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IRASEMA Dilián: su OBSESIÓN por la BELLEZA la MATÓ… El SECRETO tras su vida en el DESTIERRO

le temía algo mucho más implacable y mucho más inevitable que cualquier crítica de cine o cualquier mala racha de taquilla. Le temía el tiempo, a los años que pasaban sin permiso, a las arrugas que vendrían sin importar cuánto dinero gastara o cuántas horas pasara en el cuarto de maquillaje. Al día en que el espejo le devolviera una cara que ya no reconociera como la suya, que ya no fuera esa cara que millones de personas habían amado en la oscuridad de las salas de cine.

 Y ese miedo que al principio fue apenas un susurro en algún rincón de su conciencia terminó siendo la fuerza más poderosa [música] y más destructiva de su vida. más fuerte que el talento que la había llevado [música] a la cima, más fuerte que el amor que había recibido de un público entero, más fuerte que cualquier contrato cinematográfico o cualquier ovación de pie que le hubieran tributado.

 [música] Hoy vamos a abrir ese expediente, el expediente completo de la mujer que nació en Brasil, conquistó Italia, se convirtió en la novia eterna de México y luego desapareció voluntariamente del mapa como si nunca [música] hubiera existido, como si esos años de gloria y de luz no hubieran ocurrido, como si los millones de personas que la habían amado hubieran amado a un fantasma.

 La historia de Iracema Dyan no es solo la historia de una actriz retirada a destiempo. Es la historia de alguien que construyó una prisión con los mismos materiales con que [música] los demás construyen su libertad. Y esa prisión se llamaba belleza. Si quieres saber cómo una de las figuras más luminosas de la época de oro del cine mexicano terminó sus días encerrada en silencio en una pequeña ciudad italiana, lejos de todo lo que la hizo grande, lejos [música] de todos los que la amaron.

 Suscríbete y activa la campanita. ahora mismo, porque lo que vas a descubrir sobre [música] Iracema Dilian va a cambiar completamente la forma en que ves el precio de la fama y el costo de vivir aterrado por lo [música] que no puedes controlar. Lo que viene es fuerte, es honesto y merece toda tu atención desde el principio hasta el final.

 Pero antes de llegar al silencio, antes de llegar al encierro y al olvido, necesitas entender de dónde [música] venía ese ruido tan extraordinario que fue su vida pública. Porque la historia de Iracema empieza mucho antes de México, en un lugar y en una época que moldearon [música] todo lo que ella llegó a hacer, todo lo que amó, todo lo que temió.

Irasemadilian nació el 5 de enero de 1924 en Sopaulo, Brasil, en el seno de una familia de origen checoslovaco que había cruzado el Atlántico buscando lo que tantos europeos de principios del siglo XX buscaron en América. Una vida mejor, un comienzo distinto, la posibilidad de construir algo [música] propio en Tierra Nueva.

 Sus padres, como tantos inmigrantes de esa oleada, llegaron cargando en las maletas no solo ropa y documentos, sino también una mezcla de culturas, idiomas y expectativas que pesaban más que cualquier equipaje material. El checo mezclado con el portugués en casa, los valores centroeuropeos de trabajo y seriedad navegando en el calor y la extroversión de Sao Paulo.

 Esa mezcla que podría haber resultado en una persona confundida inestable en Iraema produjo algo completamente [música] diferente, una singularidad que nadie más tenía, un punto de encuentro entre mundos que raramente se cruzan y que cuando se cruzan producen algo que no tiene categoría conocida. San Paulo de los años 20 era una ciudad en plena transformación, [música] impulsada por el café y por la industria y por la energía de los millones de inmigrantes que llegaban desde Europa, desde Asia, desde los países del este europeo como

la familia Dilian, una ciudad ruidosa y multiforme donde varios mundos coexistían en proximidad que a veces era tensión y a veces era fertilidad creativa. La niña Iracema creció en ese ambiente de mezcla, absorbiendo sin saberlo la complejidad de un lugar que no era de ningún sitio específico, sino de todos a la vez.

 Desde pequeña tuvo esa cualidad que nos enseña y que los directores de casting reconocen en cuestión de segundos [música] cuando buscan a alguien para el papel de su vida. Una presencia, una forma de ocupar el espacio físico [música] que hacía que la gente la mirara sin saber muy bien por qué lo hacían. sus rasgos europeos, esa estructura ósea definida, esos ojos que prometían más de lo que decían, mezclados con el calor y la vitalidad del ambiente [música] latinoamericano donde creció, creaban algo que no se clasificaba fácilmente [música] ninguna

categoría conocida. No era la belleza típica de Brasil, exuberante y solar y directamente abrumadora. Tampoco era la belleza fría y angular de Europa del Este que a veces intimida más que atrae. Era una síntesis, un punto de encuentro entre dos mundos que raramente se tocan y cuando se tocan producen algo extraordinario o algo monstruoso.

 Y en el caso de Iracema produjeron las dos cosas al mismo tiempo, [música] aunque la parte monstruosa tardó décadas en hacerse visible. Su infancia en Sao Paulo fue la de una niña que creció siendo consciente [música] de que su apariencia generaba reacciones en los demás. No de forma arrogante ni calculada, sino con esa sensación extraña y cómoda que tienen [música] algunos niños especialmente hermosos cuando se dan cuenta de que la gente los mira distinto, que los adultos los elogian con una intensidad que no corresponde exactamente al elogio que

reciben otros niños, que los compañeros de clase los tratan como si fueran a algo a la vez admirado y temido y deseado y resentido, todo mezclado en proporciones variables según el día. Esa conciencia temprana de su propio rostro como algo que tenía un valor en el mundo, que era una moneda de cambio en las transacciones sociales cotidianas, empezó a formarse mucho antes de que ella pisara por primera vez un set de filmación y se enfrentara a una cámara que la miraba sin parpadear.

 La familia Dilian no era una familia de artistas, ni de bohemios, ni de personas que pusieran la expresión artística en el centro de sus vidas. eran personas prácticas, trabajadoras, con esa ética centroeuropea que pone el esfuerzo y la seriedad y la responsabilidad por encima de cualquier ensoñación romántica sobre la creatividad [música] o el arte.

 Pero Iracema tenía algo que no encajaba del todo en ese molde familiar, [música] algo que empujaba desde dentro con una fuerza que no era exactamente rebeldía, sino más bien necesidad profunda. Tenía una energía hacia la expresión, hacia la comunicación, hacia el acto de convertirse en otra persona y habitarla completamente, [música] que tarde o temprano tenía que salir por algún lado y el cine le ofreció el canal perfecto para esa energía, el único canal que podía contenerla toda [música] sin desbordarse. y ese canal la llevó

primero a Europa. Siendo aún muy joven, Iraema cruzó el Atlántico en la dirección contraria a la que habían cruzado sus padres décadas antes. [música] Si ellos habían venido de Europa a Brasil buscando una vida mejor, ella regresó a Curopa buscando una vida más grande, una vida que fuera proporcional a lo que sentía que tenía para dar.

Italia fue el destino. [música] Y en Italia, en la Roma de la posguerra, que reconstruía su alma y su industria ladrillo por ladrillo, mientras el mundo entero miraba con una mezcla de asombro y esperanza, Irasema Dilian encontró el primer espejo que le dijo claramente quién era. [música] el espejo literal, aunque también nese, sino el espejo de la cámara y el espejo del público que la miraba y confirmaba que lo que ella intuía sobre sí misma era verdad, que ese algo especial que sentía que tenía era real, que el

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