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Amor, Traición y el Cataclismo de Hollywood: La Verdadera Historia Detrás del Escándalo de Robert Pattinson y Kristen Stewart

A lo largo de la historia de la cultura pop, existen fenómenos que definen por completo a una generación. La década de los 2000 fue, sin duda alguna, la era dorada de los vampiros, los hombres lobo y las historias de amor sobrenaturales. En medio de esta fiebre por lo místico, emergió un romance que traspasó los límites de la pantalla grande para instalarse en el centro neurálgico del escrutinio mundial. Estamos hablando de Robert Pattinson y Kristen Stewart, la pareja que dio vida a Edward Cullen y Bella Swan en la exitosa saga “Crepúsculo” (Twilight). Lo que comenzó como un idilio cinematográfico de bajo presupuesto se transformó rápidamente en el romance más viral de su época, bautizado por los fanáticos como “Robsten”. Sin embargo, esta historia de amor de proporciones épicas no tuvo un final de cuento de hadas. Terminó convirtiéndose en una de las rupturas más dolorosas, mediáticas y escandalosas en la historia moderna de Hollywood.

Para comprender la magnitud de la traición y el impacto de este quiebre, es fundamental retroceder en el tiempo y analizar cómo se gestó este gigante de la industria. Irónicamente, el mundo estuvo a punto de conocer una versión de “Crepúsculo” completamente distinta y ridícula. Cuando el primer libro de Stephenie Meyer apenas comenzaba a ganar popularidad, un productor de MTV Films adquirió los derechos cinematográficos. Su visión, sin embargo, estaba totalmente distorsionada: querían atraer al público masculino transformando a Bella en una corredora de fondo que utilizaba escopetas para vengar la muerte de su padre, e incluía escenas de persecución en motos acuáticas contra el FBI. Afortunadamente, esta adaptación absurda jamás vio la luz. MTV dejó caducar los derechos, los cuales fueron adquiridos en 2007 por Summit Entertainment, una productora independiente con un presupuesto bastante modesto de apenas 37 millones de dólares.

Con recursos limitados, Summit Entertainment y la directora Catherine Hardwicke decidieron que el éxito de la película no radicaría en explosiones ni motos acuáticas, sino en exprimir al máximo el jugo del romance adolescente. Para lograrlo, necesitaban a los protagonistas perfectos, una pareja cuya química fuera tan intensa que lograra hipnotizar a millones de espectadores.

Catherine Hardwicke tenía muy claro quién debía ser su Bella Swan. Tras ver la impecable actuación de una joven Kristen Stewart en la película “Into the Wild”, la directora voló directamente a Pittsburgh, donde Stewart se encontraba filmando, para realizarle una prueba de guion rápida. Kristen, quien provenía de una familia arraigada en la industria del entretenimiento y actuaba desde niña, poseía una expresividad natural y una vulnerabilidad que convencieron a Hardwicke en el acto. Ya tenían a su humana; ahora faltaba el vampiro.

Encontrar a Edward Cullen fue una odisea titánica. La directora evaluó a más de cinco mil candidatos. Al principio, consideraron al mismísimo Henry Cavill, pero concluyeron que ya lucía demasiado mayor para interpretar a un adolescente inmortal. Fue entonces cuando el destino intervino en la figura de Robert Pattinson. El actor británico, conocido por su papel de Cedric Diggory en la saga de “Harry Potter”, atravesaba por el peor momento de su carrera. Estaba completamente arruinado económicamente, sentía que no encajaba en los moldes de belleza convencionales de Hollywood y estaba a punto de abandonar la actuación para siempre.

Cuando Robert recibió el guion de “Crepúsculo”, estuvo a punto de no presentarse al casting. Pensaba que jamás lo elegirían para ser el vampiro irresistible que enamoraría a las masas. Sin embargo, al enterarse de que Kristen Stewart ya estaba confirmada como Bella, su perspectiva cambió. Robert había quedado cautivado por la actuación de Stewart en “Into the Wild” e, impulsado por una especie de “crush” hacia ella, decidió enviar una prueba en video desde Londres. Los directores de casting quedaron intrigados y le pidieron volar a Los Ángeles. Pattinson, literalmente sin un centavo en el bolsillo, tuvo que depender de su agente para conseguir los billetes de avión.

La audición final es digna de una leyenda urbana de Hollywood. Al no contar con presupuesto para alquilar un estudio, Catherine Hardwicke realizó la prueba de química en su propia casa. Pattinson y Stewart ensayaron la famosa escena de la clase de biología y luego pasaron a la habitación de la directora para interpretar la escena del beso en su propia cama. La intensidad de ese primer beso fue tan desbordante que Robert se cayó de la cama en pleno éxtasis actoral.

A pesar de esa chispa innegable, los ejecutivos del estudio tenían sus reservas. Robert, que en ese momento trabajaba en una obra de teatro en Londres, acudió a la prueba luciendo un aspecto desaliñado, con un cabello negro desordenado y un aura más bien extraña. No encajaba en el prototipo del rompecorazones adolescente. Pero Hardwicke tenía una carta bajo la manga: le preguntó a Kristen quién le había gustado más. La joven actriz fue categórica al afirmar que Robert era el único que había entendido la complejidad del personaje y con el único que había sentido una conexión real. “Tiene que ser Robert”, sentenció.

