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Michael Arroyo Cumplió 38 Años Y Cómo Vive Es Muy Triste!

 Pero el fútbol es una montaña rusa cruel y a veces la caída es mucho más rápida que el ascenso. La historia de Gambetita es la prueba de ello. De ser el ídolo que hacía vibrar el Estadio Azteca, pasó a ser noticia por suspensiones y dopaje. De cobrar en dólares y vestir marcas de diseñador, terminó envuelto en demandas para poder cobrar su sueldo y de la élite mundial enfrentando al Real Madrid.

 acabó jugando en la Talacha, en los barrios, en canchas de tierra, cobrando por partido para seguir sintiéndose futbolista. ¿Cómo es que un jugador que lo tenía absolutamente todo terminó perdiendo el rumbo? ¿Qué pasó realmente tras su salida de México y su llegada a Ecuador? Hoy en Gir Fútbol contamos la historia del jugador que anotó el gol más gritado por el Estadio Azteca en la década pasada.

 Esto es El ascenso, la gloria y el silencio de Michael Arroyo. Para entender a Michael, primero hay que entender su origen y su naturaleza. Nacido en Guayaquil, Ecuador, en 1987, Gambetita siempre supo que era diferente. Desde niño tenía esa potencia física explosiva que caracteriza a los atletas de su país, pero mezclada con una técnica de barrio, esa que se aprende esquivando patadas en el asfalto.

 [música] Debutó en Emelec, uno de los grandes de su tierra. y desde el día uno mostró sus dos caras, las mismas que lo acompañarían el resto de su vida. La cara A, un crack imparable capaz de ganar partidos él solo. Y la cara B, la indisciplina y los problemas extra cancha. Apenas iniciaba su carrera profesional cuando recibió su primer gran aviso.

 En 2007 dio positivo en un control antidopaje [música] por marihuana. fue suspendido y señalado. Para muchos ese hubiera sido el fin de una carrera que apenas despegaba, pero el talento de arroyo era tan grande, tan evidente, que el fútbol decidió darle una segunda oportunidad. Regresó con el Deportivo Quito y ahí la rompió. Fue campeón en 2008 y 2009 convirtiéndose en el mejor jugador de la liga ecuatoriana.

Era una bestia por la banda izquierda, un tren que nadie podía descarrilar. Ese nivel llamó la atención de una liga donde se paga bien, se exige mucho y donde los ecuatorianos han hecho historia. La Liga MX es el año 2010 cuando aterriza en San Luis Potosí un ecuatoriano del que poco se sabía en tierras aztecas.

 Los potosinos no eran un equipo mediático, no peleaban títulos constantemente, pero Arroyo se encargó de ponerlos en el mapa y en los resúmenes deportivos de cada fin de semana. Desde sus primeros partidos, la Liga MX se dio cuenta de que ese tipo no era normal. No solo corría, volaba, además tenía un cañón en la pierna derecha.

 empezó a meter goles de larga distancia con una facilidad insultante. [música] En San Luis jugó 48 partidos y anotó 12 goles y repartió ocho asistencias, números sobresalientes para un volante extremo. Su nivel lo llevó al Atlante y aquí es donde demostró que tenía carácter, no solo talento. El Atlante de aquella época ya no era el equipo poderoso de antes.

 Se estaba cayendo a pedazos peleando el descenso con problemas económicos graves, pero Arroyo brillaba solo en medio de la tormenta. tiraba del carro, hacía goles de tiro libre que salvaban puntos vitales. Era demasiado jugador para un equipo que sufría tanto. Sus estadísticas personales eran de equipo grande, aunque su camiseta fuera modesta.

 Todo México sabía que era cuestión de tiempo para que un gigante se lo llevara y fue ahí, en 2014, cuando el teléfono sonó. Del otro lado estaba el turco Mohamed, el club América lo quería en sus filas. Llegar al América es la prueba de fuego definitiva. Hemos visto pasar a decenas de cracks de equipos chicos que al llegar a Cuapa se hacen pequeños, les pesa la camiseta y terminan saliendo por la puerta de atrás.

 Michael Arroyo hizo todo lo contrario, se hizo gigante. Es curioso porque no siempre fue titular indiscutible. De hecho, se convirtió en el jugador insignia de las Águilas cuando el partido estaba trabado, cuando el rival se encerraba y el estadio Azteca empezaba a murmurar con nerviosismo, la grada pedía a gritos. mete a Mickey.

 Su momento cumbre, el que lo inmortalizó, llegó en la final de la apertura 2014, Estadio Azteca, América contra Tigres. El partido estaba cerrado, tenso, nadie quería regalar nada. Minuto 36. Arroyo roba un balón, encara con esa potencia de toro, recorta hacia fuera y saca un zurdazo violento que revienta la red de Nahuel Guzmán. Ese gol abrió la puerta a la Copa número 12.

 Ese día Arroyo se ganó la eternidad americanista. Con América lo ganó todo. Fue campeón de liga, bicampeón de Conca Champions, jugó mundiales de clubes enfrentando al Real Madrid de Cristiano Ronaldo. Y en medio de todo esto fue mundialista en Brasil 2014 con Ecuador. Arroyo estaba en la cima del mundo. Era millonario.

 Se le veía en redes sociales con ropa de diseñador, cadenas de oro, autos deportivos de lujo. Era el dueño del estilo, el rey de la fiesta. Parecía que la música nunca iba a dejar de sonar y que el dinero nunca se iba a acabar. Pero en 2017, tras la salida de Ricardo La Volpe, Arroyo dejó el América. Fue una salida extraña, fría, para lo que él había dado al club, pues en América Gambetita anotó 27 goles y dio 12 pases de gol.

 se fue a gremio de Brasil, donde las cosas no funcionaron, y jugó muy poco. Entonces decidió regresar a casa, al Barcelona de Guayaquil, el equipo más popular de Ecuador. Se suponía que sería el regreso triunfal del hijo pródigo, la vuelta del ídolo para retirarse en la gloria, pero se convirtió en una pesadilla.

 Noviembre de 2018, el clásico del astillero contra Emelec. Al terminar el partido, Arroyo es sorteado para el control antidopaje. El resultado fue devastador, positivo. La sustancia encontrada fue un diurético que, aunque no mejora el rendimiento por sí mismo, suele usarse para enmascarar otras sustancias. El castigo fue brutal. Un año fuera de las canchas.

 A los 31 años estar parado un año entero es mortal para un atleta de alto rendimiento. Pero lo peor no fue la inactividad física, fue la guerra legal y financiera que se desató. Barcelona S dejó de pagarle. Arroyo reclamaba una deuda astronómica. Se habló en la prensa ecuatoriana de casi $,000 entre sueldos caídos y cláusulas de rescisión.

 El ídolo estaba demandando al club de sus amores. La afición se le volteó, los directivos lo bloquearon. Nadie quería contratar a un jugador problemático, caro, suspendido y en conflicto legal. Aquí la historia se pone gris y triste. Sin equipo profesional, sin cobrar su sueldo millonario y con un estilo de vida muy caro de mantener, el dinero empieza a faltar.

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