Esto fue encontrado en la mochila de Matías Morales tr días después de que él y su hermano desaparecieran en Torres del Pain. La grabadora estaba encendida. Lo que escucharás debió quedarse en la montaña. Matías y Andrés Morales, dos hermanos argentinos, expertos montañistas con más de 15 años de experiencia en la Patagonia.
Conocían cada roca, cada glaciar, cada trampa que esconde el Parque Nacional Torres del Paine. En junio de 2022 decidieron hacer algo que los guías locales les advirtieron que no hicieran, atravesar el sendero del Valle Olvidado en pleno invierno austral. Los lugareños tienen otro nombre para ese lugar.
Lo llaman la trilla Hay una razón para ese nombre. Una razón que Matías y [música] Andrés descubrirían demasiado tarde. Pero antes de adentrarnos en lo que les pasó, necesitas entender algo sobre Torres del Pain, algo que no aparece en las guías turísticas. El parque tiene más de 240,000 hectáreas, glaciares, lagos de color turquesa imposible, montañas que cortan [música] el cielo como cuchillos de piedra.
Es uno de los lugares más hermosos del mundo y también uno de los más letales. Cada año el invierno patagónico se cobra vidas. Excursionistas experimentados que subestiman el frío que puede llegar a 40 gr bajo cero. Vientos que superan los 150 km porh. Tormentas que aparecen de la nada y te dejan ciego en segundos.
Pero no es solo el clima lo que mata en Torres del Pain. En 1973, una expedición francesa desapareció en el valle olvidado. Seis personas jamás encontraron los cuerpos, solo una tienda de campaña destrozada y algo más, algo que los reportes oficiales nunca mencionaron. Grabaciones en una cámara de Super8. Minutos de metraje confuso donde se veía el grupo corriendo entre los árboles, mirando hacia atrás, gritando algo en francés.
Los expertos en sonido que analizaron el audio identificaron sus gritos, pero también identificaron algo más. Aullidos, no de lobos, no de pumas, de algo que imitaba voces humanas. Los archivos fueron clasificados, el caso cerrado. La familia de los desaparecidos recibió una compensación del gobierno chileno y firmaron acuerdos de confidencialidad.
Pero en Puerto Natales, el pueblo más cercano a Torres del Paine, la gente sigue contando historias, historias sobre el valle olvidado, sobre los aullidos que persiguen a quienes se atreven a entrar allí en invierno. Los hermanos Morales conocían estas historias. Matías, el mayor las descartabición local.
Andrés, 3 años menor, no estaba tan seguro. En su última noche en Puerto Natales, un guía veterano llamado Esteban Riquelme los encontró en el bar del hotel. Les rogó que no fueran. No es el frío lo que mata en el valle. les dijo, “Es lo que caza cuando cae la noche.” Matías se rió, pagó la cuenta. Al día siguiente, al amanecer, los hermanos entraron al parque.
Fue la última vez que alguien los vio con vida. Según el itinerario que dejaron en la oficina del parque, los hermanos Morales planeaban una travesía de 5 días. Ruta circular. Entrada por el sendero Las Torres. Descenso al valle olvidado. Retorno por el glaciar Grey. Los primeros dos días fueron normales. Matías enviaba mensajes de texto cada noche [música] desde un teléfono satelital.
Fotos del paisaje, bromas sobre el frío, todo bajo control. El tercer día el mensaje fue más corto. Entrando al valle, señal débil. Nos vemos en dos días. Ese fue el último mensaje. Cuando no regresaron en la fecha prevista, su hermana Lucía activó el protocolo de emergencia. Los equipos de búsqueda y rescate entraron al parque el día 7.
Lo que encontraron no tenía sentido. La tienda de campaña de los hermanos estaba montada en un claro del valle, perfectamente armada, sin daños visibles. Dentro las bolsas de dormir extendidas. Ropa térmica doblada, provisiones intactas. Pero Matías y Andrés no estaban. Sus mochilas principales seguían dentro de la tienda, sus cuerdas de escalada, sus GPS, sus radios de emergencia, todo estaba allí.
