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¡La ARMADA MEXICANA expulsa a Caravana de MIGRANTES Venezolanos; deben SALIR de MEXICO

 La pasividad del gobierno ha encontrado un límite inquebrantable en la Furia Popular que ha pasado de la protesta a la acción directa. Rutas bloqueadas con maquinaria, ubicaciones de campamentos delatadas a la Guardia Nacional y un clamor unánime. Deportación inmediata. La caravana avanza apenas 150 km antes de estancarse, no por la policía, sino por el muro humano azteca.

 La pregunta es, ¿podrá este Movimiento Ciudadano forzar al gobierno de Claudia Sainbaum a cerrar definitivamente las puertas? ¿O veremos una escalada de violencia xenófoba en las próximas horas? Prepárese para conocer los detalles de la crisis que amenaza con romper la fibra social de la nación. El primero de octubre marcó el inicio de la llamada caravana por la libertad, un grupo inicialmente compuesto por más de 10,000 migrantes, en su mayoría cubanos, venezolanos, hondureños y haitianos, con la ambiciosa y algunos dirían arrogante

meta de llegar a la Ciudad de México. Sin embargo, lo que se planeó como una marcha de presión política se transformó casi de inmediato en un verdadero calvario, enfrentando no solo el rigor del camino y el clima, sino una hostilidad social que escaló con una rapidez aterradora. La ciudadanía mexicana, organizada a través de redes sociales y grupos vecinales, había decidido que ya no toleraría más lo que consideran una invasión disfrazada de humanitarismo. El grito era unánime.

 Si ustedes no pueden resolver sus problemas en su tierra, no vengan a causar más problemas en la mía. Esta consigna refleja una sociedad que se percibe a sí misma al límite de sus propios recursos y problemas. La respuesta popular a la caravana fue un rotundo no. Desde su partida en Tapachula, las demandas de los migrantes encendieron la mecha de la indignación.

 Exigían visas temporales, libre tránsito por el país, comida gratuita, atención médica inmediata y educación para sus hijos, bajo el argumento de que México les debía estos derechos por simple humanidad. El contraste entre la situación precaria de los nacionales y las exigencias de los extranjeros fue el detonante. Los mexicanos replicaban que sus propias clínicas estaban saturadas.

 Las escuelas no daban abasto para sus propios niños y que el trabajo, que ya es escaso, estaba siendo tomado por migrantes que aceptaban salarios de esclavos, cobrando mucho menos y precarizando el mercado laboral local. La afirmación de un migrante. ¿Por qué los mexicanos no nos dan la oportunidad a nosotros? El mexicano también ha sido migrante, no hizo más que alimentar el resentimiento, pues la población se siente traicionada por la doble moral que critican en Estados Unidos, pero replican en suelo mexicano. El primer golpe de realidad lo

recibieron a apenas unos kilómetros de Tapachula, a la altura de Betla. Allí la marcha no se topó con un puesto de control del gobierno, sino con el primer muro humano. Cientos de residentes locales organizados que bloquearon la carretera principal con barricadas improvisadas de llantas y troncos. La escena era de caos total.

 “Fuera de nuestro país, váyanse a su casa”, gritaban los manifestantes. “Este país es de todo mexicano que vivimos aquí. Ustedes no tienen derecho de estar aquí.” La respuesta de los migrantes fue acusar a los locales de xenofóbicos, un calificativo que los mexicanos rechazan categóricamente, argumentando que se trata de supervivencia social y priorización de sus propios nacionales.

La protesta ciudadana fue tan efectiva que la policía local se vio obligada a intervenir no para dispersar a los mexicanos, sino para realizar una redada rápida que resultó en la detención de al menos 50 migrantes, quienes fueron devueltos a la frontera sur. Lo que pretendía ser una marcha pacífica se había convertido en el primer tramo en una humillante y dramática derrota forzada por la resistencia popular.

 El avance hacia Eskintla y Mapastepec reveló una escalada en la táctica de rechazo, transformando la protesta pasiva en una verdadera guerra de la información y el cerco ciudadano. Los mexicanos, lejos de limitarse a las barricadas en las carreteras, adoptaron un enfoque de vigilancia y de lación a través de las redes sociales y aplicaciones de mensajería como WhatsApp y Facebook.

 La caravana se convirtió en un objetivo rastreado minuto a minuto. Sabíamos exactamente dónde acamparían porque los vecinos los vigilaban. Se escucha entre los organizadores locales, lo que demuestra un nivel de coordinación sin precedentes entre las comunidades. Las denuncias inundaron las líneas de emergencia del Instituto Nacional de Migración, INM, lo que provocó operativo sorpresa con la participación activa de la Guardia Nacional.

 En Esquintla, la hostilidad alcanzó un punto de ebullición. Mientras los migrantes intentaban descansar en un parque público, la población local rodeó el sitio no solo con gritos, sino con pancartas contundentes. México para los mexicanos y no más parásitos. El término parásitos, aunque crudo, refleja el sentimiento de hartazgo ante las exigencias de recursos.

 Los locales no ocultan su frustración al ver que los migrantes llegan pidiendo visas temporales como si fuera un derecho, mientras el gobierno no puede resolver la pobreza interna. El resultado de este cerco nocturno fue inmediato y doloroso para la caravana. Más de 100 detenciones y la dispersión parcial del grupo. Los migrantes, visiblemente agotados, se quejaron de un trato criminal y de que les negaban hasta el agua.

 La respuesta de los mexicanos fue indiferente y brutalmente práctica. Que pidan en sus países, aquí no hay para regalar. La tensión se intensificó al llegar a Mapastepec, la siguiente parada donde la ciudadanía organizó caravanas vehiculares para seguir y presionar al grupo. Aquí el rechazo ciudadano trascendió la simple protesta verbal.

Los vecinos no solo llamaron a las autoridades, bloquearon activamente los albergues temporales, impidiendo que los migrantes recibieran ayuda humanitaria. El argumento de la seguridad social se convirtió en una denuncia de inseguridad pública. Los residentes acusaron a los migrantes de generar un aumento en el robo, el tráfico de drogas y la prostitución en una localidad que antes era muy tranquila.

 La desesperación de los migrantes alcanzó su punto máximo con testimonios como el de un extranjero que vendió su casa para emprender el viaje y ahora no tiene a dónde regresar. En un episodio particularmente intenso, un grupo de vecinos cerró una calle adyacente a un albergue, exigiendo la retirada inmediata del grupo antes de que destruyan más.

 La alianza entre la vigilancia ciudadana a través de redes sociales, la presión directa en las calles y la delación a las autoridades ha demostrado ser una estrategia de contención mucho más efectiva que cualquier despliegue militar. La caravana está siendo diezmada y desmoralizada por la misma sociedad que esperaban que fuera su aliada.

 El núcleo de este conflicto no es la raza o la nacionalidad, sino la batalla por los recursos y la soberanía social. Los migrantes insisten en sus demandas al gobierno federal. Necesitan documentos para transitar libremente, trabajar y en esencia ser absorbidos por el sistema social mexicano. Argumentan que el país, como histórica fuente de migración a Estados Unidos, tiene una deuda moral con ellos.

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