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🇲🇽🚨SINALOA COLAPSA: EJÉRCITO DESCUBRE ESCUELA ABANDONADA DEL CJNG: SALONES ERAN DORMITORIOS Y MAPAS

La maestra dejó su nombre escrito en el pizarrón. Miss Lupita lo escribió con Gis Blanco el último día de clases antes de que la escuela cerrara hace 3 años cuando la Secretaría de Educación determinó que la matrícula era demasiado baja para justificar los costos de operación. 14 alumnos, la mayoría hijos de rancheros que se habían ido a buscar trabajo a Culiacán o a Estados Unidos.
14 niños en un pueblo que se vaciaba. La escuela cerró, Miss Lupita se fue, los niños se fueron y el nombre de la maestra se quedó ahí en la esquina superior izquierda del pizarrón con gis blanco que el tiempo fue difuminando hasta convertirlo en un fantasma de letras que apenas se leían. Tres años después, el pizarrón de Miss Lupita tenía otra cosa escrita.
Encima de su nombre, con plumón rojo y negro, alguien había dibujado un mapa. Un mapa de la zona serrana del municipio con caminos marcados, cerros señalados, posiciones de vigilancia identificadas con círculos y flechas que indicaban rutas de avance y de repliegue. Era un mapa táctico militar dibujado sobre el pizarrón de cuarto grado de una escuela primaria rural de Sinaloa.
Y en el salón de Miss Lupita, donde 14 niños aprendieron a sumar fracciones y a conjugar verbos, había 12 literas con colchones, mochilas militares colgadas de los ganchos para cuadros que antes sostenían carteles del abecedario y rifles de asalto recargados contra la pared donde antes había un estante con libros de texto gratuito.


El ejército entró a la escuela a las 5 de la mañana un jueves. La escuela primaria Benito Juárez, como se llaman la mitad de las escuelas primarias de México, estaba en un pueblo de la sierra de Sinaloa que no voy a nombrar porque la investigación sigue abierta. Un pueblo que en sus mejores años tuvo 300 habitantes y que ahora tiene menos de 80.
La mayoría viejos que no quisieron irse y que viven de lo que da la tierra y de las remesas que mandan los hijos. Los soldados esperaban encontrar un punto de almacenamiento, quizás drogas, quizás armas. Lo que encontraron fue una base de operaciones completa del CJNG montada dentro de una escuela primaria abandonada con 63 sicarios distribuidos en los seis salones de clase del edificio, cada salón convertido en una unidad funcional diferente.
Dormitorios, comedor, armería, centro de comunicaciones, enfermería y sala de mando. 63 personas viviendo en una escuela, durmiendo donde los niños aprendían, comiendo donde los niños jugaban en el recreo, planeando operaciones de guerra sobre los pizarrones donde Miss Lupita enseñaba multiplicaciones. Es una imagen que concentra todo lo que el narcotráfico le ha hecho a las comunidades rurales de México.
Tomar los espacios que eran de los niños y convertirlos en cuarteles de guerra. Vaciar las escuelas de alumnos y llenarlas de sicarios. Borrar el futuro y escribir la violencia encima. Sinaloa, el estado que le dio nombre al cártel más famoso de México. El estado del Chapo, el estado de los corridos, de las trocas, de los rancheros con cuerno de chivo y sombrero vaquero que la cultura popular convirtió en figuras casi mitológicas.
Sinaloa es el origen del narcotráfico mexicano moderno. Desde sus sierras salió la amapola que alimentó el mercado de heroína durante décadas. Desde sus valles salió la marihuana que cruzaba la frontera en los años 70 y 80 y desde sus laboratorios sale ahora la metanfetamina y el fentanilo que están matando a decenas de miles de personas en Estados Unidos cada año.
Pero Sinaloa también es otra cosa. Es uno de los estados con mayor índice de abandono escolar de México. Las escuelas de la sierra se cierran una tras otra porque los pueblos se vacían, las familias bajan a las ciudades o cruzan la frontera. Los niños dejan de ir a la escuela porque la escuela más cercana está a 2 horas de camino de terracería y los edificios escolares se quedan ahí vacíos con los pizarrones cubiertos de polvo y los columpios del patio oxidándose bajo la lluvia.
Cada escuela abandonada es un fracaso del Estado. Es la evidencia física de que el gobierno no pudo mantener una comunidad viva, no pudo retener a las familias, no pudo ofrecer un futuro a los niños que justificara quedarse. Y cada escuela abandonada es, como hemos visto en caso tras caso, una infraestructura disponible para el crimen organizado.
El Estado la abandona, el narco la ocupa. Así de simple, así de devastador. La escuela Benito Juárez tenía una estructura típica de las escuelas rurales de Sinaloa, un edificio de una planta con seis salones de clase alineados frente a un patio central, una dirección pequeña, baños para niños y niñas, una cancha de basquetbol con tablero de madera y una barda perimetral de bloc de 1,80 de altura.
La barda suficiente para impedir la vista desde fuera. El patio era suficientemente grande para estacionar vehículos y los seis salones eran suficientemente amplios para albergar a 63 personas con el equipo necesario para operar durante semanas sin salir. El patio de la escuela había sido transformado en un área de estacionamiento y mantenimiento de vehículos.
La cancha de basketbol donde los niños jugaban durante el recreo tenía estacionadas cinco camionetas, dos pickup de doble cabina con vidrios polarizados, dos SUV toderreno y una camioneta de redilas que usaban para transportar provisiones y equipo pesado por los caminos de la sierra. Las camionetas estaban cubiertas con lonas de camuflaje que las hacían menos visibles desde el aire.
Una precaución contra los drones de vigilancia del ejército que ocasionalmente sobrevolaban la sierra. Junto a las camionetas había un área de mantenimiento improvisada, gatos hidráulicos, herramientas, bidones de gasolina, llantas de repuesto. Las camionetas necesitaban mantenimiento constante porque los caminos de la sierra destruyen la suspensión, revientan llantas y llenan los filtros de tierra.
Un mecánico que era parte de los 63 daba servicio a los vehículos entre misiones. La reja perimetral de la escuela tenía una modificación que los soldados notaron inmediatamente. Habían soldado láminas de acero galvanizado en la parte interior de la barda de block, elevando la barrera visual a más de 2,5 m. Desde fuera la barda seguía pareciendo la misma barda de block de siempre, pero desde dentro las láminas impedían que cualquiera que pasara por el camino del pueblo pudiera ver el interior del patio. Era blindaje visual.
La escuela se veía cerrada y abandonada desde fuera. Desde dentro era un cuartel con cinco camionetas, equipo militar y 63 pers

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