Hubo un tiempo en que la música no solo se escuchaba, sino que se “veía” a través de una estética que parecía traída de otro planeta. A finales de los años 80 y principios de los 90, un grupo de jóvenes irrumpía en la escena internacional con una propuesta que rompía todos los esquemas: Locomía. Con sus abanicos gigantes, hombreras kilométricas y una actitud que destilaba la libertad de Ibiza, conquistaron corazones en España, América Latina y más allá. Sin embargo, detrás de las luces de neón y los ritmos de “Rumba, Samba, Mambo”, se esconden historias de vida marcadas por el éxito rotundo, pero también por despedidas prematuras y giros del destino que hoy, décadas después, siguen conmoviendo a sus seguidores.
Frank Romero no solo fue un integrante de Locomía; fue parte de esa semilla creativa que germinó en las noches bl
ancas de Ibiza. Nacido en Huelva en 1957, Romero vivió la transición del grupo de ser un colectivo de moda y diseño a convertirse en un fenómeno musical global. Su presencia ayudó a cimentar la identidad visual del grupo, esa mezcla barroca y futurista que los hizo inconfundibles.
Tristemente, Frank fue uno de los primeros en partir. El 16 de febrero de 2018, la noticia de su fallecimiento a los 65 años sacudió a los fans. Una infección bacteriana, repentina y agresiva, acabó con su vida en su ciudad natal. Su partida dejó un vacío inmenso, recordándonos que aquellos ídolos que parecían eternos en la pantalla de televisión eran, después de todo, seres humanos vulnerables. Frank Romero se fue, pero su legado como pionero de la estética Locomía permanece intacto.
Santos Blanco: El adiós silencioso de un ángel
Apenas unos meses después de la muerte de Romero, el destino volvió a golpear a la familia de Locomía. Santos Blanco, quien se unió al grupo en su etapa de los años 90 para aportar una nueva energía y vitalidad, falleció de manera impactante. Santos representaba la renovación, el intento de la banda por mantenerse vigente en una industria que cambiaba a pasos agigantados.
El 15 de junio de 2018, Santos fue hallado sin vida en su domicilio de Gijón. Tenía solo 44 años. Lo que más conmocionó al público fue la naturaleza de su muerte: falleció mientras dormía, de forma natural, presumiblemente por un fallo cardíaco. Resulta paradójico y cruel que alguien que derrochaba tanta energía en el escenario se apagara de una manera tan silenciosa y solitaria. Su muerte, ocurrida apenas dos semanas después de su cumpleaños, subrayó la fragilidad de la vida y sumió a los seguidores en una profunda nostalgia.

Francesc Picas: La elegancia que se convirtió en leyenda
Si hubo un rostro que personificó la elegancia y el misticismo de Locomía, ese fue Francesc Picas. Su entrada al grupo coincidió con el pico máximo de popularidad. Francesc no solo era un excelente bailarín y cantante, sino un artista integral que estudió psicología y se dedicó a la escritura y la producción tras dejar los escenarios masivos.
En noviembre de 2023, el mundo del espectáculo se tiñó de luto una vez más. Francesc Picas falleció en Barcelona a los 53 años. Aunque siempre fue muy reservado con su vida privada, se supo que enfrentó con valentía una enfermedad oncológica en sus últimos meses. Su familia y amigos lo despidieron en la intimidad, pero el clamor de las redes sociales fue unánime: se había ido un ícono de la cultura pop española. Francesc dejó este mundo rodeado de su entorno más cercano, manteniendo hasta el final esa discreción y clase que lo caracterizaron desde joven.
Los fundadores y la resiliencia de un concepto único
No todo en la historia de Locomía son despedidas trágicas. Figuras como Xavier Font, el cerebro detrás del concepto original, siguen presentes en la memoria colectiva. Xavier fue quien tuvo la visión de llevar los abanicos de los clubes de Ibiza al mundo entero. En 2026, con 63 años, Font sigue siendo el guardián de la marca y de la esencia de lo que Locomía significó: una revolución estética y una celebración de la diferencia.
Por otro lado, integrantes como Manolo Arjona, pieza clave en el diseño de los vestuarios, y Carlos Armas, recordado por su carisma en la etapa de mayor expansión, han seguido caminos distintos. Manolo, a sus 64 años, y Carlos, a sus 57, lucen hoy como hombres que han sabido llevar con dignidad el peso de la fama pasada, alejados del ruido mediático pero siempre vinculados afectivamente a la historia que ayudaron a escribir.
Un legado que el tiempo no puede borrar

Locomía fue mucho más que un grupo de pop con ropa extraña. Fue un manifiesto de libertad creativa en una España que despertaba al mundo. A través de sus diferentes formaciones, por las que pasaron nombres como Luis Font, Juan Antonio Fuentes o Gard Passchier, el grupo logró algo que pocos consiguen: crear un lenguaje visual propio.
Hoy, al recordar a quienes ya no están, no solo lamentamos su partida, sino que celebramos su audacia. Frank, Santos y Francesc vivieron la gloria de ser aclamados por multitudes, de viajar por continentes y de inspirar a miles de personas a ser auténticas. Sus historias nos enseñan que el éxito es efímero, pero el impacto cultural es eterno.
Mirar las fotos de los integrantes actuales en 2026 es un ejercicio de reflexión sobre el paso del tiempo. Las hombreras ya no están y los abanicos quizás se mueven con menos velocidad, pero la chispa de lo que ocurrió en aquella Ibiza de los 80 sigue viva en cada acorde de sus canciones. Locomía sigue siendo ese viaje al pasado que siempre nos saca una sonrisa y, a veces, una lágrima de nostalgia. Porque al final, como dice el dicho, “el tiempo pasa, pero la leyenda se queda”.