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Su Esposa lo Cambió por Otro, sin Saber que Acababa de Ganar la LOTERÍA

Berto pesaba 150 kg y era invisible. A sus 32 años jamás había tenido novia. Las mujeres del pueblo lo miraban con lástima o simplemente no lo miraban. Trabajaba en la ferretería de don Luis. Ganaba lo justo para vivir en una habitación alquilada detrás de la panadería. Su único amigo real era don Luis, un hombre de 70 años que lo trataba como al hijo que nunca tuvo.

Todo cambió cuando ganó millones de dólares en la Lotería Nacional. De repente, Berto Maldonado existía. La gente lo saludaba en la calle, lo invitaban a fiestas, querían ser sus amigos. Y apareció Camila Rivero, 1,70 de altura, cabello rubio que brillaba bajo el sol. Ojos verdes, figura de modelo, la mujer más hermosa de San Cristóbal, la misma que jamás lo había mirado hasta que lo hizo.

 Y Berto, cegado por años de soledad y rechazo, creyó que finalmente alguien lo veía por quién era, no por su dinero, por él. Qué equivocado estaba este hombre. Continuó Camila señalándolo con el dedo. Es un perdedor patético que compró mi atención durante 6 meses. El mundo de Berto comenzó a derrumbarse. 6 meses antes, Berto salió de la oficina de lotería en la capital con un cheque que le temblaba en las manos.

Dó. Había jugado los mismos números durante 10 años. Las fechas de cumpleaños de su madre muerta y don Luis nunca esperó ganar. El viaje de regreso a San Cristóbal fue un torbellino. Berto no podía dejar de mirar el cheque, convencido de que desaparecería si parpadeaba. Cuando llegó al pueblo al anochecer, fue directo a la casa de don Luis. Gané.

 Fue todo lo que pudo decir mostrándole el papel. Don Luis lo abrazó con fuerza. Dios mío, muchacho, esto cambiará tu vida. Quiero compartirlo contigo”, dijo Berto con lágrimas en los ojos. “Tú has sido más padre para mí que nadie.” “No necesito nada”, respondió don Luis con firmeza. Pero escúchame bien, Berto. Este dinero atraerá personas, no todas con buenas intenciones. Ten cuidado.

Berto asintió, pero no entendió realmente. ¿Cómo podía entender? Había vivido 32 años siendo nadie. Al día siguiente, la noticia explotó en San Cristóbal. El pueblo tenía apenas 8,000 habitantes donde todos se conocían. Para el mediodía, Berto no podía caminar dos cuadras sin que alguien lo detuviera para felicitarlo.

 Primos que no lo saludaban desde hacía años aparecieron en su puerta. Vecinos que se burlaban de su peso ahora le ofrecían café. Y Camila Rivero estaba en la panadería cuando Berto pasó. Ella trabajaba ocasionalmente como promotora de productos en el supermercado, pero todos sabían que su verdadero trabajo era verse hermosa.

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 Vivía de la belleza y la atención masculina, como otros vivían de un sueldo. Sus miradas se cruzaron por primera vez de verdad. Ella sonrió. Berto sintió que el corazón se le salía del pecho. Tres días después, Berto estaba en el banco depositando el cheque cuando alguien tropezó contra él. Era a Camila cargando bolsas del supermercado.

“Perdón, no te vi”, dijo ella con una risa musical. Las bolsas se cayeron y los productos rodaron por el suelo. No fui yo. Discúlpame, tartamudéto agachándose rápidamente para recoger todo. Su cara enrojeció mientras sus manos torpes intentaban agarrar latas y cajas. ¿Eres Berto, verdad?, preguntó ella agachándose también.

 Sus dedos rozaron los de él alcanzar la misma lata de atún. El ganador de la lotería. Todo el pueblo habla de ti. Sí, eh, soy yo, respondió él sin poder mirarla directamente a los ojos. Qué emocionante, debes estar muy feliz. Todavía no lo creo del todo. Caminaron juntos hasta la salida. Camila hablaba con naturalidad, como si fueran viejos amigos.

 Preguntó por sus planes, por su familia, por sus sueños. Berto, que normalmente apenas hablaba con extraños, se sorprendió contándole cosas. “Mi carro se descompuso la semana pasada”, mencionó ella casualmente mientras se despedían. “Está en el taller, pero no sé cuándo podré arreglarlo. El mecánico dice que son $000. Yo puedo llevarte a donde necesites”, se apresuró a decir Berto.

 Ella lo miró con esos ojos verdes, sorprendida. ¿De verdad harías eso? Claro, no es problema. Eres muy amable, Berto, tan diferente a los demás hombres de este pueblo. Ella puso su mano suavemente en el brazo de él. ¿Te gustaría cenar conmigo el viernes? Para agradecerte. Berto no podía creer lo que escuchaba. cenar. ¿Qué contigo? Sí, tonto. A las 8.

Sí, sí, perfecto. Ella se fue caminando. Berto se quedó parado ahí, temblando, convencido de que acababa de vivir un milagro. Don Luis, que observaba desde la ferretería al otro lado de la calle, negó con la cabeza lentamente. El viernes, Berto llegó al restaurante con 30 minutos de anticipación. Se había comprado ropa nueva, aunque nada disimulaba su peso.

 Sudaba nerviosamente cuando Camila entró, deslumbrante en un vestido azul ajustado. “Perdón por el retraso”, dijo ella besándolo en la mejilla. Berto sintió que el mundo se detenía. La cena fue perfecta. Camila hablaba, reía, tocaba su mano constantemente. Le preguntó por su infancia, por su trabajo, por sus miedos.

 Nadie le había preguntado esas cosas antes. Siempre me sentí invisible, confesó Berto entre el plato principal y el postre, como si no importara. Importas, respondió ella con ternura. Yo te veo, Berto. Él sintió lágrimas amenazando con salir. Se controló. Todos creen que el dinero es lo más importante, continuó Camila.

 Pero yo veo al hombre que eres, noble, trabajador, con buen corazón. Después de la cena caminaron por la plaza. Berto reunió todo su valor. ¿Te gustaría salir conmigo de nuevo? No como amigos, como algo más. Ella se detuvo, lo miró seria. ¿Estás seguro? Yo no soy fácil, Berto. He tenido pretendientes que prometieron cosas y desaparecieron.

 Yo no desapareceré, te lo prometo. Camila sonrió y lo besó suavemente. Entonces, sí, seamos novios. Antes de continuar con nuestra historia, me gustaría dejar un saludo muy especial a nuestros seguidores en Estados Unidos. En México, en Colombia, en Perú, España, Italia, Venezuela, Uruguay, República Dominicana, Puerto Rico, El Salvador, Ecuador, Bolivia, Chile, Argentina, Costa Rica, Cuba, Canadá, Francia, Panamá, Australia, Guatemala y Honduras.

¿Desde qué parte del mundo nos escuchas? Comenta para saludarte. Bendiciones para todos. Continuando con la historia, al día siguiente Berto apareció en la casa de Camila con un auto deportivo rojo, último modelo. Había gastado $10,000. Sorpresa! Dijo con una sonrisa enorme. Para ti. Camila gritó de emoción.

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