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🇲🇽🚨OAXACA EN ALERTA: SEDENA IRRUMPE EN CONVENTO DEL 1600: CJNG CONVIRTIÓ CLAUSTROS EN DORMITORIOS

La monja pintó un ángel en la pared de su celda en 1643. Un ángel pequeño con alas doradas y túnica azul, con las manos juntas en oración y los ojos mirando hacia arriba, hacia el techo de bóveda donde ella imaginaba que estaba el cielo. Lo pintó con pigmentos que ella misma molió, azul de añil, dorado de ocre, blanco de cal.
lo pintó con un pincel hecho de pelo de cabra amarrado a una varita de carrizo y lo pintó en secreto porque las reglas de la orden no permitían decorar las celdas. La celda era para rezar, dormir y sufrir. La belleza era para la capilla. Pero la monja pintó su ángel de todos modos.
Porque tr años de encierro en una celda de 2 por 3 m sin más compañía que un crucifijo y un jergón de paja, le habían enseñado que el alma necesita belleza para no pudrirse. Y ese ángel con sus alas doradas y su mirada al cielo era lo que la mantenía cuerda. 381 años después, un soldado de la Sedena iluminó la pared de esa celda con su linterna táctica y vio al ángel difuminado por los siglos, con el azul convertido en gris y el dorado en marrón, pero ahí mirando hacia arriba, con las manos juntas y debajo del ángel en el suelo de la celda había un colchón
enrollado, una mochila con ropa de camuflaje, un radio de comunicaciones cargándose en un enchufe que alguien instaló en la pared. pared de piedra del siglo X y un rifle de asalto AR15 recargado contra el muro donde la monja rezaba sus oraciones hace casi cuatro siglos. El ángel y el rifle, la oración y la guerra.


