Posted in

SASHA MONTENEGRO: Cuidó al Presidente 5 Años. Sus Hijos le Quitaron TODO

 Él también lo sabía, pero él ya no podía hablar. Cuando López Portillo murió esa noche, Sasha no lo vio morir. Y 20 años después, en otro febrero, el 14 de febrero de 2024, Sasha Montenegro murió en Cuernavaca del mismo tipo de accidente cerebrovascular que había empezado a matar a su marido en 1999. el mismo diagnóstico, el mismo final, dos febreros, dos derrames, dos historias que terminaban igual.

 Ella tenía 78 años, él había tenido 83. Entre esos dos febreros cabe la historia que hoy te voy a contar. Y es una historia que la prensa de entonces te contó mal, incompleta o directamente al revés. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que nunca te contaron sobre Sasha Montenegro y la familia del presidente de México que juró destruirla.

Primero, el verdadero motivo por el que los hijos de López Portillo la acusaron de maltratar al presidente y lo que ellos de verdad querían recuperar. Segundo, ¿quién era la hermana del presidente? una de las mujeres más poderosas de México en los años 70. ¿Y por qué desde el primer día juró que Sasha no iba a entrar en esa familia? Tercero, lo que Sasha descubrió el día que ganó el juicio federal y por qué renunció a una pensión millonaria que por ley le pertenecía.

 Y cuarto, ¿qué pasó con la colina del perro? la mansión de Cuajimalpa, por la que se pelearon dos familias durante 20 años, y por qué ni siquiera sus propios hijos pudieron vivir en paz en ella. Te voy a avisar cuando llegue cada una, pero para entender cómo llegamos al hospital de esa noche de febrero, necesitas conocer el México que hizo posible esta historia.

Y ese México probablemente lo viste tú desde el sillón de tu casa en tu propia televisión. Si naciste en los años 50 o 60, si vivías en México o veías el cine mexicano desde Estados Unidos, desde Argentina, desde Colombia, desde cualquier rincón de América Latina, tú la viste. No en una sola película, en decenas.

Sasha Montenegro era el rostro que dominaba las pantallas de los cines de barrio en los años 70 y 80. Era la vedet. Era la rubia rarísima de pómulos altos, de mirada extranjera, que entraba en escena en películas como Bellas de Noche, como fe, esperanza y caridad, como Pedro Navaja, como la vida difícil de una mujer fácil, como Santo contra la magia negra, a más de 50 películas, algunas horrorosas, muchas olvidables, pero ella siempre brillaba adentro.

Ella era la única razón por la que se acordaba alguna gente de que esas películas habían existido. Lo que tú no sabías y lo que casi nadie sabía en aquella época era que Sasha Montenegro ni siquiera se llamaba Sasha Montenegro. Su nombre real era Alexandra Achimovic Popovic. Nació en Bari, Italia, el 20 de enero de 1946, justo al terminar la Segunda Guerra Mundial.

Sus padres eran yugoslavos de familia montenegrina, un nombre que ella después adoptó como apellido artístico. Antes de cumplir dos años, la familia emigró a Argentina huyendo de la Yugoslavia comunista. Ahí creció, ahí aprendió español y a los 25 años con una oferta de cine en la mano, te cruzó el continente en barco y llegó a México en 1971, sin saber absolutamente nada de la política mexicana, ni de los apellidos que dominaban el país, ni del hombre que 13 años después le cambiaría la vida para siempre.

Esa es la mujer que necesitas ver ahora mismo en tu cabeza. Una muchacha de 25 años, extranjera, sin familia en México, sin padrinos, sin contactos. Una belleza yugoslava que empezó a ganarse la vida haciendo películas de ficheras. Las películas eróticas de bajo presupuesto que dominaban los cines mexicanos en los 70.

Tú las conoces, tú las viste en la televisión los domingos por la tarde cuando ponían los ciclos de cine mexicano. Esos escotes que hoy parecen inocentes, pero que en 1975 eran casi un pecado mortal. Esa manera de bailar que era puro teatro, esa voz con acento argentino que la delataba como extranjera en cada frase. Recuerda ese detalle.

 Ese acento aparecerá otra vez y será una de las cosas que la familia del presidente le echará en cara durante años. Imagínatela esos años. Departamento rentado en la colonia Narbarte. Un coche usado. Horarios de trabajo que empezaban a las 5 de la mañana cuando la hacían pasar por maquillaje para que a las 6 ya estuviera sobre el set en pleno rodaje.

Comidas recalentadas entre toma y toma. Mañanas enteras bailando frente a un director que gritaba bajo focos calientes en estudios improvisados en antiguas bodegas del sur de la ciudad. Así se hacían esas películas de ficheras. Así se hicieron los clásicos que hoy llenan los canales de nostalgia. Ese era el trabajo de Sasha Montenegro en los 70.

No era glamour, era oficio duro y mal pagado. Era salir a las 11 de la noche del estudio y manejar sola de regreso a casa con el maquillaje todavía pegado a la cara. Ella no era parte de ninguna camarilla, no iba a fiestas de Televisa, no se dejaba fotografiar con políticos. Era entre las vedetes de su generación la rara, la que no se adaptaba, la que hablaba con acento, la que había estudiado algunos años en Buenos Aires y leía libros entre toma y toma.

 Esa rareza la marcó dentro del medio, la hizo respetada, pero también aislada. No tenía padrinos, no tenía red. Y cuando todo se complicara años después, esa falta de red iba a pesar. En la televisión mexicana de esos años, tú la viste en programas como Siempre en domingo con Raúl Velasco y en donde las vedets eran invitadas a cantar o bailar mientras el conductor les hacía comentarios que hoy nos parecerían humillantes.

 Sasha resistía a esos comentarios con una sonrisa que ya era resistencia. Aparecía, cantaba, bailaba y se iba. Nunca dio de qué hablar. Nunca se dejó grabar en escándalos. Era, como la describió un periodista de espectáculos de la época, la vedet más correcta del mundo de las vedets. Pero en México ser correcta cuando te dedicas al cine de ficheras no te salva de las etiquetas.

 Las etiquetas te caen encima, aunque no las merezcas. Tú la viste en la televisión, tú la viste en los cines, tú conocías su cara. Lo que no sabías era la clase de mundo que envolvía al cine mexicano en esa época, un mundo que tenía nombre y apellido. Y uno de esos apellidos era López Portillo, porque el cine mexicano de los 70 no era un mercado libre, no era un mundo donde una actriz trabajaba, cobraba y se iba a su casa.

El cine mexicano desde 1976, cuando José López Portillo llegó a la presidencia, quedó en manos de una sola persona y esa persona era la hermana del presidente, Margarita López Portillo y Pacheco. Nacida en Guadalajara en 1914. Una mujer de 62 años cuando su hermano llegó al poder. Novelista, ensayista. admiradora de Sor Juana Inés de la Cruz, soltera, profundamente católica, profundamente conservadora y profundamente convencida de que las mujeres del espectáculo, las actrices, las vedetes, eran una clase de criaturas

que no tenían por qué acercarse a los hombres de bien. Esa mujer controló durante los 6 años del sexenio de su hermano la Dirección General de Radio, u televisión y cinematografía. Controló toda la televisión pública de México. Controló el Canal 13. Controló la cineteca nacional. controló quién hacía películas en México, cuánto dinero recibía cada productor y qué temas podían filmarse.

Read More