Posted in

Cantinflas condujo a 100 km/h a las 3 AM con niña MORIBUNDA—lo que encontró en hospital se QUEBRÓ

 Había intentado revisar motor con luz pequeña que tenía, pero no era mecánico. No sabía que estaba mal y estaba en medio de la nada, sin casas visibles, sin otros coches. A las 2 de la mañana, nadie conducía por estos caminos rurales. Entonces, comenzó a caminar hacia luces débiles que había visto en distancia. San Miguel Topilejo, pueblo pequeño, tal vez 200 familias, pobres, rurales, pero habría alguien que pudiera ayudar con el coche.

 Caminó durante 20 minutos. Finalmente llegó a primeras casas del pueblo. Todo estaba oscuro, silencioso. Pueblo dormido, excepto una casa. De una casa pequeña, adobe techo de lámina, venía luz y sonido, llanto, gritos, voces llenas de pánico. “Está empeorando.” Voz de mujer gritó desde adentro. Tiene mucha fiebre.

Otra voz. Dios mío, ayúdanos. Mario se acercó a la casa. La puerta estaba entreabierta, no cerrada completamente. Tocó gentilmente. Hola, ¿necesitan ayuda? Silencio repentino adentro. Después pasos rápidos. Puerta se abrió. Hombre apareció aproximadamente 35 años, rostro marcado por preocupación y lágrimas.

 ¿Quién es usted? ¿Qué quiere? Escuché gritos. Mi coche se descompuso cerca de aquí. Estaba buscando ayuda, pero si ustedes necesitan ayuda. Hombre vaciló, después habló, voz quebrándose, mi hija está muy enferma, no sé qué hacer. ¿Puedo ver? Hombre asintió abriendo puerta más ampliamente. Dentro casa era pequeña, dos habitaciones, todo simple, pobre, pero limpio.

 De habitación del fondo venían más gritos, gritos de niña. Mario siguió al hombre. Su nombre era Tomás Hernández, hacia habitación. En cama pequeña yacía niña, aproximadamente 7 años, retorciéndose de dolor. Su rostro estaba rojo, brillante de fiebre, sudaba profusamente y lloraba.

 No llanto infantil normal, sino llanto de agonía. Junto a cama estaba mujer, aproximadamente 32 años, rosa, madre de niña, poniendo paño húmedo enfrente de niña, susurrando palabras de consuelo que claramente no ayudaban. “Mi hija Lupita” Rosa dijo cuando vio a Mario, voz temblando. Está muy enferma. ¿Qué pasó? Mario preguntó acercándose a cama.

 Empezó hace 8 horas, dolor de estómago. Pensamos que era algo que comió. A veces los niños comen cosas, ¿sabe? Pero empeoró. Y empeoró. Y ahora, ahora tiene fiebre tan alta y el dolor llora tanto. Mario miró a Lupita, incluso sin entrenamiento médico podía ver que esto no era simple dolor de estómago. ¿Dónde le duele?, preguntó a Lupita gentilmente.

 Lupita apenas podía hablar entre soyosos, pero apuntó al lado derecho de su abdomen baja. ¿Puedo tocar? Mario preguntó. Lupita asintió débilmente. Mario gentilmente presionó área donde Lupita había apuntado. Inmediatamente niña gritó de dolor, grito que hizo a Rosa llorar más fuerte. Mario vio lo que necesitaba ver. Abdomen en lado derecho estaba hinchado, sensible y con fiebre alta.

 ¿Por qué no la han llevado al hospital? Mario preguntó tratando de mantener voz calmada, aunque su corazón latía rápidamente. Tomás y Rosa intercambiaron mirada de desesperación. No tenemos coche. Tomás dijo. Nadie en pueblo tiene coche y hospital más en cercano está en Shochimilco, 50 km de aquí. No hay transporte público.

 No, a esta hora Último autobús sale a las 6 de tarde y no hay ambulancia. Este pueblo es muy pequeño, muy pobre. No tenemos nada. Fuimos al curandero del pueblo. Rosa añadió desesperadamente, “Nos dio hierbas, pero no ayudaron. Está empeorando cada hora, cada minuto.” Comenzó a sollyosar. Se va a morir. Mi hija se va a morir y no puedo hacer nada.

 Mario sabía lo que probablemente estaba mal. Apendicitis. Había visto casos similar años antes. Los síntomas eran inconfundibles. Dolor en lado derecho bajo, fiebre alta, niña retorciéndose de agonía. Y sabía lo que pasaba si apendicitis no se trataba. El apéndice se rompía, causaba peritonitis y en niña tan joven eso significaba muerte, rápida, dolorosa. Miró a Lupita.

Niña estaba empeorando visiblemente. Su respiración era rápida, superficial, su piel ardía de fiebre. No tenían horas. Tal vez no tenían ni siquiera minutos. Mi coche, Mario dijo repentinamente. Está descompuesto. 2 km de aquí, pero si podemos arreglarlo. ¿Puede arreglarse. Tomás preguntó.

 Esperanza repentina en voz. No sé, no soy mecánico, pero tenemos que intentar. Tomás asintió. Mi vecino, don Felipe, sabe de coches. Voy a despertarlo. 5 minutos después, Tomás regresó con hombre mayor. Don Felipe, aproximadamente 60 años, con manos manchadas de aceite de años de trabajo mecánico. ¿Dónde está el coche? Don Felipe preguntó. 2 km norte. Mario dijo.

Vamos. Los tres hombres, Mario, Tomás y don Felipe, corrieron por camino oscuro, iluminado solo por linterna que don Felipe había traído. 20 minutos después llegaron al coche de Mario. Don Felipe abrió capó, examinó motor con linterna. Mm. Entra cable de bujía roto. ¿Puede arreglarlo? Puedo, pero necesito cable de repuesto y tienda de partes más cercana está en Shochimilco.

 No tenemos tiempo para ir a Shochimilco, Mario dijo desesperadamente. Don Felipe pensó, “Espera, tengo coche viejo en mi casa. 1950. No funciona, pero partes todavía están ahí. Tal vez puedo usar cable de ese coche. ¿Funcionará? No sé, modelos son diferentes, pero tal vez. Tenemos que intentar.” Don Felipe corrió de vuelta al pueblo.

 Mario y Tomás esperaron junto al coche cada minuto sintiendo como ora. 15 minutos después, don Felipe regresó con cable de bujía viejo. “Vamos a ver”, murmuró trabajando en motor con linterna en boca para iluminar. Mario miró reloj. 2:45 de la mañana. Habían perdido 45 minutos. Finalmente, don Felipe se enderezó. “Listo, vamos a probar.

” Mario giró llave. Motor tosió. Toció de nuevo. Después arrancó. Motor estaba funcionando. Funciona Tomás? Gritó. Vamos Mario dijo. Cada segundo cuenta. Los tres hombres corrieron de vuelta al pueblo. Tomás entró corriendo a casa. Salió momentos después cargando a Lupita en vuelta en manta. Rosa lo seguía, rostro pálido de miedo.

 Pusieron a Lupita en asiento trasero. Rosa se sentó junto a ella sosteniendo cabeza de niña en regazo. Tomás se sentó al otro lado. Mario se puso al volante. ¿Cuál es ruta más rápida a Shochimilko? preguntó. “Por este camino, Tomás” dijo, “Pero es camino de tierra, 50 km en día normal toma hora y media.

Read More