Para el público global, el nombre de Hugh Jackman evoca de inmediato la imagen de la masculinidad perfecta en Hollywood: la mandíbula apretada de Wolverine, el carisma innegable sobre los escenarios musicales y una reputación intachable de “hombre de familia”. Durante casi tres décadas, la industria del entretenimiento utilizó su matrimonio con la actriz y activista australiana Deborra-Lee Furness como la prueba irrefutable de que el amor verdadero podía sobrevivir al éxito masivo. Sin embargo, detrás de los focos, de las deslumbrantes alfombras rojas y de las almibaradas publicaciones de aniversario en las redes sociales, se estaba gestando una dolorosa realidad. Una historia de sacrificios invisibles, rumores persistentes y una traición tras las bambalinas de Broadway que terminó por demoler uno de los pilares más estables del estrellato cinematográfico.
Para comprender la magnitud de la ruptura, es imperativo retroceder a 1995, al set de rodaje de la serie australiana Correlli. En aquel entonces, la dinámica de la pareja era radicalmente opuesta a la que el mundo conoció después. Deborra-Lee Furness era una actriz consagrada de 39 años, respetada en la industria de su país tras haber ganado el prestigioso AFI Award (el equivalente australiano al Óscar) por su papel en la aclamada película Shame (1988), una cruda denuncia sobre la violencia de género. Por su parte, Hugh Jackman era un completo desconocido de 26 años que apenas obtenía su primer papel relevante en la televisión.
Deborra-Lee apostó por el talento en bruto de un joven que no tenía estatus ni fortuna que ofrecer. La balanza del poder cambió de
forma drástica en el año 2000. Mientras la pareja celebraba la adopción de su primer hijo, Óscar, el destino intervino en la carrera de Jackman: un conflicto de agenda dejó fuera al actor Dougray Scott del papel de Wolverine en la primera entrega de
X-Men. Hugh entró como reemplazo de última hora y, en cuestión de meses, mutó de ser “el esposo de la famosa Deborra-Lee” a convertirse en una de las superestrellas más cotizadas y reconocibles del planeta. Una transformación que su esposa acompañó desde las sombras, relegando progresivamente su propia carrera interpretativa.

El niño de ocho años y la obsesión por la perfección
Quienes conocen de cerca al actor australiano afirman que su eterna necesidad de proyectar una imagen familiar impecable hunde sus raíces en un trauma infantil jamás superado. El 12 de octubre de 1968, Hugh nació en Sídney como el menor de cinco hermanos en un hogar profundamente religioso, marcado por la estricta fe evangélica de su padre. Una mañana de 1976, cuando el pequeño Hugh tenía solo ocho años, salió hacia el colegio como cualquier otro día. Al regresar, su madre, Grace McNeill, se había marchado para siempre al Reino Unido sin despedirse. Al día siguiente, un frío telegrama confirmó su llegada a Londres.
Aquel niño tardó años en asimilar que su madre no regresaría jamás, viendo a su padre rezar cada noche por un milagro que nunca ocurrió. Esta profunda herida de abandono moldeó al hombre adulto. Su obsesión por construir el matrimonio perfecto, por profesar una devoción casi incómoda hacia Deborra-Lee en cada entrevista y por aferrarse a una estructura familiar inquebrantable funcionó, durante décadas, como un mecanismo de defensa inconsciente ante el miedo a la pérdida.
Los dolores invisibles: Abortos, activismo y rumores
Lejos del glamour, la vida íntima de los Jackman-Furness estuvo colmada de batallas dolorosas. La pareja se enfrentó a la devastación de al menos dos abortos espontáneos y a múltiples ciclos fallidos de fecundación in vitro. El desgaste físico y emocional de estos procesos dejó marcas profundas en la pareja que decidieron sanar mediante la adopción de Óscar en el año 2000 y de Ava en 2005.
Deborra-Lee no asumió la maternidad como el cierre de un ciclo privado, sino que la transformó en una causa pública con un peso político real. Fundó la National Adoption Awareness Week y cofundó la organización Adopt Change, logrando impulsar reformas legislativas tangibles en Australia para reducir la burocracia y los tiempos de espera de los niños en hogares de acogida. Mientras su esposo acumulaba portadas de revistas y contratos multimillonarios, ella caminaba por los pasillos de los parlamentos y viajaba como embajadora de World Vision.
