Atleta natural con una energía imparable y una voluntad férrea de superarse en todo lo que se proponía. Así que cuando recibió la invitación para participar en Dancing with Stars, no lo dudó. lo vio como un nuevo reto, una manera de salirse de su zona de confort, de explorar una faceta más artística y vulnerable ante millones de espectadores.
Pero la transición no fue sencilla. Aunque Drew Scott tenía coordinación y determinación, bailar no era su territorio habitual. En las primeras semanas del programa se le vio torpe, inseguro, con movimientos que no fluían como los de otros concursantes con experiencia en el escenario. Sin embargo, ahí radicaba parte del encanto.
Drew no era perfecto, pero lo intentaba con todas sus fuerzas. Se notaba en su mirada, en el sudor de sus entrenamientos, en las lágrimas que no siempre podía esconder al final de cada presentación. Su pareja de baile, la talentosa Emma Sliter, fue fundamental en este proceso. Ella no solo le enseñó los pasos, sino que se convirtió en su aliada emocional.
Juntos enfrentaron críticas del jurado, lesiones menores, momentos de duda, pero también celebraron cada progreso, cada buena puntuación, cada ovación del público. Semana tras semana, Drew fue creciendo. De ser el novato simpático, pasó a convertirse en uno de los favoritos del público, no por ser el mejor bailarín, sino por ser el más comprometido.
Número tres, una crisis o una reinvención. La participación de Drew and Dancing with the Stars fue más que un simple paréntesis en su carrera. Para él fue una oportunidad de redescubrimiento. Entrevistas posteriores confesó que había sentido cierto desgaste tras años de grabar Property Brothers. El ritmo de producción, los constantes viajes, las exigencias del programa.
dente de tus celebridades favoritas. En una era donde la viralidad digital puede construir o destruir reputaciones en cuestión de minutos, pocos nombres han resistido con la misma entereza que Drew Scott.
Conocido por millones como el simpático y carismático copresentador de Property Brothers, Drew no solo ha demostrado ser un renovador de casas eficiente, sino también un transformador de su propia vida pública. Sin embargo, detrás del éxito televisivo, del humor que proyecta en pantalla y de sus esfuerzos por humanizar la figura del experto en bienes raíces, hay una historia que recientemente dio un giro tan surrealista como perturbador.
el rumor global de su supuesta muerte. Pero antes de entrar en el terreno de lo macabro, volvamos brevemente a un escenario muy distinto. No es una obra en ruinas ni un plató de diseño interior. Es un escenario iluminado, rodeado de cámaras y de un jurado exigente. Sí, hablamos de Dancing with the Stars, el popular concurso donde celebridades son emparejadas con bailarines profesionales para enfrentarse a uno de los retos más intimidantes del entretenimiento.
Bailar en vivo semana tras semana. Para Drew, conocido por su agilidad en los negocios, no en la pista de baile, la experiencia fue un acto de fe. Se inscribió sin antecedentes en danza profesional, sin expectativas y con un solo objetivo, disfrutar. Lo que nadie imaginaba era que su participación terminaría siendo una de las más memorables de la temporada.
Lo que le faltaba en técnica lo compensaba con entusiasmo, simpatía y una entrega desarmante, desde su torpe pero entrañable vals inicial hasta su icónica interpretación de salsa, en la que con una sonrisa gigante se dejó llevar por el ritmo como si estuviera en una fiesta de amigos y no en un programa nacional.
Drew fue conquistando no solo al jurado, sino al público. El secreto de su impacto no estaba en pasos perfectos, sino en su autenticidad. Drew bailaba como quien acepta reírse de sí mismo, como quien entiende que el verdadero valor del espectáculo está en compartir alegría. Incluso cuando el jurado era severo, él lo tomaba con deportividad, sabiendo que su mayor conquista era haber salido de su zona de confort.
Esa vulnerabilidad ante la cámara, tan difícil de encontrar en celebridades prefabricadas, lo convirtió en uno de los favoritos. Pero como ocurre en los relatos donde la fama y la ficción se confunden, el siguiente acto de esta historia fue inesperado. Un día cualquiera, sin previo aviso y sin ningún indicio real, el mundo digital amaneció con un titular escalofriante.
