El 7 de marzo de 2025, en la sala 25A de la Corte Federal del distrito de Columbia en Washington DC, una jueza llamada Baril. Howell leyó en voz alta una sentencia que duró casi 3 horas en dictarse. El hombre sentado frente a ella tenía 34 años. Nació en San Francisco, California. Ciudadano americano de nacimiento. Habla inglés.
Tiene hijos que le escriben cartas en papel de cuaderno diciéndole que lo extrañan. La jueza Hell no se inmutó. Cadena perpetua. Más 30 años adicionales, más una multa de 6,026 millones dó. La más alta jamás impuesta contra un miembro de un cártel mexicano en un tribunal estadounidense sin posibilidad de libertad condicional.
Los medios mexicanos que cubrían la audiencia describieron la reacción del acusado con una sola palabra, ninguna. Rubén Oseguera González, conocido como El Menchito, escuchó su sentencia sin mover un músculo de la cara. No parpadeó de más, no palideció, no lloró. Se quedó quieto como alguien que ya sabe que la partida terminó mucho antes de que el árbitro pitara el final.
El hombre que escuchó esa sentencia ese día es en muchos sentidos uno de los personajes más trágicos y más perturbadores del narcotráfico mexicano del siglo XXI. Porque la historia de El Menchito no es la historia de un hombre que eligió el crimen. Es la historia de un hombre al que el crimen eligió desde antes de que pudiera entender qué era el crimen.
Nació en la ciudad equivocada con el apellido equivocado. Y eso en el mundo en el que nació lo condenó antes de aprender a caminar. Esta es su historia completa. Desde San Francisco hasta Washington. Desde los 14 años hasta los 34, desde el primer operativo fallido hasta la celda de confinamiento solitario, donde hoy pasa 23 horas al día.
Una historia de herencia, violencia, lealtad mal puesta y al final la pregunta que no tiene respuesta cómoda. ¿Cuánta responsabilidad tiene una persona por los crímenes que comete cuando el mundo que la formó no le dejó otra opción? Y también esta otra pregunta que es igual de incómoda. ¿Importa eso en lo absoluto cuando tienes la sangre de más de 100 personas en las manos? Vamos por partes.
sentencia presentado ante la jueza Howell en 2025.
Su cliente fue reclutado por su padre a los 14 años sin tener otra opción. Creció en un ambiente violento, rodeado de familiares dedicados al narcotráfico. No eligió este camino. El camino lo eligió a él. La jueza Hawuell leyó el memorando, lo consideró y luego dictó cadena perpetua de todas formas. Hay una frase que dijo la fiscal Kaitlyn Sangny al concluir sus argumentos en el juicio de septiembre de 2024 en Washington DC, que resume perfectamente la trayectoria de Rubén Ceguera González.
mejor que cualquier otra cosa que se haya dicho sobre él. Pasó de ser el segundo en una plaza a ser el segundo en un cartel entero. Ese ascenso tomó aproximadamente una década y cada escalón de ese ascenso está documentado con una precisión aterradora en los expedientes del Departamento de Justicia de los Estados Unidos.
Los primeros años después de los 14, el menchito era básicamente el aprendiz del rey. Acompañaba a su padre a reuniones, observaba, escuchaba, aprendía cómo funciona el negocio, quién manda, quién obedece, cómo se mueven los cargamentos, cómo se manejan los conflictos. En ese mundo, los conflictos no se resuelven con abogados ni con acuerdos escritos.
se resuelven con balas o con el miedo a las balas. Aprendió esa lección bien. Para cuando el CJNG se formó formalmente alrededor de 2009-2011, cuando Nemesio o Ceguera Cervantes rompió con el cártel del milenio y empezó a construir su propio imperio, Rubén González ya era un operador establecido. Tenía vein y tantos años.
Ya había visto cosas, ya había hecho cosas, ya tenía su propio círculo de sicarios al que llamaba con una grandilocuencia que dice mucho sobre su carácter, fuerzas especiales del alto mando. Su apodo en esa época era múltiple: el Junior, el Rojo, el Rubencito, el niño, el R2, el 02 y sí, el Menchito, el diminutivo del apodo de su padre.
hijo del Mencho, la segunda generación del poder. Se hacía llamar El Señor de la Perla, refiriéndose a Guadalajara como su ciudad. Un joven de veintitantos años en el Guadalajara de los años 2010, circulando en convoyes de hasta 100 sicarios con un arsenal que incluía rifles AR15 personalizados con las siglas del cártel grabadas, lanzagranadas y armas de calibre 50.