A la par de estas luchas, el matrimonio tuvo que gestionar durante los años 2000 una persistente ola de rumores en los tabloides y foros de internet sobre la orientación sexual del actor. La combinación de su pasión por el teatro musical y su matrimonio con una mujer 13 años mayor alimentó las especulaciones. En 2013, durante una tensa entrevista conjunta en el programa 60 Minutes Australia, Jackman intentó zanjar el asunto declarando: “Si lo fuera, lo sería. Para mí no es lo más interesante de una persona”. Una ambigüedad calculada que calmó las aguas pero no disipó las dudas de un entorno que callaba demasiado.
El “solapamiento” en Broadway y la caída del telón
El principio del fin comenzó a fraguarse en diciembre de 2021 con el inicio de las funciones previas del musical The Music Man en el Winter Garden Theater de Broadway. Hugh Jackman compartía el protagonismo con Sutton Foster, una auténtica leyenda del teatro neoyorquino y ganadora de dos premios Tony. La convivencia diaria durante más de un año en el hermético y competitivo mundo de Broadway—marcado por ensayos extenuantes, camerinos contiguos y la adrenalina compartida tras cada función—creó una complicidad que traspasó los límites del escenario.
El ambiente teatral de Nueva York, caracterizado por ser un círculo sumamente estrecho, comenzó a notar que la química entre Jackman y Foster iba más allá de la ficción. Sin embargo, por respeto y afecto hacia ambos, el entorno mantuvo un estricto pacto de silencio. En septiembre de 2023, meses después del cierre del musical, saltó la sorpresa: Hugh y Deborra-Lee emitieron un comunicado conjunto a la revista People anunciando su separación tras 27 años de matrimonio, justificándola bajo la elegante premisa de perseguir su “crecimiento individual”.
La realidad detrás de ese idílico texto de ruptura no tardó en salir a la luz a través de las fechas. En abril de 2021, Jackman había publicado un emotivo tributo por sus 25 años de casados afirmando que Deborra-Lee era “el amor de su vida”. No obstante, para esa fecha, la preproducción de The Music Man y los acercamientos con Foster ya estaban en marcha. El escándalo cobró fuerza cuando, en octubre de 2024, Sutton Foster presentó una demanda de divorcio contra su esposo, el guionista Ted Griffin, con quien compartía una hija adoptada. Las piezas del rompecabezas encajaban y las fuentes del entorno comenzaron a utilizar una palabra muy específica para describir la situación: solapamiento. Dos matrimonios estables se habían disuelto en paralelo a causa de un romance secreto.

La dignidad de una sola palabra
La confirmación visual llegó el 6 de enero de 2025, cuando Hugh Jackman y Sutton Foster fueron fotografiados tomados de la mano en Santa Mónica, California, apareciendo formalmente como pareja en una alfombra roja en octubre de ese mismo año. Durante casi dos años, Deborra-Lee Furness cumplió con absoluta rectitud el pacto de caballeros de no emitir declaraciones, soportando en silencio cómo la prensa y las redes sociales especulaban sobre las razones económicas y personales de un divorcio que involucraba un patrimonio estimado por Forbes en 180 millones de dólares.
El 23 de mayo de 2025, Deborra-Lee presentó formalmente la demanda de divorcio en un tribunal de Nueva York. Cuatro días después, el 27 de mayo, una vez que el proceso legal quedó finiquitado y los acuerdos de confidencialidad perdieron vigencia, la activista de 69 años envió una breve pero fulminante declaración al diario Daily Mail. No necesitó una entrevista exclusiva ni un comunicado extenso. Dirigiéndose a quienes habían pasado por situaciones similares, Furness escribió que su corazón estaba con todos aquellos que habían tenido que transitar por el traumático camino de la traición, calificándola como una herida que corta hondo y permanece.
La contundencia de la palabra “traición” descolocó por completo al entorno de Jackman, quien, según reportes de allegados, se mostró “sorprendido y decepcionado” por la declaración de su exesposa, esperando que ella mantuviera el silencio de manera indefinida mientras él rehacía su vida públicamente. Al final, la mujer que descubrió, impulsó y sostuvo a la estrella durante casi tres décadas reclamó su derecho a la verdad. No con un escándalo mediático, sino con la precisión quirúrgica de una palabra elegida con cuidado que desmanteló de golpe la impecable narrativa del héroe perfecto de Hollywood.