Construcción de 1940. aproximadamente 30 apartamentos y del segundo piso salía humo. Al principio Mario no estaba seguro de lo que estaba viendo. Vapor, humo de cocina. Después vio llamas pequeñas pero definitivas lamiendo el marco de ventana. Mario no esperó que semáforo cambiara. Giró coche bruscamente hacia acera, lo estacionó, saltó, corrió hacia edificio.
Puerta principal estaba cerrada. Era casi medianoche. Portero se había ido a casa. Mario golpeó puerta con fuerza. Nadie respondió. miró hacia arriba. Más humo, ahora más llamas. Empezó a gritar. Fuego, fuego. Hay fuego en el edificio. Ventanas comenzaron a abrirse. Rostros aparecieron. ¿Qué? Alguien gritó desde tercer piso. Fuego en el segundo piso.
Pánico inmediato. Gritos. Gente corriendo dentro del edificio. Un hombre apareció en puerta de entrada. Roberto Vega, al residente de Planta Baja. Tenía 42 años. Estaba en pijama. se veía confundido y asustado. “¿Qué está pasando? Hay fuego en segundo piso.” Mario gritó. “Llama a bomberos ahora.” Roberto corrió de vuelta adentro.
Mario lo siguió. Interior de edificio. Mario podía oler humo ahora. No era pesado en planta baja, pero definitivamente estaba ahí. Roberto fue a teléfono en su apartamento. Marcó operador. Necesito bomberos. Edificio San Rafael. Avenida Insurgentes 247. Fuego en segundo piso, operador. Enviaremos camión de inmediato, 15 a 20 minutos.
20 minutos es demasiado tiempo. Es lo más rápido que podemos, señor. Evacúen edificio. Roberto colgó, miró a Mario. Dijeron que evacuemos. Entonces, evacuemos. ¿Cuánta gente vive aquí? 30 familias. Ah, tal vez 80 personas. Dios mío. Roberto corrió por pasillo de planta baja, golpeando puertas. Fuego. Salgan. Fuego. Puertas se abrieron, familias salieron, algunas en pijamas, algunas medio vestidas, todas asustadas.
Mario corrió hacia escaleras. Necesitaba ver qué tan malo era fuego. Pero cuando llegó a escaleras se detuvo. Escalera estaba llena de humo. Humo espeso, negro, sofocante. Saliendo de segundo piso. No podía ver más allá de tercer escalón. Trató de subir de todos modos, cubriendo boca con manga de camisa. Tres escalones, cinco escalones.
Humo era demasiado espeso, no podía respirar. Ojos le ardían. Retrocedió tosio. Entonces escuchó gritos desde arriba, gritos de terror. Alguien en segundo piso. Ayuda. Tenemos un bebé. Alguien en tercer piso. No podemos bajar. Hay demasiado humo. Alguien en quinto piso. Ayuda. Soy vieja. No puedo bajar. Mario se dio cuenta del horror de situación.
Fuego estaba en segundo piso, aparentemente en pasillo cerca de escalera. Humo estaba subiendo por escalera, llenando pisos superiores. Gente en planta baja y primer piso podía salir, pero gente en segundo, tercero, cuarto y quinto piso estaba atrapada. Roberto había logrado evacuar planta baja y primer piso.
Aproximadamente 15 personas ahora estaban afuera de forma segura, pero eso dejaba tal vez 25 personas arriba atrapadas. Mario corrió afuera, miró hacia arriba a edificio. Ventanas en segundo piso. Podía ha llamas ahora claramente visibles. Apartamento completo ardiendo. Ventanas en tercer, cuarto, quinto piso. Rostros asomándose, gritando por ayuda.
Entonces otro hombre salió de edificio. Hombre mayor, aproximadamente 55 años, con rostro curtido de alguien que había visto muchas emergencias. “¿Cuánta gente está atrapada arriba?”, el hombre preguntó. “Tal vez 20 o 25.” Mario respondió. ¿Quién eres? Héctor Salinas, bombero retirado. Viví aquí durante 10 años. Miró edificio con ojo experto.
¿Dónde está el fuego? Segundo piso. Escalera llena de humo. Héctor asintió. Entonces, no pueden usar escalera. Bomberos llegarán en 15 minutos, pero eso es demasiado tiempo. Fuego se está extendiendo. Humo se está volviendo más espeso. Gente morirá si esperamos. Entonces, ¿qué hacemos? Escalera de incendios.
Este edificio tiene escalera de incendios en parte trasera. Metal corre desde quinto piso hasta planta baja. Eh, es salida de emergencia. Entonces, ¿por qué no la están usando? Porque la gente no piensa en escaleras de incendios, especialmente de noche en pánico. Necesitamos decirles. Mario y Héctor corrieron hacia parte trasera de edificio y allí estaba.
Escalera de incendios de metal zigzagueando por exterior de edificio desde quinto piso hasta suelo. Necesitamos que sepan que está aquí. Héctor dijo, comenzaron a gritar. Hay escalera de incendios atrás. Salgan por atrás. Ventanas traseras. En quinto piso, rostro apareció en ventana trasera.
Mujer anciana, aproximadamente 68 años. ¿Dónde? Gritó su ventana trasera. Héctor gritó de vuelta. La escalera de metal puede bajar. Mujer, su nombre era Estela García. Miró escalera de incendios. Entonces miró hacia abajo. Cinco pisos. Escalera de metal estrecha. No puedo gritó. Soy demasiado vieja. Tengo miedo. Mario tomó decisión.
Voy a subir. La ayudaré. Comenzó a subir escalera de incendios. Metal estaba frío bajo sus manos. Era marzo, noche fresca. Subió. Un piso, dos pisos, tres pisos, cuatro pisos, cinco pisos. Llegó a quinto piso, llamó a ventana de Estela. Ella abrió ventana. No puedo bajar por ahí, es demasiado alto.
Puede Mario dijo gentilmente. Yo iré primero. Usted detrás de mí, paso por paso. No mire hacia abajo, solo mire escalera. Pero señora, humo está subiendo. Si se queda aquí, morirá. Pero si viene conmigo ahora, vivirá. Confíe en mí. Estela miró hacia atrás a su apartamento. Humo ya estaba filtrándose bajo su puerta. Asintió. Está bien.
Salió por ventana temblando, agarrándose a barandilla con fuerza. Mario fue primero bajando lentamente. Estela lo siguió. Pasó tembloroso por paso. Tomó 5 minutos bajar cinco pisos, pero lo lograron. Estela llegó al suelo, piernas apenas que sosteniéndola, pero viva. Mientras tanto, otras personas habían visto escalera de incendios.
Cuarto piso, nueve personas salieron, bajaron escalera de incendios por su cuenta. Tercer piso, seis personas también bajaron. Pero segundo piso, ahí era donde estaba el verdadero problema. Familia Torres, Javier Torres, 35 años, Patricia Torres, 32 años y su bebé Sofía Torres, 8 meses. Su apartamento era donde fuego había comenzado.
