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U.S. Generals mocked Pancho Villa, until they were HUMILIATED by his guerrillas

Durante la primavera y el verano de 1915, la división del norte de Pancho Villa fue sistemáticamente aniquilada por el general Álvaro Obregón en las batallas del Bajío. Delaya en abril, León en mayo y junio, Aguascalientes en julio. El ejército revolucionario más temido del continente que durante dos años había producido las victorias más espectaculares de toda la campaña antiguertista, dejó de existir como institución militar en cuestión de 4 meses.

Los dorados veteranos, la caballería de élite, cuya reputación había sostenido la leyenda de invencibilidad, fueron exterminados en las zonas de muerte de las ametralladoras hochis que Obregón había desplegado siguiendo las lecciones de la guerra europea simultánea. Durante el otoño de 1915 ya no era el comandante de un ejército regular, era un caudillo en proceso de reorganización forzosa hacia formas guerrilleras de combate.

El golpe diplomático que precipitó la transformación final llegó el 19 de octubre de 1915. Aquel día el presidente Woodro Wilson reconoció formalmente al gobierno de Venustiano Carranza como la autoridad legítima de México. El reconocimiento implicaba simultáneamente el cierre de los canales mediante los cuales Villa había comprado armamento y suministros a través de la frontera durante los años anteriores.

División del norte, ya devastada militarmente, perdía ahora también las fuentes externas de aprovisionamiento que durante su periodo de esplendor habían sostenido sus operaciones. Para un comandante acostumbrado a mantener relaciones cordiales con los Estados Unidos durante los años de la campaña contra Huerta, aquel reconocimiento del régimen rival fue percibido como una traición.

 personal, cuya magnitud determinaría las decisiones posteriores. La amargura villista se profundizó durante las semanas siguientes con la batalla de Agua Prieta de noviembre de 1915. En aquella ciudad fronteriza sonorense, las fuerzas constitucionalistas del general Plutarco, Elías Calles, habían construido fortificaciones defensivas extraordinariamente sofisticadas.

 Pero el factor que durante las décadas posteriores Villa nunca perdonaría fue logístico. El gobierno estadounidense había autorizado el paso de tropas constitucionalistas a través de territorio americano, en trenes que las transportaron desde Laredo, Texas hasta las inmediaciones del puerto fronterizo, reforzando la guarnición de agua prieta precisamente durante las jornadas críticas de la batalla.

Villa atacó el 1 de noviembre con aproximadamente 6000 hombres. fue catastróficamente derrotado, perdiendo otros 15 hombres de las fuerzas ya considerablemente disminuidas. Para los primeros meses de 1916, Villa había llegado a una conclusión personal, cuya racionalidad estratégica los analistas posteriores discutirían, pero cuya lógica psicológica era transparente.

 Los Estados Unidos lo habían traicionado al reconocer a Carranza. habían facilitado la victoria carrancista en Aguaprieta mediante el paso de tropas por su territorio y habían cerrado los canales de aprovisionamiento que sostenían el villismo. La respuesta tendría que ser proporcionada a la magnitud de la afrenta percibida. El ataque a Columbus, planeado durante las semanas finales de febrero y los primeros días de marzo de 1916 combinaba varios objetivos convergentes.

Necesidad logística de obtener suministros militares mediante el saqueo de almacenes estadounidenses. cálculo político de provocar una reacción americana que desestabilizara al régimen carrancista y un componente personal específico, la presencia en Columbus del comerciante Sam Rabel, a quien Villa acusaba de haberle estafado en una operación de armamento durante los meses anteriores.

La operación se ejecutó durante las horas previas al amanecer del 9 de marzo de 1916 con aproximadamente 500 jinetes que cruzaron la frontera en la oscuridad. El ataque produjo varias horas de combate, la destrucción parcial de la ciudad, el saqueo de almacenes y el incendio de varios edificios. Villa logró algunos suministros antes de regresar al territorio mexicano y desencadenó simultáneamente la operación militar estadounidense más extensa en territorio extranjero hasta aquel momento.

 La reacción del presidente Gudro Wilson al ataque sobre Columbus fue inmediata y de una desproporción que solo se explica si se considera el componente simbólico del acontecimiento. Por primera vez la guerra de 1812 contra Gran Bretaña, una fuerza armada extranjera había invadido territorio continental de los Estados Unidos y combatido contra las tropas regulares del ejército americano en suelo nacional.

 La afrenta política excedía completamente las dimensiones militares reales del ataque, que había producido apenas 18 muertos estadounidenses entre soldados y civiles. Wilson, presionado por la opinión pública y por la prensa que reclamaba represalia inmediata, autorizó dentro de los días siguientes la operación militar más extensa en territorio extranjero que los Estados Unidos hubieran ejecutado hasta aquel momento.

El comando de la operación recayó en el general John Joseph Persing, oficial de 55 años, que durante las décadas anteriores había acumulado experiencia colonial en Filipinas, combatiendo contra la insurgencia local y posteriormente comandando operaciones de pacificación contra los moros del sur del archipiélago.

ing era considerado uno de los oficiales más capaces del ejército estadounidense del momento y su designación reflejaba la determinación de Wilson de encomendar la operación al mejor comandante disponible. La elección sería históricamente significativa por una razón adicional. Apenas 18 meses después del fracaso mexicano, Persing sería designado comandante en jefe de la fuerza expedicionaria estadounidense en Francia durante la Primera Guerra Mundial, posición que lo convertiría en el oficial militar más prominente de los

Estados Unidos durante el siglo XX. La composición de la fuerza expedicionaria reflejaba la convicción estadounidense de que la captura de villa sería relativamente rápida si se aplicaba contra el caudillo la combinación adecuada de fuerza y tecnología moderna. Las tropas iniciales sumaban aproximadamente 5,000 soldados profesionales organizados en una división provisional de tres brigadas que incluían cuatro regimientos de caballería, dos de infantería y unidades de apoyo.

Durante los meses siguientes, la fuerza aumentaría hasta alcanzar aproximadamente 10,000 hombres, además de los aproximadamente 150,000 soldados de la Guardia Nacional que serían movilizados a lo largo de la frontera para prevenir incursiones villistas adicionales. la cifra total de personal militar estadounidense involucrado en la operación, considerando tanto la fuerza expedicionaria como las guarniciones fronterizas, alcanzaba dimensiones que ninguna operación militar previa en territorio extranjero había requerido.

Pero el componente más significativo de la fuerza expedicionaria, desde el punto de vista propagandístico y simbólico, no era el número de soldados, sino la tecnología moderna que la acompañaba. El primer escuadrón de aviación del ejército estadounidense equipado con ocho aeroplanos biplanos Curtis JN3 fue desplegado por primera vez en operaciones de combate en territorio extranjero durante la campaña mexicana.

Aquellos aviones primitivos respecto a los estándares europeos contemporáneos, pero revolucionarios respecto a cualquier conflicto americano anterior, eran presentados ante la opinión pública como el factor decisivo que haría imposible la evasión del fugitivo. Los camiones de transporte de motor, recientemente incorporados al ejército estadounidense garantizarían la velocidad operativa que la caballería tradicional no podía igualar.

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