Drew Scott ha muerto. Sí, sin contexto ni fuentes confiables. La noticia falsa empezó a circular con la velocidad vertiginosa de las fake news. Twitter, Facebook, foros de fans y hasta blogs de entretenimiento replicaban la afirmación como si se tratara de un hecho confirmado. La tristeza se apoderó de los usuarios, mientras hashtags como Rip Drew Scott se volvían tendencia global.
En cuestión de horas, el presentador de televisión pasó de estar vivo y saludable a ser llorado por millones que creyeron en la veracidad de un rumor sin fundamento. Aparecieron páginas conmemorativas, mensajes de condolencia y teorías conspirativas. Algunos hablaban de una enfermedad que había ocultado, otros de un accidente trágico. El caos era total.
Incluso medios tradicionales ante la presión del flujo viral comenzaron a investigar lo que parecía una noticia bomba. Pero mientras todo eso ocurría en las redes, Drew estaba simplemente viviendo su día a día. desayunaba, revisaba correos, atendía llamadas, sin imaginar que en el universo digital ya lo habían dado por muerto.
No fue hasta que sus amigos, familiares y colegas comenzaron a llamarlo alarmados, que el presentador entendió la magnitud del asunto. Lejos de enfadarse, su reacción fue de perplejidad y preocupación. ¿Cómo es posible que una falsedad tan grotesca se extendiera tan rápidamente? ¿Qué dice esto sobre el estado actual de la información? Drew, fiel a su estilo, optó por el humor para desmentirlo, publicando en sus redes una foto sonriente con el mensaje. Sigo aquí.
Prometo que no soy un fantasma. En minutos, el mensaje se viralizó y la calma regresó. Sin embargo, el episodio dejó una reflexión inquietante. En la era digital, la vida y la muerte de una figura pública puede ser manipulada con un solo click. Drew no fue el primero y seguramente no será el último en ser víctima de este tipo de rumores virales, pero su forma de gestionarlo, su capacidad de convertir el caos en una anécdota más de su trayectoria mediática, demuestra por qué sigue siendo una de las personalidades más
queridas de la televisión. Hoy con nuevos proyectos en camino, una base de seguidores leales y una energía que no parece agotarse, Drew Scott demuestra que no solo es un maestro del diseño y la renovación, sino también un experto en reconstruirse a sí mismo ante cada desafío. Ya sea bailando salsa, enfrentando noticias falsas o simplemente construyendo hogares, lo suyo es transformar lo difícil en algo posible.
Y eso en el fondo es lo que siempre ha hecho, construir desde las ruinas o desde el escenario, algo que inspire, que emocione, que conecte, porque Drew Scott no ha muerto, al contrario, está más vivo y más auténtico que nunca. Esas historias relámpago que se desvanecen con el tiempo. Fue una relación construida sobre respeto mutuo, apoyo incondicional y una complicidad que se fortaleció con los años.
Linda, arquitecta y creativa de origen asiático, se convirtió no solo en su pareja sentimental, sino también en una pieza fundamental dentro del universo profesional de Drew. Pronto comenzó a colaborar con la marca Scott Brothers, aportando ideas frescas, visión de diseño y un enfoque innovador a los proyectos de la empresa.
La pareja compartía valores esenciales, pasión por el diseño, compromiso con las causas sociales y una visión de vida en la que el trabajo en equipo era el pilar de todo. Durante sus años de noviazgo, viajaron juntos, trabajaron codo a codo en remodelaciones y producciones televisivas, e incluso participaron en campañas de beneficencia.
Drew, acostumbrado a estar en el ojo del huracán mediático, encontró en Linda ese refugio de normalidad que tanto anhelaba. Ella, lejos de buscar protagonismo, se mantuvo discreta, pero siempre presente, aportando desde la trastienda y siendo una influencia positiva en la vida del presentador.
En 2016, después de 6 años de relación, Drew decidió dar el siguiente paso y le propuso matrimonio a Linda en una de las formas más románticas que sus fans recuerdan, durante un evento especial en Toronto, rodeado de amigos y familiares, con una producción cuidada hasta el más mínimo detalle. Linda aceptó con lágrimas en los ojos y una sonrisa que confirmaba lo evidente. Eran el uno para el otro.
La boda no tardó en llegar. En 2018, la pareja celebró su unión en una emotiva ceremonia en Italia. La elección del país no fue casual. Drew y Linda deseaban un entorno íntimo, lleno de historia y belleza, que reflejara su viaje compartido. Familiares, amigos cercanos y, por supuesto, los hermanos de Drew, Jonathan y JD, fueron parte esencial del evento que no tardó en convertirse en uno de los momentos más comentados por los seguidores del programa.
