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El verdadero motor de la economía: Por qué son los consumidores y no los empresarios quienes generan el empleo

El debate sobre el incremento del salario mínimo en Colombia siempre ha sido un escenario de intensas disputas narrativas. Históricamente, la llegada del mes de diciembre viene acompañada de proyecciones, mesas de concertación y, casi de manera inevitable, de las advertencias del sector empresarial sobre los supuestos peligros de aumentar la remuneración de la clase trabajadora. El anuncio del ajuste para el año 2025 no ha sido la excepción. Con una subida fijada en el 9.54%, el salario mínimo nominal se ubicará en 1.423.500 pesos, sumado a un subsidio de transporte que asciende a los 200.000 pesos tras un incremento de 38.000 pesos. En conjunto, los más de 2.2 millones de trabajadores beneficiados —que representan aproximadamente el 10% de la población ocupada del país— recibirán un total de 1.623.500 pesos mensuales.

A pesar de que el presidente Gustavo Petro destacó que este incremento se da en un contexto de desaceleración de la inflación, la cual bordea el 5% general y un notable 2.7% en el sector de alimentos —convirtiéndose en una de las caídas más significativas dentro de los países de la OCDE—, los sectores tradicionales del empresariado reaccionaron con presteza. Las voces de alerta circularon rápidamente por los principales medios, argumentando que el ajuste salarial deteriorará

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