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GUSTAVO DÍAZ ORDAZ: ¿El Responsable de Tlatelolco? — La Masacre Diez Días Antes de Las Olimpiadas

10 días. Solo 10 días separaron una de las masacres más brutales en la historia de México de una de las mayores celebraciones deportivas del siglo XX. El 2 de octubre de 1968 a las 6:10 de la tarde en la plaza de las tres culturas de Tlatelolco, soldados del ejército mexicano rodearon a miles de estudiantes que protestaban pacíficamente.
Sin previo aviso, una bengala verde iluminó el cielo. Era la señal. Los disparos comenzaron, cuerpos cayeron al suelo. Madres gritaban buscando a sus hijos. Jóvenes intentaban escapar mientras las balas atravesaban edificios, ventanas, cuerpos. La plaza se convirtió en un escenario de terror. Según testigos, los disparos no cesaron durante más de 2 horas.
Camiones militares se llevaron cadáveres envueltos en lonas. Sangre manchaba las piedras prehispánicas de la plaza. 10 días después, el 12 de octubre de ese mismo año, el presidente Gustavo Díaz Ordaz inauguraba con una sonrisa los Juegos Olímpicos de México, 1968 en el Estadio Olímpico Universitario. 112 naciones desfilaron ante las cámaras del mundo entero.
Globos con forma de aros olímpicos ascendieron al cielo. Enriqueta Basilio encendió el pevetero olímpico. México celebraba convertirse en el primer país latinoamericano en albergar unas olimpiadas. Las imágenes transmitidas a millones de hogares en todo el planeta mostraban un país moderno, próspero, en paz. Nadie mencionó la sangre derramada 10 días antes, a pocos kilómetros de distancia.


¿Cuántos murieron aquella noche en Tlatelolco? El gobierno de Díaz Ordas afirmó que fueron 28. Testigos presenciales hablan de cientos. Décadas después, investigaciones del National Security Archief estiman que el número real de víctimas mortales supera las 300 personas. Hasta el día de hoy no existe una cifra oficial definitiva.
Los cuerpos nunca fueron entregados a las familias. Los hospitales recibieron órdenes de no registrar heridos provenientes de Tlatelolco. Fotografías tomadas por periodistas fueron confiscadas, negativos fueron destruidos. El gobierno intentó borrar lo que había sucedido. La operación militar que desencadenó la masacre tenía nombre: Operación Galeana.
Según documentos gubernamentales revelados décadas más tarde, la operación fue planeada la mañana del 2 de octubre en el despacho del secretario de la defensa nacional, Marcelino García Barragán. El objetivo era, claro, detener a los líderes del movimiento estudiantil y terminar con las protestas antes de la inauguración de las olimpiadas.
Para lograrlo, el gobierno desplegó al batallón Olimpia, un grupo paramilitar comandado por el coronel Ernesto Gutiérrez Gómez Tagle. Esa tarde sus integrantes se infiltraron vestidos de civil entre los estudiantes reunidos en la plaza. Se identificaban entre sí usando un guante o pañuelo blanco en la mano izquierda.
Cuando la bengala iluminó el cielo, ellos dispararon primero desde el edificio Chihuahua, donde se encontraban los oradores del movimiento. El ejército, posicionado alrededor de la plaza, respondió con fuego cruzado. Los estudiantes quedaron atrapados en medio. ¿Quién dio la orden final? UD. Según conclusiones de la Fiscalía Mexicana dadas a conocer durante el gobierno de Vicente Fox, Gustavo Díaz Ordas ordenó la represión sistemática al movimiento estudiantil y la operación galeana que desencadenó la masacre.
Díaz Sordaz nunca fue procesado, nunca enfrentó un juicio, nunca pidió perdón. Años después, en sus memorias no publicadas, escribió que lo sucedido en Tlatelolco apenas ensombreció la historia de unos cuantos hogares. Para él había salvado al país de la anarquía. Pero, ¿quién era realmente Gustavo Díaz Oordaz? ¿Cómo un abogado de provincias llegó a convertirse en el presidente que manchó de sangre la historia de México? ¿Por qué estaba tan obsesionado con silenciar a los estudiantes? ¿Y qué sucedió con él después de dejar el poder? Esta es la
historia del hombre que prometió orden y progreso y entregó represión y muerte. La historia del presidente que inauguró unas olimpiadas con las manos manchadas de sangre. Si disfrutas investigaciones profundas sobre figuras decisivas y los momentos más oscuros de la historia latinoamericana, suscríbete al canal, activa las notificaciones y déjame en los comentarios qué presidente o personaje histórico quieres que investigue después.
Tu apoyo hace posible este trabajo documental. Gustavo Díaz Ordaz, abogado de provincias, hombre gris, rostro que la gente burlaba. Desde niño aprendió a esconder la humillación detrás de una coraza, rigidez absoluta, severidad total. Para él, obedecer no era opción, era religión. Llegó al poder en 1964, prometiendo orden y progreso.
Durante 4 años reprimió huelgas, persiguió opositores, censuró periódicos. El sistema lo amaba porque era predecible, porque era leal, porque nunca cuestionaba. Pero en 1968 tuvo un problema. Los estudiantes no obedecían, protestaban, gritaban, se burlaban de él en las calles, lo llamaban gorila, lo humillaban y las olimpiadas estaban a semanas de inaugurarse.
México debía lucir perfecto ante el mundo, moderno, pacífico, estable. No podía haber desorden, no podía haber protestas, no podía haber voces que arruinaran la imagen. Díaz Oordaz tomó una decisión. Si los estudiantes no obedecían con palabras, obedecerían con balas. El primero de diciembre de 1964, Gustavo Díaz Ordaaz asumió la presidencia de México.
Prometió estabilidad y progreso. Durante 3 años México creció. La economía funcionaba, las olimpiadas se preparaban, pero debajo de esa prosperidad la presión hervía. Campesinos sin tierras, obreros con salarios estancados, sindicatos reprimidos, prensa controlada, universidades vigiladas. Cualquier crítica era traición, cualquier protesta, subversión.
Y en 1968 esa olla de presión estaba a punto de explotar. Todo comenzó con una pelea de estudiantes. Días no toleraba desafíos. En 1965 reprimió una huelga de médicos residentes. Más de 2,500 despedidos, muchos encarcelados. En 1966, campesinos invadieron tierras en Chihuahua. El ejército desalojó violentamente, decenas asesinados.
Los periódicos no publicaron nada. La lección era clara, no se desafiaba al presidente, pero Díaz Oordaz tenía una obsesión mayor que todas las olimpiadas. En 1963, el Comité Olímpico Internacional eligió a la Ciudad de México como sede de los Juegos de 1968. Era histórico. El primer país latinoamericano, el primer país en vías de desarrollo, el evento deportivo más importante del planeta.
Para días hordas, las olimpiadas eran la oportunidad de mostrar al mundo que México era moderno, estable, confiable. Supervisó personalmente cada detalle. Estadio Olímpico, Palacio de los Deportes, Villa Olímpica, siste

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