El fútbol tiene memoria, y las paredes del viejo Mestalla custodian algunos de los capítulos más brillantes y apasionantes de la historia del balompié español. Hubo una época, no tan lejana, en la que el Valencia CF no necesitaba presupuestos multimillonarios ni un despliegue mediático masivo para mirar directamente a los ojos a los trasatlánticos del continente y arrebatarles la gloria. Entre finales de la década de los 90 y los primeros años del nuevo milenio, el club de la capital del Turia forjó una era dorada que se grabó a fuego en el corazón de sus aficionados y en los anales del deporte rey.
Nacido en el lejano año 1919, el Valencia CF adoptó la icónica figura del murciélago en su escudo, un símbolo que permaneció como testigo mudo de largas décadas de lucha hasta que llegó el momento de elevarse hacia lo más alto [00:13]. Aquella plantilla legendaria demostró al mundo entero que el orden táctico, el orgullo institucional y una conexión mágica con su grada eran armas más que suficientes para doblegar a cualquier rival. No eran el equipo más rico del planeta, pero sobre el terreno de juego imponían una ley inquebrantable [00:26].
El despegue definitivo de este proyecto de etiqueta comenzó a gestarse en 19097 con el aterrizaje en el banquillo del carismático técnico italiano Claudio Ranieri [00:33]. Con una plantilla repleta de carácter, el Valencia armó un bloque defensivo prácticamente impenetrable, un auténtico cerrojo liderado bajo palos por la personalidad de Santiago Cañizares, complementado por la veteranía y solidez de Miroslav Đukić y el incansable Amadeo Carboni [00:33]. En la sala de máquinas, futbolistas de la talla de Gaizka Mendieta y Francisco Farinós ponían el criterio y el despliegue físico, mientras que en la punta de ataque la velocidad endiablada y el olfato goleador de Claudio “El Piojo” López sembraban el pánico en las defensas rivales [
La primera gran demostración de poder de este grupo aconteció en el año 1999 con la conquista de la Copa del Rey, un torneo que quedó marcado por actuaciones memorables [00:41]. En la ronda de semifinales, los ches se cruzaron con el Real Madrid en una eliminatoria que pasó a la posteridad tras endosarle un humillante e histórico 6-0 al conjunto blanco en el feudo valencianista [00:41]. Con la moral por las nubes, la final ante el Atlético de Madrid en La Cartuja fue una auténtica exhibición que concluyó con un contundente 3-0 [00:41]. Aquella noche quedó inmortalizada por una obra de arte firmada por Mendieta, quien firmó un gol antológico tras un control de pecho orientado y un sombrero de espaldas ante varios defensores que dejó boquiabiertos a los espectadores [00:54]. Con un doblete del indomable “Piojo” López, la ciudad se echó a la calle para celebrar el regreso de un Valencia de etiqueta al panorama de los campeones [00:54].
El éxito doméstico fue el trampolín perfecto para el asalto al continente europeo. Bajo la sabia dirección táctica del estratega argentino Héctor Cúper, el Valencia se paseó con autoridad por los escenarios más imponentes de la UEFA Champions League en el año 2000 [01:01]. Líderes indiscutibles en la fase de grupos, los blanquinegros marearon a sus rivales con un fútbol vertical y asfixiante [01:01]. En los cuartos de final barrieron a la Lazio y, en una recordada semifinal, trituraron las ilusiones del FC Barcelona para meterse de lleno en la gran final europea [01:08]. Sin embargo, el destino fue cruel en Saint-Denis. El Real Madrid hizo valer su experiencia en finales y no perdonó, truncando el sueño de la primera orejona blanquinegra con un doloroso resultado en contra [01:15].
Lejos de hundirse por el golpe recibido, el equipo demostró una resiliencia inquebrantable y volvió a intentarlo con la misma convicción al año siguiente [01:21]. Europa volvió a rendirse ante el despliegue de los ches, dejando en el camino al Arsenal en la ronda de cuartos de final y destrozando al Leeds United con un rotundo 3-0 en las semifinales [01:21]. La gloria continental volvía a estar a solo noventa minutos de distancia, esta vez ante el poderoso Bayern de Múnich alemán, que contaba con el imponente guardameta Oliver Kahn bajo los tres palos [01:28]. Tras un agónico empate durante el tiempo reglamentario, la final se tuvo que decidir desde la dramática tanda de penaltis [01:34]. Mestalla entera contuvo el aliento, pero la fortuna volvió a dar la espalda cuando el central Mauricio Pellegrino erró el lanzamiento definitivo [01:34]. A pesar de rozar el cielo con la punta de los dedos en dos ocasiones consecutivas, el Valencia ya se había ganado el respeto absoluto del planeta fútbol, demostrando que podía torear sin complejos en las plazas más difíciles del mundo [01:40].
