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🇲🇽🚨MICHOACÁN DESPIERTA EN CRISIS: GAFES HALLAN BASE CJNG EN ACUEDUCTO COLONIAL: TÚNELES DE 300 AÑOS

El agua dejó de llegar a San Jerónimo un martes a las 6 de la mañana. Las mujeres que se levantaron a llenar sus cubetas antes de que saliera el sol abrieron la llave del grifo comunitario y no salió nada, ni un chorro, ni un hilo, nada. La llave tosió aire seco y se quedó muda. Y las mujeres que llevaban toda la vida dependiendo de ese grifo que se alimentaba del acueducto colonial que cruza el valle desde hace 300 años, miraron la tubería oxidada con la misma expresión con la que miras a alguien que siempre estuvo ahí y de pronto
desaparece. El acueducto de San Jerónimo fue construido entre 1718 y 1734 por frailes agustinos que necesitaban llevar agua desde un manantial en la sierra hasta su convento y las huertas que lo rodeaban. Es una obra de ingeniería hidráulica colonial de casi 4 km de longitud. una sucesión de arcos de cantera y tramos subterráneos que bajan el agua por gravedad desde la sierra hasta el valle, siguiendo la pendiente natural del terreno.
Durante 300 años, ese acueducto llevó agua a las comunidades del valle. Agua limpia, fría, de manantial de sierra, agua que las abuelas de San Jerónimo recuerdan haber bebido de niñas directamente del caño, con las manos juntas como cuenco, con el sabor mineral que tiene el agua que ha viajado por cantera durante 4 km. El agua dejó de llegar porque alguien bloqueó el acueducto.