No era discreción, era exhibición de poder. Pero hay algo que los expedientes judiciales también revelan y que separa a el menchito de su padre en un aspecto importante, donde Nemesio era frío, calculador, estratégico. Su hijo tenía una impulsividad y una crueldad que iba más allá de lo que el negocio requería.
Su padre mató gente cuando fue necesario. Su hijo mataba por cualquier cosa. el juicio de El Menchito en Washington DC, que comenzó en septiembre de 2024 y se extendió casi un mes. Fue una de las ventanas más reveladoras jamás abiertas al funcionamiento interno del CJNG, porque los testigos que desfilaron por esa sala no eran analistas de la DEA ni académicos del crimen organizado, eran personas que habían estado ahí, que habían visto, que habían participado.
Uno de los testigos más importantes fue el Pidio Mojarro Ramírez. conocido como El Pilo, exoperador del cártel del Milenio y enemigo declarado de El Mencho. El Pilo aseguró conocer a El Menchito desde que tenía 17 años y lo describió como alguien siempre cercano a su padre, aprendiendo el oficio de manera progresiva.
Reuniones con líderes de otras células, supervisión de envíos de droga, gradual toma de responsabilidades. Otro testigo clave fue Óscar Nava Valencia, el lobo, quien fue parte del liderazgo del cártel del Milenio y narró como el Menchito ascendió dentro del CJNG coordinando envíos de toneladas de droga desde los 15 años de edad.
El Departamento de Justicia también presentó mensajes de texto de un Blackberry, propiedad de Oseguera González, en los que hablaba del trasciego de drogas y armas y sobre secuestros. Comunicaciones que los fiscales usaron para reconstruir su papel en la organización año por año. Pero el testigo más devastador para el menchito fue Herminio Gómez Ansira, conocido como el indio.
El indio no era cualquier persona. fue durante años el director de la policía municipal de Villa Purificación, Jalisco, y al mismo tiempo era colaborador cercano del CJ y en algún momento jefe de escoltas de el Mencho. Es decir, fue exactamente el tipo de funcionario corrupto que convierte ciertas regiones de México en zonas donde el Estado y el crimen organizado son prácticamente el mismo organismo.
El indio habló durante horas en esa sala en Washington. Y lo que dijo pintó un retrato de El Menchito que va mucho más allá de los crímenes formales por los que fue juzgado. Contó como el Menchito diversificaba las actividades del cártel, incluyendo su esfuerzo por empujar la producción de fentanilo. Hay un testimonio específico que documentaron las autoridades.
En 2013, elchito hizo planes para hacerla en grande con pastillas de oxicontina falsificadas justo antes de que comenzara la epidemia de fentanilo en Estados Unidos. Y en 2015 declaró abiertamente que estaba construyendo un imperio con fentanilo. Esa frase, según el Departamento de Justicia, es literal. Está en los registros.
El indio también contó anécdotas que ilustran el carácter de el menchito con una claridad que ninguna estadística podría replicar. Estaban en una boda en villapurificación. El menchito le pidió a su chóer que estacionara el coche. El chóer tardó unos segundos más de lo que el menchito consideraba aceptable. El menchito desenfundó su pistola y le disparó en la cabeza frente a todos los invitados a la boda.
El hombre que contó esa historia era el novio de esa boda. Herminio Gómez Ansira se casaba esa noche y en medio de su propia fiesta de bodas vio como el hijo del capo ejecutaba a sangre fría a un hombre por no estacionar el coche rápido. El mismo testigo narró que en 2015 el menchito degolló personalmente a cinco hombres que le debían dinero por drogas. vendidas en Estados Unidos.
Cuando terminó, pidió una camisa limpia porque había manchado la suya con sangre. Lo que siguió fue entregarle la camisa sin decir nada. A otras víctimas las disolvió en ácido. Mataba por cualquier motivo, aseguró el testigo. Los fiscales del Departamento de Justicia lo pusieron en términos directos en el memorando de sentencia.