La boda fue más que una unión romántica. fue una afirmación de todo lo que habían construido juntos. Los votos que intercambiaron hablaban de respeto, crecimiento conjunto y del deseo de formar una familia basada en la empatía y la colaboración. Desde entonces, Drew y Linda han seguido compartiendo su historia con el público, aunque siempre marcando límites claros sobre su vida privada.
No es raro verlos en redes sociales mostrando momentos sencillos, paseos al aire libre, cenas en casa o momentos de juego con su hijo Parker James, nacido en mayo de 2022, fruto de un largo camino hacia la paternidad que también decidieron compartir con honestidad y humanidad. Parker llegó tras varios años de intentos y dudas y su nacimiento marcó un punto de inflexión en la vida de ambos.
Drew, que ya había conquistado el éxito profesional, encontró en la paternidad una experiencia aún más transformadora. En entrevistas ha declarado que ser padre le ha enseñado a ser más paciente, a valorar los pequeños momentos y a entender que el verdadero legado no está en los programas de televisión, sino en el amor que se deja en quienes más nos importan.
Hoy, Drew y Linda son referentes de una nueva forma de entender la fama, más consciente, más humana, menos ruidosa. Su historia no está marcada por escándalos ni titulares sensacionalistas, sino por una coherencia entre lo que dicen y lo que hacen. Son un ejemplo de cómo es posible amar, trabajar y crecer juntos sin perder la autenticidad en el camino.
Y mientras JD sigue su lucha, ahora con un diagnóstico más claro y un tratamiento que parece estar dando resultados positivos, la familia Scott se muestra más unida que nunca. No son solo rostros de una franquicia millonaria. Son una familia real, con altibajos, con momentos de dolor y alegría, que ha aprendido a apoyarse mutuamente dentro y fuera de cámara, porque detrás de los programas, las remodelaciones y los ratings, lo que verdaderamente conecta al público con ellos es su humanidad.
Y en ese sentido, tanto Drew como Linda y por supuesto JT nos recuerdan que los verdaderos cimientos de una vida sólida no se construyen con madera y ladrillos, sino con amor, compromiso y un inmenso respeto por el otro. Jim Scott, su padre, fue un hombre con un espíritu emprendedor inquebrantable. Les enseñó desde niños a nunca depender del azar, sino del esfuerzo y la creatividad.
Fue él quien los animó a pensar en grande, a soñar sin miedo, pero también a mantener los pies en la tierra. No era inusual ver a los gemelos aprendiendo a construir cosas en el patio trasero o acompañando a su padre en proyectos que involucraban desde carpintería hasta la resolución de problemas prácticos. Aquella infancia, más allá de los libros de texto, fue la verdadera universidad de Drew y Jonathan.
El germen de su futuro imperio comenzó a germinar temprano. Mientras otros adolescentes estaban pensando en su primer coche, los hermanos Scott estaban invirtiendo en su primera propiedad. A los 18 años compraron su primera casa, la renovaron con sus propias manos y luego la vendieron obteniendo beneficios. Aquella transacción no solo les generó capital, sino también una certeza. Esto era lo suyo.
La compra, renovación y venta de propiedades no era solo un negocio, era una pasión compartida. Pero su verdadero salto a la fama llegaría años después, cuando combinaron esa pasión con otro talento innato. La comunicación fue así como nació Property Brothers, un formato televisivo que redefinió el concepto de reality show centrado en renovaciones.
La premisa era simple, pero eficaz. Ayudar a las personas a transformar casas comunes en hogares soñados. Lo que lo hizo único fue la dinámica entre Drew, el agente inmobiliario que encontraba las propiedades y Jonathan, el contratista que las transformaba. Su carisma, química fraternal y sentido del humor hicieron el resto.
La fórmula funcionó tan bien que pronto los hermanos Scott se convirtieron en rostros indispensables del canal HGTV. Pero lo que quizás pocos anticiparon fue cómo supieron capitalizar ese éxito para construir una marca que hoy trasciende la pantalla. Drew y Jonathan no se conformaron con un programa exitoso, fueron por más.
