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La escalera al cielo y al infierno: Cómo Led Zeppelin conquistó el mundo entre el misticismo, la genialidad y la tragedia

En el otoño de 1968, las calles de Londres albergaban el nacimiento silencioso de una tormenta que cambiaría el rumbo de la música contemporánea para siempre. Cuatro hombres, prácticamente desconocidos entre sí y unidos por el azar de los compromisos comerciales, se encerraron en un pequeño y húmedo sótano de la capital británica. No había grandes lujos ni cámaras registrando el momento; solo un puñado de instrumentos y una química eléctrica e inexplicable que flotaba en el aire. En menos de dos horas de ensayo, tras tocar un solo tema en conjunto, el silencio posterior lo dijo todo: sabían que el mundo de la música jamás volvería a ser el mismo.

El nacimiento desde las cenizas de una leyenda

La mente maestra detrás de este experimento era Jimmy Page, un joven guitarrista de 24 años que en ese momento se encontraba en una encrucijada crítica. Su anterior agrupación, los influyentes Yardbirds, se había desintegrado por completo, dejando tras de sí contratos de giras pendientes, fechas por cubrir en Escandinavia y un nombre que flotaba en el limbo legal. Cualquiera en su posición habría tirado la toalla y regresado a la seguridad del anonimato, pero Page poseía una determinación inquebrantable. Antes de este colapso, ya era una leyenda silenciosa en los estudios de grabación de Londres, habiendo participado como músico de sesión en más de 90 discos entre 1963 y 1966 para artistas de la talla de The Kinks, Tom Jones y Donovan. Era el fantasma perfecto, el hombre que hacía sonar bien a los demás mientras pulía su propio destino.

Decidido a reconstruir algo masivo desde las cenizas, Page comenzó la búsqueda de los aliados perfectos. El primero en sumarse fue Robert Plant, un cantante de apenas 19 años proveniente de Birmingham, cuya voz desgarradora y salvaje parecía desafiar las leyes de la física. Al escucha

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