¿Recuerdas a Baby? Aquella chica de mirada brillante y espíritu rebelde de cachun cachun ra, el programa que marcó a toda una generación en el México de los años 80. Para millones, Alma Delfina no era solo un personaje, era el rostro de la juventud, el encanto y la promesa. Pero justo cuando su estrella parecía intocable, desapareció.
Durante años circularon rumores, ¿dejó la actuación por amor? ¿Fue agotamiento o algo más profundo? Ahora, a los 64 años, Alma Delfina finalmente rompe el silencio. Entonces, ¿qué fue lo que realmente pasó con la inolvidable Babi? ¿Por qué se alejó en la cima de su fama? ¿Y a dónde la ha llevado la vida desde entonces? Quédate con nosotros mientras descubrimos la historia no contada del ascenso, el retiro y el regreso sorprendente de Alma Delfina.
Alma Delfina Martínez Ortega nació el 5 de noviembre de 1956 en Ciudad Camargo, Chihuahua. La menor de 10 hermanos se mudó a la ciudad de México con apenas 5 años, siguiendo a sus hermanos mayores que poco a poco se habían ido estableciendo allí. Fue en la capital donde Alma tuvo su primer encuentro con el mundo de la actuación.
A los 12 años solía acompañar a su hermana Evangelina al Instituto de Bellas Artes, donde Evangelina estudiaba teatro. Al principio solo observaba desde un rincón, pero con el tiempo la curiosidad la empujó a participar. En sus primeras clases compartió espacio con futuras estrellas como Rosa María Bianchi, Blanca Guerra y Margarita Sans.
Pero a pesar de estar rodeada de talento e inspiración, su entusiasmo se desvaneció al año y medio. Me dio miedo admitió más tarde. Y dije, “Mi mamá tiene razón. La intensidad del ambiente la sobrepasó.” Recordó como el maestro Salvador Garcini la invitaba insistentemente a fumar marihuana. No se rendía, dijo Alma.
Cada día me asustaba más. Las salidas sociales tampoco ayudaban. En una de sus primeras salidas con compañeros se dio cuenta de que aún era virgen, lo que la hizo sentir aún más fuera de lugar entre sus compañeros con más experiencia. Una experiencia en particular la marcó profundamente. Una amiga llamada Araceli, de origen humilde como ella, dejó de asistir a clases.
Antes de desaparecer, Araceli le confesó a Alma que sentía algo más que amistad. Me horrorizó, confesó Alma. Eso fue la gota que colmó el vaso. Fue su hermana Angelina quien la animó a no rendirse, pero Alma necesitaba un cambio. La presión emocional era demasiado fuerte. Entonces, Angelina le propuso algo distinto. ¿Por qué no pruebas en el Instituto Andrés Soler? Tal vez sea un ambiente más tranquilo y enfocado para ti.
la saludó con una familiaridad inesperada.
Alma era modesta y reservada, especialmente porque en ese momento llevaba puesto un hábito de monja para una escena. Pero cuando las cámaras se apagaron y volvió a su ropa habitual, Salvador quedó visiblemente cautivado. A pesar de sus insinuaciones, Alma se mostró cautelosa. En ese entonces tenía una relación y desconfiaba de involucrarse con alguien del medio artístico, un mundo que siempre había visto con recelo en lo que respecta a las relaciones personales.
Sin embargo, esa relación pronto se desmoronó. Tras descubrir que había sido traicionada, Alma quedó devastada y la primera persona a la que pensó en llamar fue a Salvador. Esa llamada marcó el inicio de un romance que fue creciendo poco a poco. Salvador nunca explicó del todo la naturaleza de su relación anterior, pero Alma decidió darle una oportunidad a ese vínculo.
Su relación tomó fuerza durante un viaje a San Antonio, donde ambos escaparon de la presión de sus rutinas diarias. y se acercaron más. Pero incluso en sus primeras etapas, la relación mostró señales de inestabilidad emocional. Alma describía a Salvador como un hombre de buen corazón y muy particular, pero con un temperamento explosivo que podía transformarse en furia con facilidad.
Un momento que se le quedó grabado fue al final de ese viaje cuando Alma se dio cuenta de que había perdido su pasaporte camino al aeropuerto. Con el vuelo inminente y poco dinero entre los dos, Salvador estalló en un ataque de ira gritándole con frustración. Finalmente encontraron el pasaporte en la cajuela de un taxi, pero el daño emocional ya estaba hecho.
