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🇲🇽🚨¡MARINOS HALLAN ARSENAL EN SUPERMERCADO ABANDONADO! CJNG USA CONGELADORES PARA ARMAS 84 DETENIDOS

El supermercado cerró en 2019. Una cadena regional que no aguantó la competencia de los grandes, las deudas con los proveedores, la caída de clientes que preferían irse al Walmart de la carretera. bajó la cortina un viernes por la tarde. Los empleados se llevaron sus cosas en bolsas de plástico.

 El dueño puso un candado y el edificio se quedó ahí en una avenida principal de un municipio de Jalisco, con el letrero todavía colgando, los carritos de compras oxidándose en el estacionamiento y los anaqueles vacíos visibles a través de los vidrios sucios de la fachada. 3 años vacío, 3 años juntando polvo, graffiti en las paredes, vidrios rotos, basura que el viento metía por las rendijas.

 Los vecinos se acostumbraron a verlo como parte del paisaje urbano deteriorado de la zona. Otro negocio que tronó, otro local abandonado, otro pedazo de ciudad que nadie reclama hasta que alguien sí lo reclamó. Los marinos que entraron a las 4 de la mañana un miércoles esperaban encontrar un punto de almacenamiento de drogas.

 La inteligencia indicaba que el edificio del supermercado abandonado estaba siendo utilizado por el CJNG como bodega. Esperaban paquetes, esperaban estivas, esperaban droga apilada en los pasillos donde antes había latas de frijoles y botellas de aceite. Lo que encontraron fue diferente y peor, mucho peor. Los anaqueles seguían vacíos. Los pasillos seguían polvorientos.

 La sección de frutas y verduras seguía con sus estantes de plástico verde desteñido por el sol que se filtraba por los tragalces del techo. Pero la sección de congelados, la que está al fondo de todos los supermercados, detrás de la carnicería y la cremería, esa sección había sido transformada. Los congeladores industriales, esas vitrinas horizontales con tapa de vidrio donde se exhiben las bolsas de verduras congeladas, las pizzas, los helados, seguían ahí 18 congeladores en fila, [música] desconectados obviamente desde

que el supermercado cerró, con los vidrios empañados por dentro, con los cables de corriente enrollados y colgando de las agarraderas, parecían lo que eran congeladores abandonados en un supermercado abandonado. Los marinos los abrieron. Dentro de los congeladores no había pizzas. Había rifles, pistolas, granadas, municiones, chalecos antibalas, equipo táctico, radios de comunicación, visores nocturnos, todo metido dentro de los congeladores como si fueran productos en exhibición, organizados por tipo, envueltos en

plástico y tela para protegerlos de la humedad, acomodados con el mismo cuidado con el que un empleado de supermercado acomodaría los productos en el estante. 18 congeladores, cada uno con su contenido. Rifles AR15 en los primeros tres. Rifles AK47 en los siguientes dos, pistolas de diferentes calibres en el sexto y el séptimo, granadas y explosivos en el octavo, separados del resto por razones obvias de seguridad.

Municiones en el noveno y el décimo, organizadas por calibre en cajas de plástico etiquetadas, chalecos antibalas y cascos en el undécimo y duodécimo. Equipo de comunicación en el 1ercero, visores nocturnos y equipo óptico en elo. Y los últimos cuatro congeladores contenían algo que los marinos no esperaban.

 Componentes de drones, motores, hélices, cámaras, baterías, controles remotos y armazones de drones de diferentes tamaños, algunos ya ensamblados y otros en piezas, listos para ser armados. un supermercado convertido en arsenal, congeladores convertidos en estantes de armas y componentes de drones de combate almacenados donde antes había helados de chocolate.

Pero el supermercado no estaba abandonado del todo. Porque cuando los marinos terminaron de revisar la sección de congelados y se movieron hacia la parte trasera del edificio, hacia la zona que en un supermercado normal es el almacén, la cámara de refrigeración, la oficina del gerente y el andén de descarga, encontraron que esa zona había sido completamente remodelada y ahí estaban 84 personas, 84 operadores del CESCO NG viviendo en la trastienda de un supermercado abandonado.

 El almacén había sido convertido en dormitorio. La cámara de refrigeración, que ya no refrigeraba, era un cuarto de operaciones con mesas, computadoras, mapas en las paredes y un sistema de comunicaciones por radio. La oficina del gerente era la habitación del jefe de la célula y el andén de descarga donde antes los camiones de proveedores dejaban la mercancía era ahora el punto de entrada y salida de vehículos del CJNG que llegaban de noche a cargar armas, dejar suministros y rotar personal. 84 personas. Es el número más

alto de detenidos en un solo punto que hemos cubierto en este canal. más que los 76 del taller de blindaje de Guadalajara, más que los 63 de la bodega de Ecatepec, 84 personas operando desde un supermercado que los vecinos creían vacío y lo que encontraron en la antigua cámara de refrigeración, lo que había en las computadoras, lo que revelan los interrogatorios sobre la función de este punto dentro de la estructura del CJNG en Jalisco, es lo que te vine a contar.

Quédate porque este caso tiene implicaciones que van mucho más allá de un arsenal en unos congeladores. El municipio donde estaba el supermercado forma parte de la zona metropolitana de Guadalajara. No voy a dar el nombre exacto por razones de seguridad operativa. Es un municipio denso, de clase media baja, con avenidas comerciales que mezclan tiendas de ropa, ferreterías, papelerías, farmacias, bancos y los locales vacíos que dejó la crisis económica de los últimos años.

 Es el tipo de municipio donde caminas por una avenida y cuentas tres negocios abiertos por cada dos cerrados, donde los letreros de se renta y se vende son tan comunes como los de abierto. En ese contexto, un supermercado cerrado no llama la atención. Es uno más en la lista de negocios que no sobrevivieron. Los vecinos pasan frente a él todos los días camino al trabajo, camino a la escuela, camino al mercado.

 Lo ven sin verlo. Se volvió invisible por familiar. Y esa invisibilidad es exactamente lo que el CJNG buscaba. La inteligencia que llevó a los marinos hasta el supermercado empezó con algo que parece sacado de una película de espías, Un paquete extraviado. Un servicio de mensajería nacional entregó por error un paquete destinado al supermercado abandonado en una dirección equivocada, una casa particular a dos cuadras de distancia.

 El destinatario del paquete en la casa, confundido porque él no había pedido nada, lo abrió. Adentro había componentes electrónicos que no pudo identificar, circuitos, sensores, un módulo de GPS. Intrigado, llamó a la empresa de mensajería para reportar el error. La empresa verificó la dirección de entrega original.

 Era el supermercado abandonado. El dato llegó por canales que la marina no ha revelado a los analistas de inteligencia naval. un paquete con componentes electrónicos dirigido a un supermercado que se supone está cerrado. Raro, suficientemente raro como para investigar. Y aquí quiero detenerme a reconocer al ciudadano que reportó el paquete porque pudo haberlo tirado a la basura, pudo haberlo ignorado, pudo haber dicho, “No es mi problema” y seguir con su vida.

 En cambio, llamó a la empresa de mensajería. reportó el error y esa llamada puso en marcha una cadena de investigación que terminó con el desmantelamiento de una base del CJ y la detención de 84 personas. Un ciudadano que hace una llamada, una llamada que salva una investigación que salva vidas. Es el mismo patrón que vemos en muchos de los casos que hemos cubierto.

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