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SORAYA Jiménez: el PRECIO del triunfo… La asquerosa TRAICIÓN y su cuerpo DESTRUIDO a los 35 años

Si este tipo de historias, las que el [música] deporte oficial nunca quiere que escuches te importan, suscríbete ahora mismo. Dale like. No porque sí, porque Soraya se merece que su historia completa llegue a más gente. No solo el momento bonito de Sydney que todos repiten cada 4 años cuando hay olimpiadas y conviene recordarla.

Lo que nadie te contó con claridad es que la gloria olímpica de Soraya Jiménez fue el principio del fin, que el sistema deportivo mexicano la usó, la aplaudió [música] y la tiró a la basura en el orden exacto que eso suena. Su nombre completo era Zoraya Jiménez Mendivil. Y lo que le pasó cambió todo o debería haberlo cambiado.

Chan, pero México tiene muy mala memoria con sus héroes cuando ya no sirven para generar portadas. [música] En los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que nunca te contaron con claridad. Primera, los documentos que falsificó para poder competir, el escándalo que estalló en 2002 y los dedos que señalaban hacia arriba dentro de la propia federación.

Segunda, el control antidopaje positivo en el Campeonato Panamericano de Venezuela. el antidepresivo que necesitaba para sobrevivir la presión extrema y el proceso público que la despedazó cuando ya estaba en el suelo. Tercera, lo que años de exigencia sobrehumana le hicieron a su cuerpo. 14 [música] operaciones en la rodilla izquierda, un pulmón arrancado, cinco paros cardiorrespiratorios y una federación que desapareció cuando ya no había medallas que atribuirse. Cuarta.

El 28 de marzo de 2013. ¿Cómo murió? Silón, ¿dónde estaba y quién no estaba? Te voy a avisar cuando llegue cada [música] una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante. Entender por qué en México una campeona olímpica puede morir sola, arruinada y olvidada, mientras la federación que la exprimió sigue operando sin que nadie le pida cuentas.

Pero antes de llegar ahí, necesitas saber de dónde venía Soraya, porque el sistema no la rompió de repente, la fue quebrando desde que era casi una niña y empezó mucho antes de que alguien en México supiera su nombre. Grábate esto. Lo que vas a escuchar no es una historia de mala suerte, es una historia de un sistema que sabe exactamente lo que hace con sus [música] atletas.

Todo empezó en Naucalpan de Juárez, Estado de México. El 5 de agosto de 1977, en una familia completamente normal, sin dinero de sobra, eh, sin apellidos conocidos en el mundo del deporte, nació Soraya Jiménez Mendíbil, hija de José Luis Jiménez, contador público, y de María Dolores Mendívil, conocida en la familia como doña Lolita, y nació junto a su hermana gemela, Magali.

Dos niñas exactamente iguales, nacidas el mismo día en la misma ciudad, en el mismo hogar. Una de ellas iba a convertirse en el nombre más importante del deporte mexicano femenino del siglo XX. La otra iba a estar presente en cada triunfo, en cada derrota, y al final, cuando ya no quedara casi nada, iba a ser parte de los pocos que seguían mirando.

Piensa en ese Naucalpán de finales de los 70, una ciudad dormitorio del Estado de México, pegada al Distrito Federal, llena de familias como la de Soraya, familias de clase media trabajadora donde el padre sale a las 7 de la mañana, la madre organiza la casa y los hijos crecen entre la escuela, la calle y los pocos espacios deportivos que el municipio puede sostener.

No había gimnasios privados con entrenadores especializados. No había becas ni programas de detección de talentos que funcionaran de verdad. Había canchas de basquetbol, áreas verdes y la voluntad de una niña que desde muy pequeña demostró que tenía más fuerza en el cuerpo de la que nadie esperaba. Soraya no nació siendo pesista. Eso es fundamental entenderlo.

Nadie nace siendo pesista. Es un deporte que huele a esfuerzo desde el primer día, que duele desde el primer entrenamiento, que exige más del cuerpo humano que casi cualquier otra disciplina olímpica. Y Soraya llegó a él casi por accidente después de intentar varios caminos. Primero fue el basketbol.

Ella y Magali jugaban juntas, eso y competían juntas en selecciones infantiles y juveniles. Soraya tenía talento real para la cancha, manos rápidas. Buena lectura del juego, una competitividad que se notaba desde los primeros partidos, pero la estatura no le ayudó. En el basquet competitivo, centímetro y5 o 2 cm pueden significar la diferencia entre llegar y no llegar al nivel que uno sueña.

Y Soraya se quedó en ese limbo donde el talento existe, pero el cuerpo no coopera exactamente con las exigencias físicas del deporte. Entonces lo intentó con el badminton, después con la natación. No era una niña que se rendía fácilmente. Eso quedó claro desde muy temprano. Seguía buscando, seguía probando, seguía encontrando en el movimiento y en la competencia algo que la jalaba de vuelta cada vez que pensaba en dejarlo todo.

Sí, había algo en ella que necesitaba el desafío físico, [música] que necesitaba poner su cuerpo contra algo enorme y ver qué pasaba hasta que alguien la vio levantar algo y le dijo que tenía fuerza. Fuerza real, no la fuerza de un adolescente promedio, sino algo diferente, algo que se nota cuando quien lo ve sabe lo que está buscando.

[música] Y así, entre finales de los 80 y principios de los 90, Soraya Jiménez Mendivil descubrió la alterofilia, el levantamiento de pesas, un deporte que en México era casi invisible para las mujeres. Un deporte que existía en los márgenes del sistema deportivo mexicano, sin dinero, sin atención, sin cobertura mediática y durante muchos años sin ni siquiera la posibilidad de llegar a unos Juegos [música] Olímpicos. Grábate esto.

En 1997, el Comité Olímpico Internacional aprobó formalmente la participación de mujeres en alterofilia dentro de los Juegos Olímpicos. Eso quiere decir que cuando Soraya comenzó a entrenar en serio, ni siquiera era claro que algún día iba a poder competir en unos juegos. [música] Estaba entrenando para un sueño que todavía no tenía fecha oficial en el calendario olímpico [música] y siguió.

Los primeros años de su carrera fueron duros de una manera que muy poca gente entiende desde afuera. El levantamiento de pesas femenino en México no era un deporte que recibiera recursos. No había infraestructura adecuada, no había programas de becas robustos para mujeres en esa disciplina y las instalaciones eran lo que el presupuesto de un sistema deportivo que priorizaba otras cosas podía ofrecer.

Soraya entrenaba con lo que había, con la dedicación que tenía y con la ayuda de una familia que, sin ser adinerada, entendió que su hija tenía algo especial y lo respaldó en la medida de sus posibilidades. Fue su padre José Luis trabajando en la empresa Gasera, Grupo [música] Uribe, quien eventualmente consiguió que esa misma empresa la patrocinara.

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