1643 y 2025 en la misma celda, en el mismo muro, a centímetros de distancia. Es la imagen que define este caso y es la imagen que te voy a pedir que guardes en la cabeza mientras te cuento todo lo que La Sedena encontró cuando irrumpió en un convento del siglo XV en la sierra de Oaxaca que el CJNG había convertido en su base de operaciones más insólita y más sacrilega.
El convento fue construido entre 1612 y 1638 por frailes dominicos que llegaron a la sierra de Oaxaca con la misión de evangelizar a las comunidades indígenas, zapotecas y mixes de la región. Es una construcción monumental de piedra y argamasa con un claustro de dos niveles. Una capilla con bóveda de cañón, un refectorio con arcos de medio punto, 28 celdas distribuidas en los dos pisos del claustro, una huerta amurallada, un pozo de agua y una torre campanario de 18 m que domina el valle.
Durante 200 años el convento fue un centro de vida religiosa, educativa y económica para la región. Los frailes enseñaban a leer a los indígenas. Les enseñaban oficios, les enseñaban la doctrina católica. Y a cambio los indígenas construyeron las paredes, tallaron las piedras, pintaron los muros y mantuvieron el edificio con la destreza de sus manos y el sudor de sus espaldas.
El convento es como tantos conventos coloniales de Oaxaca, un monumento a la fe y a la explotación, a la belleza y al dolor, a la cultura que se impuso y a la cultura que sobrevivió debajo. Quiero hablar del convento como edificio porque entender su valor arquitectónico es necesario para entender la magnitud de lo que el CJNG le hizo.
Los conventos dominicos de Oaxaca son considerados por los historiadores del arte como algunas de las construcciones coloniales más importantes de América Latina. Santo Domingo de Guzmán en la ciudad de Oaxaca, con su fachada barroca y su interior cubierto de oro es el más famoso. Pero la sierra oaxaqueña tiene decenas de conventos menos conocidos que son igualmente extraordinarios en su arquitectura y en su arte.
con ventos construidos con piedra de cantera verde, con bóvedas que desafían la gravedad, con claustros que son ejercicios de proporción y de luz, y con pinturas murales que combinan la tradición europea con la sensibilidad indígena de los artistas zapotecos y mixtecos que las ejecutaron. El convento que el CJNG ocupó pertenece a esa tradición.
Su construcción duró 26 años, entre 1612 y 1638. Los frailes diseñaron el edificio siguiendo los cánones arquitectónicos de la orden domínica: claustro cuadrado, capilla de nave única, refectorio, sala capitular, celdas individuales, huerta. Pero los canteros apotecos que tallaron las piedras le imprimieron su propio vocabulario formal.
En los capiteles de las columnas del claustro, entre las hojas de acanto europeas, aparecen figuras de jaguares, serpientes emplumadas y mazorcas de maíz que los artistas indígenas incluyeron como firma cultural. Es un edificio mestizo en el sentido más profundo de la palabra, español en su estructura, zapoteco en sus detalles.
Las pinturas murales de la capilla fueron ejecutadas por artistas indígenas bajo la dirección de los frailes. Las escenas bíblicas siguen los modelos europeos que los frailes traían en libros de grabados, pero los colores son los de Oaxaca, el rojo de la grana cochinilla, el azul del añil, el amarillo del zapote y los rostros de los personajes bíblicos, si los miras con atención, tienen rasgos indígenas.
Los ángeles tienen pómulos altos, las vírgenes tienen cabello negro lacio, los apóstoles tienen ojos almendrados. Los artistas zapotecos pintaron a los personajes de la Biblia con sus propios rostros. Es un acto de apropiación cultural inverso. Los colonizados se apropiaron de la narrativa del colonizador y la convirtieron en algo propio.
Esas pinturas que sobrevivieron cuatro siglos de terremotos, de guerras, de abandono, ahora tienen ganchos de metal clavados en ellas y un graffiti de spray que dice ZNG sobre el juicio final. Es un daño que puede restaurarse materialmente, pero el acto de dañar una pintura de cuatro siglos para colgar un chaleco antibalas tiene una violencia simbólica que la restauración no puede borrar.
En el siglo XIX, con las leyes de reforma y la desamortización de los bienes eclesiásticos, el convento fue abandonado por los frailes, pasó a ser propiedad del gobierno, se usó como cuartel durante la revolución, se usó como escuela durante un tiempo, se usó como almacén agrícola y finalmente hace unas tres décadas se quedó vacío, sin uso, sin mantenimiento, sin nadie que lo cuidara.
El INA lo tiene catalogado como monumento histórico. Hay un letrero oxidado en la entrada que dice patrimonio cultural de México, prohibido dañar o alterar. Pero el letrero no detuvo al sexto TNG y el catálogo de LINA no le puso candado a la puerta. El CJNG llegó al convento hace aproximadamente año y medio. Lo encontró vacío, estructuralmente sólido gracias a la calidad de la construcción colonial que ha sobrevivido cuatro siglos de terremotos y abandono.
Y perfectamente ubicado en la sierra de Oaxaca, lejos de la carretera principal, rodeado de montañas, accesible solo por un camino de terracería de 20 km que sube desde el valle hasta el pueblo donde se encuentra el convento. El pueblo donde está el convento tiene menos de 200 habitantes. La mayoría son indígenas apotecos que viven de la agricultura de subsistencia y de la producción de mezcal artesanal.
El mezcal es el dato que conecta la economía local con la economía criminal de una manera que me parece reveladora. La sierra de Oaxaca produce el mejor mezcal de México. Mezcal artesanal que se destila en palen familiares con métodos que no han cambiado en generaciones. Piñas de agidas en horno de tierra, molidas a mano o con taona de piedra, fermentadas en tinas de madera y destiladas en ollas de barro o de cobre.
El mezcal artesanal de Oaxaca se vende en Estados Unidos a precios que van de 40 a 200 la botella. Es un producto de lujo que genera millones de dólares al año para la región. El CJNG lo sabe y una de las funciones de la célula del convento era controlar las rutas por las que el mezcal sale de la sierra hacia los puntos de distribución.
El cártel no produce mezcal, lo que hace es cobrar derecho de paso a los productores que necesitan bajar su mezcal de la sierra a la carretera principal. Un impuesto criminal sobre cada botella que sale de la sierra. Los productores que no pagan ven sus camionetas detenidas en los retenes del CJNG, su mercancía decomizada y sus chóeres amenazados.
Es la extorsión aplicada a una industria artesanal que sostiene a miles de familias en la sierra de Oaxaca. Familias que llevan generaciones produciendo mezcal y que ahora tienen que pagar tributo a un cártel de Jalisco por el privilegio de transitar por los caminos que ellas mismas abrieron con machete hace décadas.
La droga que el CJNG manejaba desde el convento venía de dos fuentes. La primera era la producción de amapola en las zonas altas de la sierra, que se procesa en goma de opio y se envía hacia laboratorios en Guerrero o Michoacán, donde se refina en heroína. La segunda era cocaína y metanfetamina, que llegaba desde la costa de Oaxaca, donde desembarcaba de lanchas provenientes de Centroamérica y que se transportaba por la sierra hacia los mercados del centro del país.
El convento estaba ubicado en el cruce de esas dos rutas, la ruta Sierra Costa, por donde subía la cocaína y la ruta Sierra Valle por donde bajaban la goma de opio y el mezcal extorsionado. Era un nodo logístico, un punto donde las mercancías cambiaban de manos, de vehículos y de escolta. Los cargamentos

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