Alguien metió algo dentro del canal subterráneo que impedía que el agua pasara. Y ese alguien era el cártel Jalisco Nueva Generación, que durante los últimos 14 meses había estado usando los tramos subterráneos del acueducto colonial como base de operaciones, como almacén, como ruta de transporte y como escondite para 67 combatientes armados que vivían dentro de los túneles de 300 años como ratas en una madriguera de cantera.
67 personas viviendo dentro de un acueducto del siglo XVII. En Michoacán, en el estado donde los cárteles llevan dos décadas peleando una guerra que ha convertido pueblos enteros en cementerios y sierras enteras en territorios sin ley. En el estado donde la palabra crisis dejó de ser noticia hace tanto tiempo que ya nadie la usa porque se quedó corta.
Michoacán, el estado que despierta en crisis cada mañana desde hace 20 años y que cada noche se acuesta preguntándose si mañana va a ser peor. El acueducto tiene dos secciones. Sección elevada, los arcos de cantera que cruzan el valle a una altura de entre 5 y 12 m sobre el suelo, visibles desde la carretera, fotografiados por turistas, catalogados por el INA como monumento histórico y la sección subterránea, los tramos donde el acueducto pasa por debajo de cerros y lomas, excavado en la roca o construido con bóveda de cantera, con una sección
transversal de aproximadamente metro y medio de ancho por 2 m de alto. Suficiente para que una persona camine agachada, suficiente para que el agua corra por el canal central, mientras a los lados quedan banquetas de piedra de unos 40 cm que los constructores originales usaban para caminar dentro del acueducto cuando necesitaban hacer mantenimiento o limpiar obstrucciones.
Estas banquetas de piedra de 40 cm diseñadas para que un fraile agustino caminara encorbado con una lámpara de aceite revisando el flujo del agua, ahora tenían colchonetas enrolladas, mochilas de camuflaje y rifles de asalto recargados contra la pared de cantera húmeda. Quiero hablar del acueducto como estructura antes de hablar de lo que el CJNG hizo con él.
Porque entender la ingeniería colonial es entender la ventaja militar que los túneles representan. Los frailes agustinos que construyeron el acueducto resolvieron un problema de ingeniería que sigue impresionando a los hidrólogos modernos. El manantial de la Sierra está a 340 m de altitud. El valle donde se encuentra el convento está a 290 m, 50 m de desnivel en 4 km de distancia, una pendiente de poco más del 1%.
Suficiente para que el agua fluya por gravedad, pero insuficiente para que fluya con fuerza. Los frailes calcularon la pendiente con una precisión que requiere instrumentos que en 1718 eran rudimentarios, niveles de agua, plomadas y una paciencia geométrica que hoy resolvería un software en segundos, pero que entonces requería meses de mediciones sobre el terreno.
El resultado fue un canal que mantuvo un flujo constante de agua durante 300 años sin bombas, sin electricidad, sin ningún tipo de energía que no fuera la gravedad. El agua entra por el extremo del manantial, recorre los 4 km de canal bajando centímetro a centímetro y sale por el otro extremo con la misma constancia con la que entraba hace tres siglos.
Los tramos elevados, los arcos de cantera cruzan los valles y las cañadas donde el terreno baja demasiado. Los tramos subterráneos atraviesan los cerros donde el terreno sube y la alternancia entre arcos y túneles sigue el perfil del terreno con una fidelidad que demuestra que los frailes conocían la topografía del valle con una intimidad que solo da caminarla 100 veces con una plomada en la mano.
Los tramos subterráneos suman aproximadamente 10000 m. 100 m de túnel de cantera a una profundidad de entre 3 y 15 m bajo la superficie, dependiendo de la altura del cerro que atraviesan. Cuatro tramos principales, uno de 400 m, uno de 350, uno de 280 y uno de 170. Cada tramo tiene una entrada y una salida, los puntos donde el canal pasa de subterráneo a elevado o viceversa.
Y cada entrada tiene una reja de hierro que el INAC instaló hace décadas. para evitar que la gente entrara a los túneles y se hiciera daño. Las rejas de Lina fueron cortadas con cizaya, cada una, las cuatro rejas de las cuatro entradas de los cuatro tramos subterráneos cortadas limpiamente y retiradas para dar acceso libre a los túneles.
El CJNG entró a los túneles del acueducto colonial, como entró al convento de Oaxaca, al cementerio de Puebla, a cada estructura histórica abandonada que ha ocupado, cortando el candado, abriendo la puerta y entrando como si fuera suyo. Quiero hablar de cómo se descubrió la base porque la cadena de eventos empieza con las mujeres del grifo seco.
Cuando el agua dejó de llegar a San Jerónimo, las mujeres del pueblo hicieron lo que hacen las mujeres de los pueblos de Michoacán cuando algo deja de funcionar. Fueron a ver qué pasaba. Un grupo de cuatro mujeres subió por el camino que bordea el acueducto hacia la sierra para buscar la obstrucción. Caminaron 1 kilómetro siguiendo los arcos de cantera que cruzan el valle.
Llegaron al punto donde el acueducto entra en el primer tramo subterráneo y vieron la reja cortada. La mujer que iba al frente del grupo se detuvo, miró la reja cortada, miró la oscuridad del túnel detrás de la reja y dio un paso atrás. Porque en Michoacán, una reja cortada en un lugar aislado de la sierra significa una sola cosa y esa cosa no tiene que ver con el mantenimiento hidráulico.
Las mujeres regresaron al pueblo, hablaron con el comisario Egidal. El comisario hizo unas llamadas y 48 horas después, un equipo de los gafes, las fuerzas especiales del ejército mexicano, estaba en la entrada del túnel con equipo de visión nocturna, armas con supresores de sonido y la orden de averiguar qué había dentro del acueducto del siglo XVII.
Quiero hablar de esas 48 horas entre la denuncia y la llegada de los gafes, porque lo que pasó en ese intervalo dice mucho sobre cómo funcionan las comunidades de la sierra de Michoacán. Cuando el comisario Ejidal se enteró de la reja cortada, su primer instinto no fue llamar al ejército, su primer instinto fue llamar a los otros comisario

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