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EL CASO QUE CONGELÓ A PERÚ: una pareja se despidió en el aeropuerto y nunca volvió a verse

Durante 10 años, sus familias y los investigadores buscaron desesperadamente respuestas sobre su paradero. Pero en 2014 un descubrimiento casual revelaría una verdad perturbadora que nadie podría haber anticipado. Antes de proseguir con esta inquietante historia, si valoras casos misteriosos reales como este, suscríbete al canal y activa las notificaciones para no perderte ningún nuevo caso.

Y dinos comentarios de qué país y ciudad nos estás viendo. Sentimos curiosidad por saber dónde está repartida nuestra comunidad por el mundo. Ahora vamos a descubrir cómo se inició todo. Durante 10 años, la desesperación y el silencio fueron la única respuesta. Las familias de Antoniel y Jordanes se aferraban a la esperanza, mientras las autoridades y hasta la administración del aeropuerto parecían no tener pistas.

La noticia inicial de la doble desaparición golpeó a ambas familias como un tsunami. En Cuzco, los Mendoza habían preparado un almuerzo de bienvenida para Jordanes. Las horas pasaban y la preocupación se convirtió en angustia. Las llamadas al teléfono de Jordanes iban directamente al buzón de voz. Cuando finalmente contactaron a Antoniel esperando una explicación ansiosa, su teléfono también estaba apagado.

Fue entonces cuando contactaron a los padres de Antoniel los Torres en Lima. El pánico se instaló. Ninguno de los dos jóvenes, conocidos por su comunicación constante y su responsabilidad respondía. La investigación inicial fue un caos de jurisdicciones y confusión. La Policía Nacional del Perú, PNP y la seguridad privada del aeropuerto internacional Jorge Chávez, operado por Lima Airport Partners, parecían más interesados en deslindar responsabilidades que en encontrar a la pareja.

Los primeros días, los más cruciales en cualquier investigación de personas desaparecidas, se perdieron en burocracia. La familia Torres y la familia Mendoza, que viajó de emergencia desde Cuzco, se encontraron vagando por los pasillos del aeropuerto, mostrando fotos de sus hijos a empleados de aerolíneas y personal de limpieza que apenas los miraban, absortos en el flujo constante de viajeros.

El aeropuerto, diseñado para la transitoriedad se convirtió en una prisión de incertidumbre para ellos. El primer gran obstáculo fue el análisis de las cámaras de seguridad. En 2004, la cobertura de CTB no era total. Las cintas, granuladas y de baja resolución confirmaron lo que Antonien le había dicho a la policía antes de desaparecer el mismo.

La pareja se abrazó cerca de los mostradores de facturación. Se besaron. Jordanes se giró y caminó decididamente hacia la entrada de la zona de seguridad. Las cámaras la captaron entrando en la fila y luego nada. Existía un infame punto ciego, un tramo de varios metros entre el final de la fila serpenteante y el punto exacto donde los pasajeros colocaban sus maletas en la máquina de rayos X y presentaban su identificación.

Jordanes entró en esa zona y nunca salió del otro lado. No había imágenes de ella siendo interceptada, ni hablando con nadie, ni saliendo de la fila. simplemente se evaporó. Mientras tanto, el enfoque se centró en Antonel. ¿Por qué había desaparecido después de denunciar la ausencia de Jordanes? Su auto fue la única pista física.

Estaba estacionado en el área de corta estancia, exactamente donde dijo que estaría. El vehículo estaba cerrado. Adentro, los investigadores encontraron un recibo de una gasolinera de 2 días antes, un par de gafas de sol en el tablero, mapas de carreteras de Lima y el sur de Perú y una bolsa de gimnasio en el maletero. No había notas, ni signos de lucha, ni equipaje preparado.

El auto parecía el de cualquier persona que espera regresar en pocos minutos. La policía teorizó que Antonel regresó a su auto después de hablar con la seguridad del aeropuerto y fue entonces cuando algo o alguien lo interceptó. Pero, ¿quién? ¿Y cómo sabían que estaría allí? ¿O acaso su desaparición estaba conectada de una manera más siniestra con la de Jordanes? Para entender el peso de esta tragedia, había que entender quiénes eran.

No eran aventureros imprudentes ni personas con conexiones dudosas. Jordánes Mendoza, de 26 años, era una arquitecta recién graduada. Su pasión era la restauración de sitios arqueológicos y su viaje a Cuzco era en parte para visitar a su familia y en parte para explorar algunas ruinas menores fuera del circuito turístico habitual para un proyecto de posgrado.

Su familia la describió como metódica, brillante y quizás un poco tímida, pero ferozmente leal. tenía programada una entrevista de trabajo crucial en una de las firmas de arquitectura más prestigiosas de Lima para la semana siguiente a su regreso. Su padre Carlos repetía a la prensa con lágrimas en los ojos. Ella nunca faltaría. Ella tenía planes.

Ella no huiría de su propia vida. Antoniel Torres, de 28 años, era el complemento perfecto para Jordanes. Era un ingeniero de software en una empresa de tecnología emergente que desarrollaba sistemas logísticos para la industria minera, un pilar de la economía peruana. Era analítico, tranquilo y el principal sostén emocional y financiero de sus padres ancianos que vivían en un barrio modesto de Lima.

Antoniel era el tipo de hijo que llamaba a sus padres todas las noches sin falta. Estaban juntos desde la universidad, 4 años de una relación estable y amorosa. Acababan de firmar los papeles para un nuevo apartamento en el distrito de Miraflores con vistas al océano. Su boda estaba planeada tentativamente para el verano siguiente.

La idea de que esta pareja, en la cúspide de construir una vida juntos simplemente decidiera abandonar todo, era impensable para todos los que los conocían. Sin embargo, en ausencia de pruebas, las teorías tóxicas comenzaron a llenar el vacío. La primera y más dolorosa para las familias fue la de la fuga voluntaria.

Los tabloides de Lima, ábidos de un escándalo, insinuaron que Jordanes podría haber estado embarazada y que huían de sus familias conservadoras. Esta teoría fue aplastada rápidamente cuando los registros médicos confirmaron que no era así. Luego la especulación se centró en Antonel. Tenía deudas de juego. Estaba involucrado en algo turbio en su trabajo.

La policía investigó las finanzas de la pareja. Estaban limpias. De hecho, Antoniel acababa de recibir un bono sustancial por su trabajo en un proyecto de optimización. Lejos de tener problemas de dinero, estaban financieramente cómodos. Esta línea de investigación no solo fue un callejón sin salida, sino que también hizo que las familias sintieran que la policía estaba perdiendo un tiempo precioso, tratando a las víctimas como sospechosos.

La segunda teoría fue la del crimen oportunista. Lima en 2004 era una ciudad mucho más segura que en décadas anteriores, pero el aeropuerto seguía siendo un lugar con vulnerabilidades. Pudo Jordanes haber sido atacada en ese punto ciego por alguien que trabajaba dentro del aeropuerto, un secuestro rápido y silencioso.

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