Nacido el 5 de agosto de 1980 en Itá, Paraguay, Salvador Cabañas demostró desde su más tierna infancia que su destino estaba indisolublemente ligado a un balón de fútbol. Con apenas cinco años, el pequeño “Chava” pasaba cada minuto libre jugando en su posición inicial como portero en un equipo local. Sin embargo, su camino hacia el estrellato no estuvo exento de tempranos rechazos. Siendo un adolescente, un entrenador intentó apagar sus ilusiones asegurándole que no estaba listo y mandándolo a casa. Lejos de amedrentarse, Cabañas regresó al día siguiente con una determinación inquebrantable, dejando claro que nadie le arrebataría sus sueños.

Su debut profesional se produjo a los 13 años en la primera división paraguaya con el Club 12 de Octubre, desempeñándose curiosamente como lateral izquierdo. Tras un paso por Guaraní, su consagración internacional comenzó a forjarse en Chile con el Audax Italiano, donde se vistió con la emblemática camiseta número 10 y se coronó como el máximo goleador del Torneo Apertura 2003 con 18 anotaciones. Su letal instinto ofensivo llamó la atención del balompié mexicano, integrándose inicialmente a los Jaguares de Chiapas, donde se convirtió en el goleador histórico de la franquicia al superar la barrera de los 50 goles.
Para el año 2006, el Club América, uno de los colosos del fútbol continental, aseguró su fichaje. Aunque al principio la adaptación fue compleja en un vestuario plagado de figuras de renombre como Cuauhtémoc Blanco, Nelson Cuevas y Claudio López, la salida de Blanco catapultó a Cabañas como el líder indiscutido del ataque azulcrema. Con un promedio goleador extraordinario de 0,61 goles por partido, “El Mariscal” se erigió como el máximo artillero de la Copa Libertadores en las ediciones de 2007 y 2008. En total, acumuló 160 partidos oficiales, 98 goles y 16 asistencias con las Águilas, superando los récords de los ídolos históricos en tiempo récord y atrayendo el firme interés de los clubes más importantes de Europa en vísperas del Mundial de Sudáfrica 2010.
La madrugada del terror: El disparo que lo cambió todo
La madrugada del 25 de enero de 2010 quedó marcada con letras de sangre en la historia del deporte de América Latina. Salvador Cabañas se encontraba disfrutando de su tiempo libre en el establecimiento “Bar Bar” de la Ciudad de México, acompañado por su entonces esposa, María Lorgia Alonso, y su cuñado. Lo que debía ser una velada de esparcimiento se transformó de manera abrupta en una pesadilla de dimensiones inimaginables.
Mientras se encontraba en el área de los sanitarios, Cabañas fue interceptado y atacado de forma brutal por el delincuente José Jorge Balderas Garza, alias “El JJ”. Tras un breve altercado, el agresor le disparó a quemarropa directamente en la cabeza. En el exterior del baño, la desesperación se apoderó de sus familiares al notar su inusual tardanza. Al intentar buscarlo, los empleados del local impidieron el acceso en medio de un ambiente sumamente turbio y sospechoso. Tras derribar la puerta por la fuerza, encontraron la escena de terror: el futbolista yacía gravemente herido mientras los servicios de emergencia ya hacían acto de presencia.
El traslado al hospital se realizó bajo un pronóstico desgarrador. Los médicos que lo recibieron admitieron de inmediato que el cuadro era crítico y que las probabilidades de supervivencia eran prácticamente nulas; la indicación inicial era prepararse para un desenlace fatal.

