En diciembre de 2022, un biólogo brasileño dejó su grabadora encendida en la selva amazónica de Tambopata, Perú. Solo quería capturar los sonidos nocturnos de los monos. Lo que grabó no era un mono. A las 2:37 de la madrugada aparece un silvido. Tres notas cortas. Pausa. Dos largas. El biólogo lo reconoció de inmediato.
Era exactamente como los ribereños describían al tunche. Exactamente. Siguió grabando las noches siguientes. El silvido volvió cada vez más cerca. La cuarta noche sonó desde adentro de la carpa. La grabadora portátil captó el zíper abriéndose, paso saliendo hacia la selva y después nada. 4 horas de silencio. El biólogo fue encontrado tres días después, a 40 km de donde había acampado, sin heridas, sin explicación y sin ningún recuerdo de haber caminado.
Pero la grabadora sí recordaba. 4 horas de pasos continuos. y el silvido siempre a la misma distancia, como si algo lo estuviera guiando o llevando. Para entender lo que esa grabadora capturó, primero necesitas conocer a Renato Vieira y por qué su desaparición no debería haber sido posible. Renato Augusto Vieira Cardoso, 38 años, biólogo especializado en primatología amazónica, doctor por la Universidad de Sao Paulo, 15 años estudiando comportamiento nocturno de primates en la cuenca amazónica. Si hay alguien en Brasil que
sabe estar solo en la selva sin cometer errores, ese era Renato. Conocía cada sonido, cada trampa, cada error que mata a un investigador inexperto. No bebas agua sin purificar. No camines de noche sin GPS. No respondas sonidos que no reconoces. Renato había repetido esas reglas en decenas de talleres de campo.
Las enseñaba a sus estudiantes antes de cada expedición. En noviembre de 2022, Renato obtuvo financiamiento del CNPQ, el Consejo Nacional de Desarrollo Científico de Brasil, para un proyecto de monitoreo acústico nocturno en la reserva nacional de Tambopata, Madre de Dios, Perú. El objetivo era documentar los patrones de vocalización del mono aullador negro Alowata Palliata entre medianoche y el amanecer.
Un comportamiento poco estudiado porque casi ningún investigador quiere quedarse solo en la Amazonia a esas horas. Para eso llevaba cuatro grabadoras autónomas Wildlife Acoustic Song Meter SM4. Son los equipos estándar de la industria para monitoreo bioacústico en campo remoto, carcasa completamente impermeable, dos micrófonos integrados de alta sensibilidad, cada una alimentada por cuatro pilas de que dan hasta 650 horas de operación.
Memoria de hasta 1 TB en dos ranuras de tarjeta SD. Lo más importante para el trabajo de Renato, las Song Meeter tienen un sistema de programación por horario. Él las configuró con el preset nocturno estándar para investigación de primates. Grabación automática de las 10 de la noche a las 6 de la mañana cada noche sin intervención humana.
Durante el día, el equipo entra en modo de ahorro de energía. De noche despierta solo y graba. Además de las cuatro grabadoras fijas, Renato llevaba consigo una grabadora portátil Zoom H5, un equipo compacto de mano [música] que usaba para registrar observaciones personales, tomar notas de audio en campo y capturar cualquier sonido que quisiera documentar en el momento.
Con dos pilas AA alcalinas, la HT5 tiene una autonomía máxima de 15 horas de grabación continua. Renato también llevaba GPS satelital, radio de emergencia de largo alcance, botiquín completo y provisiones para 20 días. Renato era por encima de todo meticuloso. Pero hay algo que Renato también era escéptico. Llevaba 15 años en comunidades ribereñas de la Amazonia.
Había escuchado cada historia, cada advertencia, cada leyenda local. El mapinguari, la cobra grande, la maido río y el tunche. Siempre respondía lo mismo. La selva genera folklore, es normal. El miedo crea figuras donde no las hay. Dos semanas antes de partir hacia Tambopata, Renato cenó con su colega peruano, el antropólogo Marco Quispe en Lima.
Marco conoce la Amazonia peruana desde hace 20 años. Ha documentado más de 300 relatos sobre el tunche de comunidades ribereñas entre Madre de Dios y Loreto. Renato, en Tambopata, no salgas a investigar si escuchas el silvido de noche. Da igual lo que sea, no salgas. Renato se rió. Marco, llevo 15 años durmiendo en la selva. No me va a pasar nada.
