A las puertas de celebrar sus 63 años, la incombustible Alaska demuestra una vez más que no hay obstáculo capaz de frenar su energía ni su creatividad. Coincidiendo con el lanzamiento de su nuevo trabajo discográfico junto a Nacho Canut bajo el sello de Fangoria, titulado La verdad o la imaginación, la icónica cantante ha concedido una entrevista profundamente íntima y honesta. En ella, desvela cómo es su día a día al lado de Mario Vaquerizo tras 27 años de un amor inquebrantable, consolidado no solo por el éxito y los focos, sino también por la forma en que ambos plantan cara a los baches más duros de la vida, incluyendo la muerte y la enfermedad.
Con una madurez admirable y esa cercanía que tanto la caracteriza, la artista hispanomexicana repasa las luces y sombras de una trayectoria vital compartida. En un mundo donde a menudo se edulcora la realidad de las celebridades, Alaska habla sin tapujos del o
ptimismo inquebrantable de su marido, de las secuelas médicas que ambos padecen en la actualidad y de la profunda huella que el matriarcado familiar ha dejado en su fuerte personalidad.
Una resiliencia a prueba de todo: el motor de Mario Vaquerizo
Uno de los puntos más conmovedores del testimonio de Alaska es la profunda admiración que siente hacia su compañero de vida. Para la cantante, Mario posee una virtud extraordinaria que define como una “facilidad ante la vida sorprendente”. Esta actitud no se limita a esquivar los pequeños inconvenientes cotidianos, sino que se extiende a las tragedias más devastadoras e irreversibles que un ser humano puede experimentar, como lo fue en su día la trágica muerte de su hermano.
Según explica la intérprete, Vaquerizo es una persona que jamás cede al desaliento, una cualidad que mantuvo incluso durante sus momentos más difíciles ingresado en un hospital. Esa capacidad para no dejarse arrastrar por la tristeza y buscar siempre el lado luminoso de las cosas se ha convertido en el pilar fundamental sobre el que se sostiene su matrimonio de casi tres décadas. Lejos de derrumbarse ante la adversidad, la pareja ha aprendido a transformar el dolor en una fuerza motora que los impulsa a seguir adelante con paso firme.
El humor como medicina ante las secuelas de salud
Los últimos años no han sido sencillos para la salud del matrimonio. Cabe recordar que Alaska sufrió un delicado trombo ocular, una condición de origen genético que la obliga a mantener precauciones médicas de por vida, como inyectarse heparina durante los viajes de larga duración. Por su parte, Mario Vaquerizo fue víctima de una grave caída sobre el escenario que conmocionó a sus seguidores y que le dejó importantes secuelas en la visión.

Sin embargo, en lugar de adoptar una postura de queja o victimismo, ambos han decidido abordar su nueva realidad con altas dosis de humor y complicidad. Alaska relata con naturalidad que, cuando se encuentran solos en su casa madrileña, la falta de agudeza visual de ambos da pie a numerosas anécdotas cotidianas, convirtiendo tareas tan sencillas como enhebrar una aguja en misiones prácticamente imposibles. Esta filosofía de relativizar los problemas y reírse de sus propias limitaciones demuestra que el verdadero secreto de su durabilidad es la capacidad de apoyarse mutuamente sin generar dramas innecesarios.
El universo creativo junto a Nacho Canut y el recuerdo de Almodóvar
A nivel profesional, el nuevo disco de Fangoria vuelve a poner de manifiesto la perfecta sincronía que existe entre Alaska y Nacho Canut, una alianza que suma ya medio siglo de historia. La cantante describe su relación con Canut de una forma tan curiosa como hermosa: se entienden tan bien que se sienten como un único cerebro con dos cabezas. A pesar de tener caracteres sumamente distintos a los de Mario —quien además ejerce como mánager del grupo—, los tres forman un equipo perfectamente compenetrado donde se retroalimentan y se cuidan mutuamente, gamberreando juntos y rebajando las tensiones del día a día.
Al echar la vista atrás, la artista también reflexiona sobre sus inicios y su distanciamiento actual con el cineasta Pedro Almodóvar. Aunque hoy en día mantienen una relación más lejana, limitada a encuentros esporádicos en celebraciones de su círculo común de amigos, Alaska recuerda con orgullo y cariño la época en la que se convirtió en una de las primeras “chicas Almodóvar” gracias a la mítica película Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. Aquella etapa de absoluta libertad y falta de presión marcó un hito en la cultura pop española, un legado que sigue vivo y que incluso le recuerdan en lugares tan remotos como la India.
Un matriarcado libre y los planes de futuro

El carácter fuerte, independiente y seguro de Alaska no es una casualidad. La cantante atribuye su fortaleza al entorno en el que creció, al que define con orgullo como un “matriarcado libre”. Su madre y su abuela fueron los grandes pilares de su vida y de quienes absorbió todas las herramientas para convertirse en la mujer empoderada que es hoy. Reconoce que durante su juventud veía a estas mujeres tan poderosas que se sentía inferior, y no fue hasta pasados los treinta años, cuando comenzó a enfrentar sus propias dificultades de gran calibre, cuando se descubrió a sí misma tan capaz y fuerte como ellas.
A pesar de la intensidad de sus vidas y de las giras promocionales que los llevarán próximamente a México, Alaska y Mario siempre encuentran la manera de mantener los pies en la tierra. El próximo 10 de junio celebrarán 27 años desde aquel inolvidable enlace en Las Vegas. Aunque la falta de tiempo debido a los compromisos profesionales les impedirá realizar una gran celebración este año, la artista tiene claras sus prioridades: sus escasos cuatro días de vacaciones estivales los pasará en su refugio, disfrutando de la compañía de su madre, reafirmando una vez más que, por encima del éxito y el brillo del espectáculo, la familia y el amor verdadero son lo único que realmente importa.