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Claudia Sheinbaum EXUPULSA a Tesla y DEPORTA Elon Musk de MEXICO TRUMP NO PUEDE CREERLO

 Desde luego, aquella medida se vio inmediatamente como un desafío frontal a la soberanía del país. Para la ciudadanía mexicana, las tarifas representaban una intromisión injusta y autoritaria. ¿Por qué culpar a México de las políticas migratorias estadounidenses cuando los problemas de fondo se relacionaban con la pobreza, la desigualdad y la violencia en otras naciones de Centroamérica? ¿Y por qué atribuirle al país la responsabilidad principal de un tráfico de opiáceos que involucraba cadenas criminales de ambos lados de la frontera? Los medios

mexicanos se hicieron eco de este descontento y en las calles se percibía una mezcla de indignación y hartazgo. Claudia Sainbound, consciente del riesgo de una crisis económica de gran envergadura, rechazó enérgicamente la decisión de Trump. Acusó a la Casa Blanca de vulnerar los acuerdos establecidos en el USMA, el tratado comercial entre Estados Unidos, México y Canadá, pues consideraba que los aranceles lesionaban de manera directa la esencia de la integración económica regional.

 No obstante, y con la intención de prevenir un conflicto abierto, buscó dialogar con el gobierno estadounidense. Las negociaciones consiguieron aplazar la aplicación de las tarifas por un mes hasta el 4 de marzo de 2025, lo que dio un respiro momentáneo a los empresarios mexicanos. Aún así, ese margen parecía precario, pues Washington no dejaba de insistir en que la única vía para evitar la medida sería demostrar un compromiso real y verificable en la lucha contra la inmigración ilegal y el narcotráfico.

 La situación se volvió todavía más compleja cuando Elan Musk, el magnate y fundador de Tesla, declaró su apoyo total a las políticas migratorias de Trump. Mask, admirado mundialmente por su visión empresarial y por haber revolucionado la industria de vehículos eléctricos, se unía a las voces que exigían mayor control en la frontera.

 En un foro transmitido a escala internacional, llegó a pronunciarse en favor de la construcción de muros y de sanciones económicas más duras contra México, afirmando que el país no se esforzaba lo suficiente para contener las redes de narcotráfico y el paso de indocumentados. Esa intervención pública no pasó inadvertida.

 Para muchos mexicanos representó un agravio directo. Parecía que más c usaba su influencia en la Casa Blanca para forzar medidas que dañaban la economía y el honor del país. En este clima de incertidumbre, las redes sociales estallaron con llamados a boicotear los productos de Tesla. Organizaciones civiles, estudiantes y defensores de derechos humanos coincidían en tachar a MAS de oportunista y de alinearse con una política que señalaba a México entero como un mero obstáculo.

 No obstante, algunos sectores más pragmáticos temían que una confrontación abierta con el magnate perjudicara la llegada de inversiones y ahuyentara la innovación tecnológica, tan necesaria para la modernización nacional. Mientras se acercaba la fecha límite para la imposición de los aranceles, Sein Baum se enfrentaba a múltiples presiones internas.

 Por un lado, el electorado exigía no ceder ante las amenazas de Trump y sus aliados. Por otro, los líderes empresariales advertían que un enfrentamiento frontal podría asfixiar el comercio exterior. La presidenta buscó un punto de equilibrio, manteniendo conversaciones con diplomáticos de Canadá y de países europeos que pudieran respaldar a México.

 Sin embargo, la postura de Trump no daba señales de moderarse. El ultimátum seguía firme. El 4 de marzo llegó y con él el inicio de las tarifas estadounidenses. Trump ofreció un mensaje ante la nación norteamericana justificando la medida como una herramienta indispensable para proteger los intereses de su país ante lo que describía como el inmovilismo de México.

En cuestión de horas, varios exportadores mexicanos empezaron a reportar cancelaciones de pedidos sobre costos y una súbita caída en la cotización del peso. La prensa hacía sonar la alarma. El país se encaminaba a un escenario complejo cuyo desenlace era incierto. En ese entorno, Elan Mask aprovechó para anunciar su plan de duplicar la producción de vehículos eléctricos de Tesla en Estados Unidos durante los próximos 2 años.

 Lo presentaba como un voto de confianza en la capacidad manufacturera estadounidense, pero para la opinión pública mexicana era un gesto claro de reforzar la estrategia de Trump. La imagen de Mask quedó asociada en los medios mexicanos a la arremetida arancelaria. El resentimiento crecía y las voces que pedían un castigo ejemplar contra Tesla eran cada vez más fuertes.

Conforme la crisis avanzaba, la presidenta convocó a su círculo más cercano. Reunidos en el Palacio Nacional, altos funcionarios del gabinete, asesores jurídicos y secretarios de Estado debatían las posibles opciones. Algunos creían que se debían tomar acciones contundentes contra las inversiones vinculadas a MASK.

 Otros pensaban que era preferible buscar la mediación de gobiernos amigos antes de actuar de manera unilateral. Sein Baum escuchaba con atención. Necesitaba un paso simbólico que mostrara a Trump y a Más que México no se dejaría amedrentar, pero también dudaba sobre las repercusiones de un gesto tan radical como la expulsión de Tesla.

 La decisión se formalizó tras una serie de informes que indicaban que MC había donado grandes sumas a fundaciones cercanas al presidente estadounidense, favoreciendo políticas restrictivas que afectaban gravemente a México. Esas evidencias fortalecieron la visión de quienes en el círculo de Sainbow aseguraban que la cooperación de Tesla no era más que un disfraz para mantener el dominio comercial.

 El paso siguiente fue preparar la base legal para un decreto inédito en la historia reciente, la prohibición de cualquier nueva operación de Tesla en territorio mexicano. Cuando la noticia se filtró a los medios, muchos se preguntaron si la presidenta realmente se atrevería a tanto. Sus portavoces se mantuvieron herméticos hasta que una noche Sain Bound dio un mensaje en cadena nacional.

Con gesto severo expuso las razones para llevar a cabo esta medida. La empresa liderada por Elan Musk había repetidamente apoyado y promovido políticas que buscaban dañar la economía y la soberanía mexicanas. El decreto se sustentaba en la necesidad de proteger el interés nacional ante acciones que, a juicio del gobierno, iban más allá de la mera competencia comercial y rozaban la injerencia política.

 La reacción de la sociedad mexicana fue mixta, pero mayoritariamente de aprobación. No faltaron aplausos en plazas públicas y en redes sociales, donde se viralizaron etiquetas con mensajes de orgullo nacional y respaldo a Sainbound. El discurso oficial se centró en que el país no cerraba la puerta a la tecnología, sino que se protegía de quienes abusaban de su poder económico para imponer condiciones injustas.

 Tesla de manera inmediata publicó un comunicado lamentando la decisión y anunciando que emprendería acciones legales ante tribunales internacionales. En Estados Unidos, Trump condenó lo que llamó un acto hostil y amenazó con incrementar las sanciones. Calificó la prohibición como un atropello a la libertad de comercio, ignorando las demandas previas de su propio gobierno para que México reforzara la seguridad fronteriza y el combate a la inmigración. El choque se agudizó.

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