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Sangre, maldiciones y obsesión suicida: La aterradora historia oculta detrás del rodaje de Los Diez Mandamientos (1956)

La historia del cine clásico está repleta de grandes producciones, pero ninguna alcanza la magnitud mística, técnica y humana de Los Diez Mandamientos (1956). Dirigida por el legendario Cecil B. DeMille y protagonizada por Charlton Heston, esta obra cumbre es recordada como el estándar de oro del cine épico de Hollywood. Millones de personas en todo el mundo la ven año tras año, maravilladas por la apertura del Mar Rojo o la entrega de las tablas de la ley en el monte Sinaí. Sin embargo, detrás del technicolor y la grandiosidad de la pantalla se ocultaba una realidad escalofriante: un rodaje plagado de accidentes fatales, obsesiones que rozaban el suicidio, censura gubernamental y sucesos tan inexplicables que el equipo entero llegó a creer que cargaban con una auténtica maldición bíblica.

Para entender el fenómeno, es necesario asomarse a las profundidades de una producción que estuvo a punto de quebrar a los estudios Paramount Pictures. Con un presupuesto colosal de 13 millones de dólares de la época, el equivalente a más de 200 millones de dólares en la actualidad, los ejecutivos vivían en un estado de pánico constante. Cecil B. DeMille gastaba el dinero como si fuera agua bendita, exigiendo una perfección absoluta que desafiaba cualquier lógica financiera. El set de la ciudad egipcia requirió 35,000 toneladas de yeso, 300 estatuas gigantes y el trabajo de 2,500 obreros durante un año y medio. Incluía sistemas de agua corriente y decoraciones con oro genuino. Era una estructura faraónica más grande y detallada que muchos monumentos auténticos de la antigüedad, cu

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