El acusado no es nada menos que un asesino serial frío y calculador. Los expedientes también documentan una escena que tiene algo de su realista, un mensaje interceptado en el que el menchito relata que tenía a 13 personas atadas. A una de ellas la liberó solo después de que el hombre accedió a fabricar pastillas de fentanilo para él.
Las otras 12 no salieron en el relato y el Departamento de Justicia calculó que el menchito ordenó el asesinato de más de 100 personas a lo largo de su carrera criminal. Más de 100. La mayoría de esos crímenes nunca llegarán a ningún tribunal. Son simplemente el costo operacional del negocio en el que nació.
El primero de mayo de 2015 es la fecha que cambia la historia de El Menchito para siempre. Ese día el CJNG hizo algo que ningún cártel mexicano había hecho antes. Derribó un helicóptero militar con un lanzacohetes. Hay que entender el contexto. Las fuerzas armadas mexicanas habían desplegado un operativo de alto impacto en Villa Purificación, Jalisco, con información de que el Mencho podría estar en la zona.
La misión era tan secreta que la mayoría de los agentes participantes ni siquiera sabía cuál era el objetivo real. Cuatro helicópteros despegaron de Colima con dirección a Villa Purificación. Uno de ellos era un cugar con matrícula 1009 de la Fuerza Aérea Mexicana con 18 personas a bordo, cinco tripulantes, 11 militares y dos agentes de la Policía Federal.
Lo que encontraron no fue un operativo de detención, fue una emboscada. Sicarios del CJNG, bien posicionados en la carretera que conecta Villa Purificación con Casimiro Castillo, abrieron fuego con rifles M16 de grado militar, ametralladoras calibre 50 y luego el golpe definitivo, un lanzacohetes RPG7 de origen ruso. El cohete impactó el rotor de cola del helicóptero.
La aeronave perdió el control inmediatamente se incendió, cayó. En el lugar murieron nueve personas, entre ellas ocho militares y una agente de la Policía Federal. Otros sobrevivieron, muchos con heridas graves. Uno de los sobrevivientes fue un suboficial de la policía federal llamado Iván Morales Corrales. El cohete lo dejó con quemaduras en el 70% de su cuerpo.
Los paramédicos que llegaron al lugar dudaron de que pudiera sobrevivir. Pasó 5 meses hospitalizado, más de 15 cirugías reconstructivas. El hospital empezó a llamarlo el héroe. En diciembre de 2015, el presidente Enrique Peña Nieto le entregó el reconocimiento al mérito policial de primera clase en el Auditorio Nacional y le dieron una casa.
Ese mismo año, en noviembre, nació su hijo, el bebé que supo que venía en camino la mañana que abordó ese helicóptero y que fue, según sus propias palabras, la razón por la que se aferró a la vida mientras se arrastraba en llamas fuera de la aeronave. La historia de Iván Morales Corrales tendría su capítulo final en abril de 2025.
Un día antes del décimo aniversario del ataque al helicóptero, Morales y su esposa fueron interceptados y asesinados a tiros en Temixo, Morelos. Había testificado contra el Menchito en Washington en septiembre de 2024. Nadie necesita explicar la conexión. ¿Y quién ordenó derribar el helicóptero aquel 1 de mayo de 2015? Los fiscales de Estados Unidos sostuvieron en el juicio que fue el menchito, no su padre, el hijo Rubén Oseguera González, que en ese momento tenía 25 años, acababa de someterse a una cirugía de nariz para alterar su
apariencia y evadir la detección y se encontraba en el mismo convoy que huía del operativo militar. Herminio Gómez Ansira declaró que escuchó a Elmenchito dar la orden por radio durante la persecución, que fue él quien dijo a sus hombres que derribaran la aeronave para proteger la huida de su padre.
La escena del crimen también dejó evidencia física. Los peritos encontraron dos cinturones entre los restos. Uno tenía grabadas las iniciales Jr. Uno de los apodos de El Menchito, el otro tenía grabados de gallos y una M. Las armas que utilizaron tenían el patrón de camuflaje de píxeles exclusivo de los sicarios de El Menchito y estaban pintadas con las siglas CJNG y sus apodos personales.
