Posted in

Charles Bronson Intentó Intimidar A Frank Sinatra — La Reacción De Frank Fue IMPENSABLE

El desierto de Mouabi, 1963. El termómetro marca los 40º bajo un sol que no perdona, pero el verdadero calor no proviene del clima, sino de la atmósfera eléctrica en el set de cuatro tíos de Texas. En un rincón, sentado en una silla de lona con su nombre grabado, está Frank Sinatra. Es el Chairman of the Board, el hombre que con una llamada podía cambiar el curso de una elección presidencial o cerrar un casino en Las Vegas.
A pocos metros de pie y en un silencio sepulcral se encuentra Charles Brownsen. No hay rastro de la elegancia de los clubes nocturnos en él. Brownsen es puro músculo, cicatrices y una mirada de acero que parece tallada en el carbón de las minas de Pennsylvania, donde creció. En Hollywood, todos sabían que Sinatra mandaba, que el rodaje comenzaba cuando él llegaba y terminaba cuando él se aburría.
Pero Charles Bronzen no era como los demás. Él no buscaba la aprobación del jefe. Aquel día Brownen decidió que no se movería, que no bajaría la mirada y que por primera vez en mucho tiempo alguien iba a desafiar la gravedad de Frank Sinatra. Los técnicos detuvieron sus labores. El director Robert Aldrich contuvo el aliento y el silencio se volvió tan denso que podía cortarse con un cuchillo.


¿Qué sucede cuando un hombre que no teme a nada se enfrenta al hombre que lo tiene todo? Lo que Frank Sinatra hizo a continuación no fue un grito ni un golpe, fue algo mucho más devastador que cambió la carrera de Bronzen para siempre. Para comprender la magnitud de este choque, debemos situarnos en el Hollywood de 1963, un año donde las sombras de la política, el crimen organizado y el espectáculo se entrelazaban de forma inseparable.
Estados Unidos vivía los últimos meses de la era camelat bajo la presidencia de Yon F. Kennedy y Frank Sinatra era, sin exagerar, uno de los hombres más influyentes del país. Sinatra no era solo un cantante o un actor, era el líder del Rad Pack, un grupo que dictaba las reglas de la noche en Las Vegas y de la elegancia en la pantalla.
Desde suite en el hotel Sans, Frank controlaba no solo las listas de éxitos, sino también las voluntades de los dueños de casinos. Y según informes desclasificados del FBI de aquella época, mantenía comunicaciones frecuentes con figuras del bajo mundo como Samana. Para Sinatra, el respeto no era algo que se pedía, era un tributo que se le entregaba por defecto.
Llegaba a los sets de filmación rodeado de un séquito de guardaespaldas y amigos que reían cada uno de sus chistes y era conocido por su política de una sola toma. Si la escena no salía bien a la primera. A menudo se negaba a repetirla, obligando a directores y técnicos a trabajar bajo sus caprichos cronométricos. En el rincón opuesto de esta historia estaba Charles Brownsen, quien en 1963 todavía no era la superestrella mundial que recordamos por el Vengador Anónimo, pero ya era un hombre que imponía un respeto basado en la realidad, no en el estatus.
Nacido como Charles Pucinski en la extrema pobreza de Erenfeld, Pennsylvania, Brownsen era el número 11 de 15 hijos de una familia de inmigrantes lituanos. Antes de conocer las luces de Hollywood, conoció la oscuridad de las minas de carbón, donde comenzó a trabajar a los 10 años tras la muerte de su padre.
Brownsen no interpretaba a hombres duros. Él era un hombre duro que había sobrevivido al hambre, al trabajo forzado y a la Segunda Guerra Mundial como artillero de cola en un bombardero B29. Para él, la actuación era un oficio serio, una forma de ganar dinero para mantener a su familia y despreciaba profundamente la frivolidad y el narcisismo de las estrellas de cine.
Mientras Inatra vivía entre Martinis y aplausos nocturnos, Brownen prefería el silencio, el ejercicio físico y la soledad. El escenario del conflicto fue la película Cuatro tíos de Texas, un western de alto presupuesto dirigido por Robert Aldrich, un hombre que ya tenía experiencia lidiando con personalidades explosivas tras dirigir Bet Davis y Joan Crawford en que pasó con Baby Jane.
La producción fue tensa desde el primer día. El set se instaló en el Valle de San Fernando bajo condiciones de calor sofocante que ponían a prueba los nervios de cualquiera. Sinatra llegó al proyecto no solo como protagonista, sino como coproductor a través de su empresa, SX Productions, lo que le daba un poder casi absoluto sobre el rodaje.
Junto a él estaba su fiel amigo Din Martín, lo que convertía el set en una extensión de sus juergas en Las Vegas. Por otro lado, Brownen fue contratado para interpretar al villano Matson, un papel que requería una presencia física intimidante. Lo que nadie previó fue que la rivalidad entre el héroe y el villano de la ficción traspasaría el guion para convertirse en una guerra de voluntades real.
En aquel Hollywood en 1963, la jerarquía era clara. Sin atra era el sol y todos los demás eran planetas que orbitaban a su alrededor. Sin embargo, Charles Bronen acababa de decidir que él no iba a ser el satélite de nadie, estableciendo las bases para un duelo de egos que los biógrafos de la época describirían como uno de los momentos más incómodos en la historia de los estudios Warner Bros.
El rodaje de cuatro tíos de Texas comenzó bajo un sol inclemente en las locaciones exteriores de California, un entorno que para Charles Bronen era extrañamente familiar, mientras los

Read More