Lo único que faltaba era lo que llevaban puesto, las chaquetas de expedición, las botas, los guantes, como si hubieran salido para dar un paseo corto y nunca regresaron. El equipo de rescate amplió la búsqueda. Siguieron huellas en la nieve que salían del campamento. Las huellas eran profundas, erráticas, como si los hermanos hubieran corrido.
Las huellas se dirigían hacia el bosque de lengas que bordea el valle. Y allí los rescatistas encontraron algo que los hizo detenerse. Junto a las huellas de las botas de los hermanos había otras marcas más grandes, garras profundas en la nieve congelada. Los expertos en fauna silvestre del parque las examinaron.
“Podrían ser de Puma, dijeron, pero son demasiado grandes. Y el patrón de marcha no coincide. Las huellas seguían [música] adentrándose en el bosque. Los rescatistas la siguieron durante 3 km hasta que las huellas de los hermanos simplemente desaparecieron. No se desviaban, no volvían atrás, simplemente terminaban como si Matías y Andrés hubieran sido levantados del suelo.
Pero las otras huellas, las de las garras, continuaban. Daban vueltas en el mismo lugar donde terminaban las huellas [música] humanas, círculos en la nieve como si algo estuviera buscando o celebrando. La búsqueda continuó durante 11 días. Helicópteros con cámaras térmicas, perros rastreadores, drones, nada.
El día 12, un rescatista llamado Fernando Ibarra estaba revisando el perímetro del campamento abandonado cuando escuchó un sonido débil, un pitido electrónico. Cabó en la nieve cerca del borde del claro. A 50 cm de profundidad encontró la mochila secundaria de Matías, la que usaba para llevar equipo fotográfico. La mochila estaba destrozada como si algo con garras la hubiera rasgado.
El contenido estaba disperso, congelado, pero en el fondo del bolsillo interior, todavía funcionando con su batería al límite, estaba la grabadora digital de Matías. Estaba encendida, había estado grabando durante 11 días. Fernando llevó la grabadora al campamento base. El capitán del equipo de rescate, un hombre llamado Cristóbal Soto, la conectó a un altavoz.
Lo que escucharon hizo que tres rescatistas abandonaran el parque esa misma noche. Voy a describirte lo que contía esa grabación. Los primeros 40 minutos son normales. Matías narrando el paisaje, haciendo comentarios sobre la ruta. La voz de Andrés de fondo riendo, haciendo bromas. Luego un cambio. Minuto 42. La voz de Andrés más seria.
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¿Escuchaste eso, Matías? ¿Qué cosa? Silencio de 20 segundos, Andrés. Como aullidos, pero no de animal. Sonaba más cerca de lo que debería. Matías se ríe. Es el viento, hermano. El valle hace eco raro. Más grabación, sonidos de campamento. Preparando comida. Conversación casual sobre la ruta del día siguiente.
Hora 3, minuto 15. La temperatura había bajado. Se escucha el viento golpeando la tienda y entonces los aullidos. No es una descripción exagerada. No son aullidos de lobo, ni de zorro, ni de puma. Son algo entre un grito humano y el sonido que haría un animal si supiera imitar voces. Y lo peor, los aullidos están llamando nombres. Machías.
André. Distorsionado, prolongado, pero inconfundible. En la grabación se escucha a Andrés. ¿Qué es eso? Matías, alguien nos está jodiendo. Debe ver otro grupo en el valle. Pero su voz ya no suena segura. Los aullidos continúan más cercanos cada vez rodeando la tienda. A veces desde el norte, a veces desde el sur, a veces desde todas las direcciones a la vez.
Hora 4 minuto 30. Los hermanos ya no hablan, solo se escucha respiración acelerada, movimientos dentro de la tienda, el sonido de una cremallera al abrirse, la voz de Matías susurrando, voy a ver qué es. Andrés, no, no salgas, Matías, no puede ser nada real. Los animales no hacen eso. Sonido de botas en la nieve.