Menos de dos meses después de sobrevivir a ese operativo, el Menchito fue detenido y esa captura fue la tercera vez que las autoridades mexicanas ponían las manos encima de Rubén o Ceguera González. Cada una de esas tres veces revela algo diferente sobre cómo funciona el sistema judicial mexicano cuando el acusado tiene suficiente dinero y suficiente poder para doblar las reglas.
La primera detención fue el 30 de enero de 2014 en Zapopan. Un operativo conjunto del ejército y la marina lo capturó en una finca de la colonia Patria Universidad junto a cuatro personas más. En el lugar encontraron cuatro armas largas, cuatro cortas, más de 17 millones de pesos en efectivo y más de $600,000 en cash.
Cuando el CJNG se enteró, reaccionó con tres bloqueos con vehículos incendiados en la zona metropolitana de Guadalajara. La señal era clara, libérenlo o paguen las consecuencias. El entonces titular de la PGR, Jesús Murillo Caram, confirmó la detención con toda solemnidad. El Menchito fue trasladado al penal de máxima seguridad del altiplano en el Estado de México.
En octubre de ese mismo año, un juez ordenó su liberación por falta de pruebas. El Menchito salió del altiplano y fue detenido inmediatamente al salir por agentes de la Agencia Federal de Investigaciones que tenían otra orden activa contra él. adentro del penal de nuevo. Fuera en diciembre cuando otro juez concluyó que no había pruebas suficientes para los cargos de narcotráfico.
¿Cómo es posible que el número dos del cártel más violento de México sea capturado con millones de dólares en efectivo y una bodega de armas y quede libre dos veces en un año por falta de pruebas? Esa pregunta no tiene respuesta cómoda, tiene solo el nombre de un fenómeno que los mexicanos conocen bien, el sistema. La segunda captura en 2015 fue más complicada logísticamente porque el muchacho se había operado la nariz literalmente.
Tras ser liberado a finales de 2014, el menchito se sometió a una rinoplastia para alterar su apariencia y que fuera más difícil reconocerlo. Por eso, cuando lo capturaron en junio de 2015, circuló esa imagen que su audiencia probablemente ha visto. El menchito con una venda blanca en la nariz, flanqueado por soldados. Las autoridades tuvieron que hacer pruebas de ADN para confirmar que era quien creían que era.
Esa segunda captura fue en Lomas de Altamira, Zapopan, a las 2:15 de la madrugada. Un operativo del ejército y la policía federal dispararon primero a las cámaras de seguridad con pistolas de paintball para ocultarlas. Cortaron la electricidad y entraron al fraccionamiento. Lo encontraron dentro de un vehículo junto a su cuñado, Julio Alberto Rodríguez Castillo.
Esta vez viajaba sin escoltas bajando el perfil después de la primera captura. fue trasladado al penal del altiplano de nuevo, esta vez con cargos más sólidos, posesión ilegal de armas de fuego, participación en crimen organizado y en octubre de 2015 se añadió otro caso. acusación formal de ser el segundo al mando del CJ y ordenar homicidios contra rivales.
5 años preso en México esperando ser extraditado, tiempo que según los propios expedientes del Departamento de Justicia de Estados Unidos, usó para seguir controlando las operaciones del CJNG desde su celda, negociando transacciones de drogas, aprobando la compra de armas, tomando decisiones sobre el cártel a través de mensajeros y redes de comunicación que entraban y salían del penal, preso pero operando encerrado pero en el negocio.
El 21 de febrero de 2020, Rubén Osceguera González fue extraditado a los Estados Unidos. El gobierno de México, después de años de resistencia y de recursos legales presentados por la defensa del acusado, aprobó finalmente el traslado. En Washington DC se declaró no culpable. Estrategia estándar. Lo que vino después fue uno de los juicios por narcotráfico más complejos y reveladores que la justicia americana ha llevado contra un miembro del CJ.
4 años de preparación, más de 4 años de recopilación de evidencia, protección de testigos, coordinación bilateral entre México y Estados Unidos. Durante ese tiempo, dos testigos potenciales fueron asesinados en México. El Departamento de Justicia lo documentó explícitamente. El gobierno tiene información de que al menos uno de los testigos asesinados murió para prevenir que testificara contra el acusado.