Aunque volaron de regreso en silencio, lograron reconciliarse. Aún así, Alma confesó que sufría en silencio. La relación se volvió cada vez más posesiva y tensa. Los celos se volvieron una constante. Si Alma quería verlo, tenía que llamarlo primero solo para que él le dijera que estaba muy ocupado, algo que ella más tarde entendió como una táctica para provocarle celos.
La tensión llegó a un punto crítico durante una discusión cuando Alma, llevada al límite amenazó con enfrentarlo cara a cara. Fue en ese momento que se dio cuenta de que necesitaba bajarle a la intensidad y recuperar su equilibrio emocional. A pesar de los altibajos, Alma y Salvador se mudaron juntos en 1980.
Ese mismo año volvieron a compartir Escena en Colorina, una telenovela emblemática de la época protagonizada por Lucía Méndez. Durante la producción, Salvador fue elegido como el galán de Méndez, tanto en la ficción como con el tiempo, en la vida real. Los rumores apuntaban a que Méndez también había desarrollado sentimientos por él.
Para 1980, Alma Delfina y Salvador Pineda ya eran una de las parejas más comentadas del espectáculo mexicano. Ese año volvieron a coincidir en el set de Colorina, la ahora icónica telenovela protagonizada por Lucía Méndez. El papel de alma como la pingüina le dio un reconocimiento inmediato en la calle, consolidándola como una estrella en ascenso.
Pero mientras las cosas parecían prometedoras frente a las cámaras, tras bambalinas el ambiente era mucho más complejo. Dentro de la producción se percibía una tensión sutil pero constante en torno a Alma y Salvador, una tensión que provenía de una fuente inesperada. El director, maestro Dimitrio Zarras, aunque admirado por su talento y disciplina, Zarras tenía un interés personal por Salvador, que iba más allá de lo profesional.
Alma más tarde reflexionó que no la odiaba por ser la novia de Salvador, pero ciertamente no le hacía la vida más fácil. Su apego emocional hacia Salvador generaba fricciones que hacían cada vez más difícil el ambiente de trabajo. Un día la situación se salió de control. Alma y Salvador regresaron tarde de una pausa para comer y Sarras estalló gritándoles a ambos.
Salvador se encogió de hombros y se fue a su camerino, pero Alma se quedó y fue ella quien recibió la peor parte de la ira del director. La acusó de estar saboteando su propia carrera y la atacó verbalmente frente a todo el equipo de producción. El momento fue tan tenso que todo el equipo técnico, camarógrafos, ingenieros de sonido, personal de iluminación, detuvo lo que estaba haciendo.
Dejaron sus equipos y exigieron que Sarras se disculpara públicamente con alma antes de continuar con la grabación. En un raro acto de solidaridad se pusieron de su lado. Sarras terminó cediendo y le ofreció una disculpa pública. Ese día Alma no solo fue querida, fue respetada. Más tarde, ese mismo año, Alma se enteró de que el productor Luis de Llano estaba buscando actores para una nueva comedia juvenil titulada Cachun Cachun Ra ra Ra.
Intrigada por el proyecto, tenía muchas ganas de audicionar, aunque su pareja, Salvador no lo aprobaba. A pesar de sus objeciones, Alma siguió su intuición y se presentó al casting ya tarde, justo antes de que cerraran las puertas. En el estudio encontró a Alfredo Alegría sentado nerviosamente en una esquina.
Ninguno de los dos había audicionado aún. El formato requería una improvisación con otro actor. Cuando llegó su turno, Alfredo entró en personaje usando su característica voz torpe. Alma respondió de forma instintiva, canalizando a una joven audaz y callejera que más tarde llamaría Babi.
La química entre ellos fue inmediata, eléctrica. Esa única escena improvisada sentó las bases de lo que se convertiría en una de las parejas más queridas del programa, Babi y Sole. A partir de ese intercambio improvisado nació Kachun Cachun Ra ra R ra. Lo que comenzó como una serie juvenil se transformó rápidamente en un fenómeno nacional.
El papel de Babi en cachun cachun Ra ra R ra fue un momento definitorio en la carrera de Alma Delfina. le trajo una enorme popularidad y se convirtió en su gran salto a la fama, pero también vino acompañado de un alto costo personal. El programa que comenzó a grabarse a finales de 1980 y se estrenó a inicios de 1981, se convirtió rápidamente en una sensación entre los jóvenes de todo México.