Matías ha salido de la tienda. Silencio. 30 segundos de nada, solo viento. Y entonces Matías grita. No es un grito de dolor, es un grito de terror absoluto. El grito de alguien que está viendo algo que su mente no puede procesar. Andrés, corre. Sonido de carrera. Matías vuelve a entrar a la tienda. Respiración frenética. Andrés gritando.
¿Qué viste? ¿Qué viste? Matías no responde, solo repite. Tenemos que salir. Tenemos que salir. Ya salir a dónde está oscuro. Hay una tormenta. No importa. No podemos quedarnos aquí. Eso, eso no es real. No puede ser real. Y aquí es donde la grabación se vuelve caótica. Sonidos de tienda siendo desarmada a medias.
Objetos cayendo, los hermanos saliendo a la nieve corriendo. Los aullidos ahora están en todas partes y algo más. Pasos, pasos pesados persiguiéndolos, corriendo más rápido que ellos. Andrés soyosando mientras corre. ¿Qué es esa cosa? ¿Qué es esa cosa? Matías, no mires atrás, solo corre. La grabadora debe haber estado en el bolsillo de Matías.
El audio es confuso, viento, respiración, ramas rompiéndose y entonces Andrés grita, “¡Se lo llevó Matías! Se lo llevó! Pero la voz no es de Andrés, es algo imitando a Andrés. Matías se detiene. Se escucha en su respiración el momento en que entiende. Andrés está detrás de mí, ¿verdad? Silencio. Andrés, si eres tú, di algo que solo nosotros sepamos.
Di el nombre del perro que teníamos de niños. Silencio. Y entonces la voz falsa de Andrés, ahora distorsionada, inhumana. Matías, ven con nosotros. Sonido de carrera desesperada. Matías corriendo, tropezando, levantándose. La respiración cada vez más débil, hipotermia, agotamiento y de repente la grabadora cae. Rueda por la nieve.
Se escucha a Matías a la distancia. todavía corriendo, su voz cada vez más lejana. Luego un grito cortado. Silencio. Durante las siguientes 10 horas de grabación, solo hay silencio hasta el amanecer del día siguiente. Cuando algo regresa, se escuchan pasos acercándose a la grabadora, pasos que no son humanos, algo olfateando, respiración profunda, gutural y entonces una voz, la voz de Matías. perfectamente imitada.
Lucía, ven a buscarnos. Estamos esperando. La grabadora es golpeada, enterrada en la nieve. Fin de la grabación útil. El informe oficial dice: “Hipotermia, delirio por exposición extrema. Los hermanos salieron corriendo de la tienda en medio de una tormenta. Desorientados por el frío, los depredadores locales, probablemente Pumas, se llevaron los cuerpos. Caso cerrado.
Pero hay cosas que el informe no explica. ¿Por qué dos montañistas expertos con 15 años de experiencia abandonarían su equipo de supervivencia en medio de una tormenta? ¿Por qué correrían hacia el bosque en lugar de quedarse en la tienda? El capitán Cristóbal Soto, quien lideró [música] la búsqueda, renunció dos semanas después del caso.
Nunca volvió a Torres del Paine. Cuando le preguntaron por qué, solo dijo, “Hay cosas en ese valle que no tienen explicación y no quiero encontrarla.” Fernando Ibarra, el rescatista que encontró la grabadora, desarrolló insomnio crónico. En una entrevista que dio un año después, mencionó algo inquietante. La grabadora tenía 11 días de batería.
estuvo encendida todo ese tiempo y cuando la encontramos todavía estaba caliente, como si algo la hubiera estado usando. Esteban Riquelme, el guía que advirtió a los hermanos, escuchó la grabación completa. Solo dijo, “Eso no es un puma. Los pumas no hacen eso y no quiero saber qué es.” En los 3 años desde la desaparición, 17 excursionistas han sido evacuados del valle olvidado.