La Fiscalía de Estados Unidos pidió medidas especiales de protección para los testigos que sí sobrevivieron. Varios de ellos testificaron con nombres ficticios. El proceso tuvo varios momentos de drama procesal. A principios de 2023, el Menchito solicitó llegar a un acuerdo de culpabilidad. Cambio de abogados.
Nuevo abogado, nueva estrategia. Los fiscales ofrecieron un trato. 40 años de prisión a cambio de declararse culpable de dos cargos específicos. El acuerdo se negoció durante semanas. En mayo de 2024, el Menchito lo rechazó. ¿Por qué rechazó el acuerdo? La apelación posterior de su defensa sugiere una razón que pocos medios han reportado.
Supuestamente la condición para el acuerdo incluía que el Menchito cooperara con las autoridades, es decir, diera información sobre su padre. El Menchito habría negado el acuerdo porque cooperar contra el Mencho le fue pedido implícita o explícitamente como condición. Si eso es cierto, el Menchito eligió la cadena perpetua por encima de traicionar a su padre.
Hay algo en eso que es, dependiendo de dónde se mire, absolutamente comprensible o absolutamente absurdo. El juicio comenzó en septiembre de 2024, dos semanas de audiencias. Los testimonios de todos los testigos que ya mencionamos, los mensajes de Blackberry interceptados donde el menchito hablaba del trasciego de drogas, armas y secuestros.
El testimonio del agente especial de la DEA, Kevin Novick, que interpretó las comunicaciones interceptadas ante el jurado. El 20 de septiembre de 2024, el jurado declaró a el menchito culpable de los dos cargos, conspiración para traficar cocaína y metanfetamina con la intención de importarlas a Estados Unidos y uso, portación y manejo de armas de fuego, incluyendo dispositivos destructivos en apoyo de esa conspiración.
Los números que presentaron los fiscales para sustentar la condena son difíciles de procesar. Entre 2012 y 2015, el Menchito supervisó la fabricación de más de 3 millones de libras de metanfetaminas en una zona de México. En abril de 2015 dirigió personalmente la distribución de más de 55,000 libras de cocaína. Tosana es responsable de importar más de 50 toneladas métricas de cocaína a Estados Unidos.
y de supervisar laboratorios que produjeron más de 1000 toneladas métricas de metanfetamina en México. La fiscal general adjunta Lisa Monaco lo resumió así. Rubéneguera González fue pionero en la fabricación de fentanilo en México para ayudar a convertir el cartel de Jalisco de su padre en uno de los sindicatos de drogas más poderosos del mundo.
Antes de que la jueza Huell dictara sentencia el 7 de marzo de 2025, recibió una colección de cartas que forman quizás el documento más humano de toda esta historia. Sus abogados presentaron un memorando solicitando la pena mínima de 40 años. argumentando que su cliente fue reclutado siendo menor de edad por su padre, que creció en un entorno donde el crimen era lo único que existía, que no tuvo otra opción.
La abuela del Menchito, Estela Valencia Farías, una mujer de 81 años cuyos hijos son los líderes de los Queen escribió que lo recordaba como un niño noble y obediente. No lo juzgue por los delitos de su padre. Él no escogió el papá que le tocó. No es la persona que dicen que es. Su hija mayor, Jessica Michelle oera Gutiérrez, de 14 años, escribió, “Los recuerdos que vienen a mi memoria de papi son jugando conmigo muñecas y armando mi castillo de princesas.
Recibí mucho amor y cariño de parte de él. Hasta un sacerdote de la Arquidiócesis de Guadalajara escribió, describiéndolo como promotor de la devoción a San Judas Tadeo, el santo patrono de las causas imposibles. Pero la carta más desgarradora fue la de su hijo menor, Rajimosera Gutiérrez tenía 9 años cuando escribió esa carta.
La escribió con letra de niño, casi garabatos. Decía, “No he podido convivir mucho con mi papi y quiero tenerlo cerca. Lo extraño y me hace mucha falta. En la cárcel jugaba conmigo con una tapa de un vaso. Tómense un momento con eso. Un niño de 9 años, cuyo mejor recuerdo de su padre es jugar con la tapa de un vaso durante una visita en prisión.