El personaje de Alma, una adolescente rebelde, de lengua afilada, pero con un gran corazón, conectó profundamente con la audiencia. Las chicas en las escuelas querían ser como Babi, bonita, valiente y la líder natural del grupo. Los chicos, por su parte, idolatraban a Chicho, el protagonista masculino. Los personajes del programa se convirtieron en iconos culturales y Alma Delfina estaba en el centro de todo.
Pero la energía vibrante que los fans veían en pantalla no siempre reflejaba la realidad tras bambalinas. Alma describiría después al elenco de Cachun como su familia, un grupo muy unido que pasaba prácticamente todo el tiempo juntos. Las jornadas eran largas, las noches se llenaban de escenas y celebraciones y las giras nacionales llenaban estadios con fanáticos emocionados.
Pero el torbellino del éxito terminó por sobrepasarla y la presión empezó a pasar factura. Fuera de cámaras, la vida personal de Alma se desmoronaba. Mientras que su personaje representaba la independencia y el empoderamiento femenino, la actriz estaba atrapada en una relación codependiente e intensamente tóxica con el actor Salvador Pineda.
Al principio, Alma se sintió atraída por la intensidad y el carisma de Salvador. Era apasionado, talentoso y cautivador. Un hombre que irradiaba fuego tanto en escena como en la intimidad. Pero ese mismo fuego muchas veces se tornaba destructivo. Los celos se infiltraron en la relación y empezaron a controlarlo todo.
A medida que la fama de alma crecía, también lo hacía la inseguridad de Salvador. Le molestaba el tiempo que ella pasaba con sus compañeros de Cachú, a quienes descalificaba como flojos y buenos para nada. Alma notaba el desequilibrio y en su interior sabía que algún día tendría que ser ella quien se marchara, porque él nunca lo haría.
La relación se convirtió rápidamente en lo que Alma describiría más tarde como una prisión apasionada. Los celos de Salvador eran incesantes. Si Alma llegaba temprano a casa, él sospechaba que escondía algo. Si llegaba tarde, la acusaba de estar con otro hombre. No había espacio seguro. El amor, en su caso, se había deformado en obsesión.
Aunque Salvador nunca la agredió físicamente, las señales de violencia emocional estaban por todas partes. Se desquitaba rompiendo puertas y golpeando las paredes. Alma vivía en un constante estado de miedo, preguntándose si algún día su furia se volcaría directamente sobre ella. El hogar que compartían mostraba las cicatrices, vidrios rotos, muros agrietados y un silencio lleno de tensión.
Incluso en público, el temperamento de Salvador podía estallar si alguien simplemente miraba a Alma de forma equivocada. Sus amigos notaban las señales. Alma rara vez hablaba del tema, pero su fragilidad y su silenciosa fortaleza lo decían todo. En una ocasión buscó refugio en casa de una amiga después de una pelea.
Momentos después, Salvador llegó furioso, irrumpiendo en el departamento y revisando cada rincón. Abrió closets, gritó acusaciones, convencido de que Alma estaba escondida allí. Y así era, escondida detrás de una puerta que él no revisó. Eventualmente la relación colapsó bajo su propio peso. Aunque el amor persistía, era un amor empapado de miedo, confusión y agotamiento emocional.
La separación se volvió inevitable. Incluso después de haberse separado, las heridas permanecieron. Alma admitió más tarde que le tenía miedo. Aún así, su mirada hacia el pasado era compleja. No solo había temor, también quedaba admiración por el actor que él era y por la intensidad de lo que alguna vez compartieron.
A esas heridas se sumaron los rumores. Alma comenzó a escuchar chismes de que Salvador estaba saliendo con Lucía Méndez, su compañera en Colorina. Amigos y colegas murmuraban sobre fiestas donde se les había visto juntos. Cuando Alma lo confrontó, él lo negó todo una y otra vez, pero el daño ya estaba hecho. Años después, Salvador recordaría aquellos días con una mezcla de nostalgia y arrepentimiento.
Confesó que Alma había sido la mujer más hermosa que había conocido. Es una lástima que en ese entonces no hablara mucho español, dijo. Pero lo intenté. Le dije que ella era para mí. También reconoció la diferencia de edad entre ambos. Ella era 11 años menor. La gente me preguntaba todo el tiempo, “¿Qué haces con esa niña?” A pesar de su historia, Alma intentó mantener límites, tratando a Salvador más como un amigo.