Fundaron Scott Brothers Global, una empresa multimedia que integra producción audiovisual, licencias, diseño y desarrollo de productos. Crearon líneas de muebles, accesorios para el hogar, colecciones de decoración y hasta su propia editorial. Cada producto lleva su firma, su visión y su estética inconfundible, accesible, elegante y funcional.
Tras conquistar la pista de Dancing with the Stars, Drew Scott no solo regresó a sus proyectos televisivos, sino que lo hizo con una nueva dimensión pública, la del hombre que se atrevió a fracasar delante de todos y que lo hizo con elegancia. El Drew que volvió no era el mismo que había entrado con nervios a los primeros ensayos de rumba.
Ahora era un símbolo de superación cotidiana, de vulnerabilidad bien entendida, de la autenticidad como marca de vida. Este nuevo perfil también potenció su incursión en el mundo editorial. Libros como Dream Home, una guía inspiradora para diseñar espacios desde la emoción y la funcionalidad, o It Takes Two escrito junto a su hermano Jonathan, rompieron récords de ventas y se consolidaron como bestsellers en Norteamérica.
Pero lo más valioso no fueron los números, sino el contenido. En ellos, los hermanos Scott abrieron la puerta a sus motivaciones, sus luchas y su ética profesional. Por primera vez, los lectores comprendieron que detrás de las cámaras había más que talento televisivo, había estrategia, compromiso y un sentido profundo del propósito.

Estos libros no eran meras extensiones de su imagen televisiva. Eran testimonios de una trayectoria construida a pulso, de un crecimiento que no dependía del azar, sino de una visión clara y compartida. Lo que distingue a los Scott de otras personalidades mediáticas es que su imperio no se cimenta en el ego ni en la apariencia, se basa en la coherencia.
Cada formato, cada programa, cada publicación tiene un hilo común, la transformación, no solo de casas, sino de vidas. En Celebrity Eou, por ejemplo, el concepto va mucho más allá del glamour. El programa se centra en celebridades que deciden remodelar espacios para personas que marcaron su vida, mentores, amigos, familiares.
Y ahí entre lágrimas genuinas y martillos simbólicos, Drew y Jonathan vuelven a su esencia. Utilizar el diseño como herramienta de gratitud, de justicia emocional, de memoria, porque para ellos cada pared que se derriba es también una metáfora de barreras personales que se superan. La aventura en Dancing with the Stars sirvió como catalizador de esta nueva etapa.
Drew, acostumbrado a dirigir reformas con precisión milimétrica, se atrevió a entrar en una pista donde no tenía control, donde cada fallo era público y donde cada acierto requería horas de ensayo, de entrega, de humildad. El riesgo fue real, pero la recompensa fue mayor. El respeto de quienes lo veían como un modelo inaccesible y que ahora lo sentían cercano.
Y fue esa cercanía la que redefinió su relación con el público. En redes sociales comenzaron a llegar mensajes de seguidores de todas las edades que se sentían inspirados, no por su destreza como bailarín, que fue mejorando sí, pero nunca fue perfecta, sino por su actitud. Personas que llevaban años sin probar algo nuevo, sin salir de la rutina, vieron en Drew una chispa.
Algunos se inscribieron en clases de baile, otros simplemente se animaron a equivocarse sin miedo. Todos encontraron en su proceso un reflejo amable de sus propias inseguridades. Detrás del éxito visible, Linda Fan, su esposa, jugó un papel esencial. En silencio, como suelen hacerlo los pilares verdaderos, estuvo presente en cada paso, desde los ensayos a medianoche hasta las dudas existenciales que Drew compartía fuera de cámara.
Su apoyo no fue solo emocional, fue práctico, real, cotidiano. Y eso consolidó aún más la imagen de Drew, no como estrella, sino como ser humano completo, sostenido por el amor y la complicidad. La pareja, además, aprovechó este momento de atención mediática para reforzar su compromiso con iniciativas sociales.
Linda y Drew colaboraron con ONGs que promueven el acceso a la vivienda digna, crearon contenido educativo sobre ahorro energético en el hogar y participaron en campañas de concienciación sobre salud mental. No fue postureo, fue una evolución lógica de quienes comprenden que el impacto verdadero va más allá del rating.
Con esta nueva madurez, Drew ha comenzado a explorar nuevos lenguajes narrativos. se ha interesado por la producción de documentales, la creación de contenido digital con propósito y ha cofundado iniciativas de mentoría para jóvenes emprendedores. Para él, el éxito no es solo ocupar espacio en los medios, sino dejar huella en la vida de quienes no tienen micrófono.
