Y esa tristeza silenciosa dice más que 1000 declaraciones furiosas, porque mira cómo fue todo. La finalísima estaba pactada para el 27 de marzo en Qatar. Argentina, campeona del mundo y de América contra España, campeones de Europa. Un partido que tenía todo para ser histórico, no solo por el nivel de las elecciones, sino por lo que representaba.
Era la última finalísima antes del mundial 2026. Era la oportunidad de Messi de enfrentarse a la nueva generación española liderada por la Min Yamal, el pibe de 18 años al que todos comparan con él. Era el viejo contra el nuevo, el rey contra el supuesto heredero. Una narrativa perfecta. Pero por temas de conflicto bélico entre Irán, Estados Unidos e Israel, tuvieron que buscar una nueva sede.

Pero la UEFA y la Conmebol no se pusieron de acuerdo y todo se fue al ¿Por qué? Porque desde el principio hubo un problema de sedes. La UEFA quería jugar en Madrid, en el Santiago Bernabéu. Y acá la Conmebol y la AFA dijeron que no, porque jugar en Madrid no es sede neutral, es la casa de España. Es como si te invitan a pelear y te dicen que la pelea es en el patio de tu rival.
No funciona así. Y el comunicado que sacaron la AFA y la Comebol fue clarísimo en ese punto. El planteamiento de realizar un único partido en Madrid faltaría al principio de equidad deportiva por no tratarse de una sede neutral. Y tiene razón. Si querés que sea un partido justo, lo jugás en un lugar donde ninguno de los dos sea local.
Tiene que ser un lugar neutral, eso es obvio. Pero después de mucho tironeo, la UEFA aceptó la idea de jugar en Italia. Sede neutral, todo bien. Parecía que se arreglaba. Pero acá viene el segundo problema, la fecha. La UEFA propuso el 27 de marzo y la AFA dijo, “Perfecto, pero que sea el 31. Así podrían tener un par de días más de entrenamiento.
4 días de diferencia, nada, una boludez.” Pero la WEFA se plantó y dijo que no, que el 31 no podía ser. Y ahí se cayó todo por 4 días, cuatro. Y el comunicado de la AFA lo deja bien en claro. Lamentablemente la UEFA comunicó que la realización del partido el día 31, solo 4 días más tarde de la propuesta original, no era posible, quedando cancelada la finalísima.
Y uno lee eso y no lo puede creer porque estamos hablando de un partido entre dos de las mejores selecciones del mundo. Un partido que iban a ver millones de personas, un partido que tenía Messi de un lado y a la millamal del otro y se cae por cuatro días de diferencia, 4 días que la UEFA no quiso ceder y eso habla de lo que realmente está en juego acá, que no es el fútbol, es el poder, es quien manda, es quien impone las condiciones y en ese juego político el que pierde siempre es el jugador, el que pierde es Messi.
que Leo estaba ilusionado con ese partido. No lo dijo públicamente porque él nunca dice nada públicamente, pero se sabe. que supo por gente cercana a la selección que Messi quería jugar esa finalísima, que la veía como una oportunidad de medir Argentina antes del Mundial, de ver cómo estaba el equipo contra una potencia europea, de probar cosas, de ajustar detalles, de sentir otra vez esa atención de un partido oficial importante y también, seamos honestos, de sumar otro título más a esa colección interminable que tiene, porque
Messi ya ganó todo. Sí, pero cada trofeo que se le escapa le duele. No porque lo necesite para demostrar nada, sino porque su relación con el fútbol es así. Él no acumula medallas por ego. Él juega porque ama jugar y cuando le quitan la oportunidad de jugar un partido importante, le están quitando algo que para él tiene valor más allá del resultado.
Y por eso la tristeza, porque Messi ya tiene 38 años, va a cumplir 39 en junio. Sabe que le quedan pocos partidos con la selección, cada vez que se pone la Albeleste puede ser la última. Y cuando te cancelan un partido así, no es solo un partido menos en el calendario, es una oportunidad menos de hacer historia, es un momento menos con tu compañeros, es un capítulo que no vas a poder escribir.
Y acá hay algo que me parece importante remarcar. Messi no reaccionó con bronca, no salió a culpar a nadie, no hizo un show mediático, simplemente se entristeció. Y esa tristeza es la de un tipo que entiende que el fútbol a veces te da y a veces te quita, que hay cosas que están fuera de tu control, que por más que vos quieras jugar si las federaciones no se ponen de acuerdo, no hay partido.
Y él, que siempre fue un tipo que resolvió todo dentro de la cancha, ahora se encuentra con que hay problemas que no se resuelven con goles, que hay partidos que se pierden antes de empezar. Pero acá viene lo interesante, porque esta cancelación también puede leerse de otra manera. Puede leerse como un recordatorio de que el tiempo de Messi con la selección es finito, que cada partido cuenta, que el Mundial 2026 está cada vez más cerca y después de eso probablemente ya no haya más.
Entonces, cada oportunidad que se pierde duele más. Cada trofeo que no se puede disputar se siente como una puerta que se cierra y Messi lo sabe. Por eso la tristeza, porque él entiende mejor que nadie que está en el tramo final de su carrera y que cada vez que le cancelan un partido le están quitando una de las últimas chances de hacer lo que mejor sabe hacer.
Y también está el otro lado de la moneda, el lado de los que queríamos ver ese partido, porque la finalísima no era importante solo para Messi, era importante para todos los que seguimos el fútbol. Era la oportunidad de ver Argentina medirse con España antes del Mundial, de ver a Messi contra la Yam Mal, el pibe que todos dicen que es el nuevo heredero, de ver cómo funciona este equipo argentino contra una potencia europea y ahora no vamos a poder verlo y eso también duele porque al final del día el fútbol se juega para la gente y cuando las federaciones se
ponen a discutir por 4 días de diferencia o por si las sedes en Madrid o Italia se olvidan de lo más importante, que del otro lado hay millones de personas que quieren ver el partido, que hay jugadores que quieren jugarlo, que hay una historia que se podría haber escrito y que ahora se queda en la incertidumbre.
Y Messi, que siempre fue generoso con su fútbol, que siempre dio todo en cada partido, ahora se queda sin la oportunidad de jugar este por una discusión que no tiene nada que ver con él, por un desacuerdo político entre federaciones que al final terminó dejando a todos afuera. Y él que nunca se mete en esas cosas, que siempre deja que su fútbol hable, ahora tiene que bancarse que le cancelen un partido que quería jugar.
Pero acá hay algo que no podemos perder de vista. Esto no termina acá porque Messi todavía tiene el Mundial 2026 por delante. Todavía tiene partidos con la selección, todavía tiene chances de seguir escribiendo su historia. Y si algo nos enseñó Messi a lo largo de su carrera es que cada vez que le cierran una puerta, él encuentra la manera de abrir otra.
Cada vez que le dicen que no puede, él sale y demuestra que sí puede. Cada vez que lo golpean se levanta más fuerte. Entonces sí, la cancelación de la finalísima duele. Claro que duele, porque era un partido que prometía ser inolvidable. Duele porque Messi quería jugarlo. Duele porque nos quedamos sin ver ese cruce generacional entre él y la min Yamal.