Eso dicen los que todavía no escucharon nada”, respondió Marco. Renato cambió de tema, pero Marco me dijo algo más cuando lo contacté para este video. Cuando Renato se fue esa noche, noté algo. Cuando mencioné el tunche por un segundo, su cara cambió como si reconociera el nombre de una manera diferente, no con curiosidad científica, con algo más.
ya lo hubiera escuchado. Ábites, para entender lo que pasó después, necesitas entender dónde estaba Renato. La Reserva Nacional de Tambopata tiene 274,690 haáreas de selva virgen en el departamento de Madre de Dios al sureste del Perú. Es una de las regiones con mayor biodiversidad documentada del planeta. Solo en aves tiene más especies registradas que en toda Europa.
Pero tambopata tiene otro récord, uno que no aparece en los folletos turísticos. Entre 2010 y 2022, 21 personas desaparecieron en la reserva sin que sus cuerpos fueran encontrados. No aventureros sin experiencia, no turistas perdidos, investigadores, guardaparques, guías ribereños que conocían esa selva desde niños.
El CERNP, el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas del Perú, tiene un protocolo específico para desapariciones en Tambopata que no existe en ninguna otra reserva del país. El protocolo incluye una instrucción que ningún manual oficial debería contener. Si el equipo de búsqueda escucha silvidos nocturnos con patrón irregular, debe detener la búsqueda inmediatamente y esperar al amanecer.
Cuando pregunté al CER Nampe por qué existía esa instrucción, la respuesta oficial fue medida de seguridad ante posibles confusiones acústicas en condiciones de baja visibilidad. Los guardaparques locales tienen otra explicación. Pedro Quispe Mamani, sin relación con el antropólogo Marco Quispe, lleva 12 años como guardaparque en el sector sur de Tambopata.
Conoce cada sendero, cada aguajal, cada animal que habita esa parte de la reserva. Le pregunté sobre el protocolo de silvidos. Mire, yo soy un hombre práctico. No creo en fantasmas, pero en 12 años he escuchado ese silvido siete veces. Tres notas cortas, pausa, dos largas. Y las siete veces que lo escuché, al día siguiente faltaba alguien.
¿Qué cree que es? No sé qué es, pero sé que cuando lo escuchas te dan ganas de caminar hacia él. Una gana muy fuerte, como si alguien te jalara desde adentro del pecho. Y si caminas, ya no vuelves igual. ¿Usted caminó alguna vez? Pedro se levantó de la silla y terminó la conversación. Renato llegó a Puerto Maldonado el 3 de diciembre de 2022.
Se registró en la oficina del CERN P. Presentó sus permisos de investigación. Recibió el briefing de seguridad estándar. El técnico que hizo el briefing le mencionó el protocolo de silvidos nocturnos. Renato anotó en su cuaderno protocolo acústico nocturno. Posible fenómeno de ventriloquismo ambiental o eco en cañones. Investigar.
Entró a la reserva el 5 de diciembre, acompañado por un guía ribeiriño, Julio Mamani. Hasta su campamento base en el sector RP7, a 22 km del puesto de control más cercano, Julio lo dejó instalado, le recordó los protocolos y le dijo una última cosa antes de irse. Ingeniero, si escucha el silvido, no responda.
No importa lo que sienta, no responda. Renato le agradeció, sonrió y empezó a montar sus equipos. Durante los primeros tres días todo fue normal. Renato instaló las cuatro grabadoras Songer SM4 en posiciones estratégicas alrededor del campamento a 50, 100, 200 y 400 m, siguiendo los puntos cardinales fijadas a los troncos con abrazaderas metálicas a 2 m de altura.
Lejos del alcance de tapires y pecaríes, ya programadas antes de salir de San Paulo con el horario nocturno. Activación automática a las 10 de la noche, parada a las 6 de la mañana, repetición diaria hasta agotar la batería o la memoria. Esa noche, mientras las Song Meet grababan solas en la oscuridad, Renato comenzó su rutina.