Pero esa distancia emocional solo aumentó la inseguridad de él. La tensión entre ambos era palpable. Iben para sus compañeros. Mientras Alma era conocida por su calidez, su risa y su facilidad para convivir en el set, Salvador seguía siendo un outsider, resentido por el grupo y cada vez más volátil en privado. Sus sospechas no se limitaban a sus compañeros de elenco.
En un momento, Alma mostró interés por el actor Pepe Alonso y cuando Salvador se enteró, a través de su propio hermano que trabajaba en utilería, se desató una confrontación en un evento público. Lo que ocurrió ese día no se olvidó y las consecuencias provocaron una separación temporal. Pero incluso después de esas separaciones siempre parecían reencontrarse.
Alma describió más tarde su relación no como una ruptura definitiva, sino como un ciclo de alejarse, volver y repetir. El desgaste emocional fue inmenso. Con el tiempo, Alma reconocería el miedo con el que había estado viviendo. Salvador la había lastimado, no físicamente, pero sí emocional y espiritualmente. Su temperamento y posesividad crearon un entorno donde ella vivía en constante tensión.
Finalmente, encontró la fuerza para aceptar lo que él nunca pudo, que su relación ya no era sostenible. A mediados de 1984, tras 4 años intensos y a menudo dolorosos, la relación llegó a su fin. La ruptura no trajo cierre, fue lenta, caótica y desgarradora. Alma se apoyó mucho en sus amigos y compañeros de Cachú.
Ellos escucharon, la consolaron y esperaron pacientemente hasta que ella estuviera lista para hablar. Cuando por fin se abrió, describió la profundidad de su dolor, la confusión de dejar ir a alguien a quien aún amaba y la lucha por recuperar su identidad. Para sanar, se fue de México por unos años y se mudó a Puerto Rico.
El trabajo se convirtió en su escape, aunque las heridas emocionales tardaron en cicatrizar. La ruptura fue aún más difícil debido a la continua intervención de la familia de Salvador, en especial su madre, quien seguía llamando a Alma como si nada hubiera cambiado. Asistir a reuniones familiares se volvió imposible.

ya no formaba parte de su vida, pero él seguía actuando como si sí. Incluso después de separarse, Salvador seguía llamándola, preguntándole dónde estaba, qué hacía, ofreciéndole consejos no solicitados como si aún fueran pareja. Alma eventualmente tuvo que establecer un límite claro. Le recordó que su capítulo juntos había terminado.
Podían seguir siendo amigos, pero los límites emocionales debían respetarse. Dejar atrás a Salvador Pineda no fue fácil para Alma Delfina. Su vínculo emocional persistió mucho después de que la relación se desgastara. Pero lo que hizo aún más difícil el proceso fue enterarse de que Lucía Méndez, la reina indiscutible de las telenovelas, había puesto sus ojos en Salvador.
En 1985, Méndez y Pineda trabajaban juntos en tú o nadie, y pronto quedó claro para quienes los rodeaban, que ella quería algo más que una relación profesional. Alma conocía bien a Lucía. Habían trabajado juntas antes en Colorina y Vanessa. Y el hermano de Lucía, Abraham, era un colega cercano de Alma en Cachun cachun Ra ra.
Había existido una amistad, pero también una certeza. Cuando Lucía Méndez quería algo, normalmente lo conseguía. Años atrás, durante la grabación de Colorina, Alma había notado que algo no cuadraba. Un malentendido relacionado con Cachun la había dejado molesta. Y cuando Lucía intentó consolarla, Alma reaccionó con frialdad.
Fue la única vez que la confrontó abiertamente. Aunque no se dijeron cosas explícitas, la tensión entre ellas era innegable. Más tarde, la propia Lucía admitiría que sí hubo algo, quizás un coqueteo breve, pero insistió en que estaba demasiado enfocada en su ascendente carrera como para pensar en una relación. Para Alma, sin embargo, los rumores bastaban.
El chisme corría rápido en el mundo del espectáculo y pronto empezó a escuchar de varias fuentes que Lucía y Salvador habían sido vistos juntos en fiestas. Cuando Alma confrontó a Salvador, él lo negó todo, como siempre. Con el tiempo ella aceptó que había habido otras mujeres también, mujeres que lo buscaban y a las que él en ocasiones respondía.