No quiero que me recuerden por los programas que hice”, dijo en una entrevista reciente. Quiero que me recuerden por lo que hice sentir a quienes los vieron. Hoy Drew Scott ha cruzado una frontera que pocos logran atravesar, la del estrellato mediático al liderazgo cultural. No es solo un presentador, no es solo un reformista de hogares, es un reformista de discursos, de miedos colectivos, de ideas fijas.
ha demostrado que no se necesita ser perfecto para ser poderoso, que fallar en público puede ser el acto más revolucionario, que bailar mal, pero con pasión, puede ser más inspirador que ganar cualquier trofeo. Quizá por eso, cuando el telón cae y los focos se apagan, Drew Scott sigue siendo aplaudido porque más allá de los formatos que conduce o las casas que transforma, hay algo que no necesita escenografía, su autenticidad.
Y eso en un mundo saturado de artificio vale más que cualquier renovación de lujo. En paralelo, su vida personal florecía con la llegada de su primer hijo, Parker. Convertirse en padre, una experiencia tan íntima como transformadora, terminó de redondear la imagen de un Drew más pleno, más conectado consigo mismo.
En entrevistas posteriores, el canadiense confesó que Parker lo había hecho redescubrir el asombro en lo cotidiano. Construir un cuarto para mi hijo fue diferente a todo lo que he hecho en televisión. No era solo diseño, era amor convertido en espacio. Ese cuarto lleno de colores suaves, estructuras funcionales y detalles pensados con ternura, fue un microcosmos del nuevo Drew.
Ya no solo se trataba de transformar casas, sino de transformar realidades afectivas, de construir desde el corazón. Y esa misma filosofía se extendió a otros proyectos que emprendió en familia, desde libros infantiles hasta colaboraciones solidarias enfocadas en vivienda digna para personas sin recursos.
Mientras tanto, Jonathan, el otro gemelo, Scott, también iniciaba su propio viaje introspectivo con una creciente presencia junto a la actriz Sui de Chanel. comenzaba a explorarse no solo como contratista estrella, sino como ser humano en búsqueda de equilibrio emocional. Y aunque ambos hermanos habían tomado caminos distintos, su brújula seguía siendo la misma, hacer de cada proyecto una plataforma de conexión real con las personas.
Para Drew, esa conexión también se manifestó en la filantropía. apoyó activamente campañas contra el cambio climático, programas de construcción sustentable y becas para jóvenes en situación de vulnerabilidad, pero lo hizo a su manera, con discreción, sin necesidad de reflectores, guiado por una convicción firme en que el éxito no tiene sentido si no es compartido.
Hoy, Drew Scott representa una versión moderna de lo que solía llamarse el hombre renacentista, emprendedor, creativo, emocionalmente disponible y comprometido con su comunidad. Su figura trasciende la pantalla y se instala en un espacio difícil de alcanzar en la cultura contemporánea. El de la autenticidad. Mientras otros buscan el impacto viral o la polémica rentable, Drew sigue apostando por lo esencial.
Y quizás por eso cuando camina por la calle la gente no lo llama solo por su nombre, lo llaman hermano, amigo, inspiración. Porque en un mundo que celebra la rapidez, él enseña el valor de lo lento, de lo bien hecho, de lo que se construye a fuego lento y se mantiene firme con el tiempo.
En el próximo capítulo de esta historia, Jonathan Scott, la introspección detrás del show, su viaje amoroso junto a Sui de Chanel y como juntos los hermanos han aprendido que lo más difícil de construir no es una casa, sino uno mismo. Tras su paso inolvidable por Dancing with the Stars, Drew Scott no volvió al mismo mundo que había dejado atrás.
Sí, siguió siendo el rostro conocido de Property Brothers, pero su imagen pública y también su proyección personal experimentaron una transformación notable. Lo que empezó como un desafío televisivo terminó por convertirse en un punto de inflexión vital. No se trató simplemente de pasos de baile y trajes de lentejuelas. Drew había demostrado a millones de personas que incluso al borde de los 40, uno puede reinventarse, aprender desde cero y salir fortalecido.