El estudio confió en su protagonista femenina, sometió a Robert a un cambio de imagen exhaustivo, lo inscribió en el gimnasio y le dio el papel. Con el elenco consolidado, el estudio impuso una regla de oro: bajo ninguna circunstancia Robert y Kristen debían enamorarse en la vida real. Sabían que una saga tan extensa podría verse en peligro si una eventual relación amorosa entre ellos terminaba en desastre. Además, la situación rozaba lo delicado: Kristen tenía 17 años y mantenía una relación de tres años con el actor Michael Angarano, mientras que Robert tenía 21.

Cuando la primera entrega de “Crepúsculo” se estrenó en noviembre de 2008, el mundo enloqueció. La película recaudó más de 400 millones de dólares. De la noche a la mañana, dos actores de perfil bajo e independiente se convirtieron en las estrellas más perseguidas, acosadas e idolatradas del planeta. La histeria colectiva llegó a niveles insospechados, con fanáticas dispuestas a todo por un segundo de atención de sus ídolos. En medio de esta vorágine de fama desmesurada, la química entre Robert y Kristen ya era imposible de ocultar. Las bromas nerviosas en las entrevistas y las sesiones de fotos desbordantes de pasión dejaban claro que algo se cocinaba detrás de cámaras.

Durante la grabación de la segunda película, “Luna Nueva”, el set se convirtió en un nido de tensiones emocionales y rumores. La relación de Kristen con Michael Angarano comenzó a deteriorarse rápidamente. A la par, surgieron especulaciones de que Robert había tenido breves encuentros con Nikki Reed, la actriz que interpretaba a Rosalie Hale y que, casualmente, era la mejor amiga de Kristen en ese entonces. Las grabaciones en Italia fueron el punto de inflexión. Fue allí, lejos de los paparazzis estadounidenses, donde la amistad entre Stewart y Pattinson mutó definitivamente en un romance encendido. Angarano desapareció del mapa, la amistad de Kristen y Nikki se fracturó, y muy pronto, fotos de Robert saliendo del apartamento de Kristen confirmaron las sospechas: “Robsten” era real.

A pesar de las evidencias, el estudio los obligó a mantener un secretismo asfixiante durante la promoción de “Luna Nueva”. Cualquier periodista que se atreviera a indagar sobre su romance era inmediatamente silenciado por los publicistas. Pero el amor, igual que la fama, no se puede esconder por mucho tiempo. Para la tercera película, “Eclipse”, ya caminaban de la mano por los aeropuertos y se presentaban como pareja oficial. Era el clímax de su romance y el punto más alto del furor de la saga vampírica.

Sin embargo, estar en la cima significa que la caída puede ser letal. Tras finalizar las grabaciones de la última entrega, “Amanecer”, ambos actores buscaron diversificar sus carreras para no quedar encasillados en el rol de ídolos adolescentes. Kristen Stewart fue elegida para protagonizar la ambiciosa película de acción “Blancanieves y el Cazador” (Snow White and the Huntsman). Esta decisión profesional sellaría su destino personal de la forma más trágica posible.

El rodaje de “Blancanieves y el Cazador” puso a Stewart, de entonces 22 años, bajo la dirección de Rupert Sanders, un cineasta británico de 41 años, casado y con dos hijos. Durante la extensa gira promocional de la película a mediados de 2012, el trato cercano entre la joven actriz y el maduro director comenzó a levantar sospechas entre el equipo. Pero fue en julio de ese mismo año cuando la bomba atómica estalló en el rostro de Hollywood.

Días después de aparecer felices y enamorados junto a Robert Pattinson en la Comic-Con y en los Teen Choice Awards, la prestigiosa revista Us Weekly publicó una serie de fotografías que harían temblar a la industria. Las imágenes mostraban a Kristen Stewart en un auto, besándose apasionadamente con el director Rupert Sanders. La secuencia fotográfica era devastadora: tras recibir una llamada a la salida del gimnasio, Kristen condujo hacia una zona apartada, Rupert subió a su vehículo y se desató la pasión. Posteriormente, ambos se bajaron del auto y continuaron besándose acaloradamente contra la barandilla de un puente. Lo más irónico e hiriente de estas imágenes es que, durante el furtivo encuentro, Kristen llevaba puesta una gorra de béisbol que pertenecía a Robert.

Para agravar el morbo, la esposa de Rupert Sanders, la modelo Liberty Ross, había actuado en la misma película interpretando a la madre de Blancanieves y había sido una de las personas que abogó fervientemente para que Kristen consiguiera el papel. La traición era absoluta, multidimensional y profundamente humillante para todos los involucrados.

Internet colapsó. Twitter se convirtió en un tribunal público donde millones de fanáticos desolados e indignados crucificaron sin piedad a Kristen Stewart. Se la tildó de villana, de destructora de hogares y de haber roto el corazón del hombre más amado de la pantalla. Ante la inmensa presión, Kristen tomó una medida casi sin precedentes en Hollywood: emitió un comunicado de prensa pidiendo perdón públicamente. En su desgarradora disculpa, Stewart expresó su arrepentimiento por la humillación causada y declaró su amor incondicional por Pattinson: “Esta indiscreción momentánea ha puesto en peligro lo más importante de mi vida, la persona a la que más amo y respeto, Rob. Lo amo, lo amo, lo siento muchísimo”.

Robert, humillado a nivel mundial, hizo sus maletas y abandonó la residencia que compartían en Los Ángeles. Se rumoreaba que el actor estaba a punto de proponerle matrimonio antes de que las imágenes salieran a la luz. Por su parte, Liberty Ross expresó su profundo dolor, insinuó su devastación a través de crípticos mensajes en redes sociales, y finalmente presentó una demanda de divorcio que acabaría con sus 18 años de matrimonio con Sanders, destacando el inmenso sacrificio que ella había hecho por la carrera de él.

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