Aunque físicamente no estaba en su mejor momento, Salvador seguía teniendo un carisma y una presencia indiscutibles. Esas experiencias, la insistencia de Lucía, los rumores y los celos constantes fueron el empujón final que Alma necesitaba. Pero al final fue el trabajo lo que la salvó. A mediados de los años 80, justo cuando comenzaba a alejarse definitivamente de Salvador, Alma consiguió su primer papel protagónico en Guadalupe, una telenovela creada especialmente para ella por el legendario productor Valentín Pimstein.
Fue un punto de inflexión. La producción estaba hecha a la medida para resaltar su talento y todo encajó. Guadalupe se convirtió en una sensación nacional y eventualmente en un éxito internacional. En una época en la que la televisión mexicana estaba dominada por estrellas como Lucía Méndez, Verónica Castro, Ana Martín y Cristian Bach, el ascenso repentino de Alma Delfina marcó un cambio importante.
Tenía una belleza natural y distinta, morena, de ojos expresivos y nariz respingada, y una autenticidad emocional poco común que conectaba al instante con el público. Valentín Pimstein lo reconoció y creyó en ella. plenamente. Para él, ella representaba la imagen ideal de la mujer mexicana, no una rubia explosiva, sino alguien cercana, fuerte y con una sensibilidad profunda.
“Ese papel no lo obtuvo por favores”, dijo Pimstein en una ocasión. Se lo ganó. El personaje fue creado para ella y lo interpretó a la perfección. La historia de Guadalupe era sencilla. Una joven del campo llega a la ciudad, trabaja como sirvienta y poco a poco transforma su vida hasta convertirse en la señora de la casa.
Pero lo que la hizo especial fue la actuación de Alma Delfina. Le dio dulzura, fuerza y sinceridad al personaje. El público no solo la veía, le creía, la apoyaba. Cuando Guadalupe se emitió, no fue solo un éxito, rompió récords de audiencia en todo México. Para Alma Delfina, el éxito no solo trajo un nuevo nivel de fama y estabilidad económica, sino que también abrió la puerta a un romance inesperado.
Para 1985, Alma equilibraba dos compromisos importantes, su papel protagónico en Guadalupe y su participación continua en Cachun Cachun Rá. Pero el esfuerzo de compaginar ambos proyectos, especialmente con una exigente gira musical planeada por el productor Luis Deano, la obligó a tomar una decisión difícil.
Decidió despedirse de Cachun, cerrando un capítulo querido de su vida para poder avanzar. Para Alma, la decisión no fue solo profesional. Había superado la imagen de la adolescente despreocupada de Cachun. Anhelaba crecer, asumir papeles más serios, oportunidades en cine y desafíos creativos. Y no era la única. Muchos de sus compañeros, Lupita, Rodolfo Lenguardo, sentían lo mismo.
Juntos se alejaron del programa que había lanzado sus carreras. Fue el fin de una era, pero para Alma Delfina también fue el inicio de algo nuevo, tanto en su carrera como en su corazón. Durante la grabación de Guadalupe, Alma se acercó a su coprotagonista Jaime Garza. Su conexión comenzó de forma lenta. Al principio, Jaime parecía serio, incluso distante, pero conforme avanzaban las grabaciones, nació una amistad.
Esa amistad se profundizó y pronto se volvieron inseparables. Lo que complicó las cosas fue la antigua amistad entre Jaime y Salvador Pineda, la expareja de Alma. La nueva relación despertó murmullos y desaprobación entre quienes la veían como una traición. Pero para Alma no fue algo calculado ni planeado, simplemente ocurrió.
A pesar del nuevo romance, Alma pronto se dio cuenta de que su relación con Jaime era más compleja de lo que esperaba. Con el tiempo llegaría a reflexionar que había sido incluso más turbulenta que la que tuvo con Salvador. Tanto ella como Jaime eran personas intensas y apasionadas, pero la conexión carecía de estabilidad. Alma empezó a ver a Jaime como alguien que necesitaba apoyo constante y durante un tiempo intentó ser ese apoyo.
Pero bajo la superficie problemas más profundos ya comenzaban a hacerse notar. Jaime estaba lidiando con el alcoholismo y otras adicciones, problemas que eventualmente se saldrían de control. En algún momento, incluso hablaron de matrimonio, pero no pasó mucho tiempo antes de que Alma tomara una decisión silenciosa, pero firme.
No podía continuar. Se alejó de la relación antes de que la consumiera por completo. Fue una elección difícil que sorprendió a muchos a su alrededor, pero con el tiempo quienes más la conocían vieron la sabiduría detrás de esa decisión. En 1985, Alma Delfina ganó el prestigioso premio Ariel por su actuación en el hombre de la M.