Todos reportaron lo mismo. Escucharon voces llamándolos por su nombre, voces de personas que conocían, voces que los guiaban más profundo en el bosque. Algunos salieron a tiempo. El año pasado, un grupo polaco acampó cerca del lugar donde estuvo la tienda de los morales. Despertaron a medianoche. Alguien gritaba pidiendo ayuda en polaco.
Era la voz exacta de uno de los miembros del grupo, pero todos estaban dentro de la tienda. Salieron del valle al amanecer y sobre el teléfono satelital. Las autoridades lo encontraron 3 meses después del cierre del caso. Colgado de una rama a 3 m de altura. La batería estaba muerta. Los registros mostraban 57 mensajes [música] enviados al número de Lucía Morales en los últimos tres meses.
Todos variaciones del mismo texto. Estamos vivos. Ven a buscarnos. Ven sola. El último mensaje había sido enviado dos horas antes de que llegara el equipo de rescate. Las autoridades atribuyeron los mensajes a un mal funcionamiento del equipo satelital. Interferencia de señal, errores de transmisión, pero los técnicos que analizaron el teléfono no encontraron ningún defecto.
El dispositivo funcionaba perfectamente. Alguien había estado enviando esos mensajes o algo. Lucía Morales nunca entró al valle olvidado a buscar a sus hermanos. bloqueó el número del teléfono satelital, se mudó a Buenos Aires, cambió su nombre, pero según su terapeuta, que rompió la confidencialidad después de su muerte, Lucía seguía recibiendo llamadas, no del teléfono satelital, de su propio teléfono, llamadas salientes que ella nunca hizo a números que no existían y cuando revisaba el buzón de voz, encontraba mensajes de ella misma, su
propia voz diciéndole que viniera al valle, que sus hermanos la esperaban, que tenían frío. Lucía Morales murió en 2024 sobre dosis de pastillas. Tenía 32 años. En su mesita de noche encontraron un mapa de Torres del Pain. El valle olvidado estaba marcado con un círculo rojo y una nota escrita con su letra, “¡Ya voy, espérenme! Hoy, si buscas en foros de montañismo y en grupos de expedicionarios de la Patagonia, encontrarás advertencias sobre Torres del Pain, no sobre el clima, no sobre los pumas o los accidentes, sobre las
voces, especialmente sobre una regla que todos los guías experimentados conocen. Si escuchas tu nombre en la montaña, si reconoces la voz de alguien que amas llamándote desde el bosque, no respondas, no vayas a ver, porque lo que sea que esté llamándote no es quien crees. Y una vez que respondes, una vez que sigues esa voz, nunca sales del valle.
Te conviertes en parte de él, en otra voz más, esperando, llamando, para siempre. Los hermanos morales nunca fueron encontrados. Oficialmente murieron por exposición al frío. Pero tú ya escuchaste la grabación, tú ya conoces las voces, tú ya sabes lo que los reportes oficiales ocultaron. Entonces te pregunto, ¿qué crees que realmente le pasó a Matías y Andrés? ¿Fue hipotermia y delirio o algo que lleva siglos cazando en ese valle? ¿Y qué me dices de Lucía? coincidencia o algo más siguió llamándola hasta el final. Escribe en los comentarios tu
teoría. ¿Qué crees que es el Hoween? ¿Un animal desconocido? ¿Un fenómeno psicológico? ¿Algo peor? Y si alguna vez has estado en Torres del Pain, si alguna vez escuchaste algo raro en las montañas, cuéntamelo. Porque estas historias no terminan, solo esperan a la siguiente persona que entre al valle. Nos vemos en el próximo caso, si es que todavía estoy aquí para contarlo.
Dicen que los hermanos Morales desaparecieron aquí mismo. ¿Lo puedes creer? Va, seguro se perdieron con la tormenta. La gente exagera todo en internet. Igual da un poquito de miedo, ¿no? Tranquila, mientras no escuchemos voces estamos bien. Ven con domingo. Oh. Ah.