielo. Dicen que esto es una distorsión del mercado que es insostenible.

 Pero, ¿qué mercado? El mercado que duplica el precio de un bien esencial de la noche a la mañana sin ninguna justificación real, solo por pánico o especulación. La nueva líder de México ha hecho un cálculo diferente, un cálculo político y social, no solo financiero. El dato es demoledor. El 40% del costo de transportar mercancías es diésel.

 Si permites que ese 40% se dispare, estás condenando a toda la cadena productiva. El transportista para no quebrar tiene que subir sus tarifas. El agricultor para poder pagar ese flete más caro tiene que vender su cosecha a un precio mayor. El mayorista le suma su margen y el tendero de la esquina también. Al final de esa cadena de desesperación está el ciudadano común viendo cómo su dinero vale cada vez menos.

 Al fijar el precio del diésel se corta esa cadena de raíz. Es como construir un dick en un río que amenaza con desbordarse. La orden fue clara. El objetivo de inflación del Banco de México, fijado en torno al 4.5% no es una sugerencia, es una orden que debe cumplirse y el control del diésel es el arma principal para lograrlo.

Fuentes internas del sector transporte confirman que la medida ha sido recibida con un alivio inmenso. Un líder de una de las mayores asociaciones de transportistas del país, de manera anónima por temor a represalias de corporaciones extranjeras, declaró, “Estábamos a semanas de una parálisis nacional.

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