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José López Portillo: Prometió ‘Defender al Peso como un Perro’ — Y Terminó Llorando en Cadena Naci..

Primero de septiembre 1982, Palacio Nacional, Ciudad de México. Un hombre está a punto de pronunciar su último informe de gobierno. Tiene 62 años. Su rostro muestra cansancio, rabia contenida, desesperación. Afuera, miles de mexicanos protestan, gritan ladrón, traidor, lanzan monedas de peso al pavimento.
Valen poco que ya no importa tirarlas. El peso ha perdido 400% de su valor en apenas 6 meses. La inflación supera el 100% anual. Los bancos están nacionalizados desde hace 48 horas. La economía mexicana está colapsando en tiempo real y este hombre, José López Portillo, presidente de México, va a hacer algo que ningún presidente había hecho jamás. Va a llorar.
En cadena nacional. delante de millones, pero no llora de arrepentimiento, llora de rabia, porque 6 años atrás, cuando asumió el poder, México nadaba en petróleo. 160,000 millones de barriles de reservas probadas. El descubrimiento más grande del hemisferio occidental. Vamos a administrar la abundancia, dijo. Entonces, hoy esa abundancia se evaporó.
El petróleo cayó de $0 el barril a 26. La deuda externa se multiplicó por cinco. 80,000 millones de dólares. Impagables. ¿Cómo pasó esto? Dos nombres explican gran parte de la respuesta. Rosa Luz Alegría, su amante, la mujer que nombró secretaria de turismo y que convirtió su oficina en centro de operaciones para negocios paralelos, contratos inflados, comisiones millonarias y José Ramón López Portillo, su propio hijo, a quien nombró subsecretario de programación y presupuesto.


El mismo López Portillo lo llamaría después El orgullo de mi nepotismo, sinvergüenza. alguna. El sistema entero alrededor del presidente se convirtió en una máquina de saqueo. Pero López Portillo no va a hablar de ellos hoy. No va a confesar. No va a pedir perdón por la corrupción. Va a culpar a otros, a los banqueros, a los empresarios, a los que sacaron el dinero del país.
Iba a decir una frase que quedará grabada para siempre. Defendí al peso como un perro. Esta es la historia del presidente que tuvo todo el poder y perdió todo el dinero de México. Como un abogado brillante, profesor universitario, escritor respetado, llegó a la presidencia con las arcas llenas y la dejó vacía.
Cómo confundió abundancia con talento cómo rodeó el poder de lealtades familiares corruptas. cómo tomó decisiones económicas catastróficas una tras otra hasta quebrar al país y cómo al final lloró en televisión nacional, no de vergüenza, sino de indignación, porque no entendía que el desastre era suyo. José López Portillo nació el 16 de junio de 1920 en Ciudad de México.
Su padre era militar, ingeniero, hombre de estado. Le enseñó disciplina, le abrió puertas en el sistema político priiststa. López Portillo estudió derecho en la UNAM. Fue profesor, escribió libros, tenía reputación de intelectual. En 1959 entró al servicio público. Subsecretario de patrimonio nacional, director de la Comisión Federal de Electricidad, secretario de Hacienda Bajo Luis Echeverría.
Era técnico, no carismático, serio, no populista, el típico burócrata eficiente del sistema priista, pero tenía una debilidad. Creía que su inteligencia era suficiente para gobernar, que leer libros de economía lo hacía economista, que entender teoría lo preparaba para la crisis. Y cuando el petróleo apareció bajo sus pies, creyó que la suerte era mérito.
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Luis Echeverría, el presidente saliente, dejó el país al borde del colapso. Devaluación, fuga de capitales, desconfianza total. López Portillo asume el poder como candidato único. Su antecesor lo eligió a dedo, como mandaba la tradición priista. No hubo competencia, no hubo debate, solo el ritual.
Pero López Portillo tiene un plan o eso cree. Va a estabilizar la economía, va a recuperar la confianza, va a demostrar que México puede crecer sin populismo y entonces 3 meses después de asumir llega la noticia que lo cambia todo. Pemex acaba de confirmar el hallazgo más grande de su historia. Cantarel, Chicontepec, reservas estimadas, 200,000 millones de barriles.
México de la noche a la mañana se convierte en potencia petrolera y José López Portillo, el técnico prudente, el burócrata disciplinado, empieza a transformarse en algo muy diferente. Un hombre que creyó que la abundancia era eterna. El petróleo lo cambia todo. En 1979, Cantarel produce 88,000 barriles diarios.
Para 1980 sube a 611,000 y en 1981 alcanza 1,156,000 barriles diarios en apenas 3 años. Cantarel en aguas del Golfo de México es el pozo más productivo del mundo occidental. El dinero entra a raudales. Los ingresos petroleros pasan de 3,000 millones de dólares anuales a 14,000 millones en solo 4 años. López Portillo ve los números y siente que la historia le ha dado una oportunidad única.
México será potencia, construirá infraestructura. modernizará el país, competirá con las grandes economías. Nos preparamos para administrar la abundancia, repiten cada discurso. Pero hay un problema que López Portillo no ve o no quiere ver. El petróleo no es abundancia, es crédito. Es la promesa de abundancia futura que los bancos extranjeros están dispuestos a financiar hoy.
Y López Portillo empieza a pedir prestado en 1976, cuando asume la presidencia, la deuda externa mexicana es de 19,000 millones dó heredada, manejable. Para 1982, cuando termine su mandato, esa deuda habrá llegado a 80,000 millones de dólares, cuatro veces más, la mayor parte contratada durante su gobierno. ¿Por qué pide tanto? Porque puede.
Porque los bancos de Nueva York, Londres, Tokio hacen fila para prestarle porque México tiene petróleo. Porque el petróleo en t

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