El encuentro con la muerte y la visión divina
Durante los momentos en que su cuerpo comenzaba a apagarse en la ambulancia y las salas quirúrgicas, Salvador Cabañas experimentó una vivencia que desafió los límites de la ciencia médica y que él mismo describe como un milagro celestial. El futbolista asegura que no sintió dolor físico en ningún instante, sino que se vio inmerso en un estado onírico de paz absoluta.
En sus propias declaraciones, relata haber caminado por un sendero resplandeciente y cubierto de abundante vegetación. En ese trayecto, vio aparecer la figura de su fallecida abuela, quien con profunda emoción le preguntó qué hacía en ese lugar. Siguiendo el camino, Cabañas afirma haberse encontrado frente a frente con Dios. De acuerdo con su testimonio, la entidad divina extendió su mano y tocó suavemente su frente, precisamente sobre la herida de bala, para luego posar su mano izquierda sobre su hombro. En ese instante, Salvador sintió la certeza absoluta de que se recuperaría y de que se le otorgaba una segunda oportunidad sobre la Tierra con la misión de regresar para ayudar a los más necesitados.
Contra todo pronóstico médico, y tras haber sido sometido a una delicada neurocirugía y permanecer en un coma inducido por una semana, el paraguayo despertó. Sus primeras palabras, expresadas en su idioma guaraní natal a sus angustiados padres, fueron un bálsamo de fe: “No me voy a morir. No se preocupen, voy a estar bien”. Apenas 23 días después del atentado, abandonó la unidad de cuidados intensivos, y el 2 de marzo de ese mismo año fue dado de alta para iniciar una prolongada rehabilitación en Buenos Aires, Argentina.
La dolorosa puñalada de la traición financiera y familiar
No obstante, el calvario físico de Cabañas fue solo el preámbulo de una devastación emocional y financiera aún más cruda. Mientras el ídolo se enfocaba en reaprender a caminar y en recuperar sus capacidades básicas, en su entorno más cercano se gestaba un despojo multimillonario. Se estima que a lo largo de su exitosa carrera profesional, Cabañas había consolidado un patrimonio neto cercano a los 20 millones de dólares. Lamentablemente, esa inmensa fortuna se esfumó por completo tras su proceso de divorcio y las maniobras de quienes debían protegerlo.
Diversas investigaciones periodísticas y reportes de medios internacionales expusieron un entramado de traición en el que presuntamente participaron su exesposa, María Lorgia Alonso, su abogado de confianza, Óscar Germán Latorre, y su entonces representante, José María González, a quien el jugador consideraba su compadre. Las denuncias señalan que, aprovechándose de la vulnerabilidad cognitiva e incapacidad temporal del futbolista durante su convalecencia, realizaron desvíos masivos de fondos, transferencias ilícitas de propiedades y un saqueo sistemático de sus cuentas bancarias. Incluso se documentaron acusaciones cruzadas respecto al destino de los pagos entregados por el Club América para solventar los tratamientos médicos y las deudas fiscales en territorio mexicano.
Para agravar la tragedia familiar, Cabañas confesó el inmenso dolor que le significó perder el contacto regular con sus hijos, quienes quedaron bajo la custodia de su madre. La pérdida de su patrimonio obligó al exdelantero a unirse con sus padres en su natal Itaguá para abrir una panadería familiar, un hecho que la prensa sensacionalista interpretó inicialmente como un estado de pobreza extrema. Sin embargo, el propio Salvador se ha encargado de desmentir dichas versiones, aclarando con orgullo que levantó ese negocio para asegurar el bienestar y la tranquilidad de sus progenitores, y que actualmente posee complejos deportivos y terrenos en alquiler que le garantizan ingresos dignos.
El karma de una exesposa y el renacer de una leyenda a los 44 años

El destino, no obstante, se encargaría de aplicar un irónico y dramático giro para los responsables de su infortunio. Informes de periodistas de investigación confirmaron que la vida de lujos que María Lorgia Alonso pretendía asegurar mediante el despojo de los bienes del futbolista terminó desmoronándose por completo. Tras el escándalo y una serie de malas decisiones financieras, Alonso cayó en la bancarrota absoluta. En la actualidad, la mujer que abandonó al ídolo guaraní en su hora más oscura sobrevive trabajando en las calles de Asunción, Paraguay, desempeñándose como cambista informal de divisas, completamente alejada de la opulencia del pasado.
Por su parte, Salvador Cabañas, hoy con 44 años, camina con la frente en alto y con una paz espiritual envidiable. Aunque el atentado le dejó secuelas permanentes, siendo la más grave la pérdida de la visión periférica de su ojo izquierdo —lo que truncó definitivamente su regreso al fútbol de alta competencia—, el exdelantero asegura no guardar ningún tipo de rencor o resentimiento. Ha declarado públicamente que perdonó a su agresor y enfoca sus energías en impartir charlas motivacionales para inspirar a la juventud a luchar contra las adversidades. En 2023, Cabañas regresó a las instalaciones del Club América en la Ciudad de México, donde fue recibido con honores de leyenda, demostrando que los millones pueden desaparecer, pero el cariño eterno de la afición y la grandeza humana son imborrables.