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Benicio Del Toro Educó al Crítico Más Respetado de Francia en Vivo y Cambió Cannes

Su cine americano reduce Latinoamérica a clichés: “Narcos, violencia, realismo mágico barato. ¿Dónde está la verdadera profundidad artística?” La pregunta flotó en el aire del Paledes Festivals como una acusación, pero cuando Benicio del Toro se inclinó hacia el micrófono, todos supieron que el crítico más respetado de Francia acababa de cometer el error más grande de su vida. K.

Francia. Mayo de Doyotchu. El Paledes Festivals brillaba bajo el sol. mediterráneo como un templo del cine mundial. Durante 71 años, este edificio había sido testigo de las glorias y tragedias del séptimo arte. Aquí se habían consagrado leyendas, se habían destruido carreras, se habían reescrito las reglas del cine.

La sala de prensa principal estaba abarrotada. 300 periodistas de 50 países diferentes ocupaban cada asiento disponible. Cámaras de televisión de CNN, BB, Franqu Ray y una docena de cadenas más capturaban cada segundo. Fotógrafos profesionales con credenciales VIP se amontonaban contra las paredes laterales, sus lentes apuntando hacia el panel de invitados como cañones preparados para disparar.

Era la rueda de prensa más esperada del festival. Sicario. Día del soldado, acababa de tener su estreno mundial la noche anterior y la reacción había sido explosiva. La película Secuela del thriller de Denise Vilnerv había dividido a la crítica europea. Algunos la llamaban cine visceral necesario, otros propaganda americana disfrazada de arte.

En el panel principal, cinco sillas esperaban bajo la luz blanca de los reflectores. El director Stefano Soyima, un italiano que había conquistado Hollywood, la productora Molly Smith, el guionista Taylor Sheridan, la actriz Isabel Restrepo y Benicio del Toro. Benicio llevaba un traje negro de Armani sin corbata, la camisa blanca abierta en el cuello.

A sus años seguía teniendo esa presencia magnética que había hipnotizado a audiencias durante tres décadas. Pero había algo más en sus ojos esa tarde, una intensidad silenciosa, como si supiera que algo importante estaba a punto de suceder. Lo que Venicio no sabía era que en la tercera fila, preparando su momento de gloria mediática, estaba sentado Jeanierre de la Croa.

Jeanier de la Croa, 62 años, crítico principal de Calest de o cinemá desde hacía 20 años, hijo de un director de la Nubel Bag, graduado de la Sorbón, había escrito 17 libros sobre teoría cinematográfica. Su palabra podía hacer o destruir carreras en Europa y tenía un problema con el cine latino en Hollywood.

La moderadora del panel, una mujer suiza llamada Clara Hoffman, dio inicio hasta la sesión con las formalidades habituales. Pregúntase sobre el rodaje, sobre las locaciones, sobre trabajar con el director italiano. Benicio, tu personaje Alejandro regresa en esta secuela. ¿Cómo fue explorar la oscuridad de este hombre otra vez? Benici se inclinó hacia su micrófono.

Su voz grave y medida llenó la sala con esa cadencia única que mezclaba español y inglés de manera musical. Alejandro es un hombre destruido por la violencia. No es un héroe ni un villano. Es un ser humano atrapado en un sistema que devora almas. Eso es lo que traté de mostrar. Aplausos educados. Más preguntas.

El ambiente era profesional, cordial, hasta que Jean-Pierre de la Croa levantó la mano. Clara lo reconoció inmediatamente. Monsieur de la Croa Call du cinema. Jean-Pierre se puso de pie con esa arrogancia intelectual que solo décadas de privilegio académico pueden crear. Llevaba un saco de tweet a pesar del calor mediterráneo, lentes redondos que hacían que pareciera perpetuamente condescendiente y una pequeña libreta Moleskin donde supuestamente tomaba notas profundas sobre el arte cinematográfico. “Mercí Clara, mi

pregunta es para Mo del Toro.” Benicio lo miró directamente. Algo en su postura cambió casi imperceptible, pero los que lo conocían bien, como el director Soyima sentado a su lado, reconocieron la señal. Benicio acababa de activar su modo de máxima alerta. Mossier del Toro es seguido su carrera con interés académico durante años.

Traffic, che, sicario, ahora esta secuela, todos roles latinoamericanos sumergidos en violencia, narcotráfico, criminalidad. Jean Pierre hizo una pausa dramática mirando a su alrededor para asegurarse de que todos estuvieran prestando atención. Mi pregunta es directa. Su cine americano reduce Latinoamérica a clichés, narcos, violencia, realismo mágico barato cuando intentan ser profundos.

¿Dónde está la verdadera profundidad artística? ¿Dónde está la complejidad que nosotros en el cine europeo exigimos? El silencio que siguió fue absoluto. 300 personas procesando simultáneamente la brutalidad intelectual de lo que acababan de escuchar. Las cámaras se enfocaron automáticamente en Benicio, buscando su reacción. Benicio no se movió.

Sus ojos permanecieron fijos en Jeanierre con una calma que era infinitamente más aterradora que cualquier explosión de ira. 10 segundos de silencio. 15 20 Janierre, interpretando el silencio como victoria intelectual continuó. Entiendo que Hollywood paga bien. Entiendo que ustedes, actores latinos, tienen opciones limitadas, pero no se cansan de perpetuar estereotipos.

En Francia, nuestros actores rechazan papeles que no tienen profundidad artística. ¿Ustedes no tienen ese lujo? Y entonces Benicio del Toro hizo algo que nadie esperaba. Sonríó. No fue una sonrisa amistosa, fue la sonrisa de un hombre que acababa de recibir exactamente la pregunta que había estado esperando durante años.

Mier de la Croa. Benicio, pronunció el nombre con un acento francés perfectamente correcto, lo que sorprendió al crítico. “¿Puedo hacerle una pregunta antes de responder la suya?” Jeanierre parpadeó claramente, no esperando ser interrogado. “Eh, wi, por supuesto. ¿Ha estado usted alguna vez en Latinoamérica?” La pregunta cayó como una bomba silenciosa.

Yo he visitado Buenos Aires en el festival de cine y una vez estuve en Río de Janeiro. Buenos Aires y Río de Janeiro. Benicio asintió lentamente. Dos ciudades en un continente de 650 millones de personas en 20 países diferentes con 50. Culturas indígenas distintas. Y en base a eso, ¿usted cree tener autoridad para hablar sobre cómo se debe representar Latinoamérica? Jean-Pierre comenzó a sudar visiblemente.

Mi crítica no es sobre Latinoamérica en sí, es sobre la representación cinematográfica. ¿Sabe qué es lo fascinante de los críticos europeos? Mó de la Croa. Benicio se inclinó hacia adelante. La sala entera se inclinó con él magnéticamente atraída por su presencia. Ustedes pasan décadas estudiando a Basin, a Godard, a Trufo.

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