Su esposa también escribió, “Los años que pasé a su lado han sido los más felices de mi vida. Cada día que pasa extraño su cariño y su presencia. Me duele que su hijo menor solo haya podido conocerlo en prisión. La jueza Howell leyó todas esas cartas, las tomó en cuenta y luego dictó cadena perpetua más 30 años de todas formas.
Porque al mismo tiempo que los abogados presentaban esas cartas, los fiscales presentaban otro documento. El memorando donde describían al acusado como un asesino serial, frío y calculador, enumeraban los asesinatos que cometió con sus propias manos y a través de sus sicarios y recordaban que más de 100 personas murieron por sus órdenes o a sus manos y que el volumen de drogas que introdujo a los Estados Unidos había contribuido a una crisis de salud pública que mata a decenas de miles de americanos cada año. Los hijos que
jugaban con él en la cárcel son reales. Los 100 muertos también son reales. Hay un número en la sentencia de El Menchito que merece atención porque ilustra algo importante sobre cómo piensa la justicia americana cuando se enfrenta al crimen organizado de esta escala. 6,000 sil 26 millones dó.
Esa es la multa que le impuso la jueza Howell a Rubénuera González, además de la cadena perpetua. Según la Fiscalía, esa cifra representa aproximadamente la mitad de las ganancias totales atribuidas al CJ bajo su operación. Es la cifra más alta, jamás impuesta contra un miembro de un cártel mexicano en un tribunal estadounidense.
No el Chapo, cuyo juicio fue más mediático. No ningún otro. Rubenoeguera González, el hijo nacido en San Francisco el día de San Valentín de 1990, tiene la multa criminal más grande en la historia de la justicia americana aplicada a México. ¿Va a pagar esa multa? Nadie con sentido común cree que sí.
No hay registro de que esa cantidad ni ninguna cantidad cercana a ella haya comenzado a transferirse. El dinero de los narcos es, en su mayor parte invisible a los sistemas legales que intentan recuperarlo. Está en paraísos fiscales, en activos distribuidos, en nombres de prestanombres en cinco continentes. Una multa, por gigantesca que sea, no puede congelar lo que ya está escondido.
Después de la sentencia del 7 de marzo de 2025, el Menchito fue trasladado a una de las prisiones más duras del sistema federal americano, el ADX Florence en Colorado, conocida como Alcatrz de las rocosas o simplemente la Supermax, el lugar donde Estados Unidos guarda a las personas que considera demasiado peligrosas o demasiado informadas para el sistema penitenciario regular.
La lista de residentes del ADX Florence incluye terroristas internacionales, espías y algunos de los criminales más peligrosos del mundo. El Chapo estuvo ahí. El Menchito pasa 23 horas al día en su celda. Una hora para ejercicio en solitario. Contacto mínimo con otros presos, sin compañía, sin ventanas al exterior.
Confinamiento solitario casi total. Sus abogados señalaron en la apelación que el traslado a ADX Florence representó un castigo extra no contemplado en la sentencia original y documentaron los efectos del régimen de aislamiento en la salud mental de los internos: ansiedad, insomnio, pérdida de memoria, autolesiones, deterioro cognitivo.
La defensa presentó su apelación en diciembre de 2025 ante la Corte Federal del Distrito de Columbia. Los argumentos son varios. Testimonios cuestionables de testigos con beneficios propios por cooperar. Un ambiente de prejuicio mediático que comprometió la presunción de inocencia, la narrativa sensacionalista que rodeó el juicio y la tesis más provocadora de todas, que la imposibilidad de capturar a su padre influyó directamente en la severidad con que se procesó al hijo.

Ante la imposibilidad de detener a el Mencho, dice el escrito de apelación. El gobierno optó por procesar con el máximo rigor a Oseguera González como alternativa para golpear a la organización criminal. Hay algo de verdad en ese argumento que es incómodo de reconocer. La obsesión de Estados Unidos con el CJNG y la frustración de no poder tocar directamente a Nemesio o Ceguera Cervantes durante más de una década probablemente sí influyó en el rigor con que se trató el caso del hijo.
