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Millonario solitario reemplaza a su amigo en una cita a ciegas — ¡Y descubre que ella hizo lo mismo!

Me va a cancelar antes del postre. Eso no tiene ningún sentido, Carolina, por favor, solo para que no lo dejen plantado. Así que ahí estaba en el restaurante más intimidante de su vida [música] buscando la mesa número ocho. La encontró y al hombre sentado en ella se detuvo. No era el tipo de hombre que uno esperaba en una cita a ciegas organizada a último momento.

Llevaba un traje que claramente costaba más que el automóvil de Carolina. Tenía una mandíbula definida, una postura que ocupaba el espacio como si le perteneciera y una expresión de alguien que preferiría estar en cualquier otro lugar del planeta. Carolina tragó saliva. Bien, pensó. El vegano está muy bien parecido. Paulina es una cobarde completa.

Dal otro lado de la mesa, Maximiliano Vega llevaba exactamente 40 minutos deseando no haber escuchado a su asistente. Tres horas antes, Renata Salazar había entrado a su oficina como un huracán. Esta noche vas a cenar afuera. No. Sí, Renata, tengo contratos. ¿Qué? Maximiliano, el consejo dice que asustas a la gente.

Los humanos [música] cenan, los humanos socializan. Los humanos no pasan 16 horas mirando proyecciones financieras como si fueran poesía. Las proyecciones financieras pueden ser poéticas. Renata lo miró fijo 3 segundos. Eso fue exactamente lo que no debías decir. Y ahí estaba él solo en una mesa de restaurante caro esperando a alguien que no conocía, ajustándose la corbata por quinta vez.

“Solo tengo que sobrevivir una hora”, murmuró. “Una hora y regreso a las proyecciones.” Fue entonces cuando la vio caminar hacia él. Algo en el pecho de Maximiliano hizo una cosa extraña. Probablemente era la corbata demasiado apretada. Probablemente. Carolina llegó a la mesa y sonrió con la sonrisa educada que reservaba para reuniones difíciles.

Hola, debe [música] ser mi, quiero decir la cita. La cita a ciegas. Eso es. Maximiliano. Frunció el seño. Cita a ciegas. Yo pensé que esto era una reunión de negocios. Carolina parpadeó. De negocios. Se miraron. El silencio duró 4 segundos exactos. Se sintió como 4 horas. Espera, dijo Carolina. ¿Quién organizó esta cena contigo? alguien del consejo directivo.

Mi asistente [música] coordinó todo. Vine porque al parecer necesito parecer más humano. Esas fueron las palabras exactas. Carolina soltó una carcajada. Una risa real de las que duelen en el estómago. Déjame adivinar. Tú tampoco debías estar aquí. Maximiliano la miró. Tú tampoco, ¿verdad? El reconocimiento fue inmediato, total, inevitable.

[música] Mi amiga entró en pánico explicó Carolina limpiándose una lágrima de risa. El chico es vegano. Ella coordina festivales de asados. Pensó que la cancelarían antes del postre. La cancelarían por comer carne. Paulina tiene una relación muy intensa con el cochinillo asado. Maximiliano dejó escapar algo que podía llamarse risa, aunque él habría negado haberlo hecho.

Entonces, los dos somos sustitutos [música] dijo Carolina en una mesa que no era nuestra, sin tener idea de qué está pasando. Resumen preciso. ¿Y ahora qué? Maximiliano miró la carta. Luego a ella, luego a la carta. Ya estamos aquí. El restaurante es caro y yo de verdad necesito parecer humano frente a alguien esta noche.

Me estás proponiendo que sigamos con esta cita catastrófica. Te estoy proponiendo que al menos cenemos antes de salir corriendo. Carolina lo pensó dos segundos. De acuerdo. Pero solo porque nunca había cenado en un lugar así. Nunca. Ni una vez en mi vida. Maximiliano asintió y por primera vez en mucho tiempo no quería estar en ningún otro lugar.

El mesero apareció sin hacer ruido. Aperitivos para la pareja. No somos pareja, dijeron los dos al mismo tiempo. El mesero no movió un músculo para los dos individuos separados que comparten la mesa. Exacto. Confirmó Carolina. Justo eso. Cuando el mesero se fue, Maximiliano se inclinó levemente. Siempre le respondes así a los meseros.

Solo cuando estoy nerviosa. O en citas accidentales con desconocidos en restaurantes caros. Eso pasa seguido. Primera vez en mi vida. Entonces, ¿estás nerviosa? Ella iba a negarlo, pero algo en su mirada la detuvo. Había amabilidad ahí. escondida bajo capas de postura rígida y traje costoso.

Curiosidad genuina, no el tipo calculado que ella esperaba de un hombre en ese restaurante. “Tuve un mes muy largo”, admitió. [música] “Un año muy largo en realidad. ¿Qué haces?” Coordino un centro comunitario en Max Stat. Talleres para niños, programas para adultos mayores, actividades culturales. Dudó. Es importante, al menos [música] para mí. Maximiliano la observó.

Sus hombros cargaban un peso invisible que él reconocía porque los suyos hacían lo mismo. “Suena importante de verdad”, dijo. Carolina levantó la vista. La sinceridad la tomó por sorpresa. Lo es, pero puede que pronto termine. Una empresa grande quiere demoler el edificio. Algo cruzó el rostro de Maximiliano. Rápido, casi invisible.

¿Qué empresa? Corporativo Vega. Creo todas estas empresas grandes suenan igual. El mundo se detuvo. Maximiliano sintió que el aire abandonaba sus pulmones de golpe, su empresa, su nombre, su firma en los documentos de demolición. ¿Estás bien?, preguntó Carolina. Te pusiste pálido. Estoy bien, [música] dijo él y sonó exactamente como lo que era, una mentira.

La carta llegó y Carolina la abrió con la expresión de alguien encontrando un idioma desconocido. ¿Sabes qué es un consomé de raíces ancestrales con espuma conceptual? Maximiliano miró la suya. La espuma conceptual no es comida, es una crisis existencial. Y este carpacho de memorias marinas, memorias de peces.

Quizás el pez tuvo una infancia interesante. Cerró la carta. Voy a pedir lo más normal que haya [música] si es que existe algo normal aquí. Buena suerte. Pidieron sin entender exactamente qué pedían. Llegaron tres esferas diminutas sobre un plato enorme decorado con lo que parecía musgo artístico. Carolina las contó.

Son tres. Sí, tres para todo esto. Quizás son muy nutritivas las esferas. O este restaurante es un esquema de lavado de dinero muy elaborado. Maximiliano casi se ahogó. Buscó la compostura, no la encontró. Siempre dices exactamente lo que piensas. Solo cuando estoy nerviosa o con hambre o despierta. Carolina probó una esfera.

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