La madurez total de esta era dorada llegó de la mano de un metódico y brillante entrenador madrileño: Rafa Benítez [01:46]. Con su llegada, el conjunto che dejó de ser una revelación para transformarse en un equipo temible a nivel internacional [01:46]. La escuadra se reforzó con la magia incombustible de hombres como Pablo Aimar, el liderazgo defensivo del central Roberto Ayala, el despliegue físico de David Albelda y Rubén Baraja en el mediocampo, y la velocidad de un extremo desequilibrante como Vicente Rodríguez, quien volaba por la banda izquierda como una auténtica bala [01:53].
Los frutos del trabajo de Benítez no tardaron en llegar. En la temporada 2001-2002, el Valencia rompió una sequía de más de tres décadas sin títulos ligueros al meterse el campeonato nacional en el bolsillo de forma brillante, sacando una considerable ventaja de siete puntos a su inmediato perseguidor, el Deportivo de La Coruña [02:01]. La estabilidad y el gen competitivo se mantuvieron firmes en la capital del Turia, alcanzando su cenit absoluto en el mágico año 2004 [02:08]. Aquella campaña fue sencillamente exquisita e histórica, culminando con la consecución de un legendario e inolvidable doblete [02:08]. El club conquistó su sexta Liga doméstica sometiendo a todos sus rivales con una regularidad aplastante, y de manera paralela, atropelló a cuantos contrincantes se cruzaron en su camino en la Copa de la UEFA [02:16]. La gran final continental en Gotemburgo ante el Olympique de Marsella se saldó con victoria che, desatando la euforia masiva de una afición que volvió a lucir orgullosa la bufanda blanquinegra por las calles de una ciudad volcada con sus héroes [02:16]. Para redondear un ciclo irrepetible, el equipo sumó meses después la Supercopa de Europa al derrotar con autoridad al FC Oporto [02:23].
Lamentablemente, el brillo de las estrellas comenzó a apagarse de forma paulatina en los años venideros. Los ambiciosos planes institucionales, que incluían la construcción de un nuevo estadio que quedó paralizado a medio hacer, desencadenaron una profunda crisis financiera que obligó a la entidad a desprenderse de sus principales figuras [02:35]. Crack mundiales de la talla de David Silva, David Villa y Juan Mata tuvieron que abandonar la disciplina che, dejando a la grada huérfana de sus espectaculares y bellas jugadas sobre el césped [02:35]. Una concatenación de pésimas decisiones de gestión económica e institucional incrementó exponencialmente las deudas y los problemas deportivos del club [02:35].
El punto de inflexión definitivo e institucional se produjo con la llegada de capital extranjero y la adquisición de la mayoría accionarial por parte del magnate singapurense Peter Lim [02:42]. Lo que inicialmente se vendió como la salvación del club se transformó con el paso de los años en una pesadilla de desapego institucional y deportivo. La gestión actual, severamente criticada por analistas y aficionados, ha demostrado una alarmante falta de empatía y amor hacia la rica historia del equipo y las exigencias de la propia ciudad de Valencia [02:42]. El seguidor blanquinegro vio cómo la paciencia se agotaba ante el desmantelamiento progresivo de un proyecto que solía competir activamente en la élite europea [02:48].
A pesar de las turbulencias institucionales, el vaciado de las plantillas y el sufrimiento deportivo en la zona baja de la clasificación general, el viejo e imponente estadio de Mestalla se mantiene en pie como el auténtico e inexpugnable bastión de resistencia de este sentimiento centenario [02:48]. Su fiel afición encarna la pasión, la lucha indomable y la memoria viva de aquellos días de gloria imperecedera [02:48]. Porque los títulos pueden empolvarse en las vitrinas y los malos gestores pueden pasar, pero la grandeza real de una institución reside en su gente, aquellos que mantienen viva la firme convicción de que el murciélago, tarde o temprano, volverá a desplegar las alas para reescribir su historia entre los más grandes del fútbol mundial [02:55].