Esta nueva etapa lo impulsó a diversificar aún más su carrera mediática y empresarial. Junto a su hermano Jonathan consolidó un verdadero imperio de contenidos audiovisuales centrados en el diseño, la arquitectura y el bienestar familiar. Property Brothers, Forever Home, Buying and Selling, Brother Versus Brother y Celebrity IO no son simples variaciones de un mismo formato, sino piezas complementarias de una narrativa más profunda, ayudar a las personas a transformar no solo sus hogares, sino sus vidas. En cada episodio, Drew se
muestra más involucrado emocionalmente con las historias de los participantes, demostrando una sensibilidad que va mucho más allá del guion. Impulsado por su creciente popularidad y credibilidad, Drew comenzó también a utilizar su visibilidad para promover causas sociales con las que se siente comprometido desde hace años.
Una de ellas es el acceso equitativo a la vivienda. En diversas entrevistas ha denunciado el aumento de la desigualdad habitacional, defendiendo el derecho de todas las personas a tener un lugar digno donde vivir. Ha trabajado con organizaciones sin fines de lucro. ha promovido iniciativas legislativas a nivel local y ha participado en campañas de sensibilización sobre el costo real de la gentrificación y la crisis inmobiliaria en Estados Unidos y Canadá.
Otro frente en el que ha alzado la voz es el de la salud mental, a raíz del proceso emocional que vivió durante su participación en el concurso de baile, un proceso que incluyó miedos, inseguridades y una presión física y psicológica intensa. Drew decidió hablar públicamente sobre la importancia de cuidar el bienestar emocional.
“No se trata solo de tener un cuerpo sano o una carrera exitosa”, declaró en una entrevista. “Se trata de tener una mente en paz. Y para eso necesitamos normalizar que está bien pedir ayuda, que está bien no estar bien todo el tiempo. Las redes sociales jugaron un papel clave en este nuevo capítulo.
Drew aprovechó su plataforma digital para compartir mensajes de motivación, responder preguntas personales y mantener un diálogo constante con sus seguidores. Lo que sorprendió fue el tipo de interacción que comenzó a generarse. Personas de diferentes edades y países le escribían para contarle que gracias a su valentía, ellos también se habían animado a hacer algo nuevo.
Algunos se apuntaron a clases de baile, otros volvieron a estudiar después de décadas. Unos pocos se atrevieron a lanzar el proyecto personal que habían postergado por miedo. Y en medio de esta transformación, Linda Fan, su esposa, compañera y cómplice, se convirtió en una figura fundamental. Lejos de ser solo una presencia decorativa, Linda estuvo en cada ensayo, en cada grabación, en cada noche de nervios antes de una presentación en vivo.
Su apoyo no fue pasivo, desde preparar test relajantes hasta ayudarlo a repasar pasos, desde recordarle sus progresos hasta rescatarlo emocionalmente cuando las cosas no salían bien. Para muchos fanáticos, ver a Drew y Linda juntos fue un recordatorio de que el amor verdadero también significa estar presente en los momentos incómodos, en las derrotas, en el vértigo del cambio.
De hecho, Linda se convirtió en una suerte de productora emocional de toda la experiencia y cuando se les preguntó en una entrevista si participarían juntos en otro proyecto mediático, ambos sonrieron y no descartaron la posibilidad. Todo lo que hacemos lo hacemos como un equipo”, dijo Drew y eso incluye nuestros sueños.
En retrospectiva, Dancing with the Stars fue para Drew mucho más que una competencia. Fue una especie de laboratorio de crecimiento personal, un lugar donde descubrió no solo cómo mover el cuerpo, sino cómo abrirse emocionalmente a millones de personas sin perder su autenticidad. Su evolución en la pista reflejó una maduración interna que ahora forma parte esencial de su marca personal.
Ya no es solo el chico que arregla casas, es un comunicador integral, un emprendedor con propósito y sobre todo una voz respetada en temas que afectan la vida real de millones de personas. Hoy con más de dos décadas de carrera a sus espaldas, Drew Scott se ha ganado un lugar no solo en la televisión, sino en la conciencia colectiva.
Su legado no se mide en ratings ni en ventas de libros, sino en la huella que ha dejado en quienes lo ven como ejemplo de esfuerzo, humildad y resiliencia. Él mismo lo ha dicho, las casas se construyen con materiales, pero los hogares se construyen con momentos, con historias y con personas que están dispuestas a crecer juntas.
Y en ese sentido, Drew no solo ha remodelado hogares, ha ayudado a miles a remodelar sus propias vidas. Ese es quizás el proyecto más valioso de todos.