Revisaba los archivos de la madrugada anterior en su laptop. Tomaba notas en su cuaderno de campo y salía al amanecer con su grabadora portátil Zuma H5 para complementar con observaciones directas. Su cuaderno de campo de los días 5, 6 y 7 de diciembre es detallado, meticuloso, completamente ordinario. Noche 1, monoaullador activo entre 215 y 340 AM.
Grupo de al menos seis individuos. SM4 Norte capturó secuencia completa. Excelente material. Noche 2, lluvia entre 1 y 4:30 AM. Actividad de primates reducida. SM4 Este detectó movimiento de tapir cerca del río. Noche 3. Sin incidentes. Material de alta calidad. Proyecto en perfectas condiciones. La noche del 8 de diciembre es diferente.
La entrada en el cuaderno empieza igual que las anteriores. Hora 2200. Temperatura 24 vez, humedad 87%, todo normal. Pero a las 2:37 Renato añade una nota en letra más pequeña, como si hubiera querido que ocupara poco espacio en la página 237. Ames, silvido, no identificado. Tres notas cortas, dos largas.
No coincide con ninguna especie de la región. posible eco o fuente humana distante. Es M4 norte debería haberlo capturado. Debajo en la misma letra apretada, me dieron ganas de salir. No salí. Esa última frase es lo más importante que Renato escribió en su cuaderno. Me dieron ganas de salir. Un hombre de 15 años de experiencia que conoce cada trampa de la selva nocturna, que ha escrito manuales sobre los errores que matan investigadores, sintió el impulso de salir de su carpa en la oscuridad, sin linterna, sin GPS, sin razón, y lo anotó como si necesitara
un registro de que había resistido. Al día siguiente, Renato revisó los archivos de la grabadora SM4 Norte. El silvido estaba ahí. Tres notas cortas, pausa de 4 segundos, dos largas. Renato analizó el espectrograma en su laptop. Buscó la fuente. Aves nocturnas, mamíferos, incluso insectos pueden producir silvidos complejos.
Hay especies amazónicas cuyas vocalizaciones son casi imposibles de distinguir de silvidos humanos. Pero el silvido de SM4 norte no correspondía a ninguna especie registrada en la base de datos del CERN P. La frecuencia era demasiado baja para un ave, el ritmo demasiado regular para un mamífero y había algo más.
Renato comparó los archivos de las cuatro songer de esa noche. El silvido aparecía en todas. SM4 norte a 50 m, volumen moderado y claro. SM4 este a 100 m, volumen más bajo. SM4 Sur a 200 m, casi inaudible. SM4 Oeste a 400 m no aparecía, lo que significaba que la fuente del silvido estaba entre 50 y 100 m del campamento.
En el sector del río, Renato anotó, fenómeno acústico no identificado, alta prioridad de investigación. [música] Continuaré monitoreando. Lo que no anotó, pero que Marco Quispe me dijo cuando revisamos el cuaderno juntos es que Renato había subrayado tres veces las palabras no salí de la noche anterior como recordatorio o como advertencia para sí mismo.
La segunda noche con silvido fue el 10 de diciembre. SM4 Norte 1 am. El silvido aparece durante 40 segundos, esta vez más cerca. SM4 Noest también lo capta claramente. SM4 sur levemente. La fuente se había acercado entre 30 y 50 m respecto a la noche anterior. La entrada del cuaderno esa noche tiene algo diferente.
La letra de Renato cambió. Más irregular, más rápida. 115 am. El silvido de nuevo. Más cerca. Intenté grabarlo con la Zum H5 desde dentro de la carpa. Salí al exterior durante aproximadamente 30 segundos. El silvido paró cuando abría el zíper. El silencio fue peor que el sonido. Renato salió de la carpa 30 segundos. Tal vez para verificar la dirección del sonido.
Tal vez porque el impulso fue demasiado fuerte para resistirlo completamente y el silvido paró. Los ribereños lo saben. Es parte de la leyenda. El tunche no silva cuando te ve, silva cuando no puede verte. Cuando te ve cambia de método. La noche del 12 de diciembre fue la tercera noche con Silvido y fue diferente. SM4 Norte registra el silvido a las 3:02 a.
