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This was the deadliest defeat of 1915: Machine guns crush Pancho Villa’s cavalry

No sabía que el sonorense había estudiado los efectos de las ametralladoras y del alambre de púas sobre las cargas de infantería del frente occidental. No sabía que durante el mes anterior los hombres de Obregón habían cavado trincheras profundas en cada asequia del valle. Habían tendido kilómetros de alambre de púas entre las posiciones avanzadas.

Habían instalado 86 ametralladoras hochkis en nidos con campos de fuego cruzados que cubrían cada metro del terreno por donde la caballería villista necesariamente tendría que avanzar. Esta es la historia de lo que ocurrió cuando aquella caballería invencible chocó contra aquellas ametralladoras. Es la historia de la derrota más letal de toda la Revolución Mexicana y es la historia de cómo el siglo XX llegó a México en cuestión de horas, escribiendo con sangre la lección que Europa estaba aprendiendo simultáneamente

en los campos de Flandes. Para entender como dos hombres que apenas un año antes habían combatido en el mismo ejército contra Victoriano Huerta, terminaron destrozándose en los campos de Celaya durante la primavera de 1915. Hay que reconstruir la cadena de acontecimientos políticos que entre el verano de 1914 y el invierno siguiente fragmentaron la coalición revolucionaria mexicana.

en bloques irreconciliables. Aquella fragmentación no fue accidental producto de rivalidades personales superficiales. fue la consecuencia lógica de diferencias profundas sobre los objetivos sociales y políticos de la revolución que habían permanecido contenidas mientras el enemigo común existía y que estallaron inevitablemente cuando ese enemigo dejó de existir.

El 15 de julio de 1914, después de meses de derrotas militares acumuladas, el dictador Victoriano Huerta presentó su renuncia formal a la presidencia mexicana y se exilió hacia Europa a bordo del crucero alemán Dresden. Su caída marcaba la victoria de la coalición revolucionaria que durante el año anterior había convergido en su contra desde direcciones distintas.

Benustiano Carranza, el primer jefe constitucionalista, había liderado la oposición política y diplomática desde su cuartel general en Coahuila. Álvaro Obregón, el general [carraspeo] sonorense más joven y prometedor, había comandado las operaciones militares del cuerpo del noroeste desde Sonora hasta el centro del país.

Francisco Villa, el comandante carismático de la división del norte, había producido las victorias más espectaculares de toda la campaña en Torreón, San Pedro y Zacatecas. Y Emiliano Zapata, el caudillo del Ejército Libertador del Sur. había mantenido la presión militar sobre Morelos y los estados aledaños desde el sur, cuatro hombres con cuatro ejércitos que durante un año habían marchado en la misma dirección sin tener nunca exactamente los mismos objetivos.

Las diferencias estallaron casi inmediatamente después de la caída de Huerta. Carranza, abogado coabuilense de 55 años, con considerable experiencia política como senador y como gobernador, representaba el ala constitucionalista más conservadora de la revolución. Su programa político priorizaba la reorganización institucional del Estado mexicano, el restablecimiento del orden constitucional y la modernización capitalista del país bajo dirección reformista, pero no radical.

no compartía las exigencias de reforma agraria masiva que los zapatistas habían colocado en el centro de su programa desde el plan de Ayala de 1911. No tenía simpatía por las inclinaciones populistas que caracterizaban el liderazgo de Villa y consideraba que los dos comandantes militares más exitosos de la campaña antihuertista Obregón y Villa, debían someterse a la autoridad civil que él mismo encarnaba en su carácter de primer jefe del movimiento constitucionalista.

Obregón aceptó aquella subordinación con el pragmatismo que caracterizaría toda su trayectoria política durante los años siguientes. Villa la rechazó. Las razones del rechazo combinaban elementos personales con consideraciones políticas reales. En el plano personal, Villa había acumulado un orgullo creciente por las victorias militares de la división del norte, que sus propios oficiales superiores reconocían como las más espectaculares de toda la revolución.

Y consideraba humillante someterse a la autoridad civil de un hombre que durante la campaña no había producido victorias comparables. En el plano político, Villa tenía conciencia clara de que sus alianzas con los zapatistas y con los sectores populares de la revolución no [carraspeo] podrían sobrevivir si aceptaba un programa carrancista que rechazaba sistemáticamente las demandas sociales radicales.

La Convención de Aguascalientes, convocada en octubre de 1914, con la intención inicial de unificar a todas las facciones revolucionarias, se convirtió rápidamente en el escenario de la ruptura definitiva. Los delegados villistas y zapatistas, que constituyeron mayoría dentro del organismo, votaron declaraciones que Carranza no podía aceptar sin renunciar a su propia visión política.

del proceso revolucionario. Carranza retiró a sus delegados y a las fuerzas constitucionalistas leales hacia Veracruz, que aún estaba ocupado por las tropas estadounidenses, pero que sería evacuado el 23 de noviembre. La convención nombró un presidente provisional, Eulalio Gutiérrez, que tomó posesión simbólica del cargo en Ciudad de México durante las primeras semanas de diciembre, cuando las fuerzas combinadas de Villa y Zapata entraron triunfalmente en la capital.

Aquellas semanas durante las cuales Villa y Zapata se encontraron por primera vez en el Palacio Nacional y sus tropas patrullaron juntas las calles de la capital, fueron el momento de máxima coordinación entre las dos fuerzas revolucionarias más populares de México. Después comenzaron las divisiones. Para marzo de 1915, la situación militar y política se había clarificado en términos que no admitían más componendas.

Carranza, instalado en Veracruz después del retiro americano, controlaba los recursos del puerto principal del país, los ingresos aduaneros que sostenían financieramente al gobierno constitucionalista y la lealtad de Obregón con su poderoso ejército sonorense. Villa controlaba el norte del país desde Chihuahua hasta Coahuila.

Las fuerzas militares más numerosas en términos absolutos y la simpatía popular en buena parte del territorio. Zapata controlaba Morelos y partes de los estados aledaños con un ejército menos numeroso, pero profundamente arraigado en sus regiones. y el presidente convencionista Eulalio Gutiérrez había abandonado el cargo en enero demostrando la imposibilidad estructural de mantener un gobierno mexicano alternativo en condiciones de guerra civil generalizada.

Obregón durante aquel mes de marzo, comenzó a moverse hacia el norte desde la capital con la misión específica que Carranza le había encomendado, destruir militarmente a la división del norte de Villa. Aquella misión definiría el resto de la Revolución Mexicana y el primer choque decisivo entre los dos ejércitos ocurriría en una pequeña ciudad agrícola del Bajío llamada Celaya.

A finales de febrero de 1915, Álvaro Obregón salió de Ciudad de México al frente del cuerpo de ejército del noroeste con la misión específica que Benustiano Carranza le había encomendado durante las semanas anteriores. avanzar hacia el norte, presentar batalla a Francisco Villa en condiciones favorables y destruir militarmente a la división del norte como precondición para la consolidación definitiva del régimen constitucionalista.

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