El reconocimiento marcó un antes y un después, y durante los siguientes dos años se concentró casi por completo en el cine. Luego, en 1988, su camino volvió a dar un giro. El director teatral, Enrique Gómez Badillo, la invitó a Los Ángeles para participar en una obra. Al finalizar la temporada, Alma tomó una decisión audaz.
se quedó en Los Ángeles para estudiar producción cinematográfica en UCLA. Fue durante esa etapa que conoció a Michael Smith, un joven que dejó una impresión duradera. Desde el principio fue atento. La llevaba a la playa, al teatro, incluso al observatorio. Su vínculo comenzó como una amistad genuina.
Michael era 11 años menor y no hablaba español. Alma hablaba poco inglés. Al principio ella descartó la idea de un romance, convenciéndose a sí misma y a los demás de que solo eran amigos. Pero Michael fue persistente. Tras regresar brevemente a México, se dio cuenta de que no podía estar lejos. Compró un boleto, voló a Acapulco y siguió a su corazón.
Aún con dudas, Alma acudió a una amiga para pedirle consejo sobre el matrimonio. La amiga le dijo, “Si él te hace feliz, aunque sea por unos años, vale la pena.” El 20 de mayo de 1992, Alma Delfina y Michael Smith se casaron discretamente en una ceremonia civil en Los Ángeles. Solo ellos dos. A pesar de la diferencia de edad, Alma nunca sintió incertidumbre.
Fue la mejor decisión que he tomado”, dijo. Poco después se alejó de la actuación, no por falta de interés, sino porque algo más significativo había llegado a su vida. Se estaba preparando para convertirse en madre. Fiel a su palabra, Alma hizo una pausa en su carrera. En 1994 dio a luz a su hija Natalia, una niña que había deseado profundamente.
Ese momento lo cambió todo. La maternidad transformó sus prioridades. Mi hija se convirtió en mi razón de vivir, dijo Alma. Actuar sigue siendo mi pasión, pero ser su mamá es lo primero. Cuando regresó a la televisión en el vuelo del águila, Alma interpretó a Delfina. La esposa de Porfirio Díaz. Durante las grabaciones descubrió que estaba embarazada.
Después del nacimiento de Natalia, Alma volvió a alejarse del medio artístico para enfocarse en criar a su hija. Incluso cuando volvió al trabajo en Cañaveral de Pasiiones, Alma se aseguró de que Natalia siempre estuviera a su lado. Venía conmigo al set en Jalapa. éramos inseparables. Años después, recordó un momento del preescolar cuando Natalia le dijo a su maestra, “Mi mamá es hermosa.
” Esa frase sencilla significó más para Alma que cualquier premio o aplauso. Desde entonces han permanecido muy unidas. “Somos mejores amigas antes que nada”, dijo Alma. “A veces discutimos, claro, pero ella es el centro de mi vida.” Después de dos años alejada de los reflectores, Alma Delfina regresó a México en 1999.
Apareció en la pasión para Televisa y en Háblame de amor con TV Azteca, un movimiento poco común entre dos grandes cadenas. Para el año 2000 ya estaba de vuelta en Estados Unidos construyendo una carrera sólida con papeles invitados en series exitosas como E y CS Miami. Durante una década trabajé de forma constante en la industria estadounidense, diría más adelante.
En 2009, Alma fue invitada a regresar a México para protagonizar vidas robadas junto a Christian Bach y Andrés Palacios. Al principio dudó. Dejar a su hija adolescente no fue fácil, pero Alma sabía que era importante que su hija la viera no solo como madre, sino como una mujer realizada y con propósito. Esa decisión marcó un nuevo capítulo.
A medida que su hija fue creciendo, Alma volvió con más frecuencia a la televisión mexicana. Participó en producciones destacadas como El talismán, cosita linda y más recientemente Mi secreto. A lo largo de su carrera, Alma Delfina ha sido admirada no solo por su talento, sino también por su calidez, humildad y fortaleza.
Es una guerrera, dijo una colega. Siempre ha sabido lo que quiere y nunca ha dejado de luchar por ello. Ahora, a los 64 años, Alma reflexiona con orgullo. Estoy realizada. He tomado los desafíos de la vida y los he convertido en crecimiento. Y para quienes la conocen hay algo claro. Lo mejor quizá aún está por venir.