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Así Fue la BATALLA más Sangrienta de 1914: Obregón APLASTA al Ejército Federal en Orendáin

 Y desde el oeste, las brigadas de Rafael Buna, Juan Cabral y Benjamín Hill avanzaban hacia los flancos federales, aplicando la maniobra envolvente que Obregón había planeado durante las semanas anteriores. Cuando el amanecer del 7 de julio iluminó los llanos de Orendin, las cifras de aquella catástrofe federal todavía estaban siendo calculadas por los oficiales constitucionalistas que recorrían el campo de batalla.

2000 soldados huertistas yacían muertos sobre el terreno. 5000 habían sido capturados en distintos sectores del despliegue. 20 trenes con 40 locomotoras, 16 cañones, 5000 rifles y medio millón de pesos en suministros habían caído en manos del ejército revolucionario. Y el general José María Mier, comandante supremo de las fuerzas federales en Occidente, había muerto durante la fuga caótica que sus tropas intentaron al amanecer del 8 de julio en las inmediaciones de la Hacienda del Castillo.

Esta es la historia de aquella batalla de cómo Álvaro Obregón aplastó al Ejército Federal en Orendin durante apenas dos jornadas de combate y de cómo aquella victoria precipitó exactamente 7 días después la renuncia del dictador Victoriano Huerta y el final del régimen que durante 17 meses había desangrado a México.

Para entender por qué la batalla de Orendin de julio de 1914 produjo el colapso definitivo del régimen huertista, hay que retroceder 16 meses hasta los acontecimientos de febrero de 1913, que durante el año y medio anterior habían producido las condiciones políticas y militares, cuyo desenlace, los llanos del vajío, precipitaron durante aquellas Dos jornadas decisivas.

La trayectoria de Victoriano Huerta entre febrero de 1913 y julio de 1914 contiene en condensación todos los elementos que durante el siglo XX caracterizarían las dictaduras militares latinoamericanas en sus formas más extremas. Golpe de estado violento contra un gobierno legítimo. Asesinato del presidente derrocado.

Instauración de un régimen represivo que progresivamente perdió cualquier base de apoyo popular y colapso final mediante una combinación de presiones internas y externas que ningún cálculo presidencial inicial había anticipado adecuadamente. Victoriano Huerta había llegado al poder mediante la conspiración militar conocida posteriormente como la decena trágica.

10 días de combates en las calles de Ciudad de México entre el 9 y el 18 de febrero de 1913, que culminaron con la traición del general Huerta contra el presidente Francisco Madero, quien lo había nombrado comandante supremo de las tropas leales al gobierno republicano. Madero, el hijo de una de las familias más ricas de México, que había liderado la revolución contra Porfilio Díaz en 1910 y que había llegado a la presidencia mediante elecciones libres en 1911, fue arrestado por orden de huerta el 18 de febrero, obligado a renunciar dos

días después, mediante coacciones que sus colaboradores describirían posteriormente como ilegítimas en términos constitucionales y asesinado durante la madrugada del 22 de febrero en circunstancias que oficialmente fueron presentadas como un intento de fuga, pero que ningún observador imparcial creyó nunca.

 El vicepresidente José María Pino Suárez, que había acompañado a Madero durante toda su trayectoria política, corrió la misma suerte aquella misma noche. La reacción a aquel doble asesinato en el norte del país fue inmediata y políticamente decisiva. Luustiano Carranza, gobernador del estado de Coahuila, que había trabajado durante años con Madero en distintos cargos políticos, rechazó formalmente reconocer al régimen de huerta y proclamó el plan de Guadalupe el 26 de marzo de 1913, manifiesto político que articulaba las bases jurídicas y políticas de la

rebelión constitucionalista. El plan establecía tres principios fundamentales. desconocimiento del régimen de huerta como ilegítimo, la organización de un ejército constitucionalista bajo el mando del propio Carranza con el título de primer jefe y el compromiso de restaurar el orden constitucional una vez derrotado el régimen huertista mediante elecciones libres que permitieran al pueblo mexicano elegir un nuevo presidente legítimo.

Rebelión constitucionalista se desplegó durante 1913 y los primeros meses de 1914 en tres frentes geográficos paralelos, cuya coordinación gradual determinaría eventualmente el desenlace del conflicto. En el norte central, en Chihuahua y Durango, Francisco Villa organizó la división del norte mediante la incorporación sucesiva de las distintas partidas revolucionarias que durante los años anteriores habían operado en aquellas regiones, produciendo las victorias espectaculares de Torreón en octubre de 1913 y de Zacatecas en junio de 1914,

que durante meses dominaron las primeras planas de los periódicos nacionales e internacionales. En el noreste, en Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, el general Pablo González comandó las operaciones del cuerpo del ejército del noreste con resultados más modestos, pero estratégicamente significativos. Y en el noroeste, en Sonora y los estados aledaños, Álvaro Obregón construyó durante aquellos meses el cuerpo del ejército del noroeste, cuya trayectoria culminaría precisamente en los Llanos de Orendin durante el verano

de 1914. La trayectoria militar específica de Obregón durante los meses anteriores a Orendin merece reconstrucción detallada porque ilustra las capacidades operativas que el sonorense había desarrollado y que durante la batalla decisiva aplicaría con la precisión característica que durante el resto de su carrera militar lo distinguiría entre todos los comandantes revolucionarios de su generación.

Obregón había nacido en 1880 en una hacienda de Sonora. Había estudiado mecánica antes de incorporarse a la revolución durante la fase maderista de 1910. había servido como presidente municipal de Guatabampo durante los meses anteriores al golpe de Huerta y había aceptado el mando militar del estado de Sonora cuando el gobernador José María Maitorena se negó a reconocer al régimen huertista durante las primeras semanas de marzo de 1913.

Las operaciones militares de Obregón en Sonora durante 1913 produjeron resultados decisivos en cuestión de meses. Las batallas de Nogales en marzo, de en abril y de Santa Rosa y Santa María en julio de aquel año eliminaron sistemáticamente la presencia federal en el estado y consolidaron el control constitucionalista sobre toda la frontera norte del territorio sonorense.

Para septiembre de 1913, Obregón había sido formalmente designado comandante del cuerpo del ejército del noroeste, con responsabilidades sobre toda la costa del Pacífico mexicano. Durante los meses siguientes, sus fuerzas avanzaron hacia el sur con una velocidad operativa que las tropas federales no lograron contrarrestar.

Sinaloa fue ocupado durante el invierno. Nayariz cayó durante la primavera de 1914 y para mediados de junio de aquel año, Obregón había concentrado aproximadamente 14,000 hombres en las inmediaciones de Tepic, preparándose para la ofensiva sobre Jalisco, que durante las jornadas siguientes lo conduciría hacia los llanos de Orendain y hacia la victoria que precipitaría el colapso del régimen huertista.

 en cuestión de semanas, a principios de junio de 1914, después de consolidar el control constitucionalista sobre la totalidad de Sinaloa y Nayari durante los meses anteriores, Álvaro Obregón inició desde Tepig la marcha hacia Jalisco, que durante las semanas siguientes lo conduciría hasta los llanos de Orendin.

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