Pero hay también algo en ese argumento que resulta difícil de sostener cuando se ponen frente a frente los 3 millones de libras de metanfetaminas, los 100 muertos, el helicóptero derribado y la tapa de vaso con la que su hijo de 9 años jugó con él en la prisión. El 22 de febrero de 2026, el Mencho murió.
Todos ya saben cómo. En algún momento de ese domingo o en las horas siguientes, Rubénera González recibió la noticia en su celda en el ADX Florence de Colorado. No sabemos cómo reaccionó. Nadie lo está reportando. Probablemente nadie nunca lo sepa. Los internos de la Dix Florence pasan sus días en un aislamiento casi total y sus reacciones internas se quedan en esas celdas de cemento y acero.
Pero podemos imaginar la complejidad de ese momento. El hombre que te reclutó a los 14 años. El hombre que te llevó a reuniones de negocios cuando eras adolescente. El hombre por cuya protección ordenaste derribar un helicóptero y mataste a nueve personas. El hombre cuya sombra hizo imposible cualquier juicio justo para ti, según tus propios abogados.
El hombre que te enseñó todo lo que sabes, que te puso en este camino, que te dio el apellido que te condena. Ese hombre ya no existe y tú sigues aquí en una celda de 2 por 3 m en Colorado con cadena perpetua más 30 años, con una multa de 6,000 millones de dólares que nunca vas a poder pagar, con una apelación que probablemente no va a prosperar, con dos hijos que te conocen a través de visitas en prisión y la tapa de un vaso.
La herencia del apellido llegó a su destino final. La historia del Menchito plantea preguntas que no tienen respuesta fácil y que su audiencia merece considerar con honestidad. ¿Cuánta responsabilidad tiene un individuo por los crímenes que comete cuando fue introducido a ese mundo siendo menor de edad por su propio padre sin que nadie le ofreciera una salida real? Los abogados del Menchito presentaron ese argumento con seriedad y tiene una base humana que no puede descartarse simplemente porque el hombre fue un criminal brutal. Pero al mismo
tiempo, ¿importa ese argumento a las familias de los 100 muertos que murieron por sus órdenes? importa a la familia de Iván Morales, el policía federal que sobrevivió al helicóptero en llamas, que crió a su hijo pensando en ese traumatismo durante 10 años y que fue asesinado en Morelos en 2025, un año después de testificar en Washington.
¿Importa a las 6,000 víctimas del fraude de tiempos compartidos que perdieron los ahorros de toda su vida, financiando esta misma organización? Hay dos verdades en la historia del menchito que no se cancelan mutuamente. Primera verdad. Nadie elige el entorno en el que nace ni la familia que le toca. Segunda verdad.
En algún momento de la adultez, un ser humano toma decisiones sobre qué va a hacer con lo que le tocó. El menchito tomó sus decisiones. Las tomó con toda la información disponible. Las tomó cuando ya era adulto y podía haber elegido diferente. La jueza Baril Howell llegó a la misma conclusión. El volumen de drogas que manejó sacude la mente, dejó escrito en el registro.
La cadena perpetua no era un castigo al niño que nació en la familia equivocada. Era el resultado natural de las decisiones del adulto que ese niño se convirtió. El menchito tenía 35 años cuando su padre murió. Si su apelación fracasa y todo indica que fracasará, pasará el resto de su vida en ese ADX Florence de Colorado.
Muerto en vida mientras el mundo sigue girando afuera. Sus hijos tienen 14 y 9 años. Nacieron en el mundo normal, no en el narco. Tendrán, si alguien los protege bien, la oportunidad que su padre tuvo y eligió no tomar. Ojalá la tomen. Si este video te ayudó a entender la historia completa del Menchito, más allá de los titulares, dale like.
Es una historia que hay que contar con profundidad porque tiene capas que los noticieros de 3 minutos no pueden cubrir. Y si quieres seguir el tema de la familia o ceguera, los sucesores del CJNG y lo que viene después de la muerte del Mencho, suscríbete porque vamos a seguir dando cobertura a todo esto. Déjame en los comentarios cuál de todos estos personajes de la historia te parece más interesante de analizar.
Nos vemos pronto.