Esta vez las cuatro s meter lo captan con claridad, lo que significa que la fuente estaba dentro del radio de 50 m. cerca del campamento. Pero hay algo más en los archivos de SM4 Norte de esa noche. Algo que Renato no mencionó en su cuaderno, algo que solo descubrió el equipo de búsqueda días después a las 3:47 a 45 minutos después del silvido. SM4 Norte.
La grabadora instalada a 50 m al norte del campamento. Capta el sonido inconfundible del zíper de una carpa. abriéndose, luego pasos lentos, regulares, alejándose del campamento. Luego el silvido, tres notas cortas, pausa, dos largas, esta vez desde dentro del radio de 50 m de SM4 Norte, desde donde Renato acababa de salir.
Y luego, silencio. Durante 4 horas y 22 minutos, SM4 Norte capta únicamente pasos continuos y el silvido siempre a la misma distancia, como si algo estuviera caminando junto a Renato, guiándolo o llevándolo. [música] A las 8:09 a SM4 Norte capta la voz de Renato. No sé dónde estoy, no sé cómo volví, pero caminé toda la noche y el silvido nunca paró.
Eso fue todo lo que captó SM4 Norte. Después silencio y en el fondo del audio casi imperceptible antes de que Renato deje de hablar. Tres notas cortas, pausa, dos largas. Renato no regresó al campamento ese día. ni el siguiente. El 14 de diciembre, cuando Renato no respondió su radio de control diario por segunda vez consecutiva, el Cernó el protocolo de búsqueda.
Un equipo de nueve personas entró al sector RP7 siguiendo las coordenadas del campamento registrado. Encontraron el campamento en perfectas condiciones, la carpa cerrada correctamente, las provisiones organizadas, el equipo [música] técnico funcionando. Las cuatro grabadoras Song Meeter SM4 seguían operando en sus posiciones como cada noche desde el día 5 de diciembre grabando solas de 10 de la noche a 6 de la mañana sin que nadie tuviera que tocarlas.
Dentro de la carpa, el cuaderno de campo de Renato, su saco de dormir extendido, ropa limpia doblada, la laptop con los análisis de espectrograma abiertos en pantalla. Todo indicaba que había salido para una inspección nocturna y planeaba volver, pero Renato no estaba. El jefe del equipo de búsqueda, el biólogo del Cern, Carlos Farfán, revisó el cuaderno de campo, leyó las entradas de los días anteriores.
Cuando llegó a la nota del 8 de diciembre, me dieron ganas de salir, no salí. Se detuvo y cuando llegó a la entrada del 10 de diciembre, el silencio fue peor que el sonido. Cerró el cuaderno. Ordenó al equipo continuar la búsqueda, pero con una instrucción adicional. Si alguien escucha un silvido de noche, nadie responde.
Nadie sale de la tienda base sin excepciones. Ningún miembro del equipo preguntó por qué. El tercer día de búsqueda, Carlos revisó los archivos de las cuatro songer cuando llegó al audio de SM4 norte de la noche del 12 de diciembre. Carlos detuvo la reproducción después de los primeros pasos. conectó auriculares.
Escuchó solo. Lo que escuchó hizo que solicitara apoyo psicológico al terminar el operativo. Porque en las 4 horas de pasos que SM4 Norte registró esa noche, hay algo que no es posible explicar con fenómenos acústicos conocidos. Los pasos de Renato son audibles todo el tiempo, constantes, alejándose en una dirección, pero hay otros pasos más suaves, sin peso, como si algo caminara sobre las hojas sin doblarlas.
Siempre a la misma distancia de los pasos de Renato, siempre a su lado y el silvido. Cada 15 minutos exactos, sin variación, tres notas cortas, pausa, dos largas, como si algo estuviera marcando el camino. El quinto día de búsqueda, un miembro del equipo encontró algo en el sendero a 3 km del campamento. La grabadora portátil. Suma H5 de Renato encendida.
Luz de grabación en rojo. Batería al 12%. Grabando. En la tarjeta de memoria había horas de audio. 47 horas. La Zoom H5 funciona con dos pilas AA alcalinas. Su autonomía máxima en condiciones ideales. Temperatura estable. Micrófono sin Phantom Power. Es de 15 horas de grabación continua en la selva amazónica con la humedad al 87% y temperaturas que caen de noche.
La autonomía real es menor, no mayor. Renato había desaparecido hacía 72 horas, pero la Zoom H5 con baterías para máximo 15 horas tenía 47 horas de audio. No era posible. Carlos Farfán revisó los primeros minutos del audio y los últimos. Los primeros, la voz de Renato describiendo el silvido, describiendo el camino, describiendo la selva.
Los últimos silencio, solo el sonido de la selva de noche y al final, muy bajito, casi inaudible, la voz de Renato diciendo algo una sola vez. Carlos no quiso repetir lo que dijo, solo anotó en su informe oficial. Audio final de grabadora portátil, contenido sensible. Ver expediente reservado CNA NPTP 2022 147. Renato Vieira fue encontrado el 15 de diciembre a 43 km del campamento, caminando solo por el borde del río, descalso, sin mochila, sin GPS, sin linterna, físicamente intacto.
Cuando el equipo lo encontró, Renato los miró y preguntó una sola cosa. ¿Qué día es hoy? 15 de diciembre, le respondió Carlos. Renato asintió muy despacio y dijo, “Entonces caminé tres días, pero no lo dijo como si estuviera sorprendido. Lo dijo como si lo estuviera confirmando, como si ya lo supiera, como si alguien o algo se lo hubiera dicho antes de que llegara el equipo.
Renato fue trasladado al hospital regional de Puerto Maldonado. Evaluación física, sin lesiones, sin signos de deshidratación severa, sin heridas. Evaluación neurológica, completamente normal. Evaluación psicológica, sin signos de psicosis, sin alucinaciones, sin trauma agudo. El diagnóstico oficial fue episodio disociativo asociado a estrés extremo y privación de sueño.
Renato fue dado de alta 4 días después, pero hay cosas que el diagnóstico oficial no puede explicar. Primero, las baterías de la Zoom H5. El equipo de búsqueda retiró las pilas AA de la grabadora. Las analizaron con un medidor de carga. Seguían al 12% de capacidad. La física no lo permite. Con 47 horas de grabación continua en condiciones de alta humedad amazónica, esas pilas deberían estar muertas desde hacía al menos 30 horas.
El fabricante Zoom fue contactado por el equipo técnico del CERN P. Su respuesta fue categórica. Técnicamente imposible. La degradación de capacidad de las pilas alcalinas en entornos tropicales de alta humedad es mayor, no menor, respecto a condiciones estándar. 47 horas de grabación continua con dos pilas AA.
En esas condiciones no tiene explicación dentro de los parámetros del equipo. Segunda anomalía, los pasos en SM4 Norte. El equipo de análisis acústico de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos procesó el audio. Identificaron dos fuentes de pasos distintas durante las 4 horas de grabación. Los pasos de Renato, frecuencia y peso consistentes, con un hombre de 78 kg sobre suelo de selva húmedo.
La otra fuente, frecuencia diferente, ritmo diferente y algo técnicamente perturbador. La segunda fuente de pasos no genera reverberación en las superficies. Cada paso humano en suelo de selva produce una micrverberación detectable cuando el pie toca el suelo. Los micrófonos de alta sensibilidad de la Song Meter SM4 están diseñados precisamente para capturar esas firmas acústicas.
Los pasos de Renato las producen con total normalidad. los otros pasos no como si algo caminara sin tocar el suelo. Tercera anomalía, la más difícil de explicar. Las 47 horas de audio de la Zuma H5 fueron analizadas íntegramente. En total contienen 12 horas de voz de Renato describiendo lo que veía. El problema es que Renato no recuerda haber hablado.
No recuerda nada de los tr días que caminó. Nada. Pero su voz está en esas grabaciones, describiendo árboles, describiendo el río, describiendo la luz y describiendo algo más. En varias horas del audio, la voz de Renato habla de alguien que camina con él. No con miedo, no con urgencia, con una calma extraña, casi hipnótica. Está caminando a mi derecha.
No lo veo, pero sé que está ahí. Silva cada 15 minutos me dice que sigamos. Me dice que no estoy perdido, que esto tiene un camino. Le pregunté a dónde vamos. No respondió con palabras, solo silvó. Cuando Marco Quispe escuchó esas grabaciones, me llamó de inmediato. Las descripciones de Renato coinciden con relatos de hace 200 años que documenté en comunidades sin contacto entre sí.
La misma entidad, el mismo comportamiento, el mismo silvido. ¿Qué cree que pasó? Marco tardó en responder. El ken lo mata. Los siempre lo hicieron. Lleva el cuerpo. Lleva algo dentro de la persona. Que no vuelve con ellos. ¿Y qué cree que se llevó de Renato? La memoria de esos tres días. El precio del viaje. ¿Por qué? Porque lo que vio no es para ser recordado, solo para ser caminado.
Renato Vieira volvió a Brasil en enero de 2023. Retomó sus clases en la universidad 6 meses después. No ha vuelto a la Amazonia peruana. Accedió a hablar conmigo con una condición, no revelar su identidad. El nombre Renato Vieira es ficticio. Todo lo demás es real. ¿Qué recuerda de esos tres días? Nada.
Un vacío completo, como si esos días simplemente no existieran para mí. Entré a la carpa el 12 de diciembre. El siguiente recuerdo que tengo es el río. El 15 de diciembre sin transición. ¿Cómo se siente respecto a eso? Tardó en responder. Al principio me angustiaba. Ahora ya no. Lo extraño es eso. Ya no me angustia. Debería angustiarme.
Perdí tr días de mi vida sin explicación. Pero cuando intento preocuparme por eso, algo adentro se calma. Como si lo que pasó en esos tres días hubiera dejado algo que no tengo palabras para describir. Algo bueno o malo. Ninguna de las dos. Algo diferente, como quietud. Le pregunté por la Suma H5 por las 47 horas de audio. Sé que es mi voz, reconozco mi voz, pero no recuerdo haberla grabado.
Ha escuchado las 47 horas completas. Una pausa larga. No, escuché las primeras 4 horas. Tuve que parar. ¿Por qué? Porque en el audio yo describo cosas que reconozco, árboles que reconozco, el río que reconozco, pero también describo cosas que no existen en Tambopata, especies que no he visto en ningún lugar, una luz que el sol no produce, un sonido que no es el silvido, pero que parece explicarlo.
Y entonces me di cuenta de algo que me asustó más que todo lo anterior. Mi voz en esa grabación no suena asustada, no suena confundida. Suena maravillada. Renato me dijo una última cosa antes de terminar la entrevista. Me dijo que tres semanas después de volver a Brasil, mientras revisaba sus notas de campo, encontró algo en la última página del cuaderno que no recordaba haber escrito.
En letra que reconoce como suya, pero que no recuerda haber trazado. Hay una sola frase: “Lo que silva en la selva no tiene nombre en ningún idioma que se habla de día. No hay fecha, no hay hora y debajo de la frase, algo que no es escritura. Tres líneas cortas, pausa, dos largas, como si hubiera intentado transcribir el silvido o como si algo se lo hubiera dictado.
El expediente CERNPTVP 2022 147 existe. Está catalogado como material reservado. Las cuatro grabadoras Song Meter SM4 y la Zoom H5 de Renato fueron retenidas como evidencia técnica. El Sernan P no ha emitido ninguna declaración pública sobre el caso. La reserva nacional de Tambopata sigue abierta.
Investigadores siguen trabajando allí. Turistas siguen visitando el río. El sector RP7 fue cerrado temporalmente en 2023 por mantenimiento de infraestructura. Sigue cerrado. Marco Quispe me dijo algo cuando terminamos de revisar los archivos. El tunche lleva dos siglos en los relatos de 12 etnias. diferentes, sin contacto entre sí, sin posibilidad de que la historia viajara entre ellas.
Y sin embargo, todos describen lo mismo. El silvido de tres notas cortas y dos largas, la distancia que nunca cambia, los días perdidos, la calma que queda. Para mí eso ya no es folklore, eso es un patrón. ¿Qué le pasó realmente a Renato Vieira en esos tres días? ¿Qué es el tunche? Un fenómeno natural no catalogado.
Una entidad que los pueblos amazónicos identificaron siglos antes de que la ciencia tuviera herramientas para medirla o algo que nunca debería ser medido. Y si mañana estás en la selva y escuchas tres notas cortas, una pausa y dos largas, ¿vas a poder resistir las ganas de salir? Déjame tu teoría en los comentarios.
Nos vemos en el próximo caso.