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THE CASE THAT OCCURRED IN 2023 AND HORRORIZED VENEZUELA: HIDDEN TREASON THAT ENDED IN DISAPPEARANCE

Pintó las paredes de amarillo. instaló un horno de segunda mano que su padre revisó tornillo por tornillo y abrió el horno de oro. No era un lugar elegante. El letrero nunca fue grande. No tenían página en redes sociales ni repartían volantes. El negocio creció solo, como crece lo honesto, de boca en boca, de vecino en vecino, de cliente que vuelve porque el pan de allí sabe diferente.

En 11 años, el local se convirtió en una referencia del barrio. La gente de la zona decía que si el horno de Juárez no estaba encendido, el día no había comenzado bien. Juárez era conocido en la cuadra como un hombre serio, trabajador, de pocas palabras, pero de trato justo. No se metía en problemas, no debía favores, pagaba a tiempo, cumplía su palabra y trataba a sus empleados con respeto.

era exactamente el tipo de hombre que en Venezuela, con toda la crisis encima todavía conseguía sostenerse con dignidad, no por suerte, sino por disciplina y terquedad. Karine Salazar entró en su vida 3 años antes de esa mañana de San Valentín. Se conocieron en una feria gastronómica organizada por la alcaldía del municipio.

Karine tenía 24 años entonces. Era delgada, de cabello oscuro, con una sonrisa que Juárez describió años después en el juicio, como la sonrisa que me convenció de que todavía valía la pena creer en algo. Ella trabajaba como asistente de cocina en un restaurante del sector y tenía ambiciones claras. Quería aprender, quería crecer, quería tener su propio negocio algún día.

Al menos eso era lo que decía. El noviazgo fue tranquilo. Karine comenzó a aparecer en la panadería los fines de semana, ayudando con la caja, aprendiendo los tiempos de fermentación, conociendo a los clientes por nombre. Joar la veía como una compañera de vida, no solo sentimental, sino también en el oficio. Era el tipo de relación que él había imaginado siempre.

Una pareja que construye algo juntos, que comparte el peso del trabajo y también el orgullo del resultado. Se casaron el 24 de enero de 2023 en una ceremonia civil sencilla con la familia cercana, una torta que hizo el propio Juarez y la promesa de seguir creciendo juntos. 21 días después era San Valentín. Pero antes de llegar al 14 de febrero, hay un personaje que necesita presentación.

Porque esta historia no es solo una historia de amor roto, es también la historia de una traición que se construyó ladrillo por ladrillo durante 18 meses. Adalberto Sales tenía 23 años cuando llegó a el horno de oro. Era alto, de complexión delgada, con manos que no sabían de harina ni de horno. Llegó en julio de 2021, recomendado por Karine.

Ella lo presentó como un muchacho de buena familia de San Francisco, una ciudad cercana a Maracaibo, que necesitaba trabajo y tenía disposición para aprender. Juárez lo aceptó sin dudar. Confiaba en el criterio de su novia, confiaba en la recomendación directa y además siempre había creído que cualquier hombre dispuesto a madrugar y aprender merecía una oportunidad.

Lo que Juarez no sabía en ese momento, lo que nunca sospechó, es que Karine y Adalberto no eran extraños entre sí. Se conocían desde mucho antes. Y la recomendación de trabajo no fue un gesto de buena voluntad. ni una casualidad. Fue el primer movimiento de un plan que, visto en retrospectiva, resulta perturbador en su frialdad.

Durante los primeros meses, Adalberto fue un aprendiz ejemplar. llegaba puntual, preguntaba con humildad, aprendía rápido. Juárez invirtió tiempo y paciencia en él, enseñándole desde cero cómo medir la temperatura del agua para activar la levadura, cómo leer la masa con las manos para saber si necesitaba más tiempo de reposo.

¿Cómo calcular los tiempos del horno según la humedad del día? Era el tipo de enseñanza que no está en ningún libro, que solo se transmite de persona a persona, de maestro a aprendiz, con la paciencia de quien sabe que las cosas buenas requieren tiempo. Joares lo trataba como si fuera su propio sobrino. En más de una ocasión, cuando el muchacho llegaba sin haber comido, Juarez le preparaba el desayuno antes de comenzar el turno.

En una Navidad le dio un bono de gratificación fuera de lo acordado. Lo cubrió cuando llegó tarde por problemas personales. Lo defendió ante un cliente que lo acusó injustamente de un error en el pedido. Mientras tanto, en silencio, por mensajes de texto borrados inmediatamente por encuentros en horarios que coincidían con las ausencias del otro, Karine y Adalberto continuaban lo suyo.

La investigación posterior, una vez que los peritos de la Fiscalía del Estado Zulia recuperaron los celulares y extrajeron los mensajes, revelaría conversaciones que databan de meses antes de que Adalberto pisara por primera vez la panadería. mensajes que mostraban una relación que no había comenzado en Maracaibo, sino mucho antes en San Francisco y que nunca se había interrumpido.

Mensajes donde planificaban cómo manejar la situación, cómo mantener las apariencias, cómo aprovechar la cercanía que el trabajo les daba sin levantar sospechas. Uno de esos mensajes que los medios locales citaron durante el juicio decía simplemente, [carraspeo] “Nadie va a sospechar nada. Él confía en mí.

” No quedó claro si quien escribió eso fue Karine o Adalberto. Tampoco importó demasiado al final. Joares Novais construyó 11 años de trabajo honesto. Construyó una panadería que alimentó a un barrio. Enseñó a un joven que alguien más le había enviado. Esperó el amor con paciencia. Se casó con la mujer que creía que era su compañera de vida.

Y 21 días después de la boda, en la madrugada fría del día de los enamorados, llegó a su panadería con chocolates bajo el brazo y encontró la puerta sin llave. Encontró dos tazas de café a medias sobre la barra y abrió la puerta del cuartito del fondo. Lo que ocurrió en esos segundos después de abrir esa puerta, lo que vieron sus ojos, lo que sintió su cuerpo antes de que el cerebro pudiera procesar nada.

lo que hizo a continuación y lo que jamás podrá deshacer. Eso lo vamos a contar en el capítulo siguiente. No te vayas. Lo peor, o mejor dicho, lo más oscuro, apenas está por comenzar. Hay momentos en la vida de un ser humano que el tiempo no procesa de manera lineal. Hay instantes que el cerebro recibe en cámara lenta, con una claridad brutal que la memoria archiva para siempre, con detalles que uno no debería recordar, pero que quedan grabados.

El color de la luz, el sonido de fondo, el olor del ambiente, la temperatura del aire en la piel. Para Juarz Novais, ese instante fue la mañana del 14 de febrero de 2023, cuando empujó la puerta del cuartito del fondo de su panadería. Reconstruir lo que ocurrió esa mañana no es tarea sencilla. La información proviene de tres fuentes.

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