En un mundo saturado de información donde la inmediatez y la apariencia parecen gobernar cada aspecto de nuestra existencia, la verdad se ha convertido en un bien tan escaso como escurridizo. Manuel Jabois, destacado escritor y uno de los periodistas más incisivos del panorama actual español, ha vuelto a sacudir los cimientos de nuestras creencias más arraigadas. Con la aguda perspicacia que le caracteriza, Jabois lanza una advertencia que resuena con fuerza en la conciencia colectiva: “Lo peligroso de las mentiras es que, si son demasiado bellas, nadie las contrasta”. Esta contundente afirmación no es solo un dardo envenenado contra la desinformación de la era digital, sino la premisa filosófica que vertebra su más reciente obra literaria.

La ocasión para esta profunda disección del alma humana es el lanzamiento de su nueva novela, “La víspera” (Alfaguara). A sus 48 años, el autor gallego afincado en Madrid demuestra una vez más su magistral capacidad para transitar por la delgada línea que separa el periodismo puro, basado en hechos empíricos, de la literatura, construida sobre el majestuoso arte de la ficción. En “La víspera”, Jabois no se limita a hilvanar una trama entretenida; nos sumerge en un trepidante ‘thriller’ en torno a una misteriosa desaparición. Sin embargo, el verdadero misterio que el autor nos invita a resolver no es de carácter policial, sino profundamente emocional y psicológico: los asfixiantes secretos que habitan en el seno de todas las familias.
La dualidad de la historia humana
Durante una reciente e íntima conversación, Jabois expuso una dicotomía fascinante que invita a una pausa reflexiva obligatoria. Argumenta el autor que, para conocer la historia de los países, basta con acudir a las bibliotecas, sumergirse en los archivos históricos, leer gruesos volúmenes o, en los tiempos que corren, hacer una rápida consulta en Wikipedia. La historia oficial de las naciones, con sus luces y sus sombras, está documentada, debatida y expuesta a la luz pública. Pero, ¿qué ocurre con la historia de las familias?
Según Jabois, la narrativa de nuestros propios hogares suele permanecer sumida en un extraño y denso silencio. Es una historia no escrita, no catalogada, que sobrevive dispersa en memorias fragmentadas, secretos guardados bajo llave, gestos inadvertidos en las cenas de Navidad y conflictos soterrados que nunca llegan a explotar del todo. Esta microhistoria no reside en ninguna estantería polvorienta; está contenida exclusivamente en los cerebros de quienes la vivieron. Conocerla exige una investigación casi arqueológica de nuestras propias raíces, formulando preguntas que, con demasiada frecuencia, resultan altamente inconvenientes.
Aquí es donde Jabois lanza su dardo más provocador y doloroso: muchas veces, el silencio cómplice y el olvido voluntario son el único armazón que mantiene a la institución familiar en pie. Nos plantea una pregunta que hiela la sangre: “¿Querríamos a nuestra familia si supiéramos absolutamente toda la verdad?”. Es una cuestión incómoda que rasga el velo de la idealización familiar, sugiriendo que el amor incondicional que profesamos a nuestros parientes podría estar cimentado, en gran medida, sobre la ignorancia de sus pecados, sus traiciones y sus debilidades más humanas.
El arte de engañar como hito fundacional
Para entender la fascinación de Jabois por el engaño, hay que remontarse a los orígenes mismos de la psique humana. El escritor confiesa sentir una profunda atracción por ese momento exacto y revelador en el que los niños descubren que pueden mentir. No lo ve como un acto de maldad incipiente, sino como un momento fundacional del ser humano, un rito de paso intelectual.

Jabois enumera los hitos que nos hacen excepcionalmente complejos: el día que dejamos de señalar las cosas con el dedo para ponerles un nombre, el momento en el que articulamos palabras con significado, y, finalmente, el instante en el que nos damos cuenta de que podemos manipular la percepción de los demás. Saber que podemos generar una realidad alternativa e inyectarla en la mente de otra persona es el nacimiento del engaño, sí, pero también es la génesis absoluta de la literatura y del arte de contar historias. El novelista no es más que un mentiroso profesional que ha perfeccionado su técnica para cautivar a un público dispuesto a ser engañado.
El peligro de la mentira seductora
Es en este punto donde la reflexión de Jabois trasciende la novela y se clava de lleno en la realidad sociopolítica actual. “Ese engaño está en el origen de contar historias”, afirma. “Lo peligroso de las mentiras es que, si son demasiado bellas, o si nos dan la razón, nadie las contrasta”. En una sociedad polarizada, bombardeada por algoritmos diseñados para retroalimentar nuestros sesgos cognitivos, esta frase actúa como una radiografía perfecta del siglo XXI.
Las mentiras crueles o absurdas son fáciles de desmontar. Sin embargo, cuando una mentira es estéticamente perfecta, cuando apela a nuestras emociones más primarias, cuando justifica nuestros miedos o reafirma nuestras creencias preexistentes, bajamos todas nuestras defensas racionales. La abrazamos sin dudarlo porque nos reconforta. Este fenómeno, que explica la virulencia de las noticias falsas y la manipulación de masas, es el mismo que opera a escala íntima en los núcleos familiares. Preferimos creer la hermosa mentira de que nuestros padres fueron impecables y nuestros abuelos héroes intachables, antes que someter su memoria al riguroso y a menudo decepcionante escrutinio de la verdad empírica.
La fatiga de la hiper-racionalidad
Interesantemente, a pesar de ser periodista y dedicarse profesionalmente a buscar respuestas, Jabois confiesa en esta etapa de su vida una profunda fatiga intelectual frente a la necesidad obsesiva de comprenderlo todo. Refiriéndose a “La víspera” y a su obra anterior, “Mirafiori” —donde coqueteó con lo sobrenatural—, el autor adopta una postura casi rebelde contra la tiranía de la lógica absoluta.
“Igual es que estoy cansado de intentar atrapar las cosas”, ríe Jabois durante la entrevista. Sostiene que tal vez deberíamos abolir esa agotadora moda contemporánea de querer destripar, analizar y encontrar una explicación científica o psicológica a cada minúsculo evento de nuestras vidas. A veces, defiende el autor, no hay que entender nada. A veces, simplemente debemos dejarnos llevar por el misterio de la existencia, aceptar que hay vacíos en nuestra historia y que las sombras son tan necesarias como la luz para dar profundidad al cuadro de nuestra vida.
Un espejo de nuestras propias contradicciones

La llegada de “La víspera” a las librerías no es solo la publicación de un nuevo libro de uno de los grandes talentos de las letras hispanas. Es, fundamentalmente, un espejo colocado frente a una sociedad que está aterrada de mirar bajo sus propias alfombras. A través de un ritmo trepidante y una prosa afilada, Manuel Jabois nos obliga a enfrentarnos a nuestras contradicciones más profundas.
Nos recuerda que todos somos constructores de ficciones cotidianas, arquitectos de hermosas mentiras que utilizamos como escudo protector contra la crudeza del mundo exterior. Y aunque la verdad absoluta pueda ser liberadora, Jabois nos advierte, con una media sonrisa enigmática, que también puede ser devastadora. Quizás, después de todo, las familias y las sociedades necesiten de esas bellas ficciones compartidas para no desmoronarse. El reto, como lectores y como ciudadanos, está en saber reconocer cuándo la mentira deja de ser un abrazo reconfortante para convertirse en una jaula dorada. Al final del día, leer a Jabois es aceptar una invitación a la incomodidad, un viaje necesario para descubrir que, a menudo, la ficción es la única herramienta que nos queda para soportar el peso insoportable de la realidad.