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🚨¡GAFES REVIENTAN BASE EN VOLCÁN INACTIVO DE COLIMA! CJNG OPERABA DESDE CRÁTER: 93 SICARIOS EN ROCAS

El helicóptero sobrevolaba el cráter a 500 m de altura cuando el artillero vio algo que no correspondía. El cráter del volcán inactivo estaba cubierto de vegetación tropical, elchos gigantes, musgos, árboles que crecían torcidos por el viento, enredaderas que tapizaban las paredes de roca volcánica negra como una alfombra verde.
Era un ecosistema cerrado, un mundo dentro del mundo, un jardín vertical encajado en un agujero de 300 m de diámetro que el volcán dejó cuando se apagó hace miles de años. Desde el aire parecía una taza verde gigante clavada en la sierra de Colima. Pero en una esquina del fondo del cráter, entre la vegetación, el artillero vio un destello, un reflejo de sol sobre metal, algo que no debería estar ahí, porque en un cráter volcánico cubierto de selva, el metal no crece en los árboles.
El artillero le avisó al piloto. El piloto hizo una segunda pasada más baja y en esa segunda pasada, con la cámara del helicóptero enfocando el fondo del cráter, vieron lo que el destello escondía. techos de lámina camuflados con vegetación, estructuras construidas contra la pared interior del cráter, senderos de tierra compactada entre los árboles y personas, personas que al escuchar el helicóptero corrían a esconderse debajo de los techos de lámina como hormigas que se meten a su hormiguero cuando sienten la vibración de un pie acercándose.
Los gafes bajaron al cráter tres días después, no en helicóptero, porque aterrizar en el fondo de un cráter volcánico cubierto de vegetación es suicida. Bajaron a pie por una ruta que los operadores del Cesta NG habían tallado en la pared interior del cráter, una escalera de roca y metal empotrada en la pendiente zigzagueando entre los elechos y las raíces, bajando 150 m desde el borde del cráter hasta el fondo.


Una escalera que tardó meses en construirse y que era el único acceso terrestre a la base que el CJNG había montado en el interior de un volcán inactivo de la sierra de Colima. 93 personas fueron detenidas en el cráter. 93 sicarios del CJNG que vivían y operaban desde el interior de un volcán, con dormitorios excavados en la roca volcánica, con un laboratorio de procesamiento de drogas sintéticas montado en una cueva natural de la pared del cráter, con un sistema de agua alimentado por la lluvia que se acumula en el fondo, con un huerto de marihuana
y amapola que crecía en la tierra fértil del suelo volcánico y con un arsenal que los peritos tardaron dos días en subir por la escalera de roca Porque cada caja de armas tenía que ser cargada a mano por la pendiente de 150 m. Un volcán convertido en fortaleza, un cráter convertido en cuartel, la geología convertida en arquitectura militar.
Es el caso más extremo de aprovechamiento del terreno natural que hemos cubierto en este canal. Y lo que encontraron dentro del cráter redefine una vez más los límites de lo que creíamos posible. Colima, el estado más pequeño de México después de Tlaxcala, un estado que cabe entero dentro de la zona metropolitana de Guadalajara, un estado con menos de 800,000 habitantes, un estado que la mayoría de los mexicanos conocen por dos cosas.
el volcán de Colima, que es de los más activos de México, y los limones, que se producen ahí en cantidades que abastecen medio país. Pero Colima es también un estado que comparte frontera con Jalisco y con Michoacán. Está encajado entre los dos estados donde el CJNG tiene su presencia más fuerte. Es un corredor natural entre la sierra de Jalisco y la costa del Pacífico.
Y su sierra, la sierra de Manantlán y la Sierra del volcán, es una zona montañosa de acceso difícil donde la presencia del estado se diluye con cada kilómetro de altitud. El volcán donde el SEGTE ANG montó su base no es el volcán de Colima activo, el de fuego, el que aparece en las noticias cuando erupciona.
Es un volcán inactivo, mucho menos conocido, sin nombre turístico, ubicado en la sierra entre Colima y Jalisco, a una altitud de unos 2,000 m. Un volcán que se apagó hace miles de años y que dejó un cráter amplio de 300 m de diámetro y 150 m de profundidad que con el tiempo se cubrió de vegetación tropical alimentada por la humedad que se condensa en las paredes del cráter.
Es un cráter que no aparece en las guías turísticas, que no tiene sendero marcado, que no tiene letrero ni mirador. Para llegar al borde hay que caminar horas por la sierra, por veredas de cazadores y leñadores, subiendo entre pinos y encinos hasta que el terreno cambia a roca volcánica y el bosque se abre en un borde circular que mira hacia un abismo verde.
Pocos locales conocen el cráter. Los cazadores de la sierra lo usan como punto de referencia. Más allá del cráter están los venados. Los leñadores lo evitan porque las paredes son empinadas y da miedo caerse. Y los que han bajado alguna vez al fondo cuentan que el aire ahí abajo es diferente, húmedo, cálido, con un olor a tierra volcánica y a vegetación podrida que se pega a la ropa.
El CJ encontró el cráter hace aproximadamente 3 años. Según los interrogatorios. Un guía de la sierra, un cazador local que conocía la zona como La palma de su mano, fue contactado por el cártel para que los llevara a un lugar apartado y protegido donde pudieran montar una operación sin ser detectados. El cazador los llevó al cráter.
Los mandos del CJNG bajaron. Miraron las paredes de roca, la cueva natural en la pared norte, el manantial de agua que brota del fondo, la vegetación que cubre todo y que hace invisible cualquier cosa que se construya debajo. Y dijeron, “Aquí quiero hablar del cazador porque su historia es un microcosmos de cómo el CJNG coota a las personas que conocen el terreno. El cazador tenía 56 años.
Había nacido y crecido en un pueblo de la sierra de Colima. Conocía cada vereda, cada arroyo, cada cueva, cada rincón de la sierra. Era el tipo de hombre al que los ingenieros forestales consultaban cuando necesitaban información sobre rutas, sobre fauna, sobre la geografía del terreno. Sabía dónde estaban los manantiales, dónde anidaban las águilas, dónde había cuevas que no aparecían en ningún mapa.
Era un repositorio viviente de conocimiento geográfico acumulado en cinco décadas de caminar la sierra. El sejo TNG lo contactó a través de un intermediario del pueblo. Le ofrecieron dinero por guiar a unas personas a un lugar apartado. 10,000 pesos por una caminata de un día. El cazador aceptó. Los llevó al cráter, les mostró la cueva, les mostró el manantial, les explicó cómo bajaba el agua de lluvia por las paredes, les dijo que la tierra del fondo era la mejor tierra de la sierra, negra como el carbón, ahí crece lo que sea. El cazador no sabía, o dice
que no sabía, que sus clientes eran del CJNG. Les guió al cráter pensando que eran inversionistas interesados en el ecoturismo, según declaró. Es posible. También es posible que sabía exactamente quiénes eran y que los 10,000 pesos fueron suficientes para no preguntar. La sierra de Colima es territorio del CJNG.
Todo el mundo en la sierra sabe quién manda. Y cuando alguien con dinero te pide que lo lleves a un lugar apartado, no preguntas para qué. El cazador fue detenido como parte del operativo. No estaba en el cráter, estaba en su pueblo, a una hora de caminata del volcán. Los soldados lo encontraron en su casa con sus rifles de cacería, sus trampas para venado y su conocimiento enciclopédico de la sierra, que ahora va a ser utilizado como evidencia en su contra, porque sin el cazador, el